SABIDURÍA TÁXICA


taxiImagen: fabbernoduerme.blogspot.com/2008_06_01_archiv..

Ahora sí que soy un “heavy user” de los taxis.

Desde que dejé de manejar gracias al infarto cerebral que hizo chichirimico a mis neuronas de la visión, convirtiéndome en una especie de Santo Tomás (en vez de ver para creer… Tocar para creer!), los taxis son mi salvación.

Taxis de todo tipo. Antes discriminaba, pero ahora subo nomás (espero no toparme con secuestradores o asaltantes).

Así se ha ampliado mi rango del conocimiento humano porque como mis trayectos son largos, la conversación suele serlo también. Es muy raro el taxista callado y generalmente  diversos temas matizan el viaje.

Estos van de la política a la situación general actual, las noticias de radio “Capital” (muy  sintonizada, lo que es un buen indicador de popularidad); o a veces asuntos en los que el conductor busca mi opinión (deben ser las canas o ciertos destinos, como la Universidad Católica).

Siempre trato de escuchar. Suelo responder con preguntas (muy jesuíticamente) y esto consigue que vaya cosechando pareceres, opiniones y muchas veces recetas de vida.

A veces, co mo hoy, tomo un taxi que ya me llevó otra vez y después de algún tiempo soy reconocido (tal vez la conversación u otra vez,  las canas); éso me da alegría, porque supone que la conversación anterior dejó algo. Recogí y sembré.

El taxista que me llevó hoy de la Cámara de Comercio de Lima a la oficina (de Jesús María a San Isidro), estuvo mencionando que había ingresado las direcciones que le di de Iternet y que estaba fascinado con lo que descubrió (ningún sitio pornográfico por cierto); conversamos sobre sus visitas a lugares insospechados gracias a la magia de la Red de Redes.

Temprano, un taxista que me llevó a la Universidad, me contó acerca de su vida y cómo había salido adelante. De su padre analfabeto y manco, que sin embargo surgió y logró una familia que (“fuimos malos hijos” dijo) no hizo lo que debía por un hombre que murió de soledad (palabras textuales) a los 86 años.

Prometí una vez escribir mis historias de taxi. De pasajero, por supuesto, porque también tengo algunas cuando para completar un presupuesto exiguo en mi juventud, hacía “carreras” al aeropuerto desde algún hotel céntrico de Lima, por las noches. Estoy en éso. Recopilo y apunto. Lo debe haber hecho mucha gente ya y no aspiro ciertamente a ser el primero; pero estoy seguro que cada historia es diferente y los modos de contarla también.  Es un trabajo de largo aliento y agradezco a cada taxista que me lleva de un lado a otro de la ciudad porque me da material y repito, me enseña.

Escucho porque así aprendo a conocer un poco más de la vida. Escucho porque me gustan las historias y nadie mejor contador que el que ha sido protagonista.

Cada día adquiero una dosis de sabiduría gracias a los taxistas:  profesionales del volante, desempleados o cachueleros.  En Toyotas con el timón cambiado, camionetitas blancas, Ticos, nuevos autos chinos. Gente que trabaja para otro alquilando el vehículo o que es dueño de su propio taxi. Todos ofreciendo un servicio y conversación de yapa. Viajo y aprendo.

Parece el título de un tango.


Anuncios

NUNCA VOMITES….


 

noticia_18953_normal

                      …EN EL PLATO EN EL QUE COMES.

Así dice el refrán y es asquerosamente cierto.

Perdón por el título, pero hoy conversando con mi amigo Henry, en la Universidad, utilicé esta frase ante una pregunta que me hizo: “¿Cómo es el tema del calentamiento global?”

Fue el mejor ejemplo/respuesta que de inmediato me vino a la mente. Y luego hablamos de cómo los océanos subirían de nivel y probablemente desapaecerían las costas actuales, con ciudades y todo; cómo es ya mayo y el sol sigue calentando en una ciudad que hace unos años sentía frío en fechas similares. Hablamos del poco interés que las personas ponen a un tema que puede significar la desaparición de lugares y gentes en pocos años.

Cómo el egoismo del “no me va a tocar a mi”  hace que nos desentendamos de algo que va a suceder inexorablemente y que lo que podamos hacer, sólo paliará en algo las consecuencias.

Conversamos con Henry sobre la indiferencia, el poco interés que existe en general y la manera en que los peruanos y el mundo en general,  echamos en falta las cosas cuando ya las hemos perdido irremediablemente.

Escribo esto, porque la charla de hoy por la mañana logró impresionarme y remover aguas que parecían quietas. 

De pronto veo que todas las campañas de publicidad no logran nada en éste tema. Porque somos ciegos y no hay peor ciego que el que no quiere ver.

¿Y si usamos ése medio maravilloso que son las redes sociales? Ya se hace, será la respuesta. ¿Organizadamente?  ¿Bien?

Facebook está ahí, por poner sólo un popular ejemplo.

La posibilidad de crear conciencia, de hacer un verdadero trabajo de hormiga, pero efectivo están ahí. En realidad, nos va la vida en lograr revertir en algo el problema. Y la de los que nos siguen. Si no se disemina el mensaje, quedará todo como una desdesperación individual que morirá con cada uno, estérilmente.

Sé que debo ser el número un millón que toca el tema. No importa.

Es preferible que nos sumemos de uno en uno a la preocupación y a la colaboración en busca de soluciones, a que desaparezcamos todos con un “no me dijeron nada” cuando ya no hay forma de escapar.

OSCAR UGARTE Y LA FIEBRE INFORMATIVA


ugarte-foto-agenciaperu

Foto: AGENCIAPERU

El revuelo es mundial. Todos los medios y las conversaciones giran alrededor de la llamada fiebre porcina.

El Perú no podía ser menos y sucede lo de siempre: los medios tratan de vender ejemplares y espacio.

Más que informar, la mayoría parece que busca alarmar, desesperar y conseguir atraer la atención y el dinero del público. Es cierto que hay quienes informan y bien. Pero son los menos.

Medios que ahora piden que el Ministro de Salud ” se vaya a su casa” porque primero nos alarmó y después desinfló la noticia, en apariencia. Es cierto que el tema no es como para jugar, pero tampoco para lucrar.

Conversé una sola vez con el doctor Óscar Ugarte hace bastante tiempo y recuerdo a un hombre mesurado y con una fuerte inclinación social en su profesión (donde tanto mercachifle existe, por desgracia). Cuando lo vi como Ministro de Salud sentí que iba a entrar un profesional de la salud en el tema (donde antes hubo…¡un economista!) y pensé que le esperaba una tarea inmensa , como a cualquier Ministro que quiera hacer bien su trabajo.

El tiempo fue demostrando que las trampas eran innumerables y que se hacían para que el Ministro cayera en ellas.

Sin embargo, confirmé mi primera impresión: sensato, tranquilo y profesional. Poco “político”. Así en minúsculas y entre comillas.

En el caso de la gripe porcina dijo lo que en ése momento parecía ser. Si se hubiese callado, los medios hubieran vociferado: “¡El ministro de Salud no informa, se corre!…¿Qué esconde?”. Ahora, como dijo lo que se conocía médicamente y no resultó ser cierto, en vez de respirar tranquilos, respiran por la herida y aprovechan la oportunidad para pescar a río revuelto.

Es cierto que de pronto el ministro informó sin tener un 100% de conocimiento. Pero ¿el Presidente no minimizó la magnitud y los muertos del terremoto del sur en un primer momento por falta de información? ¿Se ha ido a su casa?

No se trata de ejercer la defensa del Ministro. Sucede que los medios tienen en su haber una lista larga de linchamientos sin que demuestren que cuando se equivocan, rectifican con la misma importancia. Me dirán que esto sucede en todo el mundo. Así es. Pero no por éso está bien para mi modesto entender.

Creo que no detendremos la gripe porcina con un Ministro yéndose a su casa. Hacen falta conciencia, unión y responsabilidad. Cosa, ésta última, que parece no existir cuando todos gritan.

PUBLICADO HOY EN “EL COMERCIO”


logoelcomercio-amarillo

DIME CON QUIEN ANDAS….

La sabiduría popular, expresada en los refranes, generalmente no se equivoca. Hay programas de televisión que parecieran hacer esfuerzos por demostrarlo.

Magaly Medina, en su muy visto programa, lo ha conseguido y ahora la Asociación Nacional de Anunciantes ha puesto su semáforo en rojo. Una recomendación de “no va más”  para auspiciadores. Una apreciación que califica al programa como “no apto para anunciadores”…mientras no cambie.

Magaly busca levantar polémica. Transgrede o llega al límite. Es denunciada más de una vez; ha cumplido  condena de cárcel dictada por un juzgado. En cierto momento intervino opinando hasta el presidente de la República. La televisión mostró opiniones a favor y en contra del accionar de la conductora. Todo, lo siento mucho, en beneficio del rating del programa. Porque a más polémica, más televidentes y más posibilidades de contar con anunciantes. Y si no se demuestra mayor signo de “arrepentimiento”, mejor porque la sintonía se calienta…

Pero ¿qué sucede con los productos o servicios que auspician el programa?  ¿Les hace bien asociarse a una problemática que tiene diversas interpretaciones, por decir lo menos?

Mi opinión inmediata es que no.

No se trata de tener programas de televisión bobos, pero tampoco aquellos que no contribuyen al mejoramiento del televidente. Una cosa es la diversión y otra el afán voyeurista que termina siendo una costumbre malsana. Las “revistas del corazón” y “la prensa rosa y del espectáculo” nos han acostumbrado a ésa cuota de noticias fisgonas que apelan a nuestro lado mirón, fijón y criticón. A esa parte del lector que en el fondo guarda envidias y deseos no resueltos, removiéndolos. Y creo que eso es lo que el programa de Magaly Medina logra en televisión.

Da buenos réditos, quien lo duda, pero a un costo muy alto. Un costo que se traduce en líos judiciales, declaraciones destempladas, acusaciones y toda ésa bulla que nada tiene que ver con un programa de entretenimiento y sí con el tinte amarillo de cierta prensa y el color rojo de algunas crónicas periodísticas.

Insisto en que a los  auspiciadores, a sus productos  o servicios, no les hace un favor asociarse a este tipo de programa. El público suele bramar de alegría ante el espectáculo mientras más truculento es. Un público que está compuesto por personas que se esconden en el anonimato para cometer tropelías y diluir la responsabilidad individual -la tristemente célebre “Fuenteovejuna”-.

El semáforo rojo de la ANDA es una advertencia seria. La llamada de atención de una parte importante de la sociedad que además de percibir valores pisoteados en algo que patrocina, podría ver afectada la imagen de sus marcas y productos. Y digo “podría” porque sólo un estudio imparcial nos diría la realidad.

Mientras tanto, el semáforo rojo es una opinión que deberían tener en cuenta Magaly Medina, el canal de televisión que cobija y pone al aire su programa  y los posibles patrocinadores de éste, por supuesto.

Manuel Echegaray.


Publicado en “El Comercio” 30.04.09, sección Economía y Negocios (pp. b4).

YO SOY EL PERÚ.


logo_megafono

Hay una anécdota que cuenta que Abraham Valdelomar decía: “El Perú es Lima; Lima es el jirón de la Unión, el jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo. Yo soy el Perú”. No sé si sea cierta, pero da cuenta de ingenio y lógica.

A veces, a la publicidad le gusta decir lo mismo: “Yo soy el Perú”. Y claro, si admitimos que la publicidad suele ser el reflejo de una sociedad, del país donde  vive y actúa, tendría lógica. Sin embargo la publicidad ni es,  ni llega a reflejar lo que es el Perú.

Desde hace mucho tiempo vengo leyendo y escuchando en diarios, revistas, conversaciones, foros, seminarios y tesis de grado que la publicidad está “fuera de foco”y que lo que vemos en las pantallas de TV y otros medios masivos donde ésta aparece, no tiene que ver con el Perú. Que los modelos de coerciales y fotografías: rubios, blancos y con estaturas que pasan el metro sesenta, no son representativos. Que el Perú es otro. Que su imagen es mestiza, mezclada, chola.

Y claro. Razón hay para opinar así. se ha ido cambiando, es cierto y la tipología de papás-mamás-hijitos ha variado. Más cabellos oscuros, menos vikingos y más pieles matizadas. Pienso que estamos saliendo de un estilo de hacer publicidad basada en estereotipos que nos llegó desde los inventores modernos de esta disciplina, es decir de los norteamericanos.

El viejo “way of life” que veíamos en el cine y en las series importadas de TV, fue repetido por empresas publicitarias con matriz gringa y nombre ídem. Yo empecé en McCann Erickson; trabajé en J. Walter Thompson, en Foote, Cone & Belding y en Park Advertising. Todos nombres importados que representaban agencias de publicidad fundadas en USA y que a pesar de estar esparcidas globalmente, conservaban ciertas directrices locales (es decir, de su localización original). Y sobre todo hace algunos años: modos de ver y hacer.

Es cierto que algunas agencias locales ponían el toque nacional, pero en general, la orientación, la “mirada”,  era hacia patrones foráneos. Y en un país centralista desde la Colonia, Lima resultaba siendo el Perú.

Y como diría el gran Cantinflas: “Ahí está el detalle”. Se ha venido tratando de comunicar desde esta capital del país, sin darnos cuenta cabalmente que los cambios variaban realidades a toda una nación conformada por múltiples retazos diferentes. Tal vez la publicidad ha sido una de las últimas disciplinas que se han dado cuenta de algo que no sólo es actual sino irreversible: Lima no es más el Perú.

Y creo no equivocarme si afirmo que los dos problemas más grandes de la publicidad peruana son el centralismo y la diversidad.

El centralismo no hay que explicarlo y la diversidad nos invade felizmente a cada instante. Pero la publicidad, comunicación del mercadeo, se ha quedado atrás y reacciona recién poco a poco. Ya Rolando Arellano demostró que Lima era además de la ciudad de los Reyes, la de los Quispe y los Pérez. Y la de los Rodríguez, los Echeandía, los Inomoto y los Janampa; y de cientos de miles de apellidos que sólo confirman que aquí “el que no tiene de inga tiene de mandinga”.  Lo que Rolando dice sobre la diversidad de Lima, es válido, creo, para el Perú. Porque ahora sí, aunque suene a rectificación de lo dicho, Lima es el Perú. Porque aquí en la capital estamosrepresentados todos en un microcosmos que efectivamente toma una forma propia.  Lima no es Cajamarca, ni Arequipa ni Iquitos o Piura. lima es todo con los cambios que trae una chocolateada, una mezcla, una melange.

Me estoy metiendo en terrenos pantanosos para un lego, lo sé. Sobre esto pueden escribir con precisión y verdadero conocimiento sociólogos y antropólogos; sin embargo no puedo dejar de decir que somos en Lima y en el Perú, el producto de un perol donde se cuecen y funden razas y costumbres. La sazón puede provenir de fuera. Aquí todo puede pasar. Somos una sociedad en movimiento. En cambio constante. Donde la historia se mezcla con la histeria y el folclor con Gianmarco y Toshiro Konishi. Una sociedad en la que conviven  las “culebras” del contrabando con los “piques” de fin de semana y las festividades de carnaval. Somos muy difíciles de clasificar y cada vez menos fáciles de entender. Y la comunicación publicitaria tiene que navegar en estas aguas y tratar.

A nuestra publicidad le falta desprenderse del centralismo, buscar regionalismos positivos y mirar más allá de los fáciles y omnipresentes medios masivos tradicionales. No digo que se desechen. Digo que hay mucho más y nuestro país lo sabe.  Y así como cada ciudad necesita médicos, abogados y maestros también ecesita de comunicadores que ejerzan la publicidad. Porque esta última no es una mala palabra; es nada menos que el modo de comunicación comercial que atrae, informa, entretiene y sugiere. Y tiene que hacerlo bien, teniendo en cuenta las características de los diferentes grupos-objetivo, para empezar.

Centralismo y diversidad. Dos problemas que son oportunidades  que debemos asumir antes  que se nos pase el carro de la historia.

Lima no es

ALGO HICIMOS MAL.


ALGO HICIMOS MAL

 Óscar Arias

 

 Palabras del Presidente de la República de Costa Rica en la Cumbre de las Américas.

 

 Trinidad y Tobago. 18 de abril del 2009 

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

 No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

 Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

 También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir una Ciudad sobre una Colina, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

 Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur en cuestión de 35 ó 40 años es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

 ¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal.

Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

 Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

 En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

 En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día y que gaste 13 veces más

($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

 Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?

El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

 Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los ismos (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un ismo muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que la verdad es que enriquecerse es glorioso . Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

 La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años.

Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los

74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

 Muchas gracias.

 

Gracias a  Ernesto “Cholo”  Elías por hacer llegar a sus amigos este texto que comparto. 

 

MIA FARROW INICIA HUELGA DE HAMBRE


Mia Farrow inicia una huelga de hambre

Mia Farrow inicia una huelga de hambre  (Imagen: Korpa)

  • Quiere, de esta forma, llamar la atención sobre el drama de Darfur.
  • Durante la huelga, se le hará un seguimiento médico con el fin de evitar que su salud sufra daños irreversibles.
  • Desde 2003, más de 300.000 personas han muerto por el conflicto.
  • fuente: 20 minutos.es ESPAÑA