EL HOMBRE QUE CREE Y CREA


 

Ciudadano del mundo reúne a su alrededor una corte bastante selecta de personajes y es admirado donde va.

Mucho se ha visto sobre él en diarios y revistas en todo el planeta y las imágenes mágicas que logra son un patrimonio hermoso de la humanidad.

Mario Testino, fotógrafo, obvio amante de la belleza y divulgador o esparcidorde ella, viene a este Perú, su patria, para colaborar en eso tan difícil que se llama cultura.

Podría quedarse en Londres o buscar entre muchos glamorosos escenarios para hacer realidad su sueño y compartirlo. Sin embargo regresa con una propuesta diferente, insólita por lo audaz y que aquí de pronto no se ve sino como el capricho pasajero de alguien de renombre y no se alcanza a vislumbrar lo que estoy convencido que es su intención auténtica. Las páginas frivolonas y las no tanto, lo muestran en todas partes como el amigo de una famosa modelo, el fotógrafo de las celebridades, el que hace “la moda” en la fotografía. Mario Testino está aquí porque cree en un país que es mucho más que un manojo de problemas. Porque sabe que para crear hay que tener un íntimo convencimiento: el que lleva a creer.

Un artista de talla mundial, da el ejemplo mirando a su país cuando muchos de sus paisanos no solo miran fuera sino que obran bajo la premisa de que es mejor porque lo propio poco vale. En un mundo donde el oropel y el perifollo son adorados, la sencillez de este hombre que se construyó a sí mismo hasta obtener las hojas de oro de la victoria, es no solo notable sino digna de encomio.

Mario Testino, el gran creador, lo hace porque cree. Y cree hasta el extremo de querer. De querer al Perú para decirle al mundo: “Estoy en mi país. De allí salí y hoy vuelvo a él para que todos los que pregunten por mí, lo conozcan y quieran. Es diferente, disfrútenlo a placer”.

DON ENRIQUE


Como siempre que necesito desplazarme, llamé al teléfono de don Enrique y me contestó una voz joven, que no era la de él. De inmediato me dijo que era su hijo y que su padre no podría prestarme el servicio de traslado, porque estaba delicado a raíz de un infarto cerebral que le había dado.

Me quedé helado, tanto que mi interlocutor creyó que ya no estaba allí. Cuando pude articular le deseé lo mejor para su padre, le envié mis más calurosos saludos y los deseos de una pronta mejoría.

Tardé en asimilar bien la noticia y se la comenté a Alicia.

Don Enrique es un hombre al que conozco del servicio de taxi que me presta (prestaba, ahora) desde hace mucho tiempo. Empezó a movilizarme en una base bastante regular hace por lo menos cuatro años. Su puntualidad, exactitud y perfecto conocimiento de las calles de Lima han sido siempre para mí una bendición.

Nuestras largas conversaciones abarcaban los temas más disímiles y su gusto por conocer siempre más ha sido un acicate que me ha impelido a buscar, encontrar y leer.

Cada viaje con él siempre ha sido no solo placentero, sino aleccionador. De origen chino, don Enrique me enseñó un buen lugar para tomar el mejor café y alguna vez compartimos allí una taza. Conocí historias que estoy seguro no hubiera sabido de otro modo y Lima parecía no tener secretos para él. Ayudaba a un albergue infantil en la selva y trabajaba todo el día. Me parece raro usar el presente y el pasado a la vez en este post, pero es que verdaderamente estoy conmocionado. Es que sé o intuyo lo que es sufrir un infarto cerebral: yo he tenido tres y gracias a personas como don Enrique, que me ayudaron y ayudan tanto, es que supero poco a poco las secuelas que me dejó hace dos años el último.

Mejórese pronto, amigo mío, porque necesitamos de su sabiduría, su pericia al manejar, su amabilidad y la sonrisa con que empezaba cada servicio de taxi.

 

 

 

LOS “FACILITADORES”


He leído ayer una entrevista a Julio Cotler en “La República”  (//www.larepublica.pe/08-07-2012/jul …) y  desde mi humilde esquina coincido plenamente con él. Larga para ponerla por completo aquí, menciono solamente lo que dice frente a la “intermediación” de la iglesia católica en el conflicto de Conga. Me parece que es reconocer que no se tiene la habilidad suficiente para manejar algo que evidentemente se ha escapado de las manos del Gobierno. ¿Es que no existe la Defensoría del Pueblo por ejemplo? El Estado tiene los oídos suficientes para escuchar y debería saber dialogar. Se dice que la negativa de los que se oponen al proyecto, cierra todas las puertas. Es cierto que con medidas extremas y militarización del asunto, ni un solo resquicio se abrirá. Espero que a monseñor Cabrejos, cajamarquino, él, le vaya bien en su encuentro. Ojalá que el P. Garatea comunique y sus argumentos sean valorados y tenidos en cuenta. Son ambos dos hombres valiosos y valientes que están haciendo lo que ninguna de las dos partes hizo: escuchar y hablar. Porque unos arengaron y otros respondieron con la fuerza. Los muertos, los heridos y el vandalismo no son argumento ni respuesta. Tampoco lo son las balas y los golpes. Necesitamos el agua y necesitamos la minería. Debemos aceptar los cambios positivos que esta última trae. Hay que saber enfrentar el cambio y utilizarlo: cambiar para mejorar. De otro modo seguiríamos viviendo refugiados en cavernas.

DIA DEL MAESTRO


Hoy se celebra en el Perú el “Día del Maestro”.

Una fecha para recordar a aquellos que nos llevan por el camino de la vida y para celebrar sus enseñanzas. En realidad, todos los días son su Día, porque el son Maestros siempre y a toda hora. Pero es bueno que exista una fecha que resalte su labor. Es una buena enseñanza que debemos internalizar aprendiendo y extenderla cotidianamente.

Ser Maestro es mucho más que dictar clases. Es vivir orgulloso de lo que cada alumno es y logra. Es acompañar a quienes buscan una respuesta, a encontrar solución a sus preguntas. Ser Maestro significa vivir la alegría de ofrecer al mundo los granos escogidos de la cosecha que uno ha trabajado.

Hay en todo Maestro la sabiduría que dan los antiguos, el conocimiento que la vida otorga y el cariño de un padre.

En un mundo tan complicado el ejemplo y la guía que los Maestros representan, es una luz, tal vez pequeña, pero que se convierte poco a poco en esa claridad total que nos permite comprender, aceptar, buscar, hallar y construir.

POLICÍA BUENO, POLICÍA MALO


En las series de televisión se suele ver al policía que frente al detenido hace el papel de malo y violento, mientras otro juega el rol de bueno y comprensivo. Es una “técnica” de interrogatorio con el fin de obtener la verdad, lo que más se parezca a ella, pero finalmente una confesión.

En la vida real sucede lo mismo: la violencia física policial contra los detenidos se usa impunemente: golpes de puño, varazos, patadas e insultos son muchas veces la recepción a un posible reo (recordemos que nadie es culpable mientras que no se lo demuestre). Esto, en cualquier forma que trate de explicarse, se llama tortura y está expresamente prohibida. Sin embargo, los policías malos no se limitan a la violencia física y verbal. Los malos policías malos (la reiteración es un calificativo) coimean, asaltan, aprovechan de su autoridad, delegada por los ciudadanos para extorsionar. Son en una palabra la antítesis del policía. Son vulgares delincuentes a los que el uniforme que no merecen llevar, camufla y protege.

La diferencia entre los policías buenos que lo son hasta dar su vida por los demás y convertirse en verdaderos héroes y la callada labor que realizan quienes cuidan de la sociedad, es notoria.

Supongo que el fenómeno se da en todas partes, en unos lugares más que en otros, pero eso no hace buenos a los malos. Y esto no solo tiene que ver con los recientes sucesos de Cajamarca, sino con lo que pasa a diario en el país. La maldad de ciertos policías es noticia, el cumplimiento del deber no. Los hombres y mujeres que escogieron velar por la sociedad y fueron formados para ello no pueden, no deben ser otra cosa que personas dignas de confianza a quienes los peruanos respeten. Si el antiguo eslogan decía “A la policía se la respeta”, el cuerpo policial y cada uno de sus integrantes debe hacerse respetar, no por el miedo, sino por eso que se llama integridad. Que el honor siga siendo su divisa.

ESTE ES EL PERÚ, SEÑORES


La distancia se acorta cada vez más y reflexionar sobre un suceso, termina dejando paso inmediato a la protesta. Muertos, heridos y un Marco Arana detenido. El incendio que avanza con atizadores y tímidos bomberos que además no son escuchados por el fragor de las llamas.

Es el Perú que se ve de adentro, no el país sonriente de las pantallas. Es el Perú de una tragedia que no quiere ser reconocida por muchos y trata de ser aprovechada por algunos: hoy es Cajamarca y los conflictos no resueltos puntean nuestro mapa. Ayer fue Cajamarca y los conflictos no resueltos punteaban nuestro mapa. Así parece que fuera siempre, desde que tengo memoria. Nunca hemos querido resolver los problemas sino que por alguna razón les dimos largas, maquillando las cosas y evitándolas. La Historia del Perú se vuelve la histeria de los que no alcanzan a comprender que lo que dicen las estadísticas sobre la pobreza y el sueldo mínimo son cifras que no pueden comerse.

El Perú que vivimos es diferente del país que soñamos y queremos ser. Un país donde cada esfuerzo cuenta pero que nunca se podrá resumir en una acción, en una frase o en una imagen. El Perú es un mosaico, un rompecabezas al que le faltan piezas que hay que buscar entre las que están volteadas. El Perú es la sonrisa de bienvenida, pero también la rabia ante la injusticia y el llanto en los ojos de tantos.

Sé que estas son palabras, pero me ayudan, por lo menos a mí, a no creerlo todo y a fomentar las dudas. Porque he visto las muchas caras de nuestro país sé que la solución no es una y mientras no estemos dispuestos a enfrentar sus múltiples facetas seguiremos creyendo en cuentos de hadas y persiguiendo un “El Dorado” inexistente.

 

ME SIGUEN GUSTANDO LAS MISMAS COSAS


 

 

El otro día hacía un repaso de como ha cambiado mi vida y notaba que me sigue gustando leer un libro, ver una revista, la historias de Mafalda y El Inodoro Pereyra, escuchar música, conversar, tomar algún café y escribir. La buena publicidad me gusta y sorprende siempre. Ver fotografías antiguas me gusta y no voy a negarme a un pedazo de queso azul. Atrás han quedado cosas como manejar, tomarme un wiski o fumar despacio una buena pipa. Se quedaron porque  me hacían daño o me convertían en un peligro callejero con un casi ciego al timón. En el casi balance que menciono, descubro que no extraño nada y antes, al contrario, doy gracias por conservar tanto y disfrutar de ello.

Todo tiempo pasado fue mejor” se revela como la frase de alguien que ha fracasado, pues no supo ponerse al día y sacudirse de aquellas cosas inútiles, que le dañaban o hacían daño a otros. El hoy, para mi, sigue siendo esa gran aventura en la que siempre se está descubriendo y permite aplicar lo aprendido. Cada día es diferente y trato de que la rutina no empañe las sorpresas agradables, por pequeñas que sean. Vivir cada día como si fuera el último me enseñó a disfrutar sin posponer y que  los planes son sueños, pero que es bueno soñar, porque te permite salir de ti y volar a otros jardines. Si no hiciera planes, si no tuviera sueños, el día sería una desgracia.