EXTRAÑANDO A NONONE


nonone

El “Cabo Nonone”, Reynaldo Nonone Vivanco, fue, allá por los años 50, el ejemplo de policía de tránsito en Lima.

Alegre, recto, eficiente y orgulloso de ser policía, Nonone era una verdadera institución en la ciudad. Era el símbolo del orden y la amabilidad de una Lima que fue creciendo poco a poco hasta llegar ser lo caótica y peligrosa que es ahora.

Parece que en todo el mundo, la policía, en vez de inspirar confianza, provoca temor. El miedo de los ciudadanos a personas que representan a la autoridad, que van armados y utilizan la fuerza. Sucede en Israel, pasa en Estados Unidos y prácticamente en cualquier parte donde la ley haya perdido su verdadero sentido.

Aquí, si bien hay policías honestos y que arriesgan cada día sus vidas por defender a la sociedad, hay también quienes lucran con la gasolina destinada a los patrulleros; los que piden una “colaboración” para no poner una multa y quienes alquilan el prestigio de ser policías y muchas veces sus armas oficiales a la delincuencia que deberían combatir.

¿Dónde está “el amigo del barrio”; el policía de la esquina que contestaba los saludos de vecinos que se sabían protegidos por él y por sus compañeros?

El crecimiento trae problemas de reconocimiento. El crecimiento trae problemas de personalización. El crecimiento puede tener ventajas, pero tiene problemas.

La violencia que se percibe en todo el mundo en la policía, tiene que ver con la deshumanización que traen consigo el crecimiento y un “progreso” mal entendidos.

El “Cabo Nonone” es un recuerdo limeño. Un buen recuerdo de cuando las cosas eran diferentes. En todas partes.

Anuncios

SOÑAR EN COLORES


ÁNGEL SOÑANDO

Generalmente uno no se pone a analizar si es que sueña en colores o en B&N: simplemente sueña.

Pero estoy seguro que quien ve los colores, los transmite a sus sueños, aunque a veces estos sean como una película antigua, donde el blanco, el negro y los grises reinan.

Leí que antes de la llegada de la televisión, una enorme mayoría reconocía soñar en colores. Vino la TV, primero en blanco y negro y luego a colores, y cierta cantidad de personas post-televisión, que habían visto la tele en blanco y negro,  admitía soñar también así  (en blanco y negro); tal vez sucedía que habían conocido este modo de ver por la televisión y no de modo natural…

No soy psicólogo y no he investigado nada acerca de esto, pero me pareció curioso. Seguramente desde el lado científico habrá explicaciones y no soy yo nadie para contradecirlas. Sin embargo el tema me parece aparente para reflexionar. Un amigo me decía que el mundo onírico es “verdaderamente” nuestro. Lo decía a propósito de mi post anterior, en el que confesaba haber perdido un día y me comentaba que en sueños no parecen existir las fechas.

Es cierto, se traslapan momentos y personas; lugares y hechos. A veces soñamos (¿imaginamos?) una mezcolanza curiosa e imposible. Otras veces los recuerdos (¿sueños?) son reales y vívidos. Creo que por lo general –nótese bien la frase que uso- los sueños suelen ser silentes.

Recordémoslo o no, siempre soñamos. Son las horas en que se desarrolla ese mundo maravilloso, que cuando no nos gusta se llama “pesadilla”. En colores o en blanco y negro: soñar es un modo de volar, de vivir lo imposible o revivir la vida: nuestra vida. Única e intransferible.

PERDER UN DÍA


SIGUE BUSCANDO

 Perdí un día. Se me extravió en la mañana temprano, o al empezar a teclear en la computadora.

Era 29 y no 28 como creía y envié un par de correos con la fecha atrasada. Claro, que pensándolo bien, lo que hice inconscientemente fue retroceder un poquito el reloj y darme la oportunidad ¿de qué? No lo sé bien aún.

Cuando me di cuenta, la primera reacción fue corregir lo hecho y enviar ese par de aclaraciones, diciendo que me había confundido de fecha. No lo hice, porque me di cuenta que a nadie le importaría; que no era importante, vamos. Que no era la primera vez que me pasaba y antes había retrasado o adelantado la fecha, sin mayor consecuencia que mi propio desconcierto. Si esto se repite, quiere decir que no estoy haciendo lo necesario para mantener ágil mi cerebro. Tampoco se trata de vivir en el pasado.

Escribo esto como una especie de explicación, para decirme a mí mismo que uno puede olvidarse de los anteojos, no acordarse de donde puso las llaves o claro, si es lunes o martes; 28 o 29.

Creo que a partir de ahora, guardaré en el cajón del escritorio las horas ganadas o perdidas. El asunto es acordarme en qué cajón de los tres que hay las puse, encontrar la llave y ordenar el desorden con que guardé las horas. Como decía mi amigo Toshi en un comercial de TV para televisores NATIONAL: “¡Duerma tranquilo!”.

TELARAÑA


TELARAÑA

Parece que estuviéramos en una inmensa tela de araña, en la que se pega todo lo que se acerca. Viscosa y pensada para que ni lo más fuerte pueda escapar. Extiende sus hilos que llegan a todas partes.

En el centro está la gran araña y repartidas todas las demás, acechando.

Es una telaraña en un mundo-espejo, que se multiplica una, cien, infinitas veces.

Una telaraña de pesadilla; inmensa. Digna de una película de ciencia-ficción.

Estamos atrapados en ella y las vibraciones sigilosas que producen las arañas al acercarse delatan que está próxima una pelea por la presa –nosotros- que asistimos inmóviles e hipnotizados, sabiendo que quien gane de ellas, se abalanzará.

Estamos presos en una telaraña; las arañas acechan y no es un mal sueño: es una escalofriante realidad.

OBLIGARQUÍA


OLIGARQUÍA

En el colegio tenía un buen amigo, que decía que la palabra correcta era “obligarquía” y su explicación era sencilla: “porque obligan, pues”. Recuerdo hasta ahora sus argumentaciones en la góndola 2, que era nuestra movilidad escolar y a nosotros tratando de convencerlo que la “b” sobraba. No sé si logramos convencerlo, pero estoy seguro que si lee esto ahora por casualidad, si se acuerda y lo admite, se reirá mucho.

Sin embargo el tiempo ha pasado y pienso que no lo faltaba razón en sus explicaciones sobre lo que la oligarquía había hecho, hacía siempre y en todo lugar: obligar.

Hemos venido siendo obligados a aceptar muchas cosas, por demás inaceptables, por resignación o engaño; ese poder supremo en manos de poquísimas personas, ha causado más daño en el mundo que todas las catástrofes.

El poder económico es el mejor ejemplo y éste sigue vigente con unos pocos nombres, dictando que haya hambruna en el África, guerra en Afganistán o pobreza en algunos países de América Latina.

Unos pocos deciden lo que les va a ocurrir a millones; unos pocos que viven, no solo de espaldas a lo que causan, sino en una burbuja fortificada, donde no ven ni oyen y lo que dicen o deciden, afecta al mundo entero.

No creo que haya “muchas”. La oligarquía es una, mundial, y la define su modo de pensar y lo que es aún más lamentable y tremendo: el de actuar.

No estaba equivocado mi amigo.  Lástima.