PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

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LO URGENTE ES IMPORTANTE Y LO IMPORTANTE ES URGENTE


 

En nuestro país no hay tiempo que perder y lo real es que todo es importante. La mejora del nivel de vida de los peruanos no hace distingos regionales o departamentales. Tan valioso es un escolar de la selva, como uno costeño o de la sierra. El agua no vale menos que el oro y viceversa.

Hemos llegado a un estadio donde todo tiene el mismo valor e importancia. Se pedirá la priorización y el respeto a esta, pero lo que apura a unos, tiene que hacerlo con los demás.

Nadie en el Perú está en condiciones de ser postergado ni creo que tiene porqué resignarse a aceptarlo. Se ha esperado mucho y se han dilatado las esperanzas: no me refiero tan solo a los reclamos que desembocan en conflictos sociales, sino a la lenidad con que parece tratarse, por ejemplo una denuncia que se empieza a juzgar luego de nueve ,meses o los reclamos que hacen que se paralicen servicios esenciales.

En el Perú estamos hartos del “peloteo”, de ese estúpido juego donde coge silla el más “vivo” el más “rápido” y siempre se cuenta con poquitos lugares para tanta demanda. Si somos un país productor de papa ¿porqué hay desnutridos? Si tenemos un océano enfrente ¿porqué lo llenamos de basura y restos orgánicos haciendo que los “colectores” de múltiples desagües desemboquen en él? ¿Y los ríos no se mueren llenos de la contaminación que una minería asesina usa como botadero? ¿Porqué hay tanto vehículo que envenena el aire en las ciudades? Los miles de preguntas merecen no solo miles de respuestas, sino soluciones que no deberían requerir de colas ni de tickets para hacerse efectivas.

Se le pide paciencia y resignación al enfermo que ve avanzar su mal ante la indiferencia de quienes están obligados a curarlo: su buena disposición de nada sirve si no hay penicilina.

Creo que el Perú no puede esperar más: las “buenas voluntades” no son nada sin la firmeza de una decisión que se necesita corra transversalmente. ¿Seguiremos igual, esperando lo que parece inevitable?: la urgencia no conoce relojes ni la importancia acepta escalafones.

DESCANSO DEL TRABAJO


 

 

Hoy es  Día del trabajo: seguramente habrá pocos lectores en la Red porque a pesar del nombre, es feriado y la mayoría descansa. Es decir, lee poco.

Es curioso que un día en que se celebra algo, se suela hacer precisamente lo contrario. Este es uno de los contrasentidos que la vida tiene y nosotros aceptamos.

Trabajar, según  la Biblia es que “ganarás el pan con el sudor de tu  frente” como le dice Yahveh a Adán: parte de un castigo que algunos interpretan como maldición.

Y esto ha seguido interpretándose así hasta nuestros días. Se suele hablar del “maldito trabajo”  y se hace difícil despegarse de las sábanas para empezar el día en el cual se ganará una fracción del mes: el pan mencionado.

Lo que no llego a entender es la resignación del hombre que le echa la responsabilidad al destino, amparándose en una “maldición bíblica” y no hace nada por cambiar un estado de cosas que si es malo, a todas luces le viene bien mantener. El famoso “statu quo” deviene en irremediable sirviendo para quejarse, vender muchos libros de autoayuda, generar las ganancias de quienes llenan de “horóscopos” los diarios y tanto más que sirve de paliativo, justificación o vías de escape de la situación.

Al que no llego a entender es al que reniega por tener un trabajo que no le gusta. ¿No es lo suficientemente libre para optar por una alternativa? “¡Qué fácil!” dirán, “como si fuese cambiar de camisa el hacerlo”. A veces cuesta, pero la libertad está dentro de uno mismo y se puede volver lo desagradable en agradable con un poco de esfuerzo y decisión. El ser humano no tiene escrito su destino y lo modifica a placer. Tal vez existan condicionantes, pero la voluntad, esa de la que  José Antonio Marina trata en su magnífico libro “La voluntad perdida”, puede mucho más que lo que se piensa.

Enfocamos el trabajo como un deber poco amable y extenuante en vez de verlo como la oportunidad de muchas oportunidades. No hemos aprendido nada y nos ceñimos a lo que nos dijeron. Es verdad, puede costar un poco, pero nuestro espíritu está volando por encima de los sentimientos rastreros y solo nosotros somos responsables de haberle cortado las alas para domesticarlo de tal manera que sea totalmente inofensivo.

Quien se queja de tener que ir a trabajar, debería pensar en los miles que no tienen trabajo y para los cuales la maldición consiste en encontrarlo.

Hoy que se descansa el “Día del Trabajo”, va mi solidaridad para con todos aquellos que a pesar de todos los pesares siguen adelante buscando construir un mundo donde trabajar sea siempre una diversión. Mi homenaje para quienes quieren que aunque sea una parte de Edén sea realidad cotidiana. Trabajar no es una maldición. Lo convirtieron en ella. Por eso los mártires de Chicago quisieron atenuarla pidiendo un máximo de ocho horas.