OPTIMO, OPTAR, OPCIÓN


Tienen cierto parecido, un airecito de familia, pero una cosa es “lo más bueno”, porque óptimo es el superlativo de la palabra bueno y optar es elegir o escoger entre una o más posibilidades u opciones…

Sería bueno que siempre optáramos por lo óptimo, pero eso es algo que rara vez sucede, sobre todo cuando las opciones no parecen presagiar nada positivo, o lo que es bueno a la vista, no basta.

Curiosamente, las tres palabras empiezan con “O”, que es la figura de un círculo perfecto, o sea de algo que carece de principio y de final y que “está dando vueltas en círculo” …

A veces uno se encuentra en ése “círculo vicioso” y quisiera que el acento de “óptimo” o el de “opción”, como una flecha señalizadora, marcara el rumbo a seguir…

Imagen: elreinodelsoneto.blogspot.com

PRINCIPESSA


Vivía en un libro grandote, de tapas duras, ilustrado por su imaginación.

Era un hermoso cuento para niños, con hadas, un príncipe y paisajes verdes donde flores y mariposas ponían los colores, rivalizando con el azul de un cielo de verano, sin nubes que lo motearan molestosas…

Gozaba con las líneas que leía –también con su imaginación- y se quedaba pensando en cada pasaje, donde la esperanza se vestía de destino y los futuros se enhebraban como perlas en un collar antiguo…

Vivir así le hacía sonreír y estar contenta, con esa felicidad sencilla que brota de la fantasía…

No había llegado hasta la parte del ogro comegente, que le tenía hambre al príncipe y envidia, pues quería que ella fuera u ogresa y no una principessa…

Cuando llegar, vería que todo era una telenovela mexicana y que se llamaba “El amor tiene rostro de mujer”. O sea que el Destino, ése con mayúscula, y no un destinillo cualquiera, le había visto la cara…

Imagen: cuentosyrecetas.com

CREER, CONFIAR


El tiempo, las vicisitudes y la vida misma, habían hecho que no creyera en nada ni en nadie; desconfiado, ponía todo en tela de juicio y el veredicto era el mismo siempre: “No puedes creer”.

Su primer aprendizaje en la desconfianza, vino de su padre, que como decía, “No confío ni en mi sombra” …

Un día, se planteó la disyuntiva: “¿Confío o no confío en la desconfianza de mi padre?”; desde entonces empezó a desconfiar de la desconfianza, lo que no significaba que confiara en no confiar, sino antes bien, al contrario…

A veces, hay cosas que lo atormentan a uno y no parecen tener solución. ¿Será ese el infierno? Nuestro personaje se preguntaría: “¿Existirá?” …

Imagen: piopiofamily.com

DE MANERA LITERAL


Le decían “La insoportable levedad del ser”.

Era un apodo literario, filosófico, leído y enterado; un apodo para conocedores, para un pequeño grupo de amigos, como suelen empezar los apodos, que después se generalizan y terminan reemplazando al nombre real.

Era flaco y francamente odioso; a todo le encontraba problemas y se sentía superior a los demás porque leía mucho, aunque sus lecturas no parecían agregarle nada, sino la vanidad de ser un súper lector…

Leía de todo, sin aficionarse por ningún género. Leía por leer, como si estuviera en una competencia, pero no retenía nada de lo leído. En su cabeza se mezclaban los títulos, los autores y uno que otro pequeño párrafo o frase, pero lo confundía todo.

Poco a poco perdió amigos, se volvió más flaco e intolerable.

Terminó en un sanatorio, el día que, desaparecido por un tiempo, uno de los amigos que le quedaban, fue a buscarlo y descubrió que su “dieta” eran los libros: Se los estaba comiendo, literalmente hablando.

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