LOS HUESOS DE LA MONA LISA


Fueron hallados los restos de Lisa Gherardini Del Giocondo, la mujer del enigmático rosto que posó para el famoso pintor renacentista Leonardo da Vinci en el siglo XVI. 

Los restos óseos fueron hallados a un metro de profundidad bajo el piso original de un antiguo convento en Santa Úrsula en Florencia.

Los científicos compararán el ADN de los huesos encontrados con el material genético de los restos de los hijos de la mujer que fueron enterrados cerca, y así autentificar el hallazgo.

(Fuente: EFE).

 

Los restos de la mujer que habría posado para Leonardo da Vinci para la pintura “La Gioconda”, tal vez la más famosa obra de arte pictórica conservada (no digo que sea la mejor pero sí la más comentada). Digo “habría” pues existe muchísimo en torno a la modelo, hasta quienes dicen que la pintura es un autorretrato de Leonardo. Este cuadro ha levantado mil comentarios: se dice que el personaje sonríe, que hace una mueca extraña, que las manos no están tan bien acabadas como el resto de la figura, que la vegetación del fondo no corresponde a la época ni a la ciudad de Florencia, que fue un cuadro que en realidad nunca estuvo terminado y que acompañó al pintor toda su vida…

De “La Gioconda” se ha hablado pues hasta el cansancio, con conocimiento de causa pictórica o sin él, con verdades y análisis sesudos, con mentiras y leyendas.

Es una obra que suscita polémica y que ha remontado los siglos como una especie de símbolo universal de la pintura occidental.

Lo cierto es que de esta famosa obra se ha dicho de todo y ahora se encuentran los huesos de quien habría sido la modelo. Creo que mejor se la ve en el cuadro, porque sus restos, por más bellos o enigmáticos que sean solo son huesos y estos se parecen mucho a otros huesos. Morirse pone las cosas en su lugar.

¿… … …?


Hay tantos temas dando vueltas, que no me decido por uno para escribir. Supongo que es cosa de decidir y empezar: La curiosidad, por ejemplo.

El viejo aforismo sentencia: “La curiosidad mató al gato”.

La curiosidad es aquello que ha hecho que desarrollemos como seres humanos, con sorpresas que han significado el fin de la curiosidad para uno o muchos, exactamente del mismo modo al que le sucedió al gato: Una cosa es ser curioso y otra imprudente.

Recuerdo de “El Tesoro de la Juventud”, una enciclopedia de cuando era chico, encuadernada en verde y de impresión en lujoso papel couché, que estaba dividido en temas, “El Libro de los por qué”: Respuestas a las más disímiles preguntas. Satisfacción de la curiosidad.

Mis  hijas tuvieron una publicación en dos tomos, que se llamaba “El Libro de Preguntas de Carlitos”, ilustrado por Schulz, con el simpático Charlie Brown, Snoopy y sus amigos.

Los niños son maestros de las preguntas y para satisfacer su curiosidad- que es la manera que tenemos de aprender- no descansan hasta obtener una respuesta y encadenarla a una nueva pregunta, sin al parecer darse por contentos.

A veces, la curiosidad, como ya lo dije, desprovista de toda cautela, tiene resultados funestos. Sin embargo, el mundo no existiría sin las respuestas que se ha dado a lo largo de la historia a miles de millones de preguntas. Y esta es la base de lo que yo llamo creatividad. El ser humano, nunca satisfecho quiere saber qué es lo que hay más allá y busca, busca satisfacer su… ¡curiosidad! Desde que dejó los árboles y se convirtió en un ser indefenso frente a una naturaleza hostil, fue preguntándose y encontrando respuestas muchas veces positivas, que lo hacían avanzar un poquito y otras negativas, que lo convertían inmediatamente en antepasado. Así empezamos y ahora exploramos las profundidades marinas, de la tierra, el espacio y las personales, en busca de contestaciones. En busca de respuestas a las sucesivas preguntas que nos hacen seguir siendo niños y querer saberlo todo.

¿Porqué quema el fuego, porqué respiramos? ¿El cielo porqué es azul? Una respuesta trae una pregunta y así sucesivamente. Somos curiosos:  ¡Seámoslo siempre!

No hay nada peor que no tener respuestas o quedarse con dudas. Claro que a veces las repuestas se remontan a preguntas lejanas, pero “cada oveja con su pareja”.  Cuando no hay respuestas, existe la ignorancia. Muchas veces decimos “porque es así” y creemos dar por terminado el interrogatorio, sin querer escuchar el ¿por qué? Agazapado queriendo saltar.  Los niños, vuelvo a decirlo, son incansables preguntones y los adultos nos cansamos o no tenemos respuestas o nos avergüenzan las que tenemos. Nunca acabaremos de aprender. Nuestra curiosidad es innata. Recuerdo el aviso de la Asociación de Relojeros de Suiza, ilustrado por Norman Rockwell, allá por  1951

Y que se titula “¿Qué lo hace hacer tick?” fue siempre un magnífico ejemplo de como la curiosidad enseña.

El tema no ha hecho más que ser arañado. La curiosidad es profunda y espera respuestas para ir avanzando. Así, de pregunta en pregunta, andamos por un territorio que no tiene fin: La vida, le llaman.

Y ahora, una pregunta final: ¿Qué es lo que quería saber el gato?

ARTE DE PIERO.


Debería poder escribir mucho más que este simple post, porque mi amigo Piero Pereyra inaugura su exposición hoy en la noche, 14 de diciembre, en la Galería  Yvonne Sanguineti, de  la Av. Grau 810, Barranco.

Se puede visitar esta muestra titulada “Corpografías II” hasta el 28 de enero del 2012.

Conozco a Piero desde hace más años que los que el recuerdo admite y siempre ha sido un buscador de belleza. Cámara de video en ristre, cámara fotográfica pegada al ojo o haciendo que los colores canten canciones hermosas, Piero ha trajinado por el camino de darle a este nuestro mundo, su particular visión de las cosas. Cuando compartíamos el enseñar en la Universidad Católica, solíamos encontrarnos en la sala de profesores y mientras revisábamos nuestros correos electrónicos, conversábamos de todo, pero especialmente sobre fotografía, que él dictaba y a veces nos encontrábamos hablando cuando cada uno ya debería estar en clase.

Este asunto de la publicidad, que también compartimos, llevó a que trabajáramos juntos muchas veces. Recuerdo que una vez en la planta de Aceros Arequipa, donde él hacía fotografías y filmábamos, el calor era tal, que no se podía tocar la cámara de lo caliente que estaba. Recuerdo de esa vez, haber salido la primera noche de hotel, al fresco de fuera y recibir el ataque de una legión de zancudos que picaron hasta hincharme los tobillos, inaugurando al limeñito desprevenido que yo era. En esas lides Piero era baqueano, pues sus recorridos por el Perú lo habían curtido y la pasión que tiene por capturar imágenes hacía que se olvidara de lo que pasaba a su alrededor.

El otro día estuvo en mi casa de visita y charlamos gratamente, como siempre, a pesar de que no lo hubiéramos hecho por más de un par de años. Traía una gran fotografía del cuerpo desnudo de una mujer “vestida” o adornada con maravillosos colores que se esparcían por la superficie caprichosamente, pero haciendo un efecto hermoso y transmitiendo un mensaje que iba más allá de las palabras. Fue una de esas extrañas situaciones en que comprendí que el arte es todo aquello capaz de producir una emoción estética.

Me mostraba una de sus “Corpografías” que integrarían la muestra.  Luego me pasó por correo las imágenes que incluiría y que guardo como un tesoro, porque en ellas está, por lo menos así lo siento, toda una visión cósmica, donde el azar juega con la belleza de las formas y los matices de los colores.

 

No soy “crítico de arte” y me encuentro dando una opinión personal, difícil de transmitir, pero que brota al ver la obra de Piero. Mi entusiasmo es grande porque creo que la honestidad de él nos está dando acceso a un mundo diferente, que hay que explorar con la mirada: un mundo que desafía a la imaginación. Hay que ir a ver la exposición de Piero y llevarse alguno de esos sueños que hablan con formas intuidas y colores explícitos.

Piero Pereyra sigue buscando la belleza y transmitiéndonosla. Gracias por ello.