CINE70 CUMPLE 38


COMO UNA COLT 38, CINE70 CUMPLIÓ RAPIDÍSIMO 456 MESES

El domingo fue el aniversario 38 de Cine70.

Que es decir casi lo mismo que el aniversario de mi amigo Alfonso Maldonado.

Porque –y que me perdonen todos los que integran la compañía- Cine70 es él.

Nuestra amistad data de cuando Alfonso trabajaba en Telecine con Monsieur Henri Aisner, junto a Manolo Valdivieso, Nico Smolij y Carlitos Arana.

Tiempos del blanco y negro en TV y de mis pininos como “modelo” acompañado por amigos del TUC como Jorge Chiarella, Raúl Urrutia, Regina Noriega, Alicia Villavisencio y tantos otros que veíamos la posibilidad de divertirnos y hacer un poco de soles para parchar nuestra economía universitaria siempre escasa.

Allí, haciendo de cantinero de los años 20, extra en comerciales de bebidas gaseosas y comedor de panqueques, fui baleado, di vueltas interminables en una silla voladora, sonreí, repitiendo mil veces la sonrisa después de haber comido el producto estrella y me atiborré de bebida gaseosa hasta que casi se me salía por las orejas.

Allí. Alfonso, Nico y Manolo hacían la magia que nosotros mirábamos en películas que muchas veces ni se pasaban en la televisión peruana porque iban al Ecuador. Allí, con esos entrañables amigos recién hechos se reafirmaron mis ganas de hacer publicidad y estar “del otro lado de la cámara”. Diría que Alfonso fue determinante en mi carrera que ahora está por cumplir cuarenta años.

Podría escribir tanto sobre mi amigo Alfonso que tendría que dividir el tema por capítulos o darle forma de historias para componer un libro. Porque el sinnúmero de aventuras pasadas en conjunto, que estoy seguro es también patrimonio de muchos otros creativos peruanos, ecuatorianos, colombianos, bolivianos, argentinos y gringos (por no seguir extendiendo la lista) es incontable.

Con Alfonso y Carlos Montesino cuando era gerente de INAPU (Instituto Nacional de Publicidad), desarrollamos a Toshi como personaje para la marca NATIONAL y nació “Achica Precio”.

Con Alfonso viajamos por la selva y filmamos de noche un otorongo negro que se escondía en su jaula cada vez que las luces se encendían, atrayendo a todos los insectos voladores de Pucallpa.

Con Alfonso y su equipo llegamos a Paracas para filmar las escenas de un comercial de cerveza y con la modelo subida en una duna frente al mar y todo preparado, descubrimos que el lente necesario para ésa toma se había quedado en Lima y hubo que viajar a recogerlo.

Con Alfonso, Javier Ferrand, Lorena Oxenford y Claudia Llona matábamos el tiempo en las noches calurosas de la selva en el comedor de un hotel que aún se llama Ruiz y que nosotros motejábamos “RUITZ”, porque era el único con aire acondicionado disponible. Allí comíamos helado de vainilla bañado con generosas medidas de whisky.

Fue con Alfonso con quien hicimos los primeros comerciales en video tape a color, cuando el asunto de las películas se volvió prohibitivo por los costos y los clientes querían las cosas “para ayer”.

Fue a Alfonso a quien Lee Pavao, ése gran tipo gerente de JWT, invitó a Sao Paulo para mostrar lo que hacía en video y que nadie podía creer (en ésa época) que no era cine lo que veía.

Dirán que yo exagero. Pero si continuara con las anécdotas, la desmesura de las situaciones y lo risible de muchas de ellas harían aún más inverosímil este relato.

Y es que Alfonso es así: desmesurado. Enorme en sus amistades y afiladísimo en los comentarios. El chiste a flor de labios, el truco mágico sacado de la manga y ésa increíble capacidad para trepar, navegar, volar, bajar, hacer equilibrio, motivar, hacer reír o llorar y encontrar soluciones impensadas siempre con la cámara en la mano.

Gracias Alfonso por todos estos años.

Por haberle dado a nuestra publicidad un apellido que los Maldonados nuevos llevan adelante. Porque a todos ellos, incluso a Sergio que no está en la chamba, supiste dar el ejemplo de hacer bien lo que a uno le gusta y hacerlo a pesar de las dificultades, los tropiezos y los colerones.

Son cuatro los que están metidos en esta profesión tuya. Con la valla puesta lo suficientemente alta como para que tengan que esforzarse por ser los mejores. Puesta por un enamorado del cine y la publicidad que lo único que quiere es hacer mejor su siguiente comercial.

Son muchos años y muchas personas en tu historia de hombre de cine. La importancia que tienes en mi pequeña vida y carrera es mucho mayor de lo que, estoy seguro, tú mismo crees.

Alfonso: elicidades por el tiempo pasado y el que está por venir.

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Tito


Tal vez debería dejar esta página en blanco.

En blanco porque Tito Vásquez de Velasco cuyo espíritu era verdaderamente blanco, se ha ido.

Dejó de luchar contra las altas y bajas de una enfermedad que enfrentó con su sonrisa y valor de siempre, para finalmente descansar un cuerpo deportista ahora magullado.

Tampoco iré a su velatorio ni a su entierro. Mis condolencias a su esposa Chantal, a Valerie y a Patrick, sus hijos. No los acompañaré porque prefiero recordar a Tito como siempre fue y no soportaría ver a mi compañero irse. Me imaginaré que anda por Canadá, aunque en realidad esté allí donde todos nos vamos a reunir más tarde. Él sólo llegó antes para separar sitio y tener la mejor vista.

Chau Tito, nos veremos pronto. Gracias por ser como has sido siempre. Gracias por ser amigo, por sonreír, por ser fuerte. Gracias de veras porque tu ejemplo nos hace sentir mejores y estoy seguro que nos alentará a serlo.

Saluda al Griego y a todos los amigos. Te queremos mucho.

CABLES


Foto: COALCO

Por los alrededores de mi casa, el cielo de San Borja está cruzado por cables.

Supongo que serán cables del servicio de TV por cable, tal vez de teléfonos y probablemente alguno de electricidad. El año 1973, cuando llegué a la zona donde desde entonces vivo, el cielo azul en verano y gris en invierno no era obstruido por ninguna línea aérea que lo cruzara (y no me refiero a las aerolíneas, claro).

Los cables eran subterráneos y a mi me parecía una maravilla casi campestre, porque yo venía de Barranco, por cuyas alturas cruzaba todo tipo de cables. Hasta el del tranvía.

Es cierto que hacer cambios significaba romper pistas, excavar y luego reparar, pero uno podía mirar hacia arriba sin mayores obstáculos. Hoy me hicieron notar la cantidad de cables existente. Y entonces me di cuenta que para nosotros el “progreso” ha significado cables que cruzan, cuelgan, se unen, bajan y se enlazan con casas, postes y sirven a los pajaritos y pajarracos de aterrizadero y lugar de descanso, con el consiguiente blanqueamiento de veredas, pistas, automóviles y de algún transeúnte con mala suerte.

No estoy en contra del progreso ni mucho menos (escribo casi como un viejito disculpándose), pero supongo que los cables aéreos podrían enterrarse. Sí, cuesta más. Pero afea menos. Estoy seguro que en otros lugares está prohibido que la ciudad parezca la guarida del hombre araña, con hilos extendidos por todas partes sobre las cabezas.

Pero aquí, como siempre, no pasa nada. Total, si quieres cable, el técnico viene, jala una extensión y listo!; Un nuevo cable cruza la calle y entra por algún lugar de tu casa para traerte el mundo a tu sala. Y así vemos los documentales de NatGeo y otros, sobre lo maravillosa que es la naturaleza prístina (hermosa palabrita, no?), por supuesto en otros lugares. Y lo lindas que son esas ciudades antiquísimas europeas que tienen luz eléctrica, TV por cable y teléfono, pero con sus hilitos enterrados, para que no afeen los edificios con historia.

Para nosotros el modernismo, como muchas cosas, se da, pero muy a nuestro estilo. Es decir el estilo bamba. El estilo, como lo digo siempre de “no te preocupes hermanito, nadie se da cuenta”. Un estilo que permite aceptar de todo: desde carros con timón cambiado hasta locos profesionales que amenazan embetunados y andrajosos a los automovilistas, con una piedra en la mano si no se les da “alguito”.

Este estilo tan peruano que produce centros de estudios sin carpetas, con maestros que no saben multiplicar ni dividir. Que construye colectores que el mar se lleva al día siguiente de la inauguración, o parques lotizados para construir casitas con olímpico desprecio por los vecinos y las autoridades (cuando no son las autoridades mismas las que han vendido el terreno).

Ahora, el cielo de San Borja está cruzado por cables; cerca están las columnas del ya mítico tren eléctrico, decoradas y algunas cubiertas de enredadera; columnas que “ahora sí” van a servir porque “ya está en marcha la continuación del tren”. Es decir, la chupadera de dedo sigue, aunque ya debamos cambiar de dedo porque se ha gastado con tantos años de uso.

En San Borja, además de los cables aéreos, las escultóricas columnas inútiles y otras lindezas, se rompen calles. “Lo que pasa es que se progresa” dirán muchos. Es cierto. Pero el progreso no puede impedir caminar, no debe causar atoros de tránsito ni romper la suspensión de los automóviles. Quienes construyen un edificio privado o una casa, no pueden obstruir la vereda con ladrillos, arena y piedras o cerrar la calle para que los camiones concreteros descarguen su material.

“Lo que pasa es que “cuando todo esté terminado, va a ser mejor”. Seguramente. Pero se podrían poner de acuerdo los destructores que alguna vez serán constructores. No se puede romper todo a la vez, clausurar garajes y llenar de tierra a los desavisados. El progreso no significa caos y tierra de nadie. Se supone que hay un orden, reglas y autoridades para hacerlas cumplir.

Y estoy mencionando sólo a San Borja, porque es aquí donde vivo. No hablo de otros distritos por los que tengo que transitar y son también una muestra de esta “Lima sitiada” que nos está deparando la APEC y sus preparativos; para variar, ejecutados a última hora. Todo hecho a la vez. Porque finalmente a las “autoridades”con minúsculas y entre comillas, les importa un apio el tema. Total, suelen vivir lejos, suelen estar aislados del caos y vivir en una hermosa burbuja. Burbuja a prueba de balas, porque las críticas no la traspasan.

Mientras tanto, los ganadores son los pajaritos y los pajarracos que tienen cables para hacer escalas en sus vuelos con total comodidad; los perros que encuentran funcionales zanjas abiertas en las calles para depositar sus detritos, así como quienes tienen espacios que parecen hechos a la medida de su necesidad de botar papeles y basura.

Digo yo: Y si enterráramos a las “autoridades” en las zanjas que permiten abrir y las tapáramos con tierra y cemento, no nos iría mejor?





ENCUENTROS Y DESPEDIDAS


Ha terminado el día de mi cumpleaños número 61.

Dejé la cifra exacta y ahora empiezo una nueva decena. Y esto me hace pensar.

Pensar en mi amigo Edy con quien conversaba esta mañana y me contaba que su suegra estaba muy mal. Su suegra que es la mamá de mi amigo Tito. La señora María, fallecida esta noche.

Y en la conversación por Messenger con mi amigo Domingo, que había ido a visitar a la clínica a nuestro amigo Tito que está muy mal y lucha desde hace mucho tiempo contra una enfermedad que es despiadada, con el espíritu en alto. Domingo estaba deshecho y no creía entender.

Y pensaba también en mi hermano que se durmió para siempre hace dos años un 12 de abril; y en el “Pato” Villacorta, que falleció el mismo día en este año, ahora mismo. Y en Lucho Piérola y en la señora Juanita, tía de mi cuñada Elvira…

No parecen pensamientos propios de un cumpleaños, pero me encontré con ellos en mi memoria y al instante surgió una canción que escuché por Mercedes Sosa y que creo recordar es de un autor brasileño.

Maravillosa canción que nos habla de ésos encuentros y despedidas que se dan en la estación de trenes que es la vida.

Busqué en Internet y la letra es esta:

Manden noticias del mundo de allá a quien se queda;
denme un abrazo, vénganme a esperar voy llegando.
Lo que más gusto es poder partir ya sin miedo,
mejor ahora es poder volver cuando quiero.

Todos los días como en un vaivén
la gente que vibra sobre la estación…
hay gente que viene para quedar,
otros que se van para nunca más.

Hay gente que viene.. ¡quieren volver!;
otros que se van… ¡quieren luchar!,
otros han venido para mirar,
otros a reír, otros a llorar y así quedar o partir.

Son solo dos lados de un mismo viaje;
el tren que llega es el mismo tren de la ida.
La hora del encuentro es también despedida,
la plataforma de esta estación es la vida de este mi lugar;
es la vida de este mi lugar, es la vida.


Y con la música sonando en mi mente me puse a escribir esta nota en el blog que algunos amigos leerán seguramente. Escribo pensando en cómo celebramos nacimientos y despedidas y en realidad, como dice la letra, son los dos extremos de la vida. Hay gente que llega y gente que parte, sin que nada se detenga, porque los trenes arriban y salen sin pausas.

Curioso pensamiento para un cumpleaños dirían algunos; depresión, dirán otros.

No es cierto lo último ni es verdad lo primero.

Sucede que llegadas y partidas deben ser motivo de celebración y alegría, porque los que vienen a instalarse tienen el tiempo por delante y las esperanzas por hacer.

Quienes parten lo hacen con la satisfacción de haber terminado con un ciclo. Hay amores por venir y amores despidiéndose.

Los besos se mezclan con las lágrimas y en el fondo está el rumor de los pasos, el “trac-trac” de las ruedas que siguen los rieles que se extienden por el infinito.

Pienso en las alegrías de los que ya no están, que se quedan en nuestros recuerdos. Pienso en las alegrías de los que recién llegan a estrenar la vida. Pienso en los que no se rinden.

Se ha terminado mi cumpleaños y estoy aquí.

He sido felicitado por familiares y amigos. He pensado en los abrazos recibidos y en los adioses hechos. En estos encuentros y despedidas que seguirán repitiéndose con trenes que vienen y van.

Porque finalmente es la vida.

NO ME GUSTA ESTO


No me gusta lo que leo, lo que veo y escucho.

No me gusta porque de pronto los malos recuerdos vienen como cuervos sobre un campo después de la batalla. Recuerdos que a pesar de ser espantados regresan volando en círculos y se instalan en los árboles.

Recuerdos de colas, de escasez de productos que no necesitas y tienes que comprar si quieres arroz o leche. Recuerdos de billetes con altas denominaciones que hoy me sirven para marcar libros. Recuerdos que nos hacen volver a una etapa que creímos olvidada y demuestra haber estado sólo escondida.

Y me doy cuenta que no soy el único. Cuando converso con los taxistas que a diario me transportan de un lado a otro, la sensación de “dejá vu” se instala. Y entonces las cosas parecen repetirse. Recordamos juntos cómo era y cómo podría ser si nos descuidamos. Hacemos una especie de viaje en el tiempo viendo pasar por la ventanilla las calles de la Lima de hoy, con su paisaje lunar producido por alcaldes.

De pronto nuestro Perú parece haber empezado una reversa peligrosa. Los temas saltan uno tras otro y recuerdo titulares de periódico, discursos y negaciones. Realidades no vistas o evitadas. Imaginaciones.

Y en esta especie de viaje fantástico al pasado, que parece salido de las páginas de una mala novela de ciencia ficción, da miedo encontrarse a la vuelta de la esquina con lo ya sabido, lo presuntamente olvidado. Y lo terrible es que hay gente que se siente feliz y cree ir hacia adelante cuando en realidad parecemos retroceder. Como para no entender lo que sucede.

Ahora el tiempo se enrosca  en sí mismo y lo mezcla todo. Mezcla los años, los instantes, los sucesos. Mezcla los rostros y las edades. Convierte las declaraciones triunfales del pasado en curiosos ecos que rebotan en las paredes para aturdir a quienes van perdiendo el sueño.

La realidad, como de costumbre, va más allá de lo imaginable porque nadie creyó en un retorno de los tiempos. Nadie sino quienes por no aprender de la historia se ven condenados a repetirla . Y nos condenan a todos.



NOCHES FOGOSAS


Este trabajo es la agencia Dentsu, de Beijing, China; el director de arte fue Jin Yang.

Mis correos se llenan del famoso spam diariamente.

En especial de aquél que me ofrece viagra o sus sustitutos “al mejor precio del mercado” o “enviado en sobres sin identificación”.

No sé si su sofisticado marketing les dice mi edad y si dentro de las estadísticas uno a estas alturas ya necesita de ayudas azulitas o de otros colores. El hecho es que la “viagrosis” se ha convertido en un verdadero virus para mi computadora, que por más que lo elimine vuelve a aparecer, como el pie de atleta que vemos en TV. Como el tal, merecería ser arrancado de raíz.

Y me llegan correos con remitentes exóticos y con componentes engañosos a ver si caigo. Copio un ejemplo llegado hace minutos a mi Gmail:

Be ready for steamy spring nights Spam
Responder
Patrica Cordero <Patrica@mtv-aalen.de>
a usuario
mostrar detalles
14:00 (hace 17 minutos)
Our new natural formula is aimed at the maximal growth of your package
Carry out a task of your male enhancement today!
spokesperson for Nassau County District Attorneywith Bo calling it “destructive to bilateral trade”.minutes from time through substitute Salomon Kalou.
minutes from time through substitute Salomon Kalou.spokesperson for Nassau County District Attorneywith Bo calling it “destructive to bilateral trade”.

Como se puede ver, hacen al final alusión al vocero de un abogado del distrito del condado de Nassau, texto que se repite cortado. Nassau no tiene nada que ver con mi “package”, ni poder tener “steamy spring nights”.
Este spam me hacer perder el tiempo, a pesar que el software del correo lo separa e indica como basura. Gmail me dice que el spam será borrado en 30 días, pero mientras tanto, si no borro, tendré una acumulación apocalíptica en mi bandeja de correo indeseado.
Sé que éste es un mal mundial. Cada vez que aparece un medio de comunicación se mal emplea con diversos fines. Lo tremendo es que debe surtir efecto porque sigue inundándonos como una marea incontenible. Basta desatender el correo para que se acumulen mensajes que ofrecen de todo. Siempre son “the best” o “incredible”. Vienen con nombres de remitentes que demuestran una imaginación digna de mejor causa por parte de los responsables de esta invasión.
Y muchas veces estos correos esconden virus que se instalan en la computadora y la controlan esclavizándola; es decir que envía lo que se le ordena desde fuera y se convierte en colaborador involuntario de actos que si no lo son, rondan con la criminalidad.
Cuando digo esto, la mayoría de mis amigos me mira como si yo hablara bajo los efectos de un huiro o después de haber bebido hasta que el grado de alcoholemia en la sangre pueda ser fácilmente detectado sin necesidad de nada más que el olfato. “Éso NUNCA me va a pasar a mi”, suele ser la sentenciosa observación.
Hasta que “la primera vez” hace su inexorable arribo y por descuido o curiosidad abrimos un correo desconocido pero atractivo o raro. Y he aquí el virus instalado cómodamente, sin que muchas veces nosotros nos demos cuenta. Hasta que alguien nos dice que le están llegando correos extraños de nuestra parte; o simplemente seguimos en la ignorancia y somos parte pasiva de una red delincuencial que usa miles de computadoras en el mundo.
Muchas veces el viagra prometido sólo potencia los virus en Internet.

DE ESTE LADO DE LA MESA


Mi amigo Pepe Perla ha cumplido treinta años como catedrático en la Universidad. Una fecha redonda, celebratoria, que muestra a una persona dedicada a algo tan complicado como transmitir conocimiento y compartir experiencias con personas normalmente más jóvenes.

Todos sus amigos lo hemos felicitado, porque siempre la vocación de maestro se construye. Se va haciendo poco a poco en cada clase, se refina con los exámenes y se mantiene al día con las preguntas.

Hablo de vocación porque los alumnos no perdonan y hay que querer mucho lo que uno hace para llegar a clase y estar listo para preguntas, razonamientos extraños, comportamientos raros, curiosidad, apatía, resacas… Se necesita tenerla para después de treinta años de hacerlo, insistir en ello porque uno cree que es lo correcto.

Estoy seguro que Pepe coincidirá conmigo en que es más lo que uno obtiene de los alumnos que lo que buenamente puede dar u ofrecer. Aprendemos mucho y me incluyo, porque sin tener el recorrido de mi amigo, enseño desde 1985 y sé exactamente lo mucho que me han dado aquellos que estaban del lado “de allá” del escritorio, mesa o podio de la clase.

Envidio sanamente su dedicación académica, fruto no sólo de una vocación sino además de un título profesional del que yo carezco. Él enseña porque la carrera universitaria que siguió y el ejercicio de su profesión son dos pilares que sustentan lo que dice en el diario ejercicio de enseñar. En mi caso, no tengo un título profesional y suplo lo que ahora sé es una deficiencia, con casi cuarenta años de experiencia en el campo. Aprendí por el viejo método de acierto y error. Y ahora tengo que esforzarme más, no sólo para estar al día, sino para seguir llenando vacíos que d e todas maneras arrastro por la falta de unos estudios sistemáticos y guiados.

También le envidio a Pepe su tranquilidad. No parece alterarse y ése no es un tema que haya ganado con los años. Lo recuerdo siempre así. Tranquilo, pausado, reflexivo. Me parece ideal para lidiar con temperamentos como el de la mayoría de los alumnos, que consideran a la velocidad como una necesidad virtuosa.

Desde aquí mi felicitación interna y la alegría que él sabe que siento por este aniversario que para muchos puede no parecer importante, pero estoy seguro que para la legión de ex alumnos de Pepe, representa tanto como para él mismo.