EL DRAGÓN


Soñó que alimentaba a un dragón, de esos que en las historias echan fuego por la boca y que cuando la abría para pedir comida,  un brillo rojizo la iluminaba y una vaharada de aire caliente le golpeaba el rostro.

 

Con una pala recogía el alimento y la echaba, llena, unas diez veces, en las fauces abiertas, que como las puertas del infierno, provocaban que el sudor le empapara el rostro y si hubiera estado con camisa, esta hubiera quedado totalmente mojada, porque su cuerpo entero transpiraba, el torso brillante con el color rojizo que el interior del ser que alimentaba producía…

 

Soñó que el dragón tenía como nombre un número: 666, el número de la Bestia y que cuando creía haber acabado y el dragón cerraba la boca y la oscuridad reinaba, al poco tiempo la volvía a abrir, pidiendo más comida y todo empezaba de nuevo…

 

El fogonero despertó sudando y al mirar el reloj vio que se había quedado dormido y llegaría con las justas a su trabajo, porque el tren salía todos los días a las 6 de la mañana.

¿SOÑANDO PASADOS?


 

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Los colores predominantes eran el rojo, el negro y el blanco níveo de las plumas que encima, coronando las cabezas, se movían con el viento de la pradera, donde filas y filas de guerreros, embrazaban escudos circulares, pintados, ostentando dibujos que mostraban  al sol, rayos y líneas sin sentido aparente, acompañado todo por puntos de diverso tamaño…

Yo estaba allí, entre esa multitud bélica y no sé si como uno más o como espectador fantasma de la escena. Ellos no me veían, pero yo sí a ellos y hacia donde mirara había penachos blancos,  escudos circulares y los colores rojo y  negro, tal vez de faldellines bajo torsos desnudos color del chocolate…

De pronto, vi que hacia un costado, tras una loma que parecía la línea de un horizonte verde asomaban también las plumas blancas de penachos que era – pensé – el enemigo, que esperaba atacarnos….

Un sonido retumba, movimiento,    aprestar de armas invisibles y levantar de escudos protectores: ha sido un cañonazo y el estruendo  hace que todo se desvanezca…

Tal vez sea que estoy muerto, pero despierto y miro automáticamente la hora: 2.20 a.m., estoy vivo y fue un sueño en el que quizá mi cerebro, por esas cosas extrañas que suceden, permitió que flotara una suerte de memoria ancestral que guarda imágenes de una vida pasada y una muerte posible.

 

 

 

 

Imagen: Wikipedia

SOÑAR EN COLORES


ÁNGEL SOÑANDO

Generalmente uno no se pone a analizar si es que sueña en colores o en B&N: simplemente sueña.

Pero estoy seguro que quien ve los colores, los transmite a sus sueños, aunque a veces estos sean como una película antigua, donde el blanco, el negro y los grises reinan.

Leí que antes de la llegada de la televisión, una enorme mayoría reconocía soñar en colores. Vino la TV, primero en blanco y negro y luego a colores, y cierta cantidad de personas post-televisión, que habían visto la tele en blanco y negro,  admitía soñar también así  (en blanco y negro); tal vez sucedía que habían conocido este modo de ver por la televisión y no de modo natural…

No soy psicólogo y no he investigado nada acerca de esto, pero me pareció curioso. Seguramente desde el lado científico habrá explicaciones y no soy yo nadie para contradecirlas. Sin embargo el tema me parece aparente para reflexionar. Un amigo me decía que el mundo onírico es “verdaderamente” nuestro. Lo decía a propósito de mi post anterior, en el que confesaba haber perdido un día y me comentaba que en sueños no parecen existir las fechas.

Es cierto, se traslapan momentos y personas; lugares y hechos. A veces soñamos (¿imaginamos?) una mezcolanza curiosa e imposible. Otras veces los recuerdos (¿sueños?) son reales y vívidos. Creo que por lo general –nótese bien la frase que uso- los sueños suelen ser silentes.

Recordémoslo o no, siempre soñamos. Son las horas en que se desarrolla ese mundo maravilloso, que cuando no nos gusta se llama “pesadilla”. En colores o en blanco y negro: soñar es un modo de volar, de vivir lo imposible o revivir la vida: nuestra vida. Única e intransferible.