JUGAR CON FUEGO


Eso es lo que estamos haciendo. Sabiendo las consecuencias pero sin que parezca importarnos mucho.

No se explica de otra manera que se vendan alimentos en mal estado, que chalecos antibalas “no sean apropiados” y se tengan que retirar mil unidades cuando ya estaban enviadas para “proteger” vidas.

Detrás de todo hay una sociedad en descomposición que acepta y da coimas, engaña, falsifica, roba, extorsiona y claro, mata. Todo sin que se arrugue un músculo, salvo tal vez los necesarios para una risa cachacienta. Todo dando señales de normalidad de un “aquí no pasa nada” y donde miles de Pilatos se lavan las manos.

¿Qué está pasando? ¿Es que como sociedad ya no tenemos remedio y damos por bueno lo malo? ¿Es que lo visible se vuelve invisible al toque de la varita mágica del dinero?

A veces, cada vez más seguido, el hígado crece, metafóricamente hablando, a la vista de tanto desbarajuste, por emplear una palabra suave y el ánimo se solivianta ante un dejar hacer, dejar pasar, que avergonzaría al más pintado. Sin embargo cada día se acumula la inmundicia generada por quienes debían guardar la limpieza. Una pequeña parcela de poder se usa para ampliar dominios non sanctos y lograr beneficios inexplicables. La trampa es moneda corriente y está tan enraizada que se la llama “viveza” haciendo tristemente cierto aquello de que “el vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo

Sé que con este post y estas palabras no voy a lograr nada, porque quienes me lean pensarán que soy uno más que sufre de “delirio de persecución” en un país donde las cifras van para arriba. Sí, las cifras van para arriba y lo hacen también las de los asesinatos, las agresiones, los robos encubiertos y descubiertos, los atropellos múltiples y las vejaciones sin nombre. Quienes me lean pensarán que mis palabras son solo eso: los refunfuños de un amargado que no aprendió a sonreír. La verdad es que si mis palabras fuera balas, habría una carnicería y que quiero sonreír cada mañana porque estoy vivo, respiro y puedo moverme, pero me pongo triste cuando me entero en ese instante que los muchachos que van al VRAE corren hacia la muerte, que siguen operando empresas con juicios por defraudación, con licencia para matar o enfermar a muchos, mientras engordan billeteras. Se me va la sonrisa cuando leo que se lucró con la desgracia y la muerte provocadas por un desastre natural. Solo tengo las palabras y la indignación.

Y aunque se escuchen similares por muchas partes, la podredumbre es sorda ciega, muda y muy grande.

¿Qué hacer?: ¡Decir basta!, pero no basta decirlo. Hay que parar.

Estamos jugando con fuego y este, siempre quema.

 

SOCAVÓN


 

He escrito y vuelto a escribir este post, por eso es que lo voy a subir a la red un poco tarde, Lo que sucede es que ninguna de las tres ideas que desarrollé me parecían lo suficientemente aceptables para compartir. Es claro que hubiese podido poner alguna de ellas, pero no creo que a quienes me leen les hubiera interesado siquiera, porque finalmente aunque a veces lo parezca, este blog no es un “diario íntimo” que se abre un poquito para que se puedan ver sus paginas. Escribo para quienes me leen y les debo, por lo menos, algo medianamente interesante.

He seguido, como todos, la odisea de los mineros atrapados por un derrumbe en el socavón donde trabajaban. La primera impresión fue de horror al saber que las vidas humanas valen menos que un poco de metal y comprobar que la necesidad arriesga la cordura. De otro modo no creo que esos hombres hubieran puesto en peligro sus vidas.

Lo otro que pensé es que los atrapados debían sentirse además de casi perdidos, víctimas de unos medios que con el pretexto de la noticia, hacían preguntas fuera de lugar y relataban “para la audiencia, en vivo y en directo” las dificultades y peripecias de los rescatistas; daba la impresión de que se frotaban las manos por la noticia y hablaban a la cámara como si fueran ellos los protagonistas.

Todos los que podían y no tenían porqué estarlo, estaban allí, declarando y esperando. En vez de una larga vigilia en espera de un final feliz, parecía un conciliábulo de aves carroñeras, dispuestas a pelear a picotazos por el mejor trozo. Una vez más la desgracia desnuda de inmediato las segundas intenciones de los que se aúpan y empujan para salir en la foto.

Tal vez tampoco debería publicar este post, pero no puedo quedarme callado y digo lo que pienso, que no es grato ni deja buen sabor. Gracias a Dios el rescate fue un éxito y la movilización sirvió de algo. Pero se sigue hablando de atacar el problema de fondo, que no creo que sea la informalidad sino la miseria y falta de oportunidades: dudo mucho que a nadie le guste vivir a salto de mata.

El Perú crece y con ello los problemas. Lo que deberíamos hacer crecer a toda velocidad es nuestra capacidad de dar soluciones. El país está lleno de diagnósticos, harto de ellos. Hay que hacer las cosas y para tal fin debemos comprometernos todos.

PERDÓN, NO ENTIENDO


Un ministro dice una cosa y el otro, otra, el Congreso se divide en opiniones, el presidente no habla, la primera dama usa Twitter… Francamente, no entiendo qué está pasando y me da la impresión que ni los nombrados lo saben bien y si conocen del tema, silban y miran para otro lado. Desconcierto se llama y no es novedad en este “país de desconcertadas gentes” pero hace que se dude de una dirección única.

Nadie espera que todos estén de acuerdo a la primera, pero un poco de coherencia en ciertos temas no iría mal.

Pequeños asuntos se vuelven grandes, grandes temas se soslayan y el ciudadano que sigue el acontecer nacional por los medios usuales se encuentra, creo, bastante desconcertado.

No me parece que exista un gobierno con opinión monolítica, salvo que se trate de una dictadura donde todos cantan a coro movidos por prebendas o el miedo a perderlas. Lo hemos vivido desgraciadamente no solo muy cerca sino en carne propia.

Pero un gobierno-esperanza como este tiene que ponerse de acuerdo internamente para opinar de manera concertada. No puede ser que se adviertan las zancadillas y los empujones, que ocurren siempre, pero como dice el dicho: “Los trapos sucios se lavan en casa”. Gobernar es una aventura pero no se puede permitir aventureros. Esto, que puede parecer una paradoja, nos dice que gobernar a un país es en cuanto aventura, descubrir nuevas cosas, identificar necesidades y encontrar las soluciones. No se hizo el mundo de inmediato y cinco años de gobierno alcanzan muy poco para satisfacer ansiedades legítimas y muchas veces históricas. Pero las esperanzas alentadas en su velocidad, reclaman atención.

Lao Tse dice: “Los habilidosos son buenos para calcular; los que saben son buenos para prever.” Necesitamos un gobierno que prevea, que tenga hombres y mujeres que sepan, no que adivinen. Los gobiernos habilidosos los conocemos. Supieron calcular bien en su propio beneficio.

Este me parece el momento de hablar con una sola voz, no de jugar al “ampay me salvo”. Lo exige la esperanza y un país que quiere creer. Los caminos no son fáciles, el éxito de algo y del momento, requiere asentarse y fructificar. Tenemos que estar alertas todos y caminar pisando la misma senda para evitar desbarrancarnos, porque recordemos que mientras más arriba se llega, la caída es más larga, terrible y estrepitosa.

 

CONGA


Estoy seguro que los que lean esto tienen una opinión sobre el tema. Piensan de una u otra manera. En estos momentos y desde hace mucho tiempo todos somos bombardeados por información que proviene de dos lados concretamente y que busca polarizar la opinión pública: “O conmigo o contra mí”. El problema del cual Conga es solo la punta de un iceberg inmenso tiene mucho tiempo y decía en mi post anterior que siempre hemos estado entre dos fuegos y que cada lado tratando de llevar agua para su molino, ha ofrecido soluciones que lo que hicieron fue dejarnos peor que antes cuando optamos por una. Hoy, el “caso” Conga concita la atención popular y pone frente a frente, a las dos corrientes que irreductiblemente parecen negarse a conceder un milímetro. Para unos Conga es súper mala y para otros súper buena. Es el “todo o nada” como si estuviéramos jugando un póquer definitivo. Las voces que dicen que ni tanto ni tan poco en ambos lados, son acalladas por una grita física y una grita mediática. De pronto las razones no se escuchan y el justo medio desaparece para dejar dos opciones radicales: Agua u oro.

Se llega a decir que el oro no se come y que el agua no produce. Pienso que hay una equivocación básica en todo esto. Ambas opciones deben coexistir, en el entendido de una buena voluntad que facilite las soluciones sin vulnerar los derechos.

Se sataniza a la minería invocando lo que son a veces son generalidades y del otro lado se la ve como la salvación económica del Perú. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

Ambas partes antagonistas han de ceder un poco y llegar a ese justo medio que haga posible que ambos lados se beneficien: Un “win-win” debe ser el resultado.

La multitudinaria marcha por el agua ha sido respondida con ingentes cantidades de spots en televisión, especiales y el uso masivo de diarios y radio. Cada parte dice lo suyo de la mejor manera que sabe hacerlo, grita más con la esperanza de ser escuchada, pero nos encontramos ante un diálogo de sordos donde lo que falta es la escucha. El perdedor, como de costumbre, es el Perú. “Gane” el que lo haga, parece ser que nos atrasamos todos como país o defendemos a ultranza un agua que finalmente termina en el mar. Que Cajamarca tiene problemas de agua, no es novedad. Ahí está el antiguo Canal de Cumbemayo, que aminora la velocidad del agua por “golpes” llevándola de la vertiente del Pacífico hasta la del Atlántico,  de uno al otro lado de las montañas. Muy antigua la construcción que demuestra la necesidad de modificar la naturaleza y la inteligencia de encontrar soluciones: Ingeniería viene de ingenio.

¿Y por qué no se puede hacer lo mismo con lo de Conga? Digo, modificar lo necesario con el fin de crear beneficios para todos. Sé que el problema parece más difícil pero estoy seguro que es cosa de llegar a acuerdos: De dialogar.  Y para ello se necesitan siempre dos partes dispuestas a hacerlo. La situación me recuerda a la gráfica de los dos burros amarrados uno al otro y que teniendo de pastar frente a ellos, cada uno tira de su lado y ninguno de los dos llega, hasta que se dan cuenta que lado a lado, la soga no tirará y podrán comer el doble, de un lado y de otro del pasto.  La moraleja es bien sencilla: La unión hace la fuerza (y da ventajas).

Las ganas de salir triunfadores en la contienda, las ganas de hacer dinero del modo que sea, las ganas de no modificar nada y las ganas de ser notados, arruinan decisiones trascendentales que van mucho más allá de lo que me parece un falso ejemplo de “lo uno o lo otro”

Conga es un ejemplo de intransigencia por ambos lados y quiero creer que de buena fe también. Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones y que no es oro todo lo que reluce.

Confío en que ambas partes reaccionen poniéndose en los zapatos del otro y alcancen un acuerdo que traiga el futuro. Cajamarca lo necesita y el Perú si quiere ser considerado nación, también.

LOS CADÁVERES DE LA MEMORIA


Una noticia horrenda ha sacudido nuevamente la al parecer encallecida conciencia ciudadana. Un gran grupo de personas en proceso de “rehabilitación” falleció en San Juan de Lurigancho, víctima del fuego: Es decir, quemados o asfixiados.

Resulta que el tal centro llamado “Cristo es Amor” no tenía registro en el Ministerio de Salud y por tanto su existencia no era oficial sino oficiosa. En realidad esto vale poco para las víctimas, que ya no podrán protestar. Es un nuevo aviso que se nos da sobre los peligros de la informalidad. Una llamada de atención a quienes tras el aparente hacer bien, terminan creando un simple negocio que juega con las esperanzas de muchas personas.

Ahora se iniciarán investigaciones, se buscará a responsables y se prometerá vigilancia extrema y “tolerancia cero”. Unas autoridades responsabilizarán a otras, dentro un tiempo, las investigaciones, la búsqueda de culpables, la “tolerancia 0” y la responsabilidad irán a parar a la vía muerta de la indiferencia, al canchón que almacena las iniciativas. Formarán parte de esos cadáveres de la memoria, que ya no existen porque ella los borró. Y es que cuando algo así sucede, nos indignamos y como los fósforos, resultamos luz del momento. Pasó con “Mesa Redonda”, sucedió con el muchacho asesinado  del palco del estadio de Universitario. Sucede con miles de personas que mueren por mano ajena, sin saberse quien fue el asesino, porque parecen ser parte de una horrible pero real estadística que suele agitar a los medios que encuentran en las noticias sangrientas su modo de vender más.

La tragedia de San Juan de Lurigancho debería hacernos reaccionar y darle importancia a lo que en realidad la tiene. De otro modo, continuaremos siendo futuros integrantes de un conteo de muertos por violencia.  Una violencia que sordamente crece, junto con la indiferencia que convierte las tragedias en pan de cada día y acostumbra los ojos al horror. No sé si este es el síntoma de una sociedad enferma, pero lo parece: Una enfermedad que ha dejado de lado la solidaridad, la emoción, lo básico del ser humano convirtiendo a este en horda o en solitario autista. Escribo esto sabiendo que se ha escrito mucho, pero no puedo resistir el impulso de gritar y que mi grito llegue a alguien y sacándolo de su apatía. No tengo más solución a la mano y en el momento. No dejemos que esta sea un nuevo suceso para el olvido. Aquellos que perdieron a sus hijos, hermanos, parientes y amigos, saben a qué me refiero: Hay que buscar justicia, no la venganza. Corregir las faltas, no voltear la cara para no verlas. Alzar la voz para ser escuchado y oír la voz que clama en el desierto.

“CAVIAR Y VARGASLLOSISTA”


Algún pasquín de nombre olvidable, llama “caviar y vargasllosista” a mi amigo Lucho Peirano, Ministro de Cultura. Si ser amigo de Mario Vargas Llosa merece el título, Peirano lo es. Y si ser consecuente con sus ideas es ser “caviar”, Peirano lo es. Ciertas gentes que malescriben ciertas páginas no pueden perdonar que los que no tienen sus ideas, generalmente pagadas y azuzadas por la insaciable necesidad de tener más mordiendo por encargo, no tengan resquicios por donde colar nada. No expelan el olor a cadáver que otros dejan tras de sí.

“Atacar” adjetivando, es argucia conocida. Las dictaduras de uno y otro color y pelaje la emplean y sobran los ejemplos cuando además a los plumíferos les faltan no solo las palabras sino la razón misma.

Me ha indignado que crean que somos lo suficientemente estúpidos  que un apelativo tan manido como “caviar” y el tildar de “vargasllosista” a Peirano van a definir su personalidad.

Definitivamente están lejos del beluga y ni sueñan con escribir como nuestro Premio Nobel. Tratan de “elitizar” a Peirano, porque hace buen teatro, porque expresa opiniones mesuradas, porque exhibe una historia personal y profesional que ya quisieran como regalo de cumpleaños ciertos escribas y sus ocultos mentores. Hasta ahora no lo “atacaron” e intentan hacerlo para a través de palabras bobas que solo su mediocridad llena hasta la mitad de contenido, en el momento que es Ministro y tiene responsabilidades que pueden estar colisionando con un statu quo podrido y que infecta todo lo que su miasma toca. Estoy seguro que Peirano no le da importancia al hecho y como es su costumbre, sigue adelante. Si no fuera una verdad de Perogrullo, diría que “Ladran los perros, Sancho, señal  de que cabalgamos” (frase que NO aparece en “El Quijote”).

Escribo esto porque sé que él no lo haría nunca. Porque es mi amigo de hacen ya sesenta años, porque sé de él mucho más que los oportunistas a sueldo y porque estoy seguro que con muchos seres humanos como él, las cosas serían diferentes. Y eso es lo que no quieren los alquiladores de pluma que flotan en todas las aguas, especialmente en las de las cloacas.