ALARIDOS


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ilustración: blog ansiedad brutal

Los niños de los vecinos gritan, los vecinos gritan a los niños, los cobradores de combi gritan, algunos comerciales de radio gritan, algunos de televisión también, mucha gente habla a gritos. Nos estamos convirtiendo en una sociedad de sordos. O de maleducados.

Porque a la cacofonía urbana de bocinas, sirenas, ruidos varios y golpes de rompedores de pistas hay que sumar los gritos. La contaminación auditiva es altísima y especialmente cuando alguien de una casa cercana decide dar una fiesta que se supone privada, pero cuyo sonido invade el vecindario, impide dormir y estimula a perros y alarmas de autos.

Nada puede hacerse? No lo sé.

Mientras muchos (muchísimos) se ensimismen en sus audífonos y circulen como zombies; se hable por celular yendo a pie o manejando como si fuera tan urgente y  la última conversación de la vida y los oídos se acostumbren a cercanías sonoras continuadas,  seguiremos escuchando el griterío. Porque hay que gritar para que un sordo escuche y como la mayoría tiene los oídos ocupados por sonidos o dañados por lo mismo, los decibeles hacen saltar las agujas de la tolerancia. Y los que solemos escuchar más o menos bien, sufrimos de la agresión sonora, que poco a poco cobra víctimas.

Y entonces uno se enoja, responde de mal modo o manifiesta su fastidio negándose a cualquier cosa.

Cómo dice? No le oigo!

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DE LA COCINA ENTENDIDA COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES


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Comer es mucho más que el simple acto de ingerir alimentos.

Comer ha sido, desde que el  hombre asumió su rol en este mundo, un acto que va mucho más allá que saciar el hambre.

El hombre primitivo se comía el corazón del enemigo valiente para adquirir su valor. Ciertas comidas tienen aún un valor simbólico.

Nos “sentamos a comer”; invitamos a una comida y sostenemos “almuerzos de negocios”. Comer, definitivamente es más de lo que aparenta. Comer es un acto cultural.

Y como todo acto cultural, tiene sus reglas, sus tradiciones y sus secretos. Tiene también su historia. Pero para comer –a no ser que uno ingiera alimentos crudos- hay que cocinar. Y es a la cocina, ese paso previo a la comida, que quiero referirme en estas líneas.

Lo más probable es que no encuentren asociación entre un creativo publicitario y este tema. Especialmente si quien escribe se declara no-cocinero.

¡Por favor! Recuerden que el señor David Ogilvy (con el debido respeto y guardando las siderales distancias) tiene en su pasado el haber participado de una de las cocinas más afamadas del mundo…

Además, si hay un campo donde la creatividad no se detiene, ése es el de la cocina. Cada día en el mundo, desde la humilde ama de casa que necesita “sacarle el jugo al mercado”, hasta el chef más famoso, todos están creando algo nuevo: salsas, guarniciones, postres, platos…

La cocina debe haber empezado como un accidente. Nuestros antepasados hambrientos rescataron un trozo de animal fallecido en un incendio y se dieron cuenta que era más fácil de comer…y de digerir. Además, tenía mejor sabor. Y de allí a la barbacoa, la parrilla y otros modos de asar, no hubo sino un paso.

Aún hoy, formas evidentes primitivas, como la pachamanca peruana, o el cocinar dentro de un pellejo de cabra, subsisten.

La cocina está signada por la búsqueda del sabor. Sabores exóticos, dulces, salados, amargos. Combinaciones infinitas que asombrarían a quien hoy se contenta con una Big Mac y  french-fries. Literatura de cocina se ha escrito y mucha. Desde los tratados de célebres árbitros como Brillat-Savarin, hasta los libros que aparecen constantemente, casi todos abordan este tema desde el ángulo de las recetas. El “hágalo usted mismo” sin embargo, deja de lado lo esencial: el sabor.

No es lo mismo una comilona que un banquete. En la primera, sólo se tiene en cuenta la cantidad de viandas. En el segundo, lo importante es el orden de los platos para recorrer toda la escala gustativa.

Un banquete es como un concierto. Intervienen muchos instrumentos, en diferentes tiempos cada uno, unidos a veces. Lo que importa es el resultado: La música.

Tal vez a estas alturas piensen que soy un tragón y nada más. No es cierto. Prefiero comer poco y bien. Tampoco soy un snob que va en busca de la rareza por la rareza. Eso sí, soy un reconocido odiador (si se permite la palabra) de las verduras. Es algo que nació conmigo. ¡NO ME GUSTAN LAS VERDURAS! Y estoy convencido que uno puede comer a gusto sin necesidad de brócoli, vainitas, de la omnipresente lechuga y la abominable caigua.

Pero volvamos al tema. La cocina es el campo donde la imaginación puede volar como en cualquiera de las artes. Por eso el titulo de este artículo (que viene prestado de “El asesinato considerado como una de las bellas artes”). Los célebres festines de Lúculo con su fantasía de preparaciones son un ejemplo de creación gastronómica.

Hoy, personalidades como Paul Bocuse, que “invento” la Nouvelle-Cuisine” francesa,  o Ferrán Adriá, continúan creando y desarrollando sorpresas para nuestras papilas gustativas. Y –por qué no- para nuestros ojos.

Aquí en el Perú, la cocina “Novo-Andina” y ese maravilloso matrimonio que ha dado como fruto la cocina Nikkei, así como el ya tradicional chifa, son un buen ejemplo de transformación a partir de unas raíces. Porque, recordemos, la creatividad no es otra cosa que encontrar nuevos caminos para antiguas verdades.

Por medio de la cocina se puede llegar a entender un pueblo. Los espartanos por ejemplo. Eran duros, guerreros y eso, espartanos. Claro, su plato principal era una sopa de… ¡ortigas!

Hay un interesante libro titulado “La cocina de los antropólogos”, que recoge lo que diversas civilizaciones y grupos humanos come. Hacer un recorrido por la mesa de los aztecas, los incas, os romanos es un maravilloso viaje por los sabores, los aromas y la historia.

Cocina es cultura. Los pueblos rudimentarios tienen comidas rudimentarias. No confundamos esto con lo que podríamos llamar la abstracción en la cocina. Un plato de sashimi (de origen pescador), requiere de elección, selección y preparación. Es el resultado de un decantamiento, de un irle “quitando”, para llegar a lo esencial. Como un cuadro de Mondrian.

Cocina es cultura y ahora que nos invaden los Macs, los Burguers y los Fast-food de toda laya (contra los que nada tengo), es importante tenerlo en cuenta. No es lo mismo ir al cine a ver “Rocky XVII”, que disfrutar de “Barry Lyndon”.

La cultura es necesaria. Tanto como la cocina.


(Publicado en el Boletín Publicitario IPP – Instituto Peruano de Publicidad –  Nº 19 Diciembre 1996, actualizado el 18 de febrero del 2009)

MAGOS AL FIN Y AL CABO.


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Este artículo fue escrito hace mucho tiempo.

El año es 1996 y apareció en el Boletín Publicitario del Instituto Peruano de Publicidad (IPP)  No. 17.

Se celebraba el centenario de la historieta (1896 -1996).

La actualidad es perfecta.

Únicamente he suprimido un párrafo donde se invita a la creación de historietas, supongo que con muy poco éxito.

Pronto cazarían al monstruo lanudo de inmensos colmillos.

Iría todo el grupo, armado con estacas de puntas endurecidas al fuego.

Con cuchillos de pedernal y hachas de sílex.

Había que conjurar al animal. Atraparlo antes. Hacerle magia.

Para eso, el hombre que hacía contar historias a las paredes de piedra molió las hojas y con su jugo y un palito dibujó la cacería: los hombres, las estacas, el peludo mamut cayendo atravesado.

Al final mojó la palma de su mano en el jugo y la puso en la pared de la cueva.

Estaba hecho. Concretado el conjuro.

El animal les daría carne, huesos y lo que en ese invierno lleno de nieve era un imperativo: piel lanuda para abrigar sus cuerpos.

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Superman no puede moverse. La Kryptonita lo tiene paralizado. Metrópolis está en peligro. Jaime Olsen asiste impotente al suplicio de su omnipotente amigo.

Shazam! Un rayo y el muchacho se convierte en el Capitán Marvel.

La señal del murciélago se proyecta en el cielo de Ciudad Gótica: Una nueva aventura empieza para el dúo dinámico.

Los sobrinos del Capitán han vuelto a las andadas. Mojaron íntegro al inspector, so pretexto de regar los mastuerzos.

Popeye hace girar su brazo como el aspa de un molino y Bluto sale disparado…para volver a enamorar a Olivia en la historieta siguiente.

El Yellow Kid pasea su túnica estrafalaria mostrando el texto de su parlamento.

Tin Pan Alley es el lugar de reunión. Don Gato y su pandilla evitan los zapatos del vecindario.

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Magia. el mundo queda atrapado en un dibujo. La historia se desenvuelve en en medio de onomatopeyas. La fantasía toma por asalto a la razón.

Bande desinée, historieta, tebeo, manga, cómic.

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Desde ese lejano Cro-Magnon que dejó su huella en Altamira hasta los modernos magos de la ilustración el camino ha sido largo.

El cómic se eleva a la categoría de arte: Roy Lietchestein dixit.

El cómic educa. El cómic manipula. El cómic enciende pasiones. El cómic es subversivo. El cómic denuncia. El cómic entretiene.


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Yo crecí con Tin Tin, el Ratón Mickey, el Pato Donald, Halcón Negro, Charlie Chan, Kid Dinamita, As Solar, Superman, Batman, Lorenzo y Pepita, Educando a Papá, Los sobrinos del Capitán, Andy Panda, El Pájaro Loco, Super Ratón y tantísimos otros.

Mis viajes a la fantasía diaria eran un puro placer.

Luego vinieron Mafalda, Garfield, Pogo, Vampirella, Creepy, Corto Maltés, Inodoro Pereyra, Boggie El Aceitoso, El Eternauta…

Yo crecí amando al cómic. Aprendí a quererlo en la terraza de una casa inmensa, donde los veranos se estiraban.

Y sigo queriéndolo: Heavy Metal, Comix, MAD…

Los nombres: Milton Cannif, Harold Foster, Chic Young, los hermanos Hildebrandt, Royo, Walter Lantz, Breccia, Hugo Pratt, Oesterheld…


Todos herederos del mago Cro-Magnon. Todos empeñados en modificar la realidad con la punta de un lápiz. Contadores de historias, ilustradores, guionistas, coloristas… Magos al fin y al cabo!


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Hagamos algo. Hagamos comic. Capturemos la fantasía.

Juguemos al Aprendiz de Mago.

Hagamos cómic. Escribamos cómic. Dibujemos Cómic. Hablemos cómic.

Todo se reduce a generar la magia suficiente para convertir la fantasía en realidad.

O a la inversa.

TU AVISO NO ME GUSTA


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Todo creativo publicitario ha oído ésa frase muchas veces durante su carrera y de seguro la seguirá escuchando. Se la dirán ejecutivos de cuenta, supervisores, gerentes marketing, su mamá, los amigos, la novia o la esposa.

“Tu aviso no me gusta”. Curiosa frase para ser escuchada por un creativo publicitario que sabe que no se trata de gustos, que no son otra cosa que apreciaciones subjetivas.

Que tal vez puedan ser valoraciones estéticas y como bien dice el refrán: “sobre gustos y colores no han escrito los autores”.

Porque la publicidad debe gustar, qué duda cabe, pero lo verdaderamente importante es que funcione. Que cumpla con su cometido y logre llamar la atención, informar, motivar, llamar a la acción y ser recordable. De otro modo no estará haciendo aquello para lo que fue concebida.

La publicidad está hecha para funcionar como brazo de comunicación del marketing. No para satisfacer el ego del cliente o el del creativo. La publicidad no es el lugar que aloja a la hija del gerente, las ideas del director de mercadeo o a la mascota del redactor.

Si caben dentro de lo que la hace efectiva y puesta al servicio del producto, está bien.

Si la chica da el tipo buscado, las ideas contribuyen a informar o son creativas y la mascota parece hecha para el comercial, todo contribuye. Todo aporta.

Sin embargo a veces las personalidades triunfan y los gustos se sobreponen. Es entonces cuando el creativo publicitario que tiene como base de su trabajo un brief claro y unos objetivos bien colocados, se encuentra con la frase que da título a esta nota: “Tu aviso no me gusta”. Y cuando argumenta explicando la estrategia desarrollada y cómo el aviso es la expresión de ésta, generalmente le replican “pero deberías buscar más…”

¿Buscar más? ¿Acaso está mostrando lo primero que se le ocurrió?

Lo que sucede es que “el gusto” está atacando y la subjetividad se ha puesto de pie.

Para juzgar un aviso hay que saber hacerlo. No es un acto banal y en él no pueden entrar “los gustos” personales. “No pongas rojo porque no me gusta. Detesto a los perros ¿porqué no pusiste un gato?”

Así podemos llegar hasta el infinito, mientras detrás de lo planteado, en el aviso, nos hace guiños una estrategia acertada y una ejecución que funciona.

Juzgar es un acto que requiere de conocimientos y experiencia. Que está por encima de los gustos y los pareceres propios.

Al creativo se le reprocha no hacer lo que a los demás, que juzgan su trabajo, les hubiera gustado ver. Tanto, que no se fijan en las virtudes de la pieza publicitaria y están seguros que sólo lo que ellos creen es válido. Que el creativo es un “hacedor de voluntades”. Y no es así.

Llevo casi cuarenta años haciendo creatividad publicitaria y he visto de todo.

Desde clientes que exigen que se respete un brief y unas características de producto importantes (“Si algo funciona NO lo toques”), hasta creativos que creen estar por sobre cualquier cosa y son capaces de ofrecer lo que un producto NO brinda al consumidor.

He visto comerciales brillantes con ideas arrasadoras que hacen olvidar al producto al que se deben. He sido testigo del naufragio de grandes ideas respaldadas por sólidas estrategias, gracia a la majadería de ejecutivos y clientes tercos.

No se trata de defender a los creativos o echarme flores siendo, como soy, uno de ellos.

Se trata de ser objetivos en uno y otro lado; ceñirse a lo que la publicidad hace y a eso darle el vuelo de la creatividad, que es como preparar una causa donde la papa amarilla, el aceite, la sal y la pimienta son básicos; pero la imaginación del chef la hará llegar a alturas que la convertirán de una simple causita en una gloria gastronómica.

Crear y juzgar: dos funciones vitales para la publicidad. Para evitar los : “no me gusta tu aviso” o “tengo la razón porque soy el cliente, el ejecutivo o el gerente”.

LA TETA ASUSTADA GANA EL OSO DE ORO


400http-_dyimgcom_a_p_ap_20090214_capt02b34435fe67401281f3b930d74a5336germany_berlin_film_festival_msc127CLAUDIA LLOSA y su equipo han demostrado – prácticamente –  que sí se puede.

Ganar “El Oso de Oro” de la  Berlinale no es fácil, seguramente. Sobre todo si miramos a los competidores.

Como cada vez que alguien hace algo extraordinario, se alzarán voces (ya vi algo en YOU TUBE) que traten de desmerecer el éxito. Generalmente son las voces de los que nunca le ganaron ni le ganarán a nadie. Las voces de aquellos que lo único que saben es envidiar porque no sirven para nada más y generalmente se esconden en el anonimato.

Bien por Claudia, bien por Magaly (Solier) y bien por un equipo que sigue creyendo que hay que hacer las cosas aunque los perros ladren. Suele ser señal de que se avanza. Y que se ganan premios de verdad.

LA HORA DE LA LECTURA


Siempre es un buen momento para leer.

El libro, compañero de la vida, nos conecta con inteligencias cuyos dueños tal vez se extiguieron físicamente, pero viven en el polvo cósmico de las letras. Viajamos, soñamos y logramos todo gracias a los libros.

Leamos pues. Aquí, algunos extractos del libro “Pensamientos en una Estación Seca” de Gerald Brenan.

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Gerald Brenan (Sliema, Malta, 7 de abril de 1894Alhaurín el Grande, Málaga, 19 de enero de 1987)

>“En el siglo XIX, el promedio de vida para los clérigos era ochenta y un años, para los políticos setenta y siete, y para los ateos y escépticos sesenta y cuatro” (David Ogg, Europe of the Ancien Régime.) Así que creer en Dios es beneficioso.

>Los ateos que odian la religión se comportan así usualmente porque la han recibido en su forma más tosca y antropomórfica. Del mismo modo una persona que hubiese oído sólo la música ligera que se toca en los parques podría suponer que ésa es la única música.

>Me pasé despierto la pasada noche desarrollando una herejía. Esta es que Dios no se preocupa del individuo, sino sólo de la especie.  Es Cristo quien se preocupa del individuo. Él descendió a la tierra para redimirlo y reconciliarle con Dios. Pero, ahora los marxistas intentan desbaratar la obra de Cristo y restablecer la Ley Antigua.

>Las religiones se mantienen vivas mediante herejías que son, realmente, explosiones súbitas de fe. Las religiones muertas no tienen tal cosa.


GRANDE, JULIO!


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DESTINO DE LAS EXPLICACIONES

En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones.

Una sola cosa quieta en ése justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.


(“Un Tal Lucas” Julio Cortázar.)