Primer día de un nuevo año.


La diferencia es mental. El 1 de enero es similar al 22 de setiembre, pero en nuestra costumbre y allí donde residen las cosas que realmente valen y nos mueven es diferente. Es el primer día de un año que tiene sus días, muchos, por estrenar.

Y es entonces que hacemos propuestas para el tiempo que vendrá. Esperamos cumplirlas todas, portarnos bien y ser los mejores.

Nuestras promesas de año nuevo duran generalmente un día. El día en que sólo una sal de frutas refresca los excesos del 31. Ese día en que prometemos, a nosotros mismos, por si acaso, bajar de peso, dejar de fumar o espaciar los whiskies o el vino.

Acaba el primero de enero y con el ocaso terminan muchas de nuestras decisiones aparentemente firmes. Terminan para ser ofrecidas con algunas variantes, a la señal de alarma de nuestros cuerpos, para cuando nos sintamos mal o en desacuerdo con el espejo.

Qué tal si viviéramos nuestras promesas de año nuevo, no digamos todo el año, pero sí una buena parte de él?

De seguro nos iría mejor. Estaríamos más contentos con nosotros mismos. Porque de eso se trata. De estar satisfechos con nosotros. De saber que sí podemos, de probarlo y seguir haciéndolo o dejándolo de hacer.

365 días no son para desperdiciar y ninguna agenda va a sustituir a nuestra fuerza de voluntad. Creo.

TÉRMINO Y COMIENZO.


Entraremos muy pronto al año 2010.  En realidad esto es más simbólico que otra cosa, pues los días son básicamente iguales; lo que cambia es la actitud. Se “quema” el año viejo con todo lo que supone de cargas y males; la bienvenida al nuevo año es una especie de “borrón y cuenta nueva”.  Sin embargo la tierra continúa con sus giros, las olas siguen bañando las playas y  los animales se aparean como siempre, de acuerdo a su instinto. Insisto que el cambio se da en las personas.

Sin embargo es una buena fecha para echar fuera la piel anterior,  como las serpientes,  dejando atrás lo viejo y gastado. Es una buena fecha para empezar haciendo las cosas bien y deseando que todo sea mejor en éstos 365 días que vienen.

Es una buena fecha para felicitar, felicitarnos y enderezar caminos; para empezar agendas, inaugurar calendarios y prometer. Actitud, actitud, actitud.

Cambiando el día, este año se podría parafrasear al  spot de TV: “Un día cualquiera en el que nos acostamos un jueves y nos levantamos el viernes sintiéndonos más hermanos”.