LA INMORTALIDAD DE LOS ESTÚPIDOS


Foto gtraffiti

La estupidez perdura, atraviesa siglos y culturas y se manifiesta precisamente en aquellos lugares y ocasiones que más llaman la atención.

Hay diferentes formar de serlo, pero a veces la marca existente se supera y lo que ha pasado con un joven chino que “graciosamente” colocó su “estuvo aquí” garabateando un monumento egipcio y luego puso la foto en la red para compartir su “hazaña” bate creo, varios records.

Este afán del hombre común por perennizarse usando a otros como base, no es nuevo ni único, pero esta vez su intento se ha expandido por el mundo: su estupidez está en la “red”. Cada tanto nos llega la noticia, que alguien puso su nombre o pintó un monumento con el fin de pasar a la historia, sí, a esa con “h” minúscula. Y eso es tan solo una muestra de la estupidez que quiere pasar por “viveza”, sin darse cuenta del papel triste que hace. Resanarán lo hecho y si lo cogen tal vez el culpable reciba algún castigo. Mientras tanto el joven chino, Ding Jinghao ha entrado a la historia, a esa sobre la que Borges escribe y se llama “Historia Universal de la Infamia”.

Un turista chino decidió ‘inmortalizar’ sus vacaciones escribiendo su nombre en el templo de Luxor, uno de los destinos turísticos más populares de Egipto y publicando después la imagen de lo escrito en las redes sociales chinas.

«Ding Jinhao estuvo aquí», reza el mensaje escrito en chino mandarín que dejó el turista en una de las paredes del famoso templo. El joven vándalo fue identificado como estudiante de secundaria de 15 años de edad, residente de la ciudad china de Nankín. Ding estaba de viaje en Egipto con sus padres cuando dañó el templo de unos 3.500 años de antigüedad.

La imagen divulgada por el propio estudiante se hizo viral en la Red y generó todo tipo de críticas por parte de la sociedad del país asiático, cuyos representantes ya iniciaron la ‘caza virtual’ del chico mostrándose preocupados por su comportamiento que, según ellos, puede caracterizar a los turistas chinos de forma inapropiada.

Los medios de China calificaron el asunto de «vergüenza turística» del país. La familia del estudiante tuvo que pedir disculpas públicamente por sus acciones en una entrevista a un diario local.
Pese a ello, hasta el momento no ha aparecido información sobre el incidente en los medios de comunicación egipcios, mientras que el chico no ha sido acusado de ningún delito por las autoridades del país.

El Ministerio de Antigüedades egipcio todavía no ha hecho comentarios sobre el asunto pero según una fuente del portal Egyptian Streets actualmente está investigándolo. El incidente pone de relieve la falta de seguridad y del cumplimiento de las normas de protección y preservación de los lugares históricos de Egipto.” 

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/cultura/view/95617-turista-china-nombre-templo-egipto-luxor

SERPENTÍNICA U DEL BIZCOCHERO ENGIRAFADA AL TÍMPANO


Estas palabras de César Vallejo, cuando las  leí en “Trilce”, eran simplemente eso: palabras que describían muy bien un sonido que se colgaba en el oído. Desde hace un tiempo, tras re lecturas múltiples, la frase fue cobrando para mí una dimensión especial: la del recuerdo.

La U del bizcochero anunciando su producto y diciendo larImagengamente “¡bizcochuuuus!”, trae aromas de infancia a mi memoria y veo allá en la Ermita de Barranco a la cajita azul con vidrios para mostrar la mercancía, esperando a la bandada de chicos que jugaban. Escucho el pregón del bizcochero rato a rato en el establecimiento de baños, como anunciando un premio antes de que volviéramos a casa en los mediodías de veranos que fueron.

Y el verano me trae al heladero; carretilla amarilla, multiplicando el sonido familiar de su corneta que prometía las delicias de un “Alaska” en que una vez desenvuelta la platina, aparecía el chocolate invitante de la cubierta para al morder, descubrir el sabor conocido y mil veces glorioso de una vainilla única.

Son recuerdos de chico, de lugares, de cosas, de placeres secretos. Son recuerdos que un hombre, con una sola frase trae al presente. Y entonces veo y me siento tocando el libro empastado en piel verde, con hojas de papel biblia y palabras extrañas. “Es poesía”, pienso y me doy cuenta que veo y toco mi infancia.

 

RÍO ROJO


Rojo

Se siguen sucediendo en el mundo los preparativos para eventuales guerras y la elaboración de la violencia continúa con pretextos de todo tipo.

En China preparan al ejército, USA quiere poner sus “armas sensibles” en el fondo del mar y en todas partes las “novedades” son una repetición que nos muestra que la humanidad no aprende. Miles de millones de muertos a través de la historia, desde los ejecutados por la Inquisición, hasta la niña violada y muerta en la India, pasando por las víctimas del Holocausto y los asesinatos de Sendero Luminoso, son testigos del horror que el mismo ser humano desencadena. Las “excusas” son múltiples y se aducen razones religiosas, étnicas, de locura, políticas y en realidad todas acaban en el puro gusto de matar bajo algún disfraz.

Somos, según he visto, la única especie asesina sobre la Tierra. Y la tecnología ha convertido la piedra o el puñal de un insano comienzo, en armas capaces de multiplicar por “n” las víctimas ofreciendo así “soluciones” que pueden ajustarse a las necesidades de los asesinos.

Parece que no nos detendremos nunca en esta loca carrera homicida. Nunca, hasta que el último hombre se suicide porque ya no tiene a nadie a quien matar.

Un futuro triste y posible para la especie que alcanzó a volar hasta las estrellas.

¿Pesimismo? No, idiota realismo.

La sangre derramada forma ríos en los que se baña la historia y donde chapoteamos sin darnos cuenta que lo hacemos en un líquido que alimentó la vida humana del planeta.

 

 

LOS DIOSES DEBEN ESTAR LOCOS


Aprovecho el título de una película divertida, porque ante tanto estropicio mundial, no queda otra cosa que decir algo así, aunque más bien con preocupación que graciosamente.

Pareciera que de pronto, en todas partes una especie de ola recorriera hasta los más recónditos rincones, dejando al descubierto actos que asombran y atemorizan por la medida en como aparece lo que antes era impensable o aquello de lo que no se tenía memoria. Es cierto que cada época tiene sus bemoles y que otras edades también han presentado profundas y oscuras simas.

Este tiempo sin embargo, tal vez sea por la inmediatez y la superposición veloz de la información, parece acumular mucho más negatividad que nunca. “Antes no era así” es la frase preferida al ver lo que sucede. Lo comentábamos el otro día con un amigo y decíamos que el “cualquier tiempo pasado fue mejor” ahora no parece quedarse en una mera frase sino hacerse peligrosa realidad. Y es que estamos siendo testigos de la descomposición general, donde todo anda, como en el libro de Galeano, “Patas arriba”.

Basta sintonizar un noticiero o leer las páginas de los diarios para encontrarnos con un mundo que es real y parece de ficción. Salir a la calle es una aventura y no parece haber lugar seguro, pues en todas partes asaltan, roban y asesinan. Los muertos se cuentan por centenares y solo en el Perú la cifra es insana desde todo punto de vista: desde los que fallecieron quemados, atrapados en los famosos “centros terapéuticos” hasta los valerosos policías y militares que murieron combatiendo a la cobarde acción de los narcos y los terroristas. Y eso sin contar con los que, conocidos o desconocidos, acaban sus días en las calles o en cualquier lugar baldío.

Repito, esto visto microscópicamente solo en el Perú. Si vamos ampliando el foco, la afirmación del título de esta nota, salta de inmediato como respuesta.

De pronto, el ser humano, “amo de la Creación” hace lo posible para que todo vaya mal. Destruye cuanto encuentra a su paso y camina, máquina suicida, a un final que pareciera ansiar.

De pronto se dice uno que no es que los dioses estén locos sino que decidieron ausentarse y dejaron a su “mejor creación sobre el planeta”, solo.

SIN ARGUMENTOS


Vuelvo a decirlo: aunque lo quiera no puedo dejar de escuchar los tonos imperiosos, casi gritados, con los que una vecina exige a su hijo deberes, orden y atención. El otro día el niño le decía a su madre que porqué se desquitaba con él y al final rompió en llanto, mientras lo seguían increpando y le pedían que se callara: “¡Tú cállate! ¿Me has oído? ¡No llores y cállate!”

El niño ya no decía nada, solo lloraba. Finalmente hubo un portazo y silencio, punteado por los esporádicos sollozos de la criatura.

No sé que drama familiar se esconde en esta demostración de “pedagogía”, pero no me parece que gritar e imponerse por el poder sea un método educativo. Es cierto que muchos adultos pierden la paciencia frente a situaciones dadas, pero normalmente sucede cuando sienten que ellas se escapan de sus manos, o ven amenazada una equívoca autoridad.

Parece ser que gritar es el modo de discutir de algunas personas que no conciben que se les lleve la contraria o que se cuestione su actitud. Las muestras de esta conducta nos ofrecen niños con caracteres ariscos, modos de ser huraños y comportamientos agresivos. ¿Qué puede pensar un niño si ve que los argumentos de su padre o su madre son los gritos, las amenazas y los golpes? ¿Cómo puede pedirse reflexión a un adulto que ha sido abusado verbal o físicamente por quienes le dieron la vida y deberían guiarlo hacia algo mejor que el resentimiento? Es verdad que hay niños capaces de hacer perder los estribos, pero la culpa suele ser de una pésima educación, esa que se entiende por obediencia ciega y punición en casos de falta.

Vuelvo a decir que no sé cual es la verdad que se esconde detrás de los gritos y el llanto de mi vecindad, pero me da la impresión que la carga emocional diaria se vacía en el que no puede defenderse, por edad, posición o situación.

Las frustraciones personales encuentran un desahogo en los gritos y órdenes imperiosas, a veces en las amenazas o los golpes. Me subleva tal hecho, porque el miedo del vencido se transforma en la ira desatada del déspota. No hay nada peor que la persona que se “desquita” con sus hijos de un mal día de oficina.

Mis padres siempre razonaron conmigo sin dejar de ser por eso rigurosos. De ellos aprendí y no creo en las inútiles bravatas de quien no tiene argumentos y no quiere darse cuenta que su posición es equivocada. “La letra con sangre entra” es un dicho que con el tiempo genera venganza, revancha contra todo aquello que signifique autoridad, a la que se ve como impositiva y ciega.

La Ley del Talión no creo que sea la más adecuada.