ESCRIBIR IMÁGENES


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Un comercial de televisión es una sucesión de imágenes, acompañadas de sonido, que por lo general dura 20 o 30 segundos.

Lo que vemos en la tele tiene un “antes” muy grande, tanto, que poca gente se lo imagina porque está acostumbrada a “ver” muchos spots diariamente, sabe que “viene una “tanda comercial”, espera que termine para seguir viendo la serie, la película, la telenovela o el noticiero interrumpido.

Un comercial es algo común, “normal nomás”, que solo en contadas ocasiones sorprende o atrae y que es parte de ese rito de ver televisión que implica usar el control remoto cuando en la pantalla hay algo que no nos interesa ver.

Cada spot es como un iceberg: la parte que se ve es más pequeña que lo que está debajo, la que en comparación es enorme.

Todo parte de un pedido, a este pedido del cliente le sigue una o varias ideas, se aprueba una –generalmente expresada en un guion- y este luego es producido –hecho realidad- escena por escena (o “cuadro por cuadro”) con la participación, por lo general, de muchas personas que aportan sus conocimientos técnicos o artísticos en diferentes áreas.

Pero todo empieza a moverse desde el guion, al que puede o no acompañar un “story board” para graficar cada escena y luego, pacientemente viene esa coreografía donde intervienen multitud de personas con un solo fin: hacer posible ese comercial: productores, modelos, locutores, sonidistas, camarógrafos, iluminadores, vestuaristas, maquilladores, asistentes y personal de apoyo sin el concurso de los cuales no serían posibles esos 20 o 30 segundos porque se trabaja a todo vapor, sin fijarse mucho en horarios ni en nada por el estilo.

Para muchos de quienes leen esto, no estoy narrando nada nuevo, antes bien, es el relato de algo que sucede todos los días, pero si alguien está fuera de la publicidad ese spot fugaz que ve en la tele, perdido entre un montón de otros comerciales, tiene un detrás o un debajo insospechado y a mí personalmente me ha maravillado siempre que tanta gente tan disímil ocupe su trabajo e invierta su talento tanto tiempo en preparar algo que durará tan poco…

Escribo, porque muchos creen que hacer comerciales es como hacer salchichas y no tienen ni idea de lo complicado que es.

Publicado en codigo.pe 15.8.2019

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DOBLE BANDA


Puede sonar a una jugada de billar, pero era lo que íbamos a ver, de la agencia de publicidad a la productora de películas, cuando nos presentaban para aprobación o modificaciones el spot que se había producido: blanco y negro, en film y el sonido (que se había grabado con anterioridad) en una cinta de audio que corría paralela para la exhibición, en un proyector especial que a la vez que hacía correr la película lo hacía con la cinta de sonido (que era muy parecida a la que contenía las imágenes pero marrón y magnética).

Este “doble banda” lo veíamos como colofón de todo un proceso que empezaba con el guion, pasaba por la etapa de producción, grabación (a veces se grababa con anterioridad el sonido a no ser que hubiera “lipsinc” –sincronización con los labios- que era cuando los modelos hablaban, el movimiento de los labios de la imagen tenía necesariamente que coincidir con el sonido y entonces se hacía con posterioridad), filmación, revelado (positivado del negativo original) y edición de lo filmado; después se hacía la presentación “oficial” al cliente (siempre en las instalaciones de la casa productora) que era lo que podría llamarse “el momento de la verdad”.

Desde la introducción del video para los comerciales (hecho del que fui testigo y participante, en la época en que Alfonso Maldonado –Cine70- lo introdujo como una alternativa económica y rápida a las películas en color que debían revelarse generalmente en Buenos Aires) todo ha ido muy rápido y me parece que se perdió en el camino esa especie de ceremonial que llevaba a la presentación de un spot; ahora las cosas deben haber cambiado mucho con el advenimiento de la era digital que lo facilita y acelera todo.

Tal vez, hacer un comercial tenga menos misterio ahora, pero en mis épocas de película y blanco/negro era algo casi mágico porque sólo el camarógrafo sabía si la toma efectuada estaba bien y se tenía que esperar a ver lo que se llamaban “rushes” que a veces se podían revisar el mismo día de la filmación por la noche, para, en caso necesarísimo, volver a hacer la o las tomas que no habían salido bien. Recuerdo mucho cuando trabajaba como director creativo en Mc Cann Colombia (donde filmábamos también en blanco y negro), cada vez que hacíamos comerciales para algún producto de la marca Revlon, traíamos a Bogotá modelos escogidas de un catálogo de la agencia norteamericana de modelos Ford y como se hacía el trabajo para tres o cuatro productos diferentes se filmaba en bloque, gracias a una meticulosa planificación y las protagonistas llegaban a la ciudad, se hospedaban, filmábamos al día siguiente las partes que les correspondían, en las noche veíamos el resultado en los “rushes” del día y si todo estaba OK, regresaban al día siguiente a USA o de lo contrario se quedaban para repetir las tomas con ellas; el tema, además de un cierto orgullo profesional que pedía hacer las cosas bien, era que cada día adicional de la modelo tenía un costo al que se sumaba el de la estadía…

Puedo decir que Gamma, la casa productora donde Gustavo Umaña era el cineasta y factótum, nunca tuvo que repetir tomas; solamente una vez, recuerdo que había que filmar exteriores y llovió casi durante tres días, retrasando la filmación y aumentando abultadamente el presupuesto.

Así conocí y me tocó “dirigir” a la que en ese entonces era el símbolo mundial del perfume “Charlie”, Shelley Hack, una de las actrices de la exitosa serie televisiva “Los Ángeles de Charlie”…

Es increíble como algo tan “pedestre” y común como el “doble banda” puede traer a la memoria recuerdos gratos y del más variado tipo…

 

Imagen: Shelley Hack, para perfume “Charlie” de Revlon.

Publicado en codigo.pe 14.8.2019.

LAS REDES SOCIALES PUEDEN SER MORTALES


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Vivimos creyendo en aquello que queremos creer y no necesariamente en lo que es verdad: nos contamos cuentos, reproducimos historias escuchadas y que no sabemos si son ciertas y nos movemos en una burbuja de suposiciones que es peligrosamente alimentada por la adicción a las redes sociales y todo o gran parte de lo que viene por esa vía lo damos por bueno, cierto y fiable.

Como otras veces dirán que exagero, pero lo que tenemos a la vista es precisamente una dependencia a las redes sociales representada por millones de personas que se “informan” con lo que “otros” dicen sin cuestionar ni un poquito lo que están recibiendo y que está diseñado de manera tal que atraiga y “convenza” citando fuentes que no existen o que quienes las citan, saben de antemano que no serán consultadas, fruto de la pereza o si lo son, el número que acceda a ellas será ínfimo y sus opiniones, -si son expuestas- no tendrán mayor trascendencia.

Se ha escrito mucho sobre las redes sociales y su influencia sobre esta sociedad que es inmediatista y que “no tiene tiempo”: donde todo debe ser rápido, corto y lo más concreto posible, además de llamativo; es claro que, como siempre, “el que busca, encuentra”, pero precisamente allí está la cuestión: no se busca porque se siente que hacerlo es perder el tiempo y en realidad para qué buscar si el resultado está a la vista, parece claro, “está bien ubicado” en los buscadores de Internet lo que asegura un gran número de miradas y “todo el mundo” sabe que “muchos NO PUEDEN errar” (bajo esa premisa, recuerdo la vieja frase: “Coma caca, 500´000,000 de moscas no pueden equivocarse”).

No se trata de denostar a Internet y “tirarse contra ella” sino insistir en que el problema está en el individuo, su afán reduccionista y su costumbre de realizar el menor esfuerzo para obtener algo y que este “algo”, le dé rédito.

“La confianza mató a Palomino”, reza el dicho popular y me parece que asistimos a un funeral masivo de Palominos que confiaron y les resultó mortal.

Publicado en codigo.pe 8.8.2019.

¡CUIDA TU 1%!


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El éxito es 99% de transpiración Y 1% de inspiración, por eso hay que cultivar y cuidar a ese pequeño porcentaje y dedicarse a trabajar, a transpirar, para conseguir lo que se quiere.

No existe el éxito sin esa cuota aparentemente abultada de trabajo ni tampoco sin ese mínimo porcentaje de inspiración, que para efectos prácticos llamaremos creatividad; es una sabia combinación de ambos, donde la mayor visibilidad está en lo numéricamente menor y lo que más trabajo y tiempo lleva, pero no se suele ver, es precisamente el trabajo que cuesta que la creatividad tome las formas necesarias.

A la creatividad hay que darle de comer, alimentarla, masajearla y estar siempre pendientes de su buena salud; como es pequeña y esporádica, NECESITA cuidados.

El trabajo es masivo, envolvente y ojalá constante porque de esto último dependerá que ese 1% creativo aterrice y encuentre que la pista se construye; a mí me hace mucha gracia cuando alguien infravalora el trabajo, lo ningunea y le da todo el crédito a la inspiración –creatividad para nuestro caso- sin advertir que las jornadas dedicadas a obtener algo que resulte potable, son muchas y al final tienen un peso infinitamente mayor, aunque sean grises, que ese destello brillante que no es nada sino un fuego fatuo sin el apoyo del trabajo hacedor.

Nunca menospreciemos al trabajo. LA IDEA, es eso: un comienzo, un punto de partida; su implementación, o sea, lo que cuesta trabajo pesa 99%.

Publicado en codigo.pe  9.8.2019.

ADMIRADA AMIGA ALUMNA CREATIVA COLEGA COMPAÑERA DE TRABAJO “STANDUPERA”…


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Lo que incluyo aquí y el motivo de la este pequeño artículo es algo que me ruborizó cuando lo leí y me quedé pensando en cómo la vida te va entregando regalos que tienen más valor que todo el dinero posible, que los grandes honores y que todo eso que aumenta el lustre y el brillo externo de una persona…

LORENA 2

 

Esto que dice Lorena es absolutamente cierto en cuando a la curiosidad que siempre he tenido y he querido transmitir como una cualidad indispensable para el ser humano y muy especialmente para el creativo publicitario, que para poder “decir” primero tiene que “saber” y también en eso de que yo soy lo menos “sexy” que hay –tanto como una coliflor, se lo decía a Lorena por wasap, cuando le pedí permiso para citar aquí, en “manologo”, su artículo-; tiene razón también en mi prurito por la corrección del uso del idioma al punto de considerar una afrenta cualquier error (yo los cometo por cierto y debo ser el caso, más bien raro, de quien se insulta a sí mismo a veces) y en lo cascarrabias que soy (y por supuesto, no quiero admitirlo, porque me da rabia serlo).

 

En todo lo otro que dice, siento esa mezcla de alegría y responsabilidad del que ve cómo algo de lo que dijo y repitió lo aplica alguien y le funciona…; me llama “padre profesional” cuando solamente fui un simple guía de comarca para su desbordante creatividad, en un medio tan necesitado de ese insumo, pero sí, como un padre he sido testigo de su crecimiento profesional y como al igual que los padres, la he visto salir del nido, probar sus alas, irse y subir cada vez más, para orgullo mío, nada secreto.

 

Lorena (y perdónenme mis casi 16,000 ex alumnos) es lo que en latín se llama “rara avis” porque es lo que yo siempre he llamado “una fuerza desatada de la naturaleza”: brillante como el rayo, fresca como la lluvia, “volada” como una nube, ruidosa como el trueno y (aquí viene su parte “sexy”) con las curvas de un río; es verdad que la naturaleza tiene muchas más fuerzas, pero seguir enumerándolas puede envanecer a Lorena y alargar innecesariamente este articulito.

 

Podría decir que espero que nunca me alcance en materia de infartos, porque ella tiene dos y yo cuatro pues en lo demás me gana por goleada.

LLAMADA EQUIVOCADA


LLAMADA EQUIVOCADA

Recibí una llamada al teléfono celular desde un número que no tenía registrado y se cortó antes de yo poder decir “¿Aló?”; llamé, dije que acababa de recibir una llamada de ese número y la voz que me respondió, luego de unos segundos de desconcierto, evidentemente cortés (porque no sabía con quién hablaba), me dijo que iba a dejar los libros en la dirección que le había dado… ¡Reconocí la voz del amigo de tantísimos años y con el que ahora nos vemos tan poco…!

 

 “Marcaste mal, hermano, ¡qué gusto de escucharte!” dije  y me identifiqué. Ciertamente, él quería llamar a otro Manolo (es que el sobrenombre es bastante común, de tantos que somos los Manueles) y el azar hizo su trabajo; conversamos, nos reímos mucho y él quedó en cumplir la promesa hecha hace más de un año en su última visita, de volver para charlar y tomar un café. “¡Tengo que llevarte mi última novela, para que la leas…, ya estoy por terminar una nueva…!  dijo.

 

Tengo que precisar que nuestra amistad empezó hace muchos años, cuando ambos trabajábamos en publicidad, en diferentes agencias y éramos directores creatios, con la diferencia de que él escribe, dibuja, pinta, ha ganado concursos internacionales de caricatura y yo solamente escribo y dibujé algo allá por mi niñez y adolescencia; él es diez u once años mayor y sigue en la publicidad por su cuenta, creando como siempre, pinta, dibuja, y… ¡escribe novelas! Es casi un obsceno ejemplo para mí, que escribo poquito y sé que nunca podría escribir una novela, que dejé de dibujar (mis compañeros de colegio se acuerdan de mí por los dibujos) y que le agarré el gusto al estilo corto que se usa en la publicidad para escribir, a ser ahorrativo en palabras y rico en imágenes descritas.

 

Escribir novela, para mí, sería como escalar una montaña agreste y elevada sin más ayuda que la que brindan las manos y los pies; claro que también están el impulso y el deseo de coronar la cima, pero creo que lo que sucede es que soy flojo y miedoso, prefiriendo siempre las amables colinas no muy altas y aunque el paisaje que se vea desde ellas no es tal vez comparable a la vista desde la cima del picacho, pienso que el azar (ese que hizo que hablara con mi amigo) puede impedir, con nubes,  la vista imaginada…

 

 

Sé que van a decir que soy un conformista y que me quedo a medio camino, pero es que aprendí a disfrutar del mismo y me gustan las colinas: las alturas como que me marean un poco.

 

 

Creo que está bien así y como le dije a mi amigo, mientras él escribe novelas, yo escribo solo unas líneas; me respondió que lo importante era escribir.

 

Después, nos deseamos feliz navidad.

 

Imagen: http://www.youtube.com

DEL NUEVO BLOG


http_4.bp.blogspot.com_Snu5J_k9R40S-cMVu507nIAAAAAAAAABoc1M6PTnNdFYs1600teclado

Amig@s:

Pido disculpas, pero parece que WORDPRESS me “asignó”   maquinadeescribir823474612.wordpress.com como nombre del blog y esa es la dirección, por ahora, hasta que acepten algo más corto y relacionado con el original.

Tampoco veo que exista en la página algo que indique “SEGUIR” para poder seguir el blog y no hallo la manera de hacerlo. Me da la impresión o que el diseño es medio primarioso o yo soy una nulidad en materia de crear blogs con WORDPRESS.

De pronto alguien me podría decir cómo hago… ¡y le agradeceré infinitamente!

Hoy “entré en el tema”, con un pequeño artículo sobre un par de personajes que hicieron historia en la publicidad peruana…¡y en mi vida!

Disfruten del fin de semana, querid@s (y sufrid@s) lector@s.

Manolo.

 

Imagen: xmelhordogamex.blogspot.com