EL NÚMERO DE LOS TONTOS


EL NÚMERO DE LOS TONTOS

 

Cuando estábamos en el colegio, un profesor nuestro, el Hno. Santos García S.J., al cual irreverentemente llamábamos entre nosotros “Pajarote”, decía siempre ante una pregunta boba de alguien en clase o a raíz de un hecho que demostraba la estupidez humana: “¿Por qué dirá la Biblia que el número de los tontos es infinito?” y francamente, siempre lo tomé como una frase casi piadosa que demostraba desesperación-comprobación-resignación hasta que ahora (lento yo) muchísimos años después,  el recuerdo de la frase famosa hizo que mi curiosidad buscara la veracidad de la cita y allí en el Eclesiastés I.15, está.

 

Seguramente el Hno. García se hubiera reído de mí que demostraba curiosidad tardía y poco conocimiento; no sé cuántos de mis compañeros de colegio han compartido la ignorancia, pero ahora al ver lo que pasa en general en nuestro país, el despeñadero por el que parecemos caer sin pausa, lo que sucede con el conflicto con la empresa minera “Las Bambas” del cual mi impresión es que los comuneros a los que hicieron tontos dos abogados y unos dirigentes, ahora quieren hacer tonto al país entero; ¿es esta la “república de los tontos” donde unos cuantos “vivos” “se la llevan en paila”?

 

Nos dejamos engañar fácilmente porque o somos crédulos irredentos, confiados despreocupados o tontos de capirote; esto último me suena más en consonancia con lo que el Hno. Santos García citaba y demuestra que no se puede creer a ciegas, que lo que nos digan hay que comprobarlo aunque seamos unos “Santo Tomases” modernos; miren que cuando la televisión llegó para informar sobre el conflicto de “Las Bambas”, los comuneros protestaban y mostraban su pobreza pero habrían estacionado una gran cantidad de camionetas 4×4 que eran bien visibles en la toma; luego, al mostrar la televisión el mismo lugar –terminada la entrevista- las camionetas habían desaparecido “mágicamente”…

 

El número de los tontos es infinito”, el de los “vivos” se cuenta fácilmente y es terriblemente activo.

 

Imagen: reflexionesdemanuel.blogspot.com

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¿POR QUÉ NO TE CALLAS?


por quÉ no te callas

El anterior rey de España, Juan Carlos I, se lo dijo en público a Hugo Chávez, ahora muerto y es exactamente lo que les diría yo a todos los que se llenan la boca loando a Nicolás Maduro, a quienes dicen que los ciudadanos venezolanos que han llegado hasta el Perú escapando      –muchas veces a pie- del desastre que ha causado en su país el enano mental que dice haber sido elegido “constitucionalmente” y que aspira a perpetuarse en el poder apoyado por una cúpula de las fuerzas armadas “incondicional” que parece estar teñida del color nauseabundo del narcotráfico.

 

Se lo diría a quienes sostienen que los ciudadanos venezolanos han venido al Perú para quitarles el trabajo a los peruanos porque “cobran menos” y “aceptan cualquier cosa”; se lo diría a un sinvergüenza como Ricardo Belmont Casinelli que tuvo la desfachatez de postular como alcalde de Lima levantando su bandera xenofóbica y cobarde contra los venidos a nuestro país en busca de sobrevivir, expulsados por una realidad irrespirable.

 

¿Por qué no te callas?, les diría a ciertos medios de comunicación que opinan o albergan opiniones que buscan desacreditar a todos los venezolanos que han llegado al Perú en busca de horizonte y se ceban en las noticias negativas que malos venezolanos –que los hay en el país y vinieron enviados por Maduro para que lo apoyaran, además de aquellos delincuentes de los que se desembarazó el dictador llanero, facilitando su travesía y que ahora están aquí- provocan, como si fueran lo único y exclusivamente pernicioso que hay aquí, alentando una xenofobia estúpida y que tiene cabida en descerebrados que en realidad no quieren trabajar y echan la culpa de su desocupación ociosa a los venezolanos que se desloman por un techo y un plato de comida sin hacerle ascos a ninguna labor.

 

¿Por qué no se callan Evo Morales, Putin, Ortega Maradona y otros cuyo presente no es nada claro, su pasado es dudoso y forman una triste comparsa que cree que la libertad son las mafias, las balas, los asesinatos de opositores, el “poder perpetuo”, la drogadicción…?

 

Claro, aunque callen, seguirán empujando un carro de circo con payasos tristes, animales enjaulados y “artistas” en el lanzamiento de cuchillos, que ¡oh casualidad! fallan cuando le conviene al dueño del espectáculo; sería bueno su silencio y que además la ola de la Historia los borre para siempre se la faz de la Tierra.

 

Imagen: memegen.com

¿DÓNDE ESTÁ OLGA?


¿dÓnde estÁ olga

 Es una pregunta que me hago casi todos los días, varias veces, por las mañanas; es una trivialidad que escriba sobre esto, pero como la mayoría de lo que escribo no es muy importante, me lanzo nomás.

 

“¡Olgaaa!… ¡Olgaaaaaa…!… ¡Olgaaaaaaaaaaaaa…..!”: Olga debe ser parte del personal de mantenimiento que trabaja en esta parte del condominio y por lo escuchado  o es muy necesaria, se esconde, está en algún lugar desde donde no escucha y si lo hace prefiere seguir haciendo lo que hace que antes que contestar llamados para preguntarle algo, para que alcance tal o cual cosa o tal vez Olga sea un poco sorda.

 

Lo que me llama la atención es que, como digo, el hecho se repite prácticamente a diario y muchas veces; lo único que he podido sacar en claro es que Olga trabaja en el turno de las mañanas porque en ninguna tarde he escuchado el llamado.

 

Debo decir que las voces que la llaman a gritos (porque gritan) son indistintamente de mujer o de hombre; lo que me hace pensar que Olga, que evidentemente no tiene como muchas de las personas que en este condominio trabajan, una radio portátil para comunicarse, hace labores de limpieza general y anda por el escalafón laboral más bajo.

 

Me sorprende y me vuelve a sorprender que la llamen a gritos (un modo bastante cavernícola de comunicarse) teniendo en cuenta que suele ser en horas tranquilas, cuando los chicos no han salido a jugar y claro, a gritar entusiastamente también; quizá sea, digo, que la gritería infantil ahoga los “¡Olga…!” o que la mezcolanza de gritos, voces, carreras, ruidos de pelotazos y llamados a Olga se convierte en un momento en una especie de ruido de fondo al que uno se acostumbra e ignora un poco…

 

Pero volviendo a Olga: ¿no sería bueno que ella prestara alguna atención, que alguien le recomendara visitar a un médico, que no jugara a las escondidas en horas de trabajo, que le dieran un radio transmisor o que – ¡por favor!- no gritaran tanto?

 

Imagen: casas.mitula.pe

 

 

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS


EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

El famoso tríptico pintado por El Bosco (Jheronymus van Aken) me viene a la mente cuando trato de escribir sobre lo que sucede en el Perú con la corrupción,  esa lacra cancerígena que hace metástasis en nuestra sociedad; en esta extraña pintura se muestran escenas y personajes monstruosos, surrealistas, oníricos, paisajes extraños y en general es una especie de resumen visual del Mal, con mayúscula, ente otras muchas interpretaciones…

 

Ya lo he dicho más de una vez y no soy el único: todo está trastocado, de cabeza, patas arriba; la corrupción flota, apesta y se ve: como la mierda misma.

 

Corrupción judicial, legislativa, política, empresarial, personal, privada, pública…: corrupción sin tregua, que anda por los rincones, bajo las alfombras, dentro de los cajones y en los archivadores, en sobres, en bolsillos, billeteras y carteras; a la sombra, en la oscuridad y a pleno sol, callada o ruidosa, en teléfonos, e-mails y en WhatsApp…

 

Corrupción que es vieja como la Historia del Perú antes de llamarse Perú, cuando los líos de Huáscar y Atahualpa aliaron a uno con los invasores en contra del otro y lo apresaron y pidieron rescate y lo pagó y lo mataron…; corrupción que se pierde en el tiempo y se muestra actual, activa y por lo que parece impune con la impunidad que consiguen el dinero y el silencio comprado, el silencio de los muertos, la desidia, el olvido (natural o provocado)…

 

¿Es esta una enfermedad anciana e inmortal?

¿Alguien podrá encontrar la cura, el antídoto, la solución para este ancestral problema?

 

Tengo muchas preguntas y ninguna respuesta; tal vez suene fatalista, pero cada salida parece tener trampa.

 

Dicen que el Perú es más grande que sus problemas, pero a mí me parece somos “poquita cosa”; nos dicen “no te preocupes, hermanito; nadie se da cuenta… Déjalo así nomás…  ¡aquí no pasa nada!”.

PREMEDITACIÓN, INIMPUTABLE,IRRESPONSABLE, FUERA DE SUS CABALES, OBNUBILADO…


PREMEDITACIÓN...

Son palabras que hace muy poquito han aparecido en prácticamente todos los medios dando o comentando la trágica noticia del atentado contra una joven mujer en un bus de servicio público a la que un sujeto le roció gasolina y prendió fuego, hiriendo de la misma manera a otros pasajeros del vehículo, para escapar luego en medio de la confusión generada.

 

La policía detuvo a un sospechoso al que todo parece señalar como el autor aunque él lo niegue; los detalles de este repudiable suceso han sido dados en extenso y no creo que deba abundar aquí con su mención que a fuerza de repetir puede tornarse en morbosa.

 

Se ha dicho que es un loco el autor, un insano mental, alguien inimputable legalmente; que su irresponsabilidad sería fruto de un desorden o enfermedad mental, que “no estaba en sus cabales” y mucho más: sin embargo no me parece que nada de esto sea cierto cuando su acto criminal demuestra una premeditación (subió en el mismo bus que la víctima, llevaba combustible en un envase y fósforos) que no es propia de situaciones de enfermedad mental; por desgracia se tiende a acusar de locura un acto de esta naturaleza lo que da pie para que el perpetrador intente acogerse a una enfermedad que lo hace irresponsable de sus actos, los que no pueden ser tipificados como delito.

Posiblemente, si aceptara su autoría, el imputado declarará haber estado “obnubilado” -que es un estado de conciencia en el que la capacidad de vigilancia de una persona está disminuida- por algo como los celos, a modo de evasión de su responsabilidad…

 

El hecho, terrible y lamentable, demuestra crudamente que la sociedad mira, se espanta, comenta pero no parece tomar ninguna acción salvo esporádicas intervenciones eficaces de la policía que no sea la protesta; ¿es que instituciones como el poder judicial no están hechas para velar por el ciudadano y asegurarle protección frente a hechos como estos? ¿Se espera que se asesine a alguien para actuar?

 

A ver si un doloroso remezón como este hace que desaparezca este letargo peligroso y yo diría que culpable, aunque lo que sucede con Arlette Contreras…

 

 

Imagen: altavoz.pe; fuente: Jackeline Fowks/Twitter

¡ANTONIA O ANTONIETA?


 

ENRIQUE FIDEL, MERCEDES Y MARÍA ANTONIETA DEL SOLAR GARMENDIA.

En la parte de atrás de esta antigua fotografía en la que está mi abuela y mis bisabuelos por parte de padre, reparo que el nombre de ella está como María Antonieta y no Antonia (como yo creí que se llamaba) y ayer puse en mi post “La Cajita”; sin embargo estoy casi seguro que le decían Antonia y así lo supe siempre, tal vez para diferenciarla de mi madre que se llamaba también María Antonieta, pero a la que siempre le dijeron “Tony”.

 

 

La información está escrita con la letra de mi padre y  se nota que está hecha cuando siendo él ya mayor, porque ha usado un “plumón” o marcador fino para ello y esos instrumentos de escritura aparecieron cuando yo tenía varios años ya; quizá parezca rara la mención y poco relevantes los detalles, pero es que los recuerdos son así: el uno trae al otro y de pronto nos encontramos hurgando entre los tesoros del pasado.

 

 

Por ejemplo, veo a mi padre con su camisa blanca, se ha quitado la corbata y está en el sillón verde reclinable, descansando de un día de dictado de clases en la UNI (Universidad Nacional de Ingeniería), poco antes de cenar; tiene el diario sobre las piernas, el televisor en blanco y negro sintoniza el noticiero de la noche y Raúl Ferro Colton pasa revista a los sucesos recientes; en el bolsillo de la camisa de mi padre está asomando ese “plumón” azul que junto con su pequeña regla de cálculo alemana, “K & E” enfundada en cuero, lleva a todas partes.

 

 

Esa, como todas las noches, cenaremos los tres y al café, que mi madre no toma, sustituyéndolo por una infusión de manzanilla sin azúcar, contaremos historias, tal vez emerja un álbum de fotografías y el tiempo pasará recordando y mi padre mirará a los ojos de mi madre y en ese encuentro mudo se dirán muchas cosas bonitas, que no está bien que escuche porque no tengo edad y seguro no las voy a entender…

 

 

Sin embargo, la foto, motivo de este post, que provoca a la mente recordar, soñar, perderse en tiempos idos, es testimonio gráfico de una época y fue tomada en el Cusco: allí posan para la eternidad mis  bisabuelos, Enrique Fidel del Solar y Mercedes Garmendia junto con mi abuela,  María Antonieta del Solar y Garmendia (lo escribió mi padre en el reverso de la foto) y debe ser a fines de 1890, porque mi abuela no está todavía casada (mi padre nació en 1903) y tal vez sea una fotografía que retrate a los tres juntos algo antes del matrimonio de su única hija…

 

 

 

Fotografía: Circa 1890. Fidel Enrique, Mercedes y María Antonieta (Antonia) del Solar – Garmendia.  Cusco, Perú.