¿ALGUIEN DIJO “¡BASTA!”?


BASTAMAFALDA.

Ojalá así sea y las cosas mejoren.

Estamos cansados de vivir en el borde y a eso parece colaborar todo: asaltos, delincuencia, “política”, farándula, vida “social”, los medios, el resquebrajamiento de las instituciones… Todo está de cabeza, patas arriba y parece que cuando nuestra brújula marca al norte es porque hay un imán atrayendo la aguja y nos engaña.

Ojalá que este “¡basta!” sea colectivo y logremos por fin mirar hacia todos los lados sin encontrar abismos. Ojalá que este “¡basta!” no solo encuentre eco sino llame a la acción.

Es tiempo creo yo, de reaccionar e impedir que se sigan aprovechando de nosotros, la multitud de “vivos” que sonríen para hacernos creer que no ha pasado nada.

¡Basta!” se escucha en medio de una población cansada de recibir más de lo mismo una y otra vez. Que el grito no se apague, crezca y se lleve, como agua furiosa, las inmundicias de este establo de Augías en que han convertido a mi patria.

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NADA MÁS QUE LA LEY…


 

LEX

…y el caos en que vive el Perú desaparecería.

Aplicar y cumplir la Ley son dos cosas que se evaden en este país donde todo parece andar patas arriba. Los delincuentes impunes son liberados por jueces que trampearon en sus estudios. El policía detiene al vehículo y sugiere que “se caiga con alguito” al conductor que hace un rato atropelló a un transeúnte que cruzaba por la pista sin usar el puente que estaba a dos metros y fue llevado a un hospital donde murió por falta de atención porque los médicos estaban en huelga porque no les aumentan sueldos porque el ministro dice…

Todo es así: encadenado; una cosa lleva a la otra y ésta a la de más allá. La Ley es eso que se enseña en las universidades y nadie hace caso. La Ley es letra muerta; asesinada por una indiferencia culpable donde todos, de rey a paje, buscan “sacar la vuelta”, disimular cuando están en flagrante delito y caminar silbando bajo.

Tenemos leyes por montones, acumulando polvo y telarañas, porque la Ley con mayúscula no se cumple y alrededor crecen como hongos “leyes” disparatadas

que declaran que el cielo del Perú se llamará Abelardo Quiñones, o la que reconoce a los emolienteros o aquella que ensalza el cebiche: la banalización total de algo que serviría para ordenas esta debacle.

Cumplir y hacer cumplir: dos palabras que con respecto a la Ley se desconocen, se soslayan u “olvidan”. El resultado es penosamente visible; tiene bandera, himno y escudo…  ¡Qué pena mi país!

 

 

¿APAGA Y VÁMONOS?


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A pesar de los logros económicos, la sensación de país (y al decir país, no solo me refiero a Lima) en camino urgente a una unidad de cuidados intensivos, no parece equivocada.

Dirán que “otra vez  con la monserga”, pero nada parece que se mueve hacia lo positivo, o por lo menos a conseguir la corrección de ciertos “errores”.

Ahora resulta que un partido político quiere ventilar sus “trapitos” a la vista y paciencia de todos. No basta con lo que aquí sucede y quienes debieran ser ejemplo de cordura, muestran, como se decía antes, “el forro”.

¿Qué le queda al ciudadano común y corriente al que asaltan y roban, al que estafan y engañan, al que han traicionado y ningunean? Parece que no le queda nada, y si es que como país llega vivo a la UCI, tal vez rezar para que se mejore.

La esperanza, dicen, es lo último que se pierde y por si acaso tengo un poco de ella conmigo, guardada en una caja de fósforos. No es importante ni llama la atención; espero el poder conservarla y que no me la quiten; así, esperaré el momento preciso para irla repartiendo. Ojalá esté a tiempo.

 

CORTINAS DE HUMO


SMOKE´S CURTAIN

Popularmente se habla de “cortinas de humo” cuando hay ciertas acciones que distraen la atención o impiden ver con claridad un tema principal.

En todo el mundo, estas cortinas aparecen cuando a los que tienen o creen tener la sartén por el mango, les conviene. No son privilegio exclusivo del Perú, pero pareciera ser que de un tiempo a esta parte hay un uso intensivo de ellas por estos lares.

El país está rodeado y navega en un mar de neblina, que se ve renovado a cada rato para que no decaiga. Lo curioso es que las fuentes emisoras son distintas, pero todas tienen la complicidad de unos medios que, yo supongo, poco avisados colaboran en el esparcimiento de brulotes e historias que convienen a los que no quieren que se conozca nada que pueda comprometerlos.

Las cortinas de humo aparecen y ni si el viento sopla se disipan, formando esa neblina de la que hablábamos y que sume al país en una realidad ficticia, en una irrealidad, digamos, que ni García Márquez, porque su realidad es mágica.

Este humo-neblina no solo desconcierta, sino que hace que se juegue a la “gallina ciega”, con resultados que nada tienen que ver con el juego ni con la diversión, aunque esta palabra se use a veces significando otra cosa: una “maniobra diversiva” suele ser distractora. Cuestiones de palabras y de interpretaciones, pero en el fondo (y cerca) las cortinas de humo tratan y las más veces logran, distraernos.

¿Cómo reconocerlas?

Es difícil que el pez identifique al agua; el aire no se nota aunque lo respiremos y estas cortinas de humo se han convertido en parte de nuestro acontecer diario. Por lo pronto sabemos que quien respira, probablemente se equivoque y pierda.

EX POST


 

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Viene de la locución latina ex post facto, o posterior al fecho. Es decir “a posteriori” o después de.

Eso es lo que sucede en el Perú; las cosas se hacen después de lo que debieran y se trata de “arreglar”, “parchar” o “componer”. En castellano antiguo “desfacer”.

El asesinato del señor Nolasco tuvo muchos antecedentes y los hilos parecen conducir a un solo punto, sin embargo el congreso (cada vez más en minúsculas), avisado por él mismo, en vez de averiguar, decidió “cerrar el expediente”, no atender el reclamo y aquí no pasó nada.

Ahora los fiscales (algunos), la policía y las autoridades competentes, lamentan no haber actuado antes. Todos lamentan y Nolasco es hasta ahora el último de una cadena de cadáveres que no importaron nada en su momento pero hoy pueden ser noticia.

Los mineros ilegales, donde se mezclan desavisadas gentes, delincuentes y aprovechadores profesionales, vienen siendo un problema que se dejó crecer y ahora que revienta con paros y marchas, es cuando se invoca el “diálogo”. Ex post: el daño ya está hecho.

Así sucede en todo. Nos acordamos cuando ya no hay remedio. Los “yo hubiera”, debíamos”, “ahora sí”  revolotean como moscas ociosas, pero nadie hace nada. Se habla de investigar y se archiva, se habla de imponer penas y se indulta, se habla de juzgar y se arregla debajo de la mesa. Y después nos quejamos mientras la prensa produce titulares y la TV  “especiales”.

Somos un Perú ex. Es decir, un país que no es.

EL PAÍS INFELIZ


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Según una encuesta, Perú es el país “menos feliz” de América Latina. Es curioso, pero parece que todo fuera “felicidad” aquí: la feria gastronómica “Mistura” rebosa de visitas, en vóley de menores y en fútbol ganamos experiencia, se alistan nuevos planes contra la delincuencia, lo informal en minas es “una mina de oro”, el frío de la puna promueve los abrigos y los chales de alpaca, el mercado regula y todo sube un mucho, puedes ser congresista así tengas “tapados”, los ladrones disfrutan sus robos sin prisas ni prisiones, si es que quieres llamar el celular te sirve pero para otras cosas… ¿No es un país feliz?

Vivimos la aventura de cruzar una calle, vemos telenovelas, concursos de patadas o de imitaciones (lo real sale caro); la crónica del hampa nos refresca las noches y el jardín del vecino sirve para mear.

Si tenemos de todo no sé por qué es que estamos al final de una fila: podríamos colarnos, nadie lo notará. Dicen en esa encuesta que no somos felices. ¿Felicidad? ¿Qué es eso si no puede comerse? Lo que pasa es que otros nos tienen mucha envidia porque estamos creciendo y nos sobra la plata para comprar “de marca” (aunque sea bambeada).

ATILA EN EL PERÚ


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“Serán tal vez los potros de bárbaros atilas, o los heraldos negros que nos manda la Muerte”

Cito a César Vallejo porque me viene a la memoria que donde el caballo de Atila pasaba, decían, no volvía a crecer hierba. Y la fotografía muchas veces expuesta de la realidad que vive Madre de Dios, es el retrato de como la minería ilegal convierte lo que fue un paraíso, en restos moribundos e inservibles.

Ayer oía a un señor que defiende a los causantes de esta atrocidad echarle la culpa al Gobierno y llamar mentiroso al Ministro del Ambiente. Decía que la verdad era otra y que Madre de Dios está lejos de Lima, lo que hace que aquí, en la captal, “no se conozca la verdad de las cosas”.

Ahora resulta que los delincuentes patean el tablero y amenazan: no al Gobiernos sino a todo el Perú.

No importa lo que pase, pero ellos protestan porque les hundieron sus dragas, tienen que pagar los impuestos, los “obligan” a formalizarse y a no continuar destruyendo.

Ellos protestan porque el Estado defiende a los peruanos: la foto, mil veces repetida del vergel convertido en desierto por la obra del hurto y la codicia, es la prueba de lo que están haciendo.

No se trata de humildes campesinos devenidos en peones de mina: una draga, un camión, maquinaria pesada para mover la tierra no están al alcance de cualquiera. Son verdaderas bandas mafiosas que operan con dinero ilegal para producir más dinero ilegal, arrasando a su paso lo que encuentran y sembrando la muerte en la tierra vacía.

El país debe defenderse y defender el terreno que pertenece a todos.

Es el Perú que crece o la minería ilegal, delincuente, corrupta, asesina, que mata y al hacerlo se enriquece y engorda pagando a quienes dicen que es posible tapar el sol con un dedo: escojamos.

Es cierto: Madre de Dios está lejos de Lima y como una plaga los bárbaros atilas en sus potros de muerte, creen que no los miran. Se equivocan: Atila no pasó y ellos, esperemos, tampoco pasarán. ¡Perú, despierta ahora!

 

Foto: ANDINA