TRISTE RIMA: ¿PARA PROTESTAR HAY QUE MATAR?


CHARCO DE SANGRE

Las protestas en el Perú están tomando un cariz sanguinario que se traduce en los gritos de “¡Mátenlo, mátenlo…!” de la turba vociferante que estaba destrozando el cráneo de un policía acorralado, pateado, golpeado con piedras y que finalmente falleció.

Hay un manifestante muerto y dos pasajeros, que, sitiados por los que protestaban, no pudieron recibir el auxilio médico que sus enfermedades requerían y dejaron de existir. Los asesinos fueron todos y no fue nadie el asesino…

Protestar y matar. De pronto, las palabras que riman se convierten en una macabra realidad sinónima.

Entonces se busca a los culpables de las muertes y no hay ni un solo responsable.

Se dirá que fueron delincuentes, que hay agitadores, que las huaracas son para la defensa y que el derecho a protestar es constitucional. Se dirán muchas cosas, pero a los que están muertos nada de eso les devuelve la vida. Muertos por protestar, por restaurar el orden, por no ser atendidos.

Están muertos y junto con los heridos son las “casualidades”. Son número, estadística. Antes eran personas y ahora solo son resultados.

Sí, hay derecho a protesta pero no hay derecho a matar.

No se entiende; no se quiere entender que el agua y la tierra no valen lo que un hombre. No sirven sin el hombre. Y cuando el hombre mata a otros hombres, la sangre envenena la tierra.

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¿SE LES VINO LA NOCHE?


NOCHE

Cuando a alguien “se le viene la noche” es que está en problemas. Y pareciera que esto sucede con algunos corruptos. No les pasa a todo, por desgracia, pero poco a poco parece que avanza lo que tenía que venir.

Generalmente, la noche no cae de golpe, sino que va creciendo la oscuridad. Por eso muchos se ufanan de que todavía “esté claro” y siguen urdiendo sus intrigas. La noche, espero, les llegará a ellos también porque estamos cansados. Porque de algún lado debe llegar el brazo justiciero que los barra y para siempre.

La noche está cayendo para el crimen que se creía impune; para esos personajes que poblarían fácilmente cualquier cuento de horror.

Les caerá la noche y en su confianza, la oscuridad les impedirá ver lo que viene. Es tiempo ya; el hartazgo de la ciudadanía no puede esperar más… Y una vez que la oscuridad pase vendrá una nueva luz que va a mostrar un mundo nuevo, porque siempre cuando acaba la noche viene el amanecer. Ese que es necesario.

RÍO ROJO


Rojo

Se siguen sucediendo en el mundo los preparativos para eventuales guerras y la elaboración de la violencia continúa con pretextos de todo tipo.

En China preparan al ejército, USA quiere poner sus “armas sensibles” en el fondo del mar y en todas partes las “novedades” son una repetición que nos muestra que la humanidad no aprende. Miles de millones de muertos a través de la historia, desde los ejecutados por la Inquisición, hasta la niña violada y muerta en la India, pasando por las víctimas del Holocausto y los asesinatos de Sendero Luminoso, son testigos del horror que el mismo ser humano desencadena. Las “excusas” son múltiples y se aducen razones religiosas, étnicas, de locura, políticas y en realidad todas acaban en el puro gusto de matar bajo algún disfraz.

Somos, según he visto, la única especie asesina sobre la Tierra. Y la tecnología ha convertido la piedra o el puñal de un insano comienzo, en armas capaces de multiplicar por “n” las víctimas ofreciendo así “soluciones” que pueden ajustarse a las necesidades de los asesinos.

Parece que no nos detendremos nunca en esta loca carrera homicida. Nunca, hasta que el último hombre se suicide porque ya no tiene a nadie a quien matar.

Un futuro triste y posible para la especie que alcanzó a volar hasta las estrellas.

¿Pesimismo? No, idiota realismo.

La sangre derramada forma ríos en los que se baña la historia y donde chapoteamos sin darnos cuenta que lo hacemos en un líquido que alimentó la vida humana del planeta.

 

 

JUGAR CON FUEGO


Eso es lo que estamos haciendo. Sabiendo las consecuencias pero sin que parezca importarnos mucho.

No se explica de otra manera que se vendan alimentos en mal estado, que chalecos antibalas “no sean apropiados” y se tengan que retirar mil unidades cuando ya estaban enviadas para “proteger” vidas.

Detrás de todo hay una sociedad en descomposición que acepta y da coimas, engaña, falsifica, roba, extorsiona y claro, mata. Todo sin que se arrugue un músculo, salvo tal vez los necesarios para una risa cachacienta. Todo dando señales de normalidad de un “aquí no pasa nada” y donde miles de Pilatos se lavan las manos.

¿Qué está pasando? ¿Es que como sociedad ya no tenemos remedio y damos por bueno lo malo? ¿Es que lo visible se vuelve invisible al toque de la varita mágica del dinero?

A veces, cada vez más seguido, el hígado crece, metafóricamente hablando, a la vista de tanto desbarajuste, por emplear una palabra suave y el ánimo se solivianta ante un dejar hacer, dejar pasar, que avergonzaría al más pintado. Sin embargo cada día se acumula la inmundicia generada por quienes debían guardar la limpieza. Una pequeña parcela de poder se usa para ampliar dominios non sanctos y lograr beneficios inexplicables. La trampa es moneda corriente y está tan enraizada que se la llama “viveza” haciendo tristemente cierto aquello de que “el vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo

Sé que con este post y estas palabras no voy a lograr nada, porque quienes me lean pensarán que soy uno más que sufre de “delirio de persecución” en un país donde las cifras van para arriba. Sí, las cifras van para arriba y lo hacen también las de los asesinatos, las agresiones, los robos encubiertos y descubiertos, los atropellos múltiples y las vejaciones sin nombre. Quienes me lean pensarán que mis palabras son solo eso: los refunfuños de un amargado que no aprendió a sonreír. La verdad es que si mis palabras fuera balas, habría una carnicería y que quiero sonreír cada mañana porque estoy vivo, respiro y puedo moverme, pero me pongo triste cuando me entero en ese instante que los muchachos que van al VRAE corren hacia la muerte, que siguen operando empresas con juicios por defraudación, con licencia para matar o enfermar a muchos, mientras engordan billeteras. Se me va la sonrisa cuando leo que se lucró con la desgracia y la muerte provocadas por un desastre natural. Solo tengo las palabras y la indignación.

Y aunque se escuchen similares por muchas partes, la podredumbre es sorda ciega, muda y muy grande.

¿Qué hacer?: ¡Decir basta!, pero no basta decirlo. Hay que parar.

Estamos jugando con fuego y este, siempre quema.