EL QUE SABE, SABE.


Aunque este post tiene su tiempo (cronológicamente hablando), su vigencia para el presente y el futuro es decisiva. Yo tampoco tengo nada en contra de aprender, pero nada, nunca, reemplazará a la creatividad; si no la hay, estamos ante un “tunde teclas” y no un escritor.

 

a través de No hagan caso de los talleres literarios.

CRIMEN Y CASTIGO


 

NIÑO AGREDIDO

El autor del maltrato al niño , ha sido detenido “preventivamente”, para ser acusado oficialmente de un hecho que conmocionó a la ciudadanía y que tuvo como testigos-acusadores a personas muy dispares, que usando la tecnología unos y otros dando testimonio personal de los hechos, han logrado que la palabra solidaridad no sea solo el nombre de un partido político, sino que la han cargado de verdadero contenido, demostrando que algo cambia en este Perú que parece mirar para otro lado cuando hay problemas.

La valentía que se demostró al grabar las imágenes con un teléfono celular, “subirla” de inmediato a las redes sociales y asentar la denuncia en la comisaría, es la luz de esperanza que se enciende para alumbrar en algo la noche oscura de nuestra realidad. Rápidamente, la respuesta ha sido multitudinaria y poco a poco los anonimatos van quedando de lado frente a un ejemplo que tiene nombre y apellido.

Esta es una muestra muy pequeña del poder que tienen los ciudadanos. No es “ejercer justicia por mano propia”, castigando sin más, sino usando los mecanismos de defensa que nuestra sociedad ofrece. Puede parecer poco frente a monstruosidades, pero es lo que tenemos y hay que usarlo.

Eso sí, la valentía ciudadana merece una Justicia justa, pero rápida.

RECUPERAR LA INFANCIA


INFANCIA

De un título del gran Fernando Savater*, extraigo el mío para este post. Recuperar su infancia es una tarea que cada adulto tiene que emprender.

Es un trabajo que busca entre los recuerdos y trata de quedarse con los que construyen: con mañanas luminosas, con alegrías que caben en la mano, con el calor de las sonrisas, con un cielo sin nubes, con el sabor opaco de un helado de lúcuma. Recuerdos que llevan de la mano a visitar los vericuetos de la memoria y encuentran al Corsario Negro y  Sandokan junto a Phileas Fogg, cubiertos con el polvo del olvido. Encuentran días de lluvia que dejaron charcos en el patio, en los que uno salta. Recuerdo de sorteos de tómbola, de seguir a las gaviotas por la playa de arena y apagar la luz porque ya es tarde y mañana es lunes. Recuerdos de un verano de colores y del olor maravilloso que despide algo recién horneado, inundando la casa.

Recuerdos de amigos y de risas, de columpios y juegos. Recuerdos que nos devuelven a un tiempo que se creyó perdido, pero vive. Basta con evocarlo y pronunciar las palabras exactas del conjuro. La infancia volverá, la recuperaremos si sabemos buscar.

*Fernando Savater: “La Infancia Recuperada”.

SIN VALOR ALGUNO


 

TIRO

Atraparon a tres adolescentes que iban a matar a una mujer. Todos los medios en Perú lo han publicado y se ha comentado extensamente, recabando la opinión de especialistas. El hecho de por sí no solo es chocante y parece salido de una mala novela, sino que retrata una realidad que no queremos ver y que sin embargo es común.

El hecho salta a los titulares, porque en un país donde el sicariato resulta cosa corriente y una manera de ganarse la vida que los asesinos por encargo sean menores de edad, hace sonar un timbre de alarma sobre el modo como construimos la sociedad. Se dirá hasta el hartazgo que lo sucedido no es posible en una sociedad que se tome por tal; que los culpables son los padres, la situación, el desamparo, la ambición, la falta de escrúpulos… Todo está bien y es cierto, pero la raíz, creo yo, es la falta de valores que poco a poco nos invade. Si el valor supremo que es la vida no vale nada o “un sencillo”, no habrá ningún otro del que echar mano.

Ni las penas más duras arredran a quienes infringen la ley y el tema de hacerlo no es privativo de los delincuentes comunes. Lo vemos a cada rato. Somos testigos de un veloz desmoronamiento que no distingue nada.

Los adolescentes-sicarios son un síntoma de la tremenda enfermedad que sufre el Perú: se ha desvalorizado todo.

Es algo que debemos enfrentar porque el asunto no da más. El médico nos dirá que el remedio está en nosotros y aunque la curación sea lenta y trabajosa, hay que empezar ahora.  “Sembrar valores” tiene que dejar de ser una frase y convertirse en algo cotidiano y general. Cada uno de nosotros, los peruanos, tiene la responsabilidad de hacerlo.

VIVIENDO EN LA ÉPOCA DE LA CARRETA


RUEDA

Ya van dos artículos en el diario “La República” donde un columnista, bloguero e internauta notable por más señas, demuestra que el JNE, que debería entre otras cosas garantizar que las elecciones sean transparentes y confiables y se declara impotente de verificar las hojas de vida de todos los candidatos: es mucho, es sobrehumano, es imposible vive en un pasado remoto. Es cierto, en un país donde en muchas comisarías todavía se usa la máquina de escribir, chequear los datos de miles de aspirantes “a mano” (leyendo uno por uno), es una tarea diabólica, nigromántica, mágica.

Incluso se ha pedido el concurso y buena voluntad de la ciudadanía para las denuncias respectivas de encontrarse ilícitos. Es decir, dependemos de la “buena voluntad” y del azar para estas elecciones. Se alegará que no hay plata, la falta de personal y de tiempo, la inmensidad casi navegable de información por verificar…  Se pondrá el parche antes que salga el chupo; se pedirá disculpas por anticipado para seguir conduciendo la carreta al paso cansado de un caballo viejo mientras pasan, remolineando polvo, veloces automóviles.

¿Por qué el JNE y tantas otras instituciones no caminan al paso que debería caminar un Estado moderno?: por desconocimiento, es una respuesta; por desconfianza (hija del desconocimiento, ayuntado con la ignorancia) otra. ¿El resultado?: esto. Sin embargo hay soluciones que cuestan cincuenta centavos (el periódico)  y una llamada por teléfono: pero no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni sordo que el que finge no oír. Es un programa de computadora la solución en este caso.

¿Por qué a los que saben no los llaman, ni los escuchan o consultan? Ganaríamos todos y la carreta iría como decoración. ¿El caballo?: está viejo y merece jubilarse.

ES MÁS FÁCIL DECIR “JAU!” QUE DECIR ¿ “CÓMO HAS ESTÁU…”?


HIAWATHA-DISNEY.

-La frase del título viene de una película animada de Disney, donde aparece el jefe, padre de Hiawatha, cantando una explicación para su saludo al “hombre blanco”, con levantada de mano enseñando la palma y todo, que significaba “no tengo armas” (¿un antepasado del hoy popular “manos limpias”?).-

 

Es bastante sencillo decir qué NO hacer. Más difícil es decir lo que habría de hacerse. Me refiero, claro, al tema “del momento” para algunos, aunque para otros (que son más) esté lejano y sea algo lo suficientemente exótico para considerarlo un accidente que modificará muy poco el modo de vivir.

La elección de un candidato, cualquiera que este sea y sin importar el cargo al que aspira, debería ser algo meditado.

Sin embargo, en un mundo donde nuestra atención se divide en mil, atraída constantemente por asuntos que reclaman atención, el tener que elegir suele ser una lata y si eso implica detenerse, pensar y evaluar, el asunto es peor.

Se juzga que “ese es asunto de otros” y que “salga quien salga, seguro lo hará mal”. Así las cosas nos desinteresamos y cuando se convierte en un fait accompli y no nos gusta o afecta de alguna manera a nuestros intereses, reaccionamos con indignación, protestamos y como se dice vulgarmente, “lloramos sobre la leche derramada”.

Por eso es importante SABER. No importa que el nuestro sea UN VOTO. Nuestra opinión sumada a otras muchas, puede ser decisiva. Dije nuestra opinión y no habrá forma de tenerla si es que los candidatos no comunican sus programas. Nunca podremos decidir a ciegas porque estaremos jugando nuestro futuro a la “ruleta rusa”.

Por eso es importante que cada candidato COMUNIQUE. Que nos diga cuáles son sus prioridades, porque sabemos que todo es urgente. Nuestro derecho es CONOCER y su deber es, aunque parezca raro, INFORMAR.

No bastan las líneas generales, las palabras inmensas pero huecas, las promesas gaseosas y vacías. No basta una sonrisa, ni tampoco debe bastar el que se cacaree honestidad. Todo eso lo puede aducir cualquiera, pero tener un plan sensato, no es de improvisados ni de los mercaderes de votos. En comunicación efectiva, primará siempre el fondo. La forma es importante, pero no decisiva; por lo menos no es así si el voto es informado.

Por eso al principio decía que los consejos de lo que NO hay que hacer, son parte del sentido común. El meollo de todo no es la sonrisa o no debería serlo en modo alguno. Votar no es como escoger naranjas. Los candidatos no deberían verse como productos de bajo compromiso como un chicle o una “fruna”; son, hablando en marketing, de alto, altísimo compromiso. El real contenido de lo que van a hacer es lo que orientará (o debería hacerlo) a la hora de votar. Lo demás es papel de regalo, cintas y envoltura. Votar es cosa seria y querer ser elegido también.

 

ILUSTRACIÓN: Hiawatha de Walt Disney.