¿QUÉ HINCHAN ESOS “HINCHAS”?


FutbolGolazo

 

La palabra hincha surgió en Uruguay, en los albores del siglo XX. Miguel Reyes, talabartero de profesión, había sido contratado por el Club Nacional de Football para encargarse de las labores que hoy en día son cumplidas por los utileros. Se ocupaba entre otras cosas, de inflar con aire (hinchar) las pelotas de juego (también llamadas balón o esférico) antes de cada partido (por aquellas épocas aún no existían máquinas para hacerlo). Reyes, además, se había vuelto un entusiasta seguidor de los “tricolores” y alentaba a su equipo con estentóreas arengas y gritos que sobresalían por encima de los demás fanáticos. Los comentarios de la gente no se hicieron esperar: “¡Mirá cómo grita el hincha!”, decían refiriéndose al utilero, por su tarea de “hinchar” los balones de juego. Y así fue como poco a poco el término se fue aplicando a todo aquel que durante los encuentros alentaba fogosamente a sus favoritos, cruzó rápidamente el Río de la Plata y llegó a Argentina, más precisamente a Banfield, una de las ciudades futboleras con las que cuenta el Sur y en la Ciudad de Buenos Aires, en Parque Patricios, cuna de Huracán; para luego extenderse al resto del mundo llamando hinchadas a las barras”.

Todo lo anterior es extraído de Wikipedia y cuenta el origen de una palabra que denomina popularmente a quienes siguen un equipo de fútbol, por ejemplo y a todo aquél que sea partidario acérrimo de algo.

Sin embargo lo que tenemos aquí no son hinchas, sino desadaptados que llegan hasta el crimen por unas entradas o por “castigar” al contrario.

Los desmanes que causan estos vándalos son inmensos y tienen desgraciadamente la anuencia de ciertos dirigentes futbolísticos, a los que después vemos perseguidos por la Justicia. Esto no es patrimonio nacional y como “mal de muchos…”, nos sumamos a una tristemente célebre corte de delincuentes que en casi todo el mundo cree que el llamado “deporte rey”, no es sino un pretexto para actuar a su sombra impunemente.

Esa gente no es hincha y el fútbol no merece tener esos “fanáticos”. En el momento que la policía tiene que intervenir, deja de ser el fútbol un deporte para convertirse en lo que arriba digo: un pretexto de vándalos, delincuentes y asesinos.

Claro, siempre se alegan disculpas y se dice que la delincuencia “se mete” entre los “verdaderos hinchas”, pero el problema es que se la fomenta: los dirigentes ocupan a muchos “guardaespaldas”, ciertos clubes tienen “fuerzas de choque” y en general estas hordas que destruyen lo que pueden a su paso, camino del estadio o a su regreso de él, son como una plaga de langostas, como a ella se deben combatir: fumigando.

Es que a esa gente, que no se merece ni siquiera el nombre de persona, es que hay que combatir. Las “barras bravas” y las “fanaticadas” son expresión de lumpen, de descomposición social y no de seguidores deportivos.

¿Qué hinchan esos hinchas? Si yo fuera argentino diría que hinchan las pelotas, pero en realidad lo que hinchan son las velas que impulsan a la nave de la furia de una ciudadanía que parece temer a decir “¡basta!  

 

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

EL PERÚ A SUS PIES


Paolo Guerrero anotó los dos goles del Corinthians en el Mundial de Clubes. (SporTV News).

guerrero

 

 

El gol de Paolo Guerrero, a pesar de haber sido de cabeza, ha puesto al país a sus pies. Esto está bien porque en un tiempo en que son necesarias las victorias, el triunfo solitario de un futbolista peruano en tierra extranjera en el “deporte de las masas” hace que cada uno se sienta orgulloso. Lo que, en contraste, me parece necesitaban los hombres y mujeres de esta tierra que día a día están construyendo país en silencio, no es posible que no sean tenidos en cuenta sino que se los hostigue porque tratan de sacar la cabeza.

Guerrero es el sueño hecho realidad, que corre, mete goles y es exitoso. Es lo que todo peruano quiere ser y, en muchos casos, trabaja para ello.

Pero lo que se ve es el éxito nada más y no todo el camino recorrido. Las dificultades superadas y el tiempo de ir escalando pacientemente posiciones a costa de esfuerzo y muchas incomprensiones no se vislumbran en el momento de los flashes. El azar no tiene que ver en esto, sino las ganas y la decisión de llegar. Y eso, inmediatistas, es lo que no alcanzamos a entender. Queremos la gloria fácil, el dinero rápido y los honores, aunque sean “bamba”, vistosos.

No queremos caminar el sendero sino volar, con la esperanza que un buen viento sirva para que esas alas imaginarias nos lleven a un lugar que en realidad solo se alcanza con paciencia y tesón, a pie nomás.

Quienes se “cuelgan del saco” de Guerrero, lo único que hacen es mostrar a los demás su poca vergüenza y miseria espiritual: son porque él es.

Hay diferencia entre mostrarlo como un ejemplo y subirse a la volada al carro ganador pretendiendo ser lo que no se es.

Regreso al peruano diario que no sabe de vítores ni de titulares encomiásticos, pero que tercamente cree en lo que hace, tratando de surgir. Necesita ejemplos como los de Guerrero que le digan: “¡Yo pude y tú también puedes, sigue así!”, para no flaquear, para no cejar en los intentos. Paolo Guerrero es solo uno; guerreros hay montones que están haciendo un Perú casi sin darse cuenta. Y sin aplausos.

EL JUEGO DE LOS DELINCUENTES


 pelota

Lo hemos visto en imágenes tan increíbles como las de los sucesos de La Parada: delincuentes disfrazados de “hinchas” futbolísticos, asaltando a diestra y siniestra, de un modo no solo desembozado sino verdaderamente audaz. La policía (que había muy poca, porque “se pensó” que Cristal era un equipo sin “barras bravas” ni problemas, fue rápidamente desbordada y pudimos ver como un auto patrullero tenía que huir de un grupo de malandrines. Los hechos absolutamente condenables merecieron una tibia disculpa del Ministro del Interior, el encargado de velar por la seguridad de los ciudadanos. Para ello tiene a sus órdenes la policía y sin embargo arguyó que “no contaban con que sucediera” o algo así. Entonces, la ciudadanía está efectivamente desamparada frente al crimen. No se trata de una “percepción” de inseguridad, bastante alta según una medida reciente, sino de una total inseguridad.

Lo visto en TV corrobora esto y lo que vivieron las víctimas es una realidad tremenda, no una fría estadística.

En el caso del fútbol y los desórdenes que se producen a su alrededor, mal se haría en culpar al deporte. Lo que sucede es que resulta ser una oportunidad para que grupos de desadaptados y criminales, amparados por la euforia multitudinaria den rienda suelta a lo que saben hacer y de lo que viven: robar, herir, a veces matar, asaltar y vejar a los ciudadanos que nada tienen que ver con un vandalismo llevado a extremos desafiantes.

La solución a esto se queda en propuestas y mientras tanto, los verdaderos hinchas mueren, son acosados y su propiedad es pasto del lumpen. Los clubes “prometen” no entregar entradas gratuitas sin empadronamiento (como si este sirviera para asegurar un freno a la violencia) y la policía “resguarda” a unos “barristas” que caminan hacia la comisión de destrozos y que deberían estar tras las rejas.

El “deporte de las masas” sigue adelante a pesar o precisamente, porque las masas son ciegas y estúpidas. Y de esas masas aprovecha la delincuencia: la que asalta a mano armada y la otra, que encubierta, promueve el accionar de la primera con oscuros fines de lucro.

¿Cuándo vamos a aprender que ESO NO ES DEPORTE? Es delincuencia pura, de la encubierta y de la otra: ambas letales.

Mi voz, como otras tantas, se perderá en el fragor que supone “el deporte rey”, porque lo que sucede es que lo más fácil de tener es la mentalidad de horda que con sus aullidos lo acalla todo. ¿Estamos dispuestos a seguir viviendo así? Yo no y creo que hay muchos a quienes de veras les gusta el fútbol, que tampoco.

¿IMPORTA UN PITO?


 

He leído en las noticias que se ha desarrollado un nuevo silbato para los árbitros de fútbol. Parece ser que este nuevo modelo produce un sonido tan fuerte que se escucha por encima del bullicio de un estadio lleno, seguro y con claridad. Viene de un fábrica en Alemania que los produce en distintos tipos y si es necesario a pedido. Según la nota, la policía en Afganistán ha pedido uno especial.

La información abunda en detalles de material, cámaras de sonido y diseño especial para que no tenga que ser sujetado con los dientes (permanezca en los labios sin caer pese a las carreras del portador).

A mí me pareció extraordinario que un elemento, aparentemente común, u pito, fuera un artículo que tenía características especiales y que para el mismo uso hubiese tan grande cantidad de diseños. La investigación acerca de producir el mejor pito no se detiene y se exacerba con la cercanía del mundial de fútbol. Me entero que este será el “pito oficial” de la competencia deportiva y que en mundiales anteriores también los ha habido. Es un buen ejemplo de como un humilde adminículo adquiere importancia. Una importancia que permite que millones de personas en todo el mundo estén pendientes de un pito y acepten sus decisiones o las discutan. La frase “me importa un pito” habría que repensarla, porque nos damos cuenta que el pito tiene mucha importancia. La que le dan los mundiales de fútbol y la seria eficiencia de los alemanes.

¿LA CASUALIDAD TIENE FORMA DE PELOTA?


No es que me ocupe mucho del fútbol en el blog, pero creo que lo que sucede es merecedor de unas líneas. Perú está ad portas de jugar un partido definitorio para el orgullo nacional y la cantidad de lesionados entre quienes debieron correr tras la pelota, es tan grande, tan extrañamente grande, que se podría casi armar un equipo con ellos.

Esta situación ha sido la comidilla de la prensa y motivo de bromas de todo calibre. Todo no pasaría de anécdotas, si, como parece, no hubiese alguna segunda intención. No la de enfermarse, por supuesto, porque es difícil pensar que a alguien se le ocurra. Tal vez sea la de “cuidarse” para desempeñar otros menesteres posteriormente, no se sabe. El hecho es que el país saldrá a jugar fútbol en un compromiso internacional, con un equipo que no es ni de lejos el que debía ser. Con esto no se critica a quienes finalmente lo van a conformar, sino que no parecen estar los que deberían. Y la duda sobre la “verdadera verdad” desalienta a un país entero. En otro post decía que no me parecía que se usara el deporte para “tapar” ciertas acciones, pero que el Perú necesita afirmar su conciencia ganadora, lo necesita y para ello, tiene que confiar también en el deporte de las masas.

Esta seguidilla de lesiones hiere el sentimiento nacional y suena a burla. Puede ser, lo confieso, una terrible casualidad. Una de esas casualidades que nos ponen a la cola y no nos dejan seguir adelante. Una especie de jalada de camiseta, un foul que retrasa y entrampa.

Millones lo lamentan mientras algunos parecen sacar provecho.