TÍTULO HABEMUS


 

Ayer ha sido un día especial. Pocas veces pongo en un post tantas fotos, pero es que la alegría de recibirlas y el hecho sucedido me garantizan por lo menos las disculpas de mis lectores. Compartir lo bueno es disfrutar mucho más. Por eso muestro las imágenes que gentilmente tomaron ayer en la Universidad Católica, cuando fui ayer a recoger el título de Bachiller en Ciencias de la Comunicación que la Universidad me concedió. La alegría viene por lo ocurrido y porque es un título profesional otorgado gracias a la insistencia de mis amigos para lograrlo y a su esfuerzo para concedérmelo. Este título, que es el primero que tengo y el único, me llena de orgullo porque proviene de la Universidad que quiero, en la que a pesar de no contar con título, me tuvieron como profesor a solo un año de fundarse la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación hasta hace dos. El mérito para nada es mío sino de todos aquellos que de una u otra manera colaboraron día a día en hacer de ese joven al que le gustaba la publicidad, un hombre que ha vivido casi cuarenta y cuatro años actuando en el mundo de la comunicación. Al mirar atrás me doy cuenta de cómo habría avanzado más si hubiese seguido estudios regulares de la especialidad. Al principio no había donde aprender y luego la vida y el trabajo me llevaron por caminos donde detenerse era imposible. Y así seguí tratando de suplir por mi cuenta lo que no podía absorber en las aulas. Los libros fueron mi escuela y el diario vivir lo fue. Pero siempre eché a faltar esa experiencia profunda que da la vida universitaria y que yo veo en cada uno de los muchachos y chicas que por suerte me tocaron como alumnos. Aprendí por el viejo método de acierto y error y apliqué las consecuencias de mis acciones. Desde ayer tengo la alegría de contar con un título profesional, lo que les hubiera gustado ver a mis padres y a mi hermano. Estoy seguro que se alegran conmigo y por mí desde su sitio en la eternidad.

Y este agradecimiento alegre no es solo para mis amigos y para lo que me sufrieron como alumnos, sino para mi familia que supo darme fuerzas y esperanza siempre.

Hoy sé lo que sienten los muchachos que obtienen su título de bachiller, con una pequeña diferencia: ellos son jóvenes y lo tienen todo por hacer y yo cumplí ya 65 años y tengo bastante que mostrar.

Baste decir que soy muy feliz, que este es un hermoso e inmerecido obsequio y gracias a quienes hicieron que sucediera.