SUNNY MEMORIES


 

 

Hoy domingo, en Perú, es Día de la Madre y este post se perderá seguramente entre los miles de comunicaciones que cruzarán el ciberespacio felicitando, abrazando o comentando a y sobre la mujer que nos dio la vida. Sin embargo creo que poner unas palabras ayuda a ordenar los sentimientos que si bien están presentes siempre, la fecha no recuerda puntualmente una celebración.

En un mundo como en el que vivimos, en que lo comercial parece invadir todo, este día no se salva y desde hace un par de semanas se nos anima a regalar a la madre de todo, desde un perfume a una lavadora o como dice la frase que escuchamos: “lo que ella siempre quiso”. El comercio, lo sabemos, siempre querrá aprovechar cualquier resquicio.

Esta es una oportunidad y la toma para que se efectivice el cariño en un regalo material. Sin embargo aunque suene a lugar común, lo mejor que se le puede dar es el cariño. Lo digo, porque por ejemplo a mi madre, Tony, que ya no está con nosotros hace tiempo, no puedo darle nada material y sí, hoy, avivar su recuerdo. Es lo que hago al escribir y recordarla con amor. Es mi regalo.

Tony, “La Mariscala”, fue desde el ministro de economía de la familia, administrando el sueldo de mi padre, hasta la mujer que vio atravesada su vida por la muerte de mi hermano Luis, que tenía siete años y yo no conocí.  Solo la vi llorar una vez, cuando Manuel Enrique tuvo que adelantarse. Y sé que mezclaba la pena por decirle adiós al hombre bueno que compartió con ella tantos años, con la alegría que Dios hubiese oído su pedido para que él se fuera antes, porque solo no hubiera podido seguir viviendo, como ella lo decía…

Recuerdo que escuchábamos juntos a Beethoven en las tardes oscuras de un Barranco pasado, en la “salita chica” de la casa de la calle Ayacucho. Recuerdo que me contaba que le hubiese gustado aprender a tocar la guitarra en vez del piano, porque este no podía viajar con mi padre y mi madre de un lado a otro, donde el destino de un ingeniero civil los llevara, especialmente allí donde no había caminos porque era su trabajo construirlos.

Mis recuerdos parecen fragmentarios y sin embargo se resumen en solo un pensamiento: gracias a ella fui feliz y aprendí que se tiene más dando lo poco que se tiene.

La riqueza que ella me enseñó a compartir, siempre fue esa: “por poco que tengas, siempre podrás dar algo al que lo necesita más que tú”. Regreso a su imagen luchadora, feliz por ser madre, abuela y bisabuela; feliz por ser esposa. Pícara y sonriente, juguetona.

Hoy, que es un día especial para evocarla, escucharé la 5a. de Beethoven, no comeré verduras (aunque se empeñó en que lo hiciera), leeré algún verso suyo y miraré sus fotos en un álbum que dice “Sunny Memories” en la portada.

 

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