¿EL PERÚ SIN MÁSCARA?


Hay momentos en los que me gustaría ser letón o circasiano. Momentos en los que mi bilis burbujea como espumante. Momentos en los que no puedo creer lo que mis ojos ven y mis oídos escuchan. Momentos en los que la vergüenza se avergüenza.

Un vecino del barrio de Magdalena en Lima, sale con su perro y sin la mascarilla – que es obligatoria- los serenos del distrito le reconvienen y pidiéndole que salga con mascarilla. El vecino los insulta con términos racistas y palabrotas, a pesar de lo cual los serenos le siguen indicando que es necesario el uso de mascarilla o que regrese a su casa. Más insultos del vecino y su negativa a irse… Todo grabado en video.

Me duele mucho decirlo, pero pareciera que así es el Perú sin máscara, “a la hora de los loros” … No se trata de denigrar a mi país ni a su gente, es decir a nosotros, los peruanos y quiero decir que una golondrina no hace verano, pero también que justos pagan por pecadores…

El Perú ostenta el record mundial de muertos por Covid-19, a pesar de advertencias, ordenanzas, ejemplos y toda clase de comunicación que alerta sobre los peligros del virus y las maneras de contenerlo, que son sencillas…

El video muestra la actitud de algunos, que primero causa indignación, para después viralizarse y convertirse en tema de memes y de programas cómicos de la televisión y así, un hecho que fue causante de ira, termina promoviendo la risa al banalizarse, tal vez porque se piensa que es mejor reír que llorar, o porque debajo de la máscara está el gesto despectivo del “¡A MÍ qué me importa…!” o un desaprobador y enfático “¡YO no soy así!”.

El vecino, después, ha salido a “pedir disculpas” para tratar de justificarse, minimizando lo ocurrido y por supuesto que con la mascarilla puesta.

Dicen que la pandemia esta lo cambia todo, pero me parece que si el ser humano no cambia…

Imagen: vectorstock.com

Imágenes noticia: ATV

ELLOS SÍ SE METEN


ELLOS SÍ SE METEN

No sé si llamarlo “movimiento”, pero en todo caso este es de violento retroceso o “colectivo”, palabra que desprestigian porque lo que son es un hato, una acumulación de pus, una manada que se auto titula “Con mis hijos no te metas” y creen que enarbolando las banderas de la familia y el cristianismo pueden pasar disfrazados de corderos, de “Agnus Dei”, de matronas y patriarcas impolutos y buenos.

 

Son esa jauría que va gritando ataca para tratar de infundir miedo y ataca imponiendo ideas que son como el “cuco” de los cuentos o el balbucear idiota del ogro de la fábula.

 

Son iguales a esos asesinos del MRTA que un día como hoy, 31 de mayo de hace treinta años (1989), sacaron de una discoteca en Tarapoto, a ocho ciudadanos y los fusilaron por el “delito” de ser homosexuales y hasta hoy son impunes.

 

El odio, el temor a lo que es diferente, no son exclusivos de la derecha ni tampoco de izquierda: son patrimonio común de esas bacterias que se disfrazan de personas para infectar el aire.

 

Los conocemos bien: odian, diseminan –engañando- su odio, promueven la violencia y asesinan. ¿Esto es lo que queremos?

 

A las alimañas se las combate o se las elimina y no podemos permitir que en nuestro Perú las haya en el congreso y se metan en él haciéndonos creer que “están en su derecho”.

 

Imagen: manoalzada.pe

…BUM – BUM – BUM – BUM…


BUM

Es el sonido de un bajo eléctrico, amplificado, me da la impresión que a la enésima potencia porque remece el departamento, atraviesa la puerta, rebota en las paredes y produce una vibración sistemática –“rítmica”, dirían algunos- que se generaliza por todo el cuerpo y lo somete a una tortura que supongo será una de las que usan para “quebrar” a un prisionero y que confiese cualquier cosa, aunque sea que en realidad es primo de su madre e inventor de la bicicleta.

 

Emite el tal sonido un altavoz (o dos) del equipo de música que ubico por inevitable orientación sónica (y vibración insoportablemente física) al abrir, alarmado, la puerta que da al hall del piso y comprobar que tras la puerta cerrada del departamento opuesto, “algo” (porque me niego a darle la categoría de “alguien”) debe estar teniendo un orgasmo bajístico.

 

Primero, como ya dije, fue alarma, luego de un “tranquilízate Manolo” musitado por mí mismo y repetido como mantra a ver si me auto convencía de no tocar el timbre o patear la puesta de enfrente (“cosa que no puedo hacer porque me caigo” pensé); resistí la tentación de llamar por el intercomunicador a la vigilancia y comunicar (eso es lo que uno hace por el aparatito) que tenía el cuerpo involuntariamente rítmico, tembloroso y aguiñapado por el “bum bum bum” vecino, con los nervios hechos pomada negra para lustrar zapatos, pero me dije que dirían: “ahí está otra vez el viejito, (omito el “maldito” que rima con viejito) quejándose por algo” y regresé a sufrir el “bumbardeo” forzándome a pensar que peor lo deben pasar quienes son bombardeados de veras.

 

Y aquí estoy, con un café cargado por tomar, sufriendo en silencio, conociendo de primera mano – por experiencia propia – lo que es el acoso sicológico y escribiendo esto, esperando que acabe el raid sonoro y extrañando la música que esos imbéciles – gracias a Alan García por recordarme la palabra- no me dejan oír.

 

Imagen: musicaprofana.wordpress.com

CHUPACABRAS


 

CHUPACABRAS

El otro día, escribiendo para el blog, escuché la voz de un niño que llamaba (gritando, por supuesto): “Chupacabras… ¿estás ahí?… Chupacabras… ¿estás ahí…?” y supuse que se trataba de un juego de esconderse, de esos que los niños han practicado desde siempre y que les gustan tanto, en el que el “escondido” aparece intempestivamente y asusta al “buscador”…

 

Me intrigó el nombre porque “Chupacabras” no es un apodo popular, antes al contrario, es el nombre que sí, popularmente se le da en algunos lugares a un ser que aparece, creo, primero en España (“aparece” es un decir porque nadie lo ha visto, si no me equivoco) y su nombre derivaría del hecho de haber atacado a unas cabras, matándolas y bebiendo su sangre,  porque las encontraron “secas”; sé que la historia de este ser se ha reproducido en varios países, donde no ha sido visto nunca pero los efectos de su accionar al parecer sí.

 

Pongo todo en condicional, uso “al parecer” y lo que me permita decir que no es que lo afirme yo sino que es algo que las noticias y en especial las redes sociales tienen como tema, esporádico, pero existente; podría ser el embrión de una de tantas leyendas como la del “Lobizón”, “Drácula”” o esa “Novia” ubicua, que aparece en diferentes lugares y países e incluso se hacía presente ciertas madrugadas en la cocina (que quedaba en el sótano) de mi casa de infancia en Barranco…

 

“Chupacabras” no es pues un apodo corriente entre los niños y me extrañó el asunto, sobre todo porque cuando yo esperaba respuesta al niño gritón, el silencio era la contestación; luego de un largo rato y de un par de nuevos intentos de llamada del niño, escuché que su mamá venía para llevárselo a almorzar; digo yo que de pronto el niño oyó de sus padres el nombrecito, pero también que de pronto, tal vez, podría ser que exista un “chupacabras” en el condominio: claro, el problema es que por aquí no hay ninguna cabra, dificulto que el niño alguna vez haya visto una y entonces… ¿qué va a chupar ese pobre “chupacabras”?

Imagen: hauntedmario.com

TONELADAS Y MILLONES


DINOSAURIO DE 12,000 KILOS

Cuando uno se enfrenta a cifras gigantescas, lo primero que hace es asombrarse: por lo menos a mí me sucede.

 

La noticia del descubrimiento de lo que fue un dinosaurio  emociona no solo a los paleontólogos, sino a los curiosos, que como yo, ven esta noticia alimento para su “querer saber” que en mi caso específico (perdón porque estoy hablando aquí casi siempre de “yo”) empezó conscientemente cuando hojeaba la enciclopedia de mi hermano mayor, que se llamaba “El Tesoro de la Juventud” y entre sus muchos tomos y sus variadas secciones y artículos, leía con asombro “El Libro de los  Por Qué”, explorando un mundo desconocido que iba mucho más allá de las terrazas de la casa o del reducido circuito que puede tener un niño a los cinco o seis años.

 

Ahora, en Sudáfrica han descubierto un Dinosauriosaurópodo que vivió allí hace la friolera de 200 millones de años (200000000) y al parecer pesaba 12,000 kilos (12 toneladas); muchísimos ceros de esos que están a la derecha y cuentan: una cantidad inimaginable por el lector de a pie que nos pone en nuestro diminuto lugar de recién llegados, peso mosca o pluma…

 

Cuando uno lee algo así, de pronto no realiza mucho las magnitudes de las que se está hablando, la distancia en años (cientos de millones de ellos,  sobre todo pensando que cada uno tiene actualmente 365 días) y la cantidad de carne, huesos y cartílago que forman esa montaña ambulante;  le seguiría el Brontosaurio y esta mole caminaría en cuatro patas…

 

Imaginemos un tren inmenso, realmente inmenso, ramoneando con la tranquilidad de saberse el habitante más grande de la Tierra, ese planeta al que llamamos ahora “azul” porque de lejos, desde el espacio, presenta ese color que se debería a la enorme existencia de agua que hoy tiene, pero que en tiempos del “Trueno Gigante al Amanecer” (“Ledumahadi Mafube”, poético nombre que en lengua lesotho le han dado a la bestia grandiosa) tal vez sería visto por algunos ojos estelares de otro color…

 

¿Cómo no impresionarse con algo así? ¿Cómo no volver a ser niño y como mi nieta de seis años ser un “fan” de los dinosaurios, saberse los nombres señalándolos en el libro y hablar de ellos como quien lo haría del perro o del gato de la casa?

 

Este bicho anduvo millones de años antes que los populares Velociraptor y Tiranosauro Rex aunque no tenga su fama y haya salido en películas; y hoy que es lunes y viene Miranda a visitarnos, le contaré del “Trueno Gigante al Amanecer”, le enseñaré la imagen que ilustra este post y nos maravillaremos juntos porque como un cuentacuentos le narraré la historia que inventaré sobre el “nuevo” dinosaurio…

CON MIRANDA

 

Lo que no sé es si retendrá su nombre o simplemente será “el dinosaurio ése” pero tal vez si le repito muchas veces el nombre en lengua lesotho (que tendré que aprender) lo llame, propiamente, “Ledumahadi Mafube” o “Ledumafu” para abreviar…