EL OLOR DEL RECUERDO


EL OLOR DEL RECUERDO

 

Los olores hacen que la memoria se active y empiece la película que trae las imágenes: todo puede empezar con el aroma de una torta recién sacada del horno que nos trae infancia, cariño maternal, el sabor insuperable a la vainilla, tardes de vacaciones y un estrujar del corazón que añora los pasados.

 

Puede también ser el olor de un libro, esa curiosa combinación de olor a papel, a tinta vieja, a goma y a guardado que nos trae piratas a la sala o instala Mompracem más allá del jardín y cerremos los ojos para que a esos olores se sume el de la pólvora, el del mar y eso que no parece tener olor alguno, que es el adiós.

 

Los olores son los efluvios que almacenamos de algún modo para recordar, por más explicaciones que nos den sobre que son moléculas que viajan por el aire y que el olfato percibe y se tornan en impulsos que llegan al cerebro que pone a funcionar determinados mecanismos donde la química y la electricidad confluyen, la magia se produce haciéndonos personajes centrales de esa historia nuestra que como un cobertor “patchwork” está hecha de retazos coloridos y abriga…

 

Los olores producen en nosotros eso que es tan extraño y se llama recuerdos.

 

Imagen: guelafoami.blogspot.com

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OLOR A PINO


PINO

Mi primer recuerdo de Navidad es el olor a pino invadiendo la casa de Ayacucho 263, en Barranco. Después visualizo la lata grande vacía, seguramente de aceite, conseguida por mi hermana, alguno de sus amigos, o por mi hermano tal vez, en el “chino” Perico. Lata forrada con papel platina de color rojo y que llena de tierra, contenía el arbolito navideño, adornado con bolas de vidrio de colores y luces que se prendían y apagaban. Una estrella de cartón con purpurina plateada, que la hacía brillar, lo coronaba y por su propio peso hacía que se inclinara como saludando.

El arbolito era natural y lo habían “robado” mi hermana Teté y su amigo “el loco” Miranda de la bajada de los baños, cosa que no gustaba para nada a nuestros papás…

Las luces navideñas eran pequeños foquitos alargados, pintados de verde y rojo transparente, colores que se descascarían con los días.

Alrededor del árbol, en el hall de la casa, había cojines donde se pondrían los regalos: estaban esperando que fuera la tarde-noche del 24.

Mi recuerdo se desdibuja allí, pero el olor a pino y la alegría de la preparación navideña me acompañan hasta hoy, tantos años después.

HAY UN CIERTO OLOR…


CLIP EN NARIZ

Lima se ha despertado y en apariencia nada cambió; sin embargo hay un cierto olor en el aire. Olor común, que es un mal olor.

Tenemos para cuatro años por delante y el olor, que lo impregna todo, es tremendo, pero puede ser que nos acostumbremos: los que viven en medio de la basura, con el tiempo la ignoran. Y lo terrible es eso, que se acepte que las cosas vienen así y peor, que se haya elegido el que así sea.

Ha amanecido como siempre pero hay muchos que sonríen y se frotan las manos porque saben a ciencia cierta que lo que nacía y era una amenaza para ellos, sus estilos de vida y su “futuro” se lo lleva la corriente del “no te preocupes”.

La corriente de aguas servidas que dejará al bajar restos de lo que esas aguas llevan.

La Lima que pudo ser,  ya no será.

Seguirán asesinando las combis asesinas y lo que pudo ser amabilidad, “permiso”  y “por favor” dejará paso a una risita cachacienta que significa que nada de eso será:” ¿vieron?”. Nada de nada, en realidad.

Ayer, el sol por solidaridad, salió con timidez y creo que vergüenza, porque  Lima tendrá la misma lluvia de siempre: pequeña y persistente. Esa lluvia que no lava las cosas sino que ensucia todo.

En Lima los gallinazos regresan; gallinazos que vuelven porque hay promesa de carroña.

Llegan a esta Lima que pudo ser y no será.

 

 

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

CAFÉ


taza-de-cafe

Muchísimo se ha escrito sobre este tema y este post no es sino una pincelada.

Tomo café desde que tengo memoria y hace muchísimos años lo hago sin agregarle azúcar o endulzantes: es que, como digo siempre, me gusta el SABOR y lo otro sería como probar un toffee, con sabor a café es cierto pero “deformado” por el dulce.

Hace años las mañanas, de lunes a viernes, empezaban con tres tazas de “exprés” al menos, bebidas entre conversaciones y silencios que compartíamos Julio Romero y yo en el Haití de Miraflores. Con el tiempo nuestra mesa fue creciendo en amigos que hacían del café matutino y la charla un “must” imprescindible.

Dicen que beberlo de noche quita el sueño, pero en mi caso parece que resulto una excepción a la regla pues duermo tan tranquilo. Acompaña mis lecturas y los momentos en que trato de concentrarme. Es cierto que ahora no tomo más que una taza al día y no siempre, porque supongo que la cafeína como excitante algo tiene que ver con mis tres infartos al cerebro y debe afectar al corazón que sobrevive a cuatro, desde que tenía 36 años. Me dijeron los médicos: “elimina el café”  y así lo hice. Luego que si quería, tomara poco. Y así lo hago.

Un poco de café: no pasa nada si un día no lo tomo, pero siento que forma parte de las buenas lecturas, de las conversaciones y del quedarse solo. Por lo menos los ríos de café que he tomado han tenido siempre las barcas de las letras, el viento de las conversaciones y el remanso tranquilo de la soledad.

Gracias café por ser testigo.

 

HUELE A MIEDO…


“Las personas son capaces de comunicar sus estados emocionales a través de señales químicas, sostiene un estudio de la Universidad de Utrecht, en Holanda.

Para llegar a esta conclusión los investigadores, liderados por Gün Semin, analizaron el sudor de varias participantes. Un grupo observaba una película de terror, mientras que el otro veía un filme que provocaba una sensación de rechazo y asco.

Los resultados mostraron que las mujeres expuestas al “sudor de miedo” adoptaron expresiones típicas de temor, abriendo los ojos y las fosas nasales y aumentando su percepción sensorial.

Las que olían el “sudor de rechazo” mostraban en el rostro claros gestos de desagrado, bajando las cejas, frunciendo el ceño y arrugando la nariz.

Lo resaltante, según los científicos, es que ninguna de las participantes era consciente de esos efectos ni lo relacionaba con el olor percibido.

El hallazgo contradice la idea de que la comunicación humana sólo se produce a través del lenguaje y de los gestos“, afirma Samin en la revista Psychological Science.

El científico añadió que existen señales químicas que hacen que las personas se sincronicen emocionalmente sin ser conscientes de ello. Esto podría explicar, entre otras cosas, el contagio emocional que se observa en situaciones que implican a grandes multitudes de personas.  (Fuente:RPP).

 

La noticia aparecida en diferentes medios, no hace sino corroborar el título de este post.

Hemos leído mucho sobre ese olor que los animales perciben en uno cuando les teme y que los incita a atacar a lo que en su imaginario es una presa inerme y temerosa. Hemos leído también sobre el “olor del miedo” que flotaba en los barcos negreros y en los trenes que llevaban a los judíos a la muerte.

La ciencia está corroborando la existencia de la emisión de señales olfativas que de seguro eran percibidas claramente por nuestros antepasados arborícolas y cavernícolas. La novela “El Perfume”, narrada en clave de olor, es un maravilloso y terrible paseo por los aromas hasta que el protagonista quiere apropiarse del olor de una persona determinada…

Ïtalo Calvino, en su libro “Nuestros Antepasados” explora un mundo olfativo a través del tiempo, en una magistral prosa donde la nariz y su poder se despliegan en toda su grandeza.

Mucho se podría escribir sobre el tema del olfato y sus funciones: gatilla nuestra memoria, nos previene de peligros, provoca placer y tanto más.

Ahora se corrobora científicamente que lo que leímos, intuimos y a veces creímos es cierto: el ser humano produce olores que otros seres humanos decodifican.

Es que nos acostumbramos a enmascarar los olores propios y. que yo sepa, solo nosotros lo hacemos: usamos desodorantes (o sea “quita olores”) y perfumes mil, para tratar de no decir lo que nuestro cuerpo y su interior, a través de él, manifiesta en determinadas ocasiones.

La sociedad nos enseñó a fingir hasta el olor.

 

LA LEY DEL TALIÓN


DISCULPEN QUE SEA REPETITIVO…

 

(latín: lex talionis) se refiere a un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía un castigo que se identificaba con el crimen cometido. El término “talión” deriva de la palabra latina “talis” o “tale” que significa idéntica o semejante, de modo que no se refiere a una pena equivalente sino a una pena idéntica. La expresión más conocida de la ley del talión es “ojo por ojo, diente por diente” aparecida en el Éxodo veterotestamentario.

Históricamente, constituye el primer intento por establecer una proporcionalidad entre daño recibido en un crimen y daño producido en el castigo, siendo así el primer límite a la venganza.

(Fuente: WIKIPEDIA.)

 

Lo primero que se viene a la mente cuando vemos las noticias del caos de “La Parada” es la Ley del Talión. Pienso que si aquí aplicamos esta antigua ley, a quien rompió una pata a la yegua policial a la que hubo que sacrificar, tendríamos que romperle una pierna y luego liquidarlo. Si se aplicara a los delincuentes que saquearon, golpearon y sembraron el pánico, habría que quitarles todo hasta desnudarlos, pegarles hasta no más y aterrorizarlos sometiéndolos a una abstinencia total de su droga favorita o haciéndoles ver la realidad del peor infierno carcelario, suspendidos de una cuerda que se va rompiendo poco a poco hasta dejarlos caer en él.

Esto, la ley citada se dice, es un límite a la venganza y trata de establecer una proporción entre el daño ocasionado por un crimen y el castigo. Es una pena idéntica al daño causado.

En un país como el nuestro donde las leyes parecen estar escritas en el viento o pintadas pon pintura invisible en paredes transparentes, esta primitiva ley tampoco se aplicaría y así la impunidad, una vez más, gracias al dinero, las conexiones políticas, “oficiosas”, o tal vez al miedo, volverá a ser el beneficio de quienes deberían, por lo menos, pudrirse en la sombra.

Es muy fácil echarle la culpa a quien quiere hacer que la ley se cumpla y maniobrar en la oscuridad para crear el caos. Los vándalos tienen azuzadores, los azuzadores jefes y estos financistas. Hay una pléyade de tontos útiles que aplauden a cambio de un vaso de pisco, unos soles o por el hecho de que “otros aplauden”. No nos equivoquemos: los delincuentes son organizados por alguien con intereses propios, que elude dar la cara, porque sabe pagar a quienes la muestran en su lugar, mientras se frota las manos: el viejo truco de tirar la piedra y esconder la mano, o frotársela con la otra de puro gusto.

Oleadas de líneas sobre el vandalismo y películas enteras con las fotos de los delincuente actuando se ha emitido e impreso en pocos días. Artículos y grita en pro de la revocatoria de una alcaldesa culpable de querer lograr una Lima limpia de basura de dos pies y de la otra, nos tratan de decir que todo es su culpa por tratar de hacer que la ley rija y desaparezca la corrupción.

Realmente la basura está saliendo de los vertederos, poniéndose corbata y tratando de convencernos que es olor a rosas la podredumbre que respiramos.

La Ley del Talión es una tentación justiciera y tal vez si se aplicara dejaría limpias las calles, vacías las covachas y desiertas algunas oficinas desde donde se orquesta el pandemonio en que vivimos.