RELOJ


RELOJ

Era el reloj que usó mi padre y que ahora tengo y uso yo; curioso, pero es como él: sobrio y sencillo, práctico.

 

Tiene la esfera de color azul metálico (un color serio), los números indicados por líneas blancas, igual que el centro de las manecillas, con otra manecilla pequeña plateada y que gira incansable indicando los segundos, la caja es de acero mate, la correa  negra y es de los de darles cuerda.

 

Es de marca Longines, modelo Admiral, que solamente se puede abrir por detrás para ver su interior usando una herramienta especial; no se me ha ocurrido hacerlo nunca porque ni tengo la herramienta ni la curiosidad por ver sus interiores.

 

En la esfera, debajo, en letra pequeñita dice SWISS MADE, como recordándonos que es un original helvético y no un japonés vistoso o un utilitario de moda que suma, resta, multiplica, divide, que saca porcentaje y raíces cuadradas, se conecta a  internet, mide la frecuencia cardíaca, viene con calendario “eterno”, tiene luz, montones de botones, zumba para avisar cuando se programa la alarma, permite ver la fecha y la temperatura y también da la hora, pero es de plástico con una luna del mismo material, la que que nunca se raya y una correa, de plástico también, que hace sudar muñecas.

 

Este reloj Longines que mi padre usó siempre y que yo recogí de su mesa de noche al día siguiente de su muerte, lo tuve guardado en un cajón mientras usaba otros relojes que aún tengo, porque los he coleccionado, llegando a combinar el color de la correa con el de mis zapatos y claro, con el de la correa que uso en el pantalón; dorados o plateados, alguno negro, pero ninguno de ese innombrable material (que ya nombré) y que se llama plástico.

 

Ahora todos los relojes (y son muchos, bastantes) duermen el sueño de los justos y han callado los que hacían tic-tac porque solo uso ese que es sencillo y sin complicaciones ni prestaciones raras como era el ingeniero al que confieso, extraño y recuerdo “puntual como un reloj”, cada vez que miro mi muñeca izquierda para ver qué hora es.

 

Nota: La foto la tomé yo y a diferencia de mi padre, como fotógrafo soy un verdadero desastre.

VOLÓ HASTA LOS LUCEROS


VOL+O HASTA LOS LUCEROS

Nuestro amigo y compañero de colegio, “Piolín”, Jaime Paredes, se fue ayer domingo y nos espera, tranquilo como siempre, allí donde todos iremos más tarde o más temprano.

 

“Piolo”, te llevaremos chocolates: haznos un sitio, hermano.

 

 

 

Imagen: quierodibujos.com

LA MARIPOSA BLANCA.


WWW. taniga.net

Hay días en los que algo hace que la tristeza se vaya por un rato y es precisamente de eso que me ocurrió ayer, quiero contar; por correo electrónico me enteré de la triste noticia que anunciaba el fallecimiento de Iván –“Pipo”- Rivera que fuera amigo y compañero de clase en el colegio desde el 52.

 

El recuerdo de Iván me lleva a las clases en las que el aula se dividía en “Roma y Cartago” con sus banderas respectivas –una azul y otra roja- en competencia diaria, con puntos que se iban anotando en la pizarra y que decidirían al ganador al terminar el mes; lo estoy viendo sostener la enseña victoriosa y sonreír, modesto y contento.

 

Iván Rivera Flores, el amigo entrañable que fue algún tiempo después Ministro de Industrias, trabajó en el Banco Mundial; el “Pipo” buena gente, el que enseñaba medio año en Washington en la universidad y el otro medio en Lima; el que pese a sus dolorosas diálisis, creo interdiarias, era el Iván de siempre reflexivo y certero , el mesurado.

 

Estuvo a visitarme hace como tres años, cariñoso, preocupado él por mi salud, como si para él fuera lo más normal vivir con sus dolencias que siempre vi más grandes que las mías y que usé muchas veces como el mejor ejemplo de entereza; al despedirse me dijo “nos veremos de nuevo cuando vuelva de Washington para seguir charlando”…

 

Ayer, a la hora del almuerzo, cuando voló, entrando por la puerta-ventana abierta una mariposa blanca, de inmediato pensé que era Iván y que me hacía el honor de venir hasta aquí a despedirse; luego salió como había entrado y se perdió, volando; ¡adiós Iván, feliz vuelo!: saluda a los amigos allá por los luceros y recuerda que todos por aquí te queremos mucho.

¡Gracias por ser amigo!

 

Imagen: http://www.taringa.net

 


 

VENEZUELA EN MI CORAZÓN.


No me cansaré de re-bloguear lo que los venezolanos que sufren un gobierno injusto que ha destrozado y destroza cada día su país. Desde aquí, solo puedo decirles ¡fuerza hermanos!

 

Manolo.

 

a través de El genocidio venezolano…

PARA PIERCE.


 

giphy

Pierce, nuestra gata,  se durmió para siempre ayer, al empezar la tarde.

 

Para ella es esta lucecita: mi homenaje agradecido, la llama eterna que arderá suavemente y testimoniará el cariño que le teníamos.

 

¡Salta, corre, haz cabriolas y enciende las estrellas con tu mirada, paciente compañera!

 

Manolo.

22.11.2017.

CON M DE MORIR.


 

SHAKESPEARE

Me dices que yo tengo obsesión con la muerte, porque en alguna de las cosas que escribo los personajes mueren y así termina todo…

 

Morir es lo que toca y es tránsito obligado para todo lo vivo –resulta natural- aunque a veces la muerte impresiona por una circunstancia.

 

Morirse no es sino volver al origen,  regresar a ser polvo de estrellas o a ser el brillo tenue que queda entre los dedos al coger mariposas.

 

Morir, quedar dormidos… Soñar, tal vez dormir…”, Shakespeare nos lo dice por la boca de Hamlet; morir es irse al reino de los sueños para vivir ahí y nunca despertar.