NOCHES FOGOSAS


Este trabajo es la agencia Dentsu, de Beijing, China; el director de arte fue Jin Yang.

Mis correos se llenan del famoso spam diariamente.

En especial de aquél que me ofrece viagra o sus sustitutos “al mejor precio del mercado” o “enviado en sobres sin identificación”.

No sé si su sofisticado marketing les dice mi edad y si dentro de las estadísticas uno a estas alturas ya necesita de ayudas azulitas o de otros colores. El hecho es que la “viagrosis” se ha convertido en un verdadero virus para mi computadora, que por más que lo elimine vuelve a aparecer, como el pie de atleta que vemos en TV. Como el tal, merecería ser arrancado de raíz.

Y me llegan correos con remitentes exóticos y con componentes engañosos a ver si caigo. Copio un ejemplo llegado hace minutos a mi Gmail:

Be ready for steamy spring nights Spam
Responder
Patrica Cordero <Patrica@mtv-aalen.de>
a usuario
mostrar detalles
14:00 (hace 17 minutos)
Our new natural formula is aimed at the maximal growth of your package
Carry out a task of your male enhancement today!
spokesperson for Nassau County District Attorneywith Bo calling it “destructive to bilateral trade”.minutes from time through substitute Salomon Kalou.
minutes from time through substitute Salomon Kalou.spokesperson for Nassau County District Attorneywith Bo calling it “destructive to bilateral trade”.

Como se puede ver, hacen al final alusión al vocero de un abogado del distrito del condado de Nassau, texto que se repite cortado. Nassau no tiene nada que ver con mi “package”, ni poder tener “steamy spring nights”.
Este spam me hacer perder el tiempo, a pesar que el software del correo lo separa e indica como basura. Gmail me dice que el spam será borrado en 30 días, pero mientras tanto, si no borro, tendré una acumulación apocalíptica en mi bandeja de correo indeseado.
Sé que éste es un mal mundial. Cada vez que aparece un medio de comunicación se mal emplea con diversos fines. Lo tremendo es que debe surtir efecto porque sigue inundándonos como una marea incontenible. Basta desatender el correo para que se acumulen mensajes que ofrecen de todo. Siempre son “the best” o “incredible”. Vienen con nombres de remitentes que demuestran una imaginación digna de mejor causa por parte de los responsables de esta invasión.
Y muchas veces estos correos esconden virus que se instalan en la computadora y la controlan esclavizándola; es decir que envía lo que se le ordena desde fuera y se convierte en colaborador involuntario de actos que si no lo son, rondan con la criminalidad.
Cuando digo esto, la mayoría de mis amigos me mira como si yo hablara bajo los efectos de un huiro o después de haber bebido hasta que el grado de alcoholemia en la sangre pueda ser fácilmente detectado sin necesidad de nada más que el olfato. “Éso NUNCA me va a pasar a mi”, suele ser la sentenciosa observación.
Hasta que “la primera vez” hace su inexorable arribo y por descuido o curiosidad abrimos un correo desconocido pero atractivo o raro. Y he aquí el virus instalado cómodamente, sin que muchas veces nosotros nos demos cuenta. Hasta que alguien nos dice que le están llegando correos extraños de nuestra parte; o simplemente seguimos en la ignorancia y somos parte pasiva de una red delincuencial que usa miles de computadoras en el mundo.
Muchas veces el viagra prometido sólo potencia los virus en Internet.

LEER.


lectura.jpg 

A leer me enseñaron mi  madre con paciencia,  kindergarten con el  abecedario y mi padre con su ejemplo.

Aprendí a leer como quien respira, naturalmente, en una casa donde los libros eran algo lógico y formaban parte de la vida diaria.

Siempre tuve “mis” libros, lo que supuso un escalar de complejidad e historias de leyendo  lo que se suponía que debía leer de acuerdo con  mi edad. Tal vez por éso no sentí mayor curiosidad por aquellos libros que guardaban los estantes de mi padre, salvo rarísimas incursiones en diccionarios religiosos con el fin de hacer una tarea encomendada en el colegio.

Mis libros eran míos y así descubrí a Salgari, Verne y tantos otros nombres que estoy seguro hoy no significan nada para un lector, por más niño que sea. Tiempo después llegaron las aventuras de Tintín, el muchacho que se metía en líos y resolvía problemas, magistralmente dibujado por Hergé. He recomprado hace algún tiempo muchos de los títulos y me he dado cuenta que la rigurosidad documental achacada al célebre dibujante belga se va al tacho cuando en una historia muestra al puerto del Callao con montañas nevadas de fondo, casitas serranas con techos a dos aguas, llamas paseando por las calles y personajes “criollos”  con un aire más bien tropical.

También navegué en balsa con Tom Sawyer de la mano de Mark Twain y echado en una colchoneta en la terraza de abajo, en casa, leí “El chico de las dunas”, con tapas duras y una cita de San Agustín pegada en la parte de atrás.

Este último es un recuerdo que me persigue, pues también lo menciono en una de mis primeras historias,  “Barranco tiempo de amar”, publicada en Correo. 

Después comencé a leer las novelas policiales que compraba mi hermano. La colección Rastros fue una escuela de detectivismo para mi, lo mismo que la serie de Mister Reeder. Las unas, en libros pequeñitos y las otras  más grandes,  del tamaño de lo que hoy es la revista Caretas, más o menos.

Leí por supuesto las historias de Sherlock Holmes, a Rider Haggard y Karl May, que resultó ser un alemán que escribía sobre el oeste americano. Todavía conservo un ejemplar de “El tesoro del lago de plata” encuadernado con tapas duras de color rojo.

Aprendí a leer y no paré nunca. Mi peor época sin duda fue cuando hace unos años quedé totalmente ciego por un infarto cerebral. ¡No podría leer tal vez nunca más!

Gracias a Dios las neuronas de la visión que se murieron por falta de irrigación sanguínea, fueron reemplazadas por unas despistadas pero amables neuronas que sin saber bien lo que hacían, estoy seguro, me devolvieron parte de la vista. Maravilloso cerebro que busca reparar sus problemas.

Un día encontré que Fernando Savater, mi contemporáneo y notable filósofo español, tenía un librito maravilloso llamado “La infancia recuperada” donde pude comprobar que habíamos leído casi los mismos libros editados por las mismas editoriales cuando éramos jóvenes. Él en la España franquista y yo como alumno de jesuitas españoles, muchas veces franquistas,  venidos a este lado del mundo.

Gracias a la lectura pude viajar a través de las páginas de los libros, imaginándome Mompracem, África, la India y gran parte de Europa. Recorrí las estepas rusas, versta tras versta,  perseguido por lobos y exploré el río Congo, internándome en selvas impenetrables y mitológicas con Tarzán, al que conocí primero en novela antes que en historietas.

Y claro, leí “chistes” como les llamábamos a las revistas que en España aún llaman tebeos. Chistes que comprábamos con mi madre en la avenida Grau de Barranco, en una zapatería que quedaba al lado de la librería Minerva, donde conocí a doña Anita Chiappe, viuda del gran Amauta. Comprábamos los chistes uno a uno, a la dueña,  una morenita ya madura que seguramente ayudaba a su negocio con ésas pequeñas ventas, porque al frente, una cuadra más allá,  quedaba la tienda Rímac (que después fue Bata-Rímac, para terminar siendo solamente Bata) que debía hacerle injusta competencia.

Así conocí a la Zorra y El Cuervo, Tobi y la Pequeña Lulú, Tom & Jerry, Periquita, El Pájaro Loco, al Oso Barney, al Pato Donald, El Halcón Negro, El Capitán Marvel, Superman y tantos otros. Mucho más para ver que para leer por cierto, pero para un niño que descubría el mundo estaba bien.

La lectura me ha servido no sólo de barco, avión, cohete, rickshaw o automóvil, sino que me ha acompañado siempre.  Un libro conmigo, para ocupar los ratos muertos y las inevitables esperas en una sociedad impuntual. Dos o tres en mi mesa de noche para leer antes de dormir y al despertar. Un libro o más sobre mi escritorio para leer, encontrar una cita o referencia. Libros en mi escritorio, desordenados, al alcance de la curiosidad y la relectura (placer de dioses si el libro es bueno).

Libros por todas partes en mi vida, dándome la posibilidad de conectarme con inteligencias que tal vez desaparecieron, pero dejaron historias y pensamiento para quienes como yo, miles de millones en el mundo, los busquen a través del tiempo y el espacio.

Leer, lo confieso, es mi vicio nada secreto. Las librerías son mi perdición y puedo pasar horas hojeando tomos para finalmente llevarme no menos de dos.

Ahora no puedo, porque la economía no es propicia, pero hasta hace un tiempo los sábados salía generalmente de “El Virrey” con cuatro o cinco libros. Libros que eran consumidos y marcados con subrayados o citas, para dejar lugar a los de la semana siguiente.

Y éso son los libros. También están los diarios, las revistas y ahora desde hace un tiempo, Internet. Cuando no tengo algo para leer, cosa muy rara, me angustio. Me falta algo.

Por éso me da poena constatar que mis alumnos leen poco. No saben lo que se están perdiendo. La cultura de la imagen hace que la lectura pierda importancia. Es cierto que las imágenes hablan por sí solas muchas veces, pero no hay nada igual que la palabra escrita cuando describe Homero la furia de sus héroes, Vallejo nos cuenta de la cena pascual o sentimos la metralla y el olor a muerte que en Territorio Comanche nos describe Pérez Reverte.

Leer es una bendición y una maldición. Lo que sucede es que hay mucho por leer en éste mundo. Y el tiempo es corto.

HAITÍ


haiti-miraflores1.jpgEl “Centro Cultural Haití”. Lugar de citas y reuniones desde siempre, con la atención de mozos que llevan años allí y que te reconocen y saben lo que pides.

Lugar para sentarse a conversar o a leer tranquilo. Centro nervioso de un Miraflores que se reduce a pesar de crecer para arriba.

Yo soy de la época del Haití sin terraza, de madrugadas interminables y cafés humeantes consumidos alrededor de problemática teatral o política, universitaria y joven. Haití después del cineclub del colegio Champagnat, los domingos.

Haití de cafés mañaneros con mi amigo Julio Romero; encuentros en los que apenas hablábamos hasta haber leído las noticias, fumado él un par de cigarrillos y yo mi primera pipa del día. Mesita externa que fue creciendo cada día con la llegada de Toribio Alayza, Germán Gamarra, Willy Toledo y tantas otras personas que obligaban a los mozos a unir mesas y traer sillas.

Haití donde leíamos “mar de fondo”de “Caretas” y después opinábamos de actualidad y política allí mismo, enteradísimos.

Fui compañero de trabajo en JWT de Gianfranco Arfinengo, hermano de Pierre, que trabajaba en Panamericana TV y hoy tiene a su cargo el restaurante.

Por la vereda frente al Haití pasaba el mundo, como lo sigue haciendo hoy. Un mundo que cambia con las horas y las estaciones del año. Nunca olvidaré de la “potosis oftálmica” (léase vulgar orzuelo rebautizado) que aquejó un día a Germán Gamarra, después de ver, sentados consumiendo innumerables expresos, a veraniegas chicas en breves atuendos una tarde calurosa allá por el año 1975 .

Casi podría mencionar los títulos de los libros leídos en las mesas del Haití, como “La rebelión de los brujos”, ‘Planeta incógnito”, “Masa y Poder”, “Historias de Cronopios y de Famas”, “El coronel no tiene quien le escriba”…y tantos otros que fueron marcando el paso de los años y de mis lecturas dispersas.

Libros, café y fumar en pipa. Placeres que sólo el Haití parecía aguantar con la paciencia de los mozos en horas que se estiraban hasta la próxima cita y la renovación de las tazas.

Ha pasado la vida.

Y el Haití sigue allí, con su clientela cambiante según las horas pero fiel al lugar, a la atención callada y eficiente, al café que ahora puedes elegir descafeinado.

Después de mucho tiempo vuelvo por el Haití. Y a pesar que no veo bien, reconozco saludos y converso con mozos que siguen circulando con las bandejas desde cuando yo era un llenador de horas muertas.

Me encuentro allí con amigos y son poetas, teatristas, fotógrafos, periodistas. Lo de siempre. Conversamos de cosas nuevas que en realidad son viejas y cuando cae la noche y se encienden las luces y comienza a cambiar la clientela y vuelve a llenarse el local, pienso en que siempre estará el Haití, aunque para los jóvenes del rave y los juegos electrónicos el nombre evoque un país que probablemente ni siquiera saben dónde está.

Fotografía: Buscando en Internet una foto del Haití, encontré esta que uso. Curiosamente el blog de donde procede: http://nieblaextinta.wordpress.com/ tiene exactamente la misma presentación de mi otro blog: http://manoloprofe.wordpress.com. Coincidencia, no?