BASURA IRRECICLABLE


BASURA IRRECICLABLE

Los políticos peruanos, aunque alguno se salva, son como las bolsas de plástico: sirven finalmente para que llenas de basura sean a su vez basura que tarda años en desintegrarse y contamina el medio ambiente, envenenándolo y acelerando su destrucción; son como esas islas artificiales de deshechos de plástico inmutable, que flotan en el océano ahogando la vida y son finalmente como esas enfermedades incurables que únicamente la muerte puede detener.

 

No es que proponga matar a los políticos, pero como en el caso de las bolsas plásticas en algunos países, habría que prohibir su uso y reemplazarlas por otras de material no tóxico y que pueda, cumplido su ciclo de uso útil, desaparecer.

 

Sin embargo, la población peruana sigue botando su basura usando las inmediatamente prácticas pero mortales y malditas bolsas plásticas, así como también sigue eligiendo y reeligiendo a políticos-basura que nos llevan a situaciones límite como esta que vivimos; esos políticos que son irreciclables, que siguen pululando, contaminan el aire y producen el miasma fétido que nos ahoga como país.

 

Imagen: http://www.bolsec.com

AL PEOR MODO TRUMP


AL PEOR MODO TRUMP

La justicia peruana, esa con minúscula y que tiene entre sus miembros a delincuentes que hoy están en la cárcel, personajes que se agarran con uñas y dientes de su puesto porque se saben políticamente protegidos a cambio de silencios cómplices o favores dolosos ha hecho otra vez mérito para quedar al nivel de la primera grada de la escalera de acceso al palacio de Justicia (pongo aquí mayúscula, porque se trata de esa Justicia abstracta, de esa idea que se tiene de la Justicia y que poco se condice con lo que aquí tenemos) con una orden de “prisión preventiva”, ese manido, nefasto y peligroso recurso que usan ciertos fiscales y corroboran algunos jueces para darse el tiempo, que las más veces se prolonga de modo verdaderamente inmoral, de acopiar pruebas y acusar definitivamente.

 

Lo que ha hecho ahora, es lo mismo que el mundo horrorizado vio que hacía el –por llamarlo de alguna manera benigna- insólito presidente de los EEUU, Donald Trump, al separar a los niños de sus padres, porque estos tenían la condición de ilegales en el país del norte; aquí han hecho lo mismo, después de detener en el aeropuerto a una pareja de ciudadanos chilenos que volvían a su país después de pasar por un largo proceso médico para poder tener hijos.

Los acusaron de tráfico de menores porque llevaban con ellos a los mellizos que había conseguido engendrar el padre en una mujer que un poco despectivamente se le llama “vientre de alquiler” y que legalmente puso su capacidad de concebir al servicio de esta pareja; detenidos, fueron derivados cada uno a un penal (en virtud de la malhadada “prisión preventiva”), separándolos de sus hijos, niños que fueron derivados a un albergue del INABIF.

 

Una Trumpada absoluta, abyecta y vil: ni siquiera permitieron que la prueba de ADN corroborara la paternidad del ciudadano que reclamaba ser el padre;

Les importó un carajo el mínimo tema de humanidad y desde sus escritorios “aplicaron” justicia (otra vez, con minúscula); toda la ciudadanía, alertada por los medios de comunicación protestó por el inhumano atropello cometido y 15 congresistas firmaron una petición en contra de este despropósito.

 

El Defensor del Pueblo también ha elevado públicamente su voz para que esta estupidez se corrija de inmediato, logrando que se realice la prueba de ADN al padre y a los mellizos (que dicen estará lista en 24 horas); supongo que a estas alturas el joder jodicial (la “j” y la “o” aquí no están por error o casualidad), con el rabo entre las patas recula, haciendo lo que no hizo o debió hacer antes de hacerse el veloz para “mejorar la imagen de la institución” (con estos “amigos”… ¿quién necesita enemigos?).

 

Vamos de mal en peor, a pesar de las buenas intenciones de algunos y es que la corrupción y la estupidez son dos cosas muy difíciles de erradicar; finalmente y para terminar, diré lo que dicen de estas lacras: si volaran, sería siempre de noche porque taparían el sol.

 

Imagen: Reuters

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS


EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

El famoso tríptico pintado por El Bosco (Jheronymus van Aken) me viene a la mente cuando trato de escribir sobre lo que sucede en el Perú con la corrupción,  esa lacra cancerígena que hace metástasis en nuestra sociedad; en esta extraña pintura se muestran escenas y personajes monstruosos, surrealistas, oníricos, paisajes extraños y en general es una especie de resumen visual del Mal, con mayúscula, ente otras muchas interpretaciones…

 

Ya lo he dicho más de una vez y no soy el único: todo está trastocado, de cabeza, patas arriba; la corrupción flota, apesta y se ve: como la mierda misma.

 

Corrupción judicial, legislativa, política, empresarial, personal, privada, pública…: corrupción sin tregua, que anda por los rincones, bajo las alfombras, dentro de los cajones y en los archivadores, en sobres, en bolsillos, billeteras y carteras; a la sombra, en la oscuridad y a pleno sol, callada o ruidosa, en teléfonos, e-mails y en WhatsApp…

 

Corrupción que es vieja como la Historia del Perú antes de llamarse Perú, cuando los líos de Huáscar y Atahualpa aliaron a uno con los invasores en contra del otro y lo apresaron y pidieron rescate y lo pagó y lo mataron…; corrupción que se pierde en el tiempo y se muestra actual, activa y por lo que parece impune con la impunidad que consiguen el dinero y el silencio comprado, el silencio de los muertos, la desidia, el olvido (natural o provocado)…

 

¿Es esta una enfermedad anciana e inmortal?

¿Alguien podrá encontrar la cura, el antídoto, la solución para este ancestral problema?

 

Tengo muchas preguntas y ninguna respuesta; tal vez suene fatalista, pero cada salida parece tener trampa.

 

Dicen que el Perú es más grande que sus problemas, pero a mí me parece somos “poquita cosa”; nos dicen “no te preocupes, hermanito; nadie se da cuenta… Déjalo así nomás…  ¡aquí no pasa nada!”.

PREMEDITACIÓN, INIMPUTABLE,IRRESPONSABLE, FUERA DE SUS CABALES, OBNUBILADO…


PREMEDITACIÓN...

Son palabras que hace muy poquito han aparecido en prácticamente todos los medios dando o comentando la trágica noticia del atentado contra una joven mujer en un bus de servicio público a la que un sujeto le roció gasolina y prendió fuego, hiriendo de la misma manera a otros pasajeros del vehículo, para escapar luego en medio de la confusión generada.

 

La policía detuvo a un sospechoso al que todo parece señalar como el autor aunque él lo niegue; los detalles de este repudiable suceso han sido dados en extenso y no creo que deba abundar aquí con su mención que a fuerza de repetir puede tornarse en morbosa.

 

Se ha dicho que es un loco el autor, un insano mental, alguien inimputable legalmente; que su irresponsabilidad sería fruto de un desorden o enfermedad mental, que “no estaba en sus cabales” y mucho más: sin embargo no me parece que nada de esto sea cierto cuando su acto criminal demuestra una premeditación (subió en el mismo bus que la víctima, llevaba combustible en un envase y fósforos) que no es propia de situaciones de enfermedad mental; por desgracia se tiende a acusar de locura un acto de esta naturaleza lo que da pie para que el perpetrador intente acogerse a una enfermedad que lo hace irresponsable de sus actos, los que no pueden ser tipificados como delito.

Posiblemente, si aceptara su autoría, el imputado declarará haber estado “obnubilado” -que es un estado de conciencia en el que la capacidad de vigilancia de una persona está disminuida- por algo como los celos, a modo de evasión de su responsabilidad…

 

El hecho, terrible y lamentable, demuestra crudamente que la sociedad mira, se espanta, comenta pero no parece tomar ninguna acción salvo esporádicas intervenciones eficaces de la policía que no sea la protesta; ¿es que instituciones como el poder judicial no están hechas para velar por el ciudadano y asegurarle protección frente a hechos como estos? ¿Se espera que se asesine a alguien para actuar?

 

A ver si un doloroso remezón como este hace que desaparezca este letargo peligroso y yo diría que culpable, aunque lo que sucede con Arlette Contreras…

 

 

Imagen: altavoz.pe; fuente: Jackeline Fowks/Twitter

LOS BIZCALES Y LOS FUESES


mono

Unos no parecen ver bien y los otros no son.

Lo tremendo es un resultado que redunda en desmedro, perjuicio, detrimento y desastre para la población. Esa población que en Lima, por ejemplo, teme salir a las calles, asomarse a la puerta de sus casas y llevar una vida normal, porque el peligro acecha y cuando el peligro es momentáneamente conjurado por la policía, el asunto es tan momentáneo que instantáneamente vuelve a ganar las calles, inexplicablemente liberado. Una terrible cifra dice que el 95% de los delincuentes capturados en dos meses en Lima, han sido liberados porque los “bizcales” no ven bien y los “fueses” no son.

Y es a la policía a la que se le responsabiliza de esta situación. A una policía que cumple con su deber y que se indigna con lo que está pasando. A una policía que ve que su trabajo queda trunco, que lo realiza con riesgo de la vida (hay policías muertos en acción protectora de nuestra sociedad), y se estrella contra una justicia que por ser ciega ha perdido el camino.

Esto no puede ser posible. No puede suceder, pero sucede. Si te vi, no me acuerdo; tampoco vi las pruebas y no puedo juzgar si no hay acusaciones. La pelota rebota y se sopla la pluma: nadie tiene la culpa; ni “bizcales” ni “fueses”.

Hoy vemos aterrados como, quien debería responsabilizarse,  sale por la tangente, mira para otro lado y queda tan tranquilo.  Algo más anda mal en el país. Algo que suma y sigue. Decirlo no es noticia y afirmarlo avergüenza. Mientras tanto hay que sortear las balas, no salir por las noches y cuidarse en las calles. Los delincuentes saben que cuando los detengan, no les pasará nada; saldrán libres al toque y hasta el próximo asalto.  No servirá de nada la flagrancia, ni todas las imágenes que se ven en TV; la impunidad campea y a veces uno piensa que es que detrás hay algo: “padrinos”, “mermelada” o ve a saber qué cosa.

Es tiempo de parar esta ola maldita, este tsunami mortífero y turbio; que los que son ciegos lo vean y que los sordos lo oigan. ¡Que se cumpla la Ley!  Necesitamos jueces y fiscales valientes, que se jueguen enteros por hacer su trabajo. Tenemos el derecho, porque somos peruanos, ciudadanos  y humanos. Estamos absolutamente hartos.