DORMIR SOBRE LIBROS


Anoche se rompió la cama. De madera, probablemente no muy confiable en su construcción encargada al tío de una empleada, la venció el peso de los años y no las acrobacias que en ella pudieran haberse hecho.

Tal vez contribuyeron las volteretas de mi nieta que ahora, con catorce años pesa más que cuando tenía tres.

Posiblemente mi manía de leer echado y la de Alicia de ver TV acostada aumentaron las horas de uso normales de un mueble concebido originalmente para dormir.

El hecho es que anoche a éso de las 8 pm, la cama cedió y terminó con el lado derecho (si miramos de los pies a la cabeza) en el suelo. Escorado el colchón con su cargamento de sábanas, almohadas y edredón, como un barco golpeado por un escollo o al que la tempestad obliga a inclinarse merced al agua introducida debajo de cubierta.

Sentí el golpe. Alicia, al sentarse, había propiciado el puntillazo final a la ya endeble madera sujetada por clavos y seca cola que soportaba las tablas que a su vez servían de base al colchón.

Además de la risa, nos organizamos para tratar de solucionar el asunto, pues de lo contrario alguien tendría que dormir sobre los sillones de la sala. Fue entonces cuando la literatura vino en auxilio.

Cientos de libros fueron trasladados de los estantes del escritorio y alineados cuidadosamente de acuerdo a tamaños, en filas compactas dentro del marco de la cama. En esta tarea de lleva y trae colaboraron todos. Quienes llevaron la peor parte fueron Alicia María, que acomodaba y Christian, su amigonovioenamorado que cargaba y colocaba (con el agravante del polvillo que requirió una nebulización para sus pulmones asmáticoalégicos). Daniela ordenaba y dirigía las operaciones.

Mientras tanto yo seleccionaba los libros, empezando por las enciclopedias grandes y lamentándome por haber vendido la mayoría de las colecciones mayores (algunas leídas y otras sin hojear siquiera) que habían ido haciéndose sitio en el escritorio de modo casi automático gracias a diversas promociones de diarios especialmente. Me deshice de ellas porque ocupaban lugar, porque nadie las visitaría nunca para buscar un dato con Internet a la mano y porque, francamente, necesitaba el dinero que aunque poco, ayudaba, pues hay momentos en que “todo trigo es limosna” como reza el dicho.

Elegía pues los libros y cuando los de tamaño grande y pesado fueron colocados en su lugar provisional, seguí con otros cuidándome de no poner aquellos que uso profesionalmente o algunas novelas no leídas y otras con planes inminentes de re lectura. No se trataba pues de actuar a tontas ni a locas. La selección era importante, porque de otra manera hubiera sido muy incómodo buscar una cita para mi próxima clase, sacando el colchón, las tablas que lo soportan y desarmando la base tan cuidadosamente organizada (pero sin haber listado el orden de los volúmenes colocados allí para ulteriores emergencias lectoras).


Así, una horas después y con dolor de espalda, los artesanos de la literatura como soporte terminaron su tarea. Quedó una base sólida, con millones de letras esperando la hora del sueño.

Anoche comprobé varias cosas: que la literatura es más útil de lo que uno piensa; que los libros pueden soportarlo todo inclusive los sueños y que definitivamente son una buena base.


Dormí soñando con una curiosa mezcla del viaje de Bilbo Bolsón hacia un Mordor formado por la Habana para un infante difunto y el África de Kapuszcisnki. Eran guías Robert Graves y Pedro Salinas.

Felizmente no tuve pesadillas. Creo que no había nada sobre matemáticas en el soporte libresco.

OTRA VEZ ZORPIA


ES LA SEGUNDA VEZ QUE “ZORPIA” SE APODERA DE MIS CORREOS Y HACE UN ENVÍO MASIVO INVITANDO A SUSCRIBIRSE, EN MI NOMBRE.

ESTE ES UN VIRUS QUE SE VOLVIÓ A COLAR EN LA COMPUTADORA. PIDO DISCULPAS A QUIENES LEAN ESTO Y LES LLEGARA ÉSE CORREO. YA LIMPIÉ LA COMPUTADORA, PERO NADIE SABE.

MIL GRACIAS!

MANOLO

LA CUMBRE.


Este artículo ha sido publicado el 16.05.008, en el diario “El Tiempo” de la ciudad de Piura.

La cumbre (desde el llano).

Manolo Echegaray

Acerca de la cumbre todos escriben.

Y eso está bien. Debemos saber qué está pasando (aunque a los periodistas les dan la información sin dejar que vayan a buscarla) y para qué sirve, además de recibir visitas importantes.

En Lima, autoridades y personajes se preocupan por explicar los beneficios. Pero para el vecino promedio ha significado atascos monumentales de tránsito, imposibilidad de movilizarse normalmente, levantarse más temprano para llegar a tiempo al trabajo y un feriado largo que resultó ser sólo para empleados estatales.

El ciudadano de a pie refunfuña y las voces oficiales u oficiosas explican y piden comprensión.

Me digo si esta cumbre no estaba prevista desde hace tiempo.

Como muchos no entiendo porqué se hacen cosas a última hora como para juntarlas y crear problemas.

¿Era necesario reparar TODAS las pistas a la vez? ¿Esperábamos quizá que TODAS estuvieran listas para esta cumbre? ¿No será que nos tratan como a ciudadanos de última y que importa más “la imagen” que nuestra ya vapuleada tranquilidad? ¿O es que TODO estará listo para la APEC de noviembre y que esta cumbre es sólo un ensayo general?

Sé que de inmediato surgirán los argumentos y rebatirán lo que pienso.

Bueno, cada taxista que me lleva y persona con la que converso, están incómodos.

Es decir que hay que rebatir lo que mucha gente piensa y dice. ¿No hubiera sido mejor prepararnos antes? ¿No será bueno tener la casa SIEMPRE limpia y no barrer justo cuando las visitas están llegando?

Creo que al vecino común y corriente no sólo hay que darle explicaciones y futuros. No sólo posar para la foto y el “manejo de imagen” jugando para los palcos y occidente. Nuestro estadio también tiene Oriente y Popular.

Además, si bien muchas reuniones se han descentralizado, el Perú es muy grande y los problemas agudos están, como siempre, en las provincias.

Lejos de las comitivas y los cierres de calle; alrededor de minas y campesinos que “no la ven” aún; que están esperando desde hace siglos que también el progreso sea para ellos y no lo vean pasar nada más por carreteras que muchas veces existen sólo en los buenos deseos y la imaginación.

Es en los pueblos olvidados donde el frío mata gentes y animales que están los problemas. Es en los maestros que no están suficientemente capacitados para serlo –y nadie enseña lo que no conoce, ni da lo que no tiene- que están los problemas.

En Lima se realiza la cumbre y en las cumbres peruanas, detrás y debajo de ellas hay una población que Rosa María Palacios calificaba de “invisible”, refiriéndose al limeño inexistente para los visitantes extranjeros.

Es buena la cumbre. Traerá beneficios.

Pero estos tienen que llegar allí donde el tiempo parece haberse detenido y lo moderno es una radio a pilas que no capta sino estática. De otro modo la cumbre sólo servirá para aislar más a los que están del otro lado, porque resulta dificilísimo (y eso cansa) que el progreso suba el cerro.

http://www.eltiempo.com.pe/eltiempo/opinion.html

TONY


“Tony” así le decíamos a mi madre, cuyo nombre fue María Antonieta.

Sus hermanos le decían “zambita”y mi padre “chiquita”.

Hoy, que es un día señalado para recordar, aunque la fecha se haya vuelto casi exclusivamente comercial, Tony no estará sentada a la mesa, como tampoco Manuel Enrique, mi padre.

“El Joven Erique y la Niña Tony” les llamaba Lucho Peirano.

Ambos caminaban por Barranco tomados de la mano con sus bodas de oro matrimoniales ya cumplidas. Caminaban, como lo habían hecho siempre, compartiendo la risa de Tony y la seriedad divertida de Enrique.

Así los recuerdo: tomados de la mano, hasta que tuvieron que separarse; cumpliéndose el deseo de mi madre, que él partiera antes porque era poco práctico y sin ella hubiera seguramente naufragado en las minucias.

Entonces quedó Tony, “La mariscala” a decir de los tres hermanos y sus nietos. Porque todo lo tenía en orden. Porque sabía decir no. Porque lograba lo que se proponía. Tony vino a vivir a la casa y volvimos a compartir momentos, músicas y conversaciones. También compartimos los silencios de su enfurruñamiento y mis bobos desplantes mudos.

La niña Tony ya no tenía al joven Enrique, salvo en la memoria. Sus tardes eran largas y su ver televisión solitario aunque estuviese acompañada. Las dos camas que yo siempre vi juntas porque cada uno respetaba el espacio del otro hasta en éso, ya era una sola.

Tony era la memoria de la familia. Ahora que no está y sus hermanos tampoco, los rostros de las viejas fotografías han perdido parentescos y nombres. Las guardo en álbumes y sobres como parte de ésa historia que sólo puede ser adivinada. Guardo las fiestas de carnavales en la casa de la calle Santo Domingo en Arequipa, los paseos por San Miguel en Lima, los multitudinarios Congresos Eucarísticos, los amigos posando en playas de piedras. Guardo los días luminosos y las sonrisas.


También están los cuadernos con los poemas que mi padre le escribió siempre. Hay uno, de tapas duras, pintado a mano que dice: “El Caballero de la Blanca Luna”, con un escudo y sus iniciales. Y revisando tantos años después los papeles que conservo de ambos, encontré borradores corregidos cien veces, mensajes y notitas. Todo en sobres, donde Tony guardaba al Joven Enrique que se fue de su vida el año 85.


Hoy, que es día “oficial” de recuerdos maternos, no puedo evocar a mi madre sin mi padre. Porque están juntos desde ése 31 de diciembre en que se casaron. El Joven Enrique y la Niña Tony. El serio ingeniero y la palomilla que trepaba árboles.

Están mucho más que en mi memoria. Están en lo que soy y no tienen la culpa de todos mis errores porque me lo advirtieron; pero uno, capitán de su lancha, toma las decisiones y a veces a pesar de las señas se equivoca y encalla.

Hoy es el día de la madre. Para mi, los días, todos, son de Tony y Enrique, por supuesto.

JULIO ROMERO VISCONTI


Estuve buscando una fotografía de mi amigo Julio para ilustrar este post, pero todas las que tenía desaparecieron cuando mi laptop perdió la memoria. Entonces me di cuenta que mis recuerdos eran mucho más poderosos que una imagen y decidí que Julio merece mucho más que una fotografía que lo retrate.

Con Julio nos unían muchas cosas: la lectura omnívora, el whisky, la conversación, la risa y la profesión. En realidad nos unía algo que lo resume todo y que se llama amistad.

Hace muy poco escribí un post sobre el aniversario de Cine70 y Alfonso Maldonado. Y es así que miro la vida y encuentro que soy verdaderamente rico en amigos y me siento muy feliz de que así sea y que ellos sean hombres y mujeres buenos que aún están por aquí o se fueron adelantándonos.

Nos reuníamos en el Haití de Miraflores, a fumar, leer noticias y tomar café, todas las mañanas de lunes a viernes, temprano, mientras el fué Presidente de McCann Erickson y yo Director Creativo de JWT. Éramos competencia y nunca hablamos de negocios, porque ésos quedaban detrás de las puertas de nuestras oficinas; la de él cerca al mar y la mía con vista al zanjón.

Es curioso, pero hablábamos muy poco, respetando cada uno el silencio del otro, con sólo algún comentario a sucesos que nos parecían destacados. De 8 a 9 de la mañana compartimos por varios años el silencio y el ordenar mentalmente nuestro día .


Luego, mucho después, nos uniría aún más el IPP, que con Alfredo Goitre sacaron adelante. Allí, en 1985 empecé haciendo mis primeras armas como profesor y compartiendo con los amigos ésa maravillosa aventura que es enseñar.

Podría escribir tanto sobre Julio; su humor, sus indirectas, su amor por la familia, su bonhomía, su apasionamiento, su divertida terquedad y su maravilloso don de gentes. Podría llenar carillas con anécdotas que nos hicieron reír tanto, con las noches pasadas con más de un whisky en mano al calor de la chimenea de su sala, con las historias del “Pedacito de cielo”, el Dodge azulino que McCann le daba.

Es que Julio era Julio y será Julio para siempre. Para mi es el amigo que hace falta, el conversador incansable, el consejero acertado y el escucha atento.

No quiero dejar de recordarlo como era. Porque aún con su bastón de los últimos tiempos, su dificultad para caminar -él, caminante incansable- y los problemas propios de una enfermedad que avanzó hasta llevárselo, Julio era el aliento mismo de la vida.

Julio, tus amigos te recuerdan. Yo además te extraño.

CINE70 CUMPLE 38


COMO UNA COLT 38, CINE70 CUMPLIÓ RAPIDÍSIMO 456 MESES

El domingo fue el aniversario 38 de Cine70.

Que es decir casi lo mismo que el aniversario de mi amigo Alfonso Maldonado.

Porque –y que me perdonen todos los que integran la compañía- Cine70 es él.

Nuestra amistad data de cuando Alfonso trabajaba en Telecine con Monsieur Henri Aisner, junto a Manolo Valdivieso, Nico Smolij y Carlitos Arana.

Tiempos del blanco y negro en TV y de mis pininos como “modelo” acompañado por amigos del TUC como Jorge Chiarella, Raúl Urrutia, Regina Noriega, Alicia Villavisencio y tantos otros que veíamos la posibilidad de divertirnos y hacer un poco de soles para parchar nuestra economía universitaria siempre escasa.

Allí, haciendo de cantinero de los años 20, extra en comerciales de bebidas gaseosas y comedor de panqueques, fui baleado, di vueltas interminables en una silla voladora, sonreí, repitiendo mil veces la sonrisa después de haber comido el producto estrella y me atiborré de bebida gaseosa hasta que casi se me salía por las orejas.

Allí. Alfonso, Nico y Manolo hacían la magia que nosotros mirábamos en películas que muchas veces ni se pasaban en la televisión peruana porque iban al Ecuador. Allí, con esos entrañables amigos recién hechos se reafirmaron mis ganas de hacer publicidad y estar “del otro lado de la cámara”. Diría que Alfonso fue determinante en mi carrera que ahora está por cumplir cuarenta años.

Podría escribir tanto sobre mi amigo Alfonso que tendría que dividir el tema por capítulos o darle forma de historias para componer un libro. Porque el sinnúmero de aventuras pasadas en conjunto, que estoy seguro es también patrimonio de muchos otros creativos peruanos, ecuatorianos, colombianos, bolivianos, argentinos y gringos (por no seguir extendiendo la lista) es incontable.

Con Alfonso y Carlos Montesino cuando era gerente de INAPU (Instituto Nacional de Publicidad), desarrollamos a Toshi como personaje para la marca NATIONAL y nació “Achica Precio”.

Con Alfonso viajamos por la selva y filmamos de noche un otorongo negro que se escondía en su jaula cada vez que las luces se encendían, atrayendo a todos los insectos voladores de Pucallpa.

Con Alfonso y su equipo llegamos a Paracas para filmar las escenas de un comercial de cerveza y con la modelo subida en una duna frente al mar y todo preparado, descubrimos que el lente necesario para ésa toma se había quedado en Lima y hubo que viajar a recogerlo.

Con Alfonso, Javier Ferrand, Lorena Oxenford y Claudia Llona matábamos el tiempo en las noches calurosas de la selva en el comedor de un hotel que aún se llama Ruiz y que nosotros motejábamos “RUITZ”, porque era el único con aire acondicionado disponible. Allí comíamos helado de vainilla bañado con generosas medidas de whisky.

Fue con Alfonso con quien hicimos los primeros comerciales en video tape a color, cuando el asunto de las películas se volvió prohibitivo por los costos y los clientes querían las cosas “para ayer”.

Fue a Alfonso a quien Lee Pavao, ése gran tipo gerente de JWT, invitó a Sao Paulo para mostrar lo que hacía en video y que nadie podía creer (en ésa época) que no era cine lo que veía.

Dirán que yo exagero. Pero si continuara con las anécdotas, la desmesura de las situaciones y lo risible de muchas de ellas harían aún más inverosímil este relato.

Y es que Alfonso es así: desmesurado. Enorme en sus amistades y afiladísimo en los comentarios. El chiste a flor de labios, el truco mágico sacado de la manga y ésa increíble capacidad para trepar, navegar, volar, bajar, hacer equilibrio, motivar, hacer reír o llorar y encontrar soluciones impensadas siempre con la cámara en la mano.

Gracias Alfonso por todos estos años.

Por haberle dado a nuestra publicidad un apellido que los Maldonados nuevos llevan adelante. Porque a todos ellos, incluso a Sergio que no está en la chamba, supiste dar el ejemplo de hacer bien lo que a uno le gusta y hacerlo a pesar de las dificultades, los tropiezos y los colerones.

Son cuatro los que están metidos en esta profesión tuya. Con la valla puesta lo suficientemente alta como para que tengan que esforzarse por ser los mejores. Puesta por un enamorado del cine y la publicidad que lo único que quiere es hacer mejor su siguiente comercial.

Son muchos años y muchas personas en tu historia de hombre de cine. La importancia que tienes en mi pequeña vida y carrera es mucho mayor de lo que, estoy seguro, tú mismo crees.

Alfonso: elicidades por el tiempo pasado y el que está por venir.

Tito


Tal vez debería dejar esta página en blanco.

En blanco porque Tito Vásquez de Velasco cuyo espíritu era verdaderamente blanco, se ha ido.

Dejó de luchar contra las altas y bajas de una enfermedad que enfrentó con su sonrisa y valor de siempre, para finalmente descansar un cuerpo deportista ahora magullado.

Tampoco iré a su velatorio ni a su entierro. Mis condolencias a su esposa Chantal, a Valerie y a Patrick, sus hijos. No los acompañaré porque prefiero recordar a Tito como siempre fue y no soportaría ver a mi compañero irse. Me imaginaré que anda por Canadá, aunque en realidad esté allí donde todos nos vamos a reunir más tarde. Él sólo llegó antes para separar sitio y tener la mejor vista.

Chau Tito, nos veremos pronto. Gracias por ser como has sido siempre. Gracias por ser amigo, por sonreír, por ser fuerte. Gracias de veras porque tu ejemplo nos hace sentir mejores y estoy seguro que nos alentará a serlo.

Saluda al Griego y a todos los amigos. Te queremos mucho.