PIERCE AL SOL


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El sol sale tímido y su brillo no llega a deslumbrar, el verano va caminando a su final y sin embargo hay días y momentos en los que parece recobrar bríos y quiere mostrar algo de su viejo esplendor. Es cuando Pierce, la gata, aprovecha para tenderse en la parte superior del sillón de la sala que da a la ventana y mira al jardincito, para disfrutar del calor y hacer ver ese “no sé qué” con que los gatos demuestran su placer.

Es un placer tranquilo, contemplativo, casi devoto, pío; propio de quienes, como ellos, saben sacarle el jugo a los pequeños momentos y estirarlos hasta que se terminan en un bostezo.

Pierce está al sol y entiendo por qué estos animales eran sagrados en el antiguo Egipto: ¡Adoraban al Sol, que era el dios principal!: el que brilla en lo alto y fecunda la tierra.

Curiosos, estos gatos. Son los depositarios, es seguro,  de un saber muy antiguo y lo observan todo para transmitir su memoria a otras generaciones.

Pierce está al sol y disfruta. Tal vez no hay nada como eso.

 

Foto por Malú Carrillo.

 

 

LAS COSAS CLARAS


linterna

En nuestra ciudad todo parece entremezclarse.

Los colores no dan un tono definido, las declaraciones se andan con rodeos para en el fondo no decir nada; “si te vi no me acuerdo”, “yo soy su hermano pero no sé nada”.

El gris, que no es blanco ni es negro es el color patrón; la garúa no es lluvia, siempre habrá una “rebaja”, los precios no son fijos, no hay veranos de veras, no existen los taxímetros; el kilo suele tener menos de los mil gramos, “nadie se va a dar cuenta”, “déjalo así nomás, hermanito, cholito” y con un “casi-casi” las cosas se consideran llenas. Parece no gustarnos lo exacto, aquello que se puede comprobar.

El mal de la ciudad es el mal de sus gentes, parece que contagia o engulle al que no piensa igual. “Esperar un momento” puede significar horas y así pasan los días y todo está en suspenso. En un compás de espera que convierte el mañana en pasado mañana y el pasado mañana en un débil “¡quizás!”.

No se resuelve nada, a todo se da “largas”, por eso cuando alguien cumple con su promesa solo es un bicho raro, alguien desadaptado que no ha entendido el ritmo y no sabe bailar.

No es buen ala costumbre llamar pan al pan y vino al vino.

Como pan pasa cualquier cosa y el vino que se ofrece sabe a ron de quemar. No sé si aprenderemos algún día, pero tal vez entonces será tarde y lo único claro de las cosas es que ya nada ni nadie nos va a poder salvar.

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

LAS BUENAS NOTICIAS ESTÁN… ¡HAY QUE SABERLAS VER!


Escher

Es muy común decir que no hay buenas noticias y que solo lo malo se destaca. Lo primero es falso y lo segundo tristemente cierto… a veces.

El ejemplo que tengo cercano es la derrota del seleccionado de voleibol peruano en la cancha. Si uno lo mira, sí, perdieron, pero si se ve con cuidado, ganamos todos porque su actuación devolvió algo más al orgullo peruano y servirá como ejemplo de superación y esfuerzo. Demostraron que las chicas del barrio siempre pueden seguir aspirando a la gloria.

Si se observa alrededor la magia de la existencia brota a cada pisada; esa noche trae un amanecer, hay flores, hay sonrisas, alguien nos dice gracias; nacen niños y ronronea el gato… Todas estas son las buenas noticias que la vida regala a cada paso. Sucede que nunca nos fijamos en los milagros cotidianos y esperamos que a cada instante el agua se convierta en vino como si fuera usual.

Sí, las malas noticias existen: por eso son noticia. En relación con lo bueno, son escasas. Tal vez sean portada de los diarios o abran el noticiero de TV en la noche. De lo bueno no se habla, simplemente sucede; es “de lo más normal”.

Estamos acostumbrados a mirar y no a ver: hay un acto voluntario de diferencia entre ambas palabras.  Los animales miran, el ser humano ve… ¡o debería!

 

PARÁLISIS «CAMERAL»


 

 

cámara

Las cámaras de TV suelen intimidar, especialmente a los que no están acostumbrados a verse frente a ellas. Se trastabilla, se repiten palabras, se usan términos rarísimos o simplemente se da “la muda” por respuesta. En una palabra, lo que yo llamo “parálisis cameral”.

Lo terrible es ver a una reportera, que se supone es profesional, en un medio de TV por cable, que entrevista a personas que fueron menores que trabajan esa terrible realidad contra la que se dice luchar, pero me da la impresión que se recuerda solo en el “Día de la Erradicación Trabajo Infantil”, como ayer, por ejemplo.

Volviendo a la reportera, preguntaba a esos jóvenes que se habían superado gracias a esfuerzo personal y alguna ayuda, ¿por qué trabajaban? La respuesta fue obvia: “por necesidad”. Si alguien trabaja desde los cinco años no lo hará por deporte ni porque tenga la manía de trabajar cuando otros niños de su edad duermen o juegan.

La pregunta me pareció insultante, pero supongo que el nerviosismo o la falta de preparación, tuvieron como efecto una manifestación de ese fenómeno, impensable en un profesional que comunica.

Traigo a cuento este ejemplo porque a diario veo y escucho decir barbaridades sin el menor empacho. De seguro se dirá que son muy jóvenes o que “están aprendiendo”. Lo que supongo que sucede es que son las víctimas de un sistema perverso que utiliza a los jóvenes para pagar muy poco y los desecha, recambiándolos, para seguir en ese tobogán sin fin que engaña a los jóvenes, estafa al televidente que esperaba otra cosa y perpetúa un estado en el cual todos perdemos. Desde el canal, que pierde audiencia, hasta el televidente que por lo menos, pierde la paciencia. ¿Y los jóvenes?: a esa pésima costumbre de que son víctimas, se le llama “pagar piso”.

QUÉ HAY DETRÁS


Movil Jorge Octubre 2012 038

Cuando las cosas suceden solemos sospechar que tras lo manifiesto está aquello que se nos culta. El dicho aconseja “piensa mal y acertarás”. Por desgracia, las sospechas se suelen ver confirmadas así como la veracidad del dicho.

Hay mucho que no se expresa de otra manera o simplemente se escamotea para tratar de presentar algo de un modo “aceptable”. Pensar mal se vuelve un hábito cuando sentirse engañado es recurrente. Parece que a tontos se dirigen y creen que disfrazando las cosas sonreiremos bobaliconamente y seguiremos adelante sin darnos cuenta de la realidad.

Me parece que hay un error y tal vez otro dicho dé una pista del origen de este: “El ladrón cree que todos son de su condición”. El error está e no pensar que hay gente distinta y que escapa de la marea de basura que quieren hacer creer que es un mar bello, azul  y calmo. La equivocación estriba en juzgar con una medida tomada de la estatura mínima que la moral de los que juzgan tienen. No se dan cuenta que ya nos dimos cuenta y que el engaño no funciona. Que la costumbre de pensar mal y buscar detrás de cada cosa ha logrado que sea muy difícil contar cuentos. Cada día crece esa legión de escépticos que duda de lo dicho, averigua versiones diferentes y no se queda con lo primero que oye, repitiéndolo como aves parlantes, esas conocidas por loros.

El país está harto de mentiras, ahíto de embelecos, cansado de presenciar un “yo no fui” constante, una repetida comedia que deviene en sainete por la nula calidad de su argumento.

Basta ya de mentiras y de trampas que están de uno y otro lado sin distinguir derechas de izquierdas. Hace poco decía que el término “indignados” parecía haber perdido su verdadera fuerza de tanto repetirse, banalizarse y no encontrar la acción correspondiente.

Indignarse, mientras no se haga nada, será pura retórica y se verá bonita la palabra en las pancartas. La indignación pide siempre una acción. Y me parece que es tiempo de tomarla.