CHAU ROSA MARIA!


De lunes a viernes nos habíamos acostumbrado a ver y escuchar a Rosa María Palacios por el canal 4. Su programa no va más y la emisora ha decidido cubrir de otra manera ese horario. Se viene la Copa América y los futboleros son legión. “Panem et circenses” o sea pan y circo, decían los antiguos romanos, que era lo que se le debía dar a la mayoría, para mantener al pueblo tranquilo. Como no es que sobre pan (los alimentos parecen competir por el título del escalamiento), bueno es circo, entretenimiento. Cualquier cosa que no deje pensar y que ayude en base a entusiasmos efímeros a maquillar un poco la cosa.

De pronto nadie tiene la culpa y el Gran Bonetón vuelve a estar de moda. El rating parecía bueno y los ingresos (siempre dolarizados) del canal demostraban la confianza de los anunciadores con cifras al parecer envidiables.

¿Qué pasó? ¿Qué pisó?: Más de un callo seguramente.

Un callo o varios, con el suficiente poder para decirnos que no nos conviene ver el programa “Prensa Libre”, que la política está bien para el tiempo de elecciones cuando los anuncios políticos reditúan. Que la política no puede seguir todo el tiempo. Que el entretenimiento es mucho más importante. Total, la política, como la libertad (un presidente dixit de esta última) no se come.

Entonces, así estamos. Con todo el respeto por la libre contratación y la libre programación… ¿No era que estar informados era uno de nuestros derechos? ¿O es que los derechos nos los regulan? Yo no estaba totalmente de acuerdo con Rosa María Palacios y sus opiniones. Pero eran SUS OPINIONES. Si no me parecían, pienso que lo menos que podía hacer era escucharlas, para así ir sumando y restando y formar la mía, las mías. ¿Es que alguien cree que la gente es estúpida? ¿Intentan tapar el sol con un dedo? Me parece terrible para los peruanos que se calle una voz y se suplante un espacio de opinión por seguramente, el ver correr tras una pelota. Se trate de Rosa María Palacios o de otra voz cualquiera. Las ideas se suelen combatir con las ideas.

Estoy seguro que habrá mucha gente que me lea que no esté de acuerdo y bata palmas por el cambio. Creo que es la política atribuida al avestruz: meto la cabeza en un agujero y si no lo veo ni lo oigo, no existe.

VOTAR EN EL PERÚ


 

 

 

Voté hace ya  una semana.

Lo hice por quien mi conciencia me dictaba, después de haber pensado mucho y ver innumerables correos electrónicos que trataban de convencerme – especialmente agresivos de un lado- probando con sembrar miedo al futuro, a lo desconocido. Facebook fue una suerte de terreno imposible de cruzar y Twitter estaba plagado de comentarios que desnudaban a sus autores. Nunca antes el Perú se encontró en una disyuntiva tan violenta y que además la solución a la que se llegaría no daría satisfacción verdadera sino a un mínimo de personas. Los famosos “psicosociales” hicieron su trabajo sucio, minando y zapando algunas decisiones. Finalmente en una bastante ajustada llegada, ganó uno. Ganó pero suscitó inmediatamente dudas de los contrarios que buscaron imponer su propia agenda a un tipo que todavía parpadeaba frente a los flashes fotográficos. Le dijeron lo que debería hacer primero, intentaron acorralar al ganador, haciendo tanta bulla en medios y modos de comunicación, que quien había ganado, tuviera la sensación de no haberlo hecho.

 

Es curioso, nunca antes en el Perú se habían discutido cuestiones propuestas para un gobierno como ahora. Ni Toledo ni García tuvieron un principio así. De inmediato los correos electrónicos se pusieron a trabajar de nuevo, anunciando desgracias y echándole la culpa prácticamente de todo al ganador.

Sus pecados deben ser muchos o hay muchos callos que duelen, por el odio que suscita.

Odio que se manifiesta en aceptar cualquier cosa menos él. No era mi candidato. Pero el carga montón de las “clases ilustradas” fue terrible. Se notaba que quienes movían los hilos del miedo, tenían mucho que perder. Los demás que insultaban y gritaban en contra, estaban siendo manipulados. Definitivamente algo había detrás del alboroto. Algo que en el fondo estaba agazapado esperando para saltar en el momento preciso. Mi reacción fue la inversa. Repito que no era mi candidato, pero había una nube negra que anunciaba la intención de volver a cosas del pasado, que creí superadas. De pronto supe que mi voto, sumado al de muchos con memoria, podía impedir un regreso nefasto. La dignidad y la vida frente a un plato de lentejas.

 

No me arrepiento y espero. El Perú tiene que ver cambios que lo orienten a un futuro mejor que los videojuegos o el puro comercio. Futuro que el ganador ofrece ir conquistando. No se ganó ninguna guerra en un minuto. Nunca.

CUESTIÓN DE CONFIANZA.


Revolviendo archivos encuentro esto. En una época de furor electoral sirve reflexionar en nosotros como país.

Reflexionar si iremos por buen camino o la pifiaremos.

El Perú ha suspendido* las medidas de confianza entre Chile y nuestro país. Las ha suspendido luego de elevar una protesta diplomática provocada por la venta de armas del vecino del sur a nuestro vecino del norte en pleno conflicto bélico, siendo Chile garante del Protocolo de Río de Janeiro.

Fuera de las consideraciones diplomáticas ¿cómo es posible confiar en un país cuyo lema nacional reza “Por la razón o por la fuerza”? ¿Cómo hacerlo con quienes para evitar sanciones, cambian la etiquetas de la ropa fabricada e importada de China y comercializada a través de sus tiendas en el Perú? ¿Cómo tener confianza en un vecino que coloca un video, por lo menos de mal gusto, en una sucursal de su principal línea aérea y “no se da cuenta” durante el tiempo más que suficiente como para notarlo? ¿Qué esperanzas podemos cifrar en un país en el que uno de sus representantes al congreso dice que lo único que el Perú tiene son ruinas? ¿Podemos confiar en un país como aquel que tiene representantes de su clase política en instituciones como el tristemente célebre “Banco República” que nos dejó colgados, estafando a los ahorristas locales?

¿No fueron los chilenos los que aprovechando la corrupción de un gobierno peruano construyeron una fábrica en los Pantanos de Villa? ¿Y no fue este Chile el país que liquidó a sus propios generales porque le eran incómodos al gobierno de turno, presidido por otro general?

¿Cómo vamos a confiar, por Dios, en un país que garantiza un Tratado de Paz, Amistad y Límites y es capaz de vender armas a un país de los dos que se ven desgraciadamente enfrentados en un caso bélico?

No se trata de xenofobia. Se trata de confianza.

Es cierto que los empresarios chilenos invierten hoy en el Perú. Es cuestión de confianza también.

El Perú está creciendo, tiene estabilidad económica, es tranquilo y paciente.

Compramos en múltiples almacenes y tiendas e instituciones financieras varias se encargan de nuestros ahorros. La electricidad de gran parte de Lima es administrada por una empresa Chilena. Confiamos en sus ofertas, su crédito y buenas prácticas.

Somos realmente u país de confianza. ¿O será que somos un confiado país?

NO FUE DESASTROSO AQUÍ.


 

Ayer el país entero esperaba la llegada del tsunami, provocado por el sismo que remeció Japón con las trágicas consecuencias que conocemos y que en una verdadera maratón noticiosa escuchamos y vimos por todos los medios.

El tsunami llegó, pero sin la virulencia que se temía. Llegó de noche, ola tras ola y se fue en silencio. Llegó y la zona costera del Perú estaba esperándolo desde temprano. Las autoridades correspondientes y aquellas responsables hicieron un trabajo que pareció ser rápido y eficiente. La población respondió muy bien en algunos casos (con alguna exageración desinformada), pero como de costumbre hubo gente a la que no le importó, tomando la cosa como un espectáculo más que era preciso no perderse.

En mi anterior post ya hablé de ellos. Pero lo que quisiera recalcar es la actitud de las autoridades (que también parecen tener excepciones, en Chimbote, por ejemplo).

He visto varios desastres en nuestro país y en ninguno la autoridad hizo todo tan bien y rápidamente. Es cierto que el fenómeno dio tiempo para poner las cosas en orden y efectuar lo necesario, pero es de resaltar una actitud positiva y responsable en general. Hasta las palabras tranquilizadoras del presidente, conteniendo una lógica entendible por todos infundieron la confianza que se necesitaba en un momento de desconcierto y temor.

¿Estamos cambiando? Así lo esperamos.

De pronto, a costa de desastres hacemos lo que debemos hacer. Las responsabilidades son asumidas y gracias a Dios, las cosas salen bien. Hemos hecho, con la amenaza de tsunami, lo que era bueno hacer. Deben haber habido pequeños actos individuales de pillaje e individuos (muchos) que no creyeron, no respetaron las instrucciones de emergencia o se las saltaron a la torera, con riesgo de sus vidas. Eso no invalida esta especie de cambio. Aterrado cambio, si queremos, pero que deja enseñanzas.

“Más vale prevenir que lamentar”, dice el dicho. Felizmente el fenómeno no fue tan desastroso aquí, pero estábamos preparados y sabíamos como actuar.

A VECES NOS GUSTA SER IMBÉCILES.


Mirando la televisión veo que hay mucha gente que considera un “tsunami” que pone en peligro sus vidas, un espectáculo. Veo los malecones abarrotados, llenos de familias con niños incluidos, esperando. ¿Esperando qué?

¿Que una ola gigantesca haga estragos tales que la peor película de desastres se haga realidad?

Nuestro sentido de la desgracia y el peligro parece estar embotado.

Los reporteros de TV no podían creer lo que veían y escuchaban: gente que parecía asistir a una feria y opinaba que estaba ahí, cerca del mar, “para ver”

Y mientras tanto Japón buscaba a sus muertos y trataba de reponerse anímicamente, aunque fuera, de un terremoto y tsunami que trajeron muerte y destrucción.

Incluso, en algún lugar de la costa peruana, la policía tuvo que retirar a un grupo de borrachos de la playa, en salvaguarda de sus estúpidamente inconscientes vidas.

Sí, ya sé que muchos ciudadanos siguieron las indicaciones, pero los “pepe el vivo” de siempre dieron el tono negándose a acatar lo que se había organizado con tanto esfuerzo. Yo veía a individuos que ninguneaban el fenómeno mortal diciendo que “eran unas olitas, cuñao” y no podía creer que la estupidez humana llegase a tales extremos. A extremos que incluyen perder la vida.

Fenómenos naturales como este, no suelen avisar. Hoy hemos tenido tiempo para prever y salvarnos. No será así siempre.

No pueden opinar, pero pregúntenles si no les hubiera gustado ser avisados a los mil quinientos muertos (hasta ahora) del Japón. Estando preparados como parecen estar por vivir en una zona que tiembla regularmente y de la que las noticias dicen que soporta unos 500 sismos al año.

Todos, todos los especialistas dicen que el Perú no está preparado para resistir algo como lo de Japón. ¿Y como vamos a estarlo si a muchos peruanos el tema no les va ni les viene? Ni siquiera el peligro personal les importa.

“Dios es peruano” se dice y se sigue adelante. Se sigue así hasta que morirse es una realidad y perderlo todo, menos la vida, es considerado una bendición.

ARCO IRIS


 

Ayer hubo un atardecer insólito en Lima: pudimos ver un arco iris en el cielo.

Luego de muchos años, me llamaron, salí al balcón y lo vi: magnífico y etéreo. Estaba allí, tendiendo su puente de colores en el cielo de un lado a otro. Creo que había gente en la calle que miraba al cielo, en algunos casos, estoy seguro, para ver por primera vez un fenómeno similar. Un portento en el cielo limeño, desacostumbrado a estas cosas. El arco iris, común en lugares donde la lluvia no asombra, es extraño a nuestra ciudad, donde las nubes grises de vez en cuando nos regatean el agua y sin embargo vivimos con un porcentaje de humedad, que por las cifras parece que tuviéramos agallas como los peces, en lugar de pulmones.

El arco iris me trajo a la memoria la olla llena de monedas de oro, que dicen, está al final. Me trajo de regreso los cuentos infantiles donde los enanos eran protagonistas en un mundo mágico y ajeno, indudablemente europeo y trasplantado a esta tierra americana. Recodé también otros arco iris vistos en cielos diferentes, casi siempre después de una lluvia. Y claro, me vino a la memoria la conseja que el arco iris algo debía traer. Sucedería algo y estoy seguro haber bromeado ayer sobre un fenómeno como el temblor de tierra como consecuencia. Sin razón alguna los relacioné, hice alguna broma para nada celebrada al respecto y punto. Hoy en la mañana, cuando empezaba a escribir esto un pequeño sacudón me hizo levantar lo más rápidamente que pude y preguntarle a mi hija menor si ella y mi nieto estaban bien. Alicia, mi esposa, no se dio cuenta del pequeño temblor. Alicia María y la demás familia cercana tampoco parecieron notarlo y si lo hicieron, no le dieron importancia.

Creo que lo uno no tiene que ver con lo otro. Pero curiosamente se han dado dos fenómenos concatenados.

Ahora hay un sol que demuestra que el verano llegó para estar aquí un buen rato y en Facebook leía que una ex alumna mía y en un tiempo compañera de trabajo, lo señala, pidiendo un “piscinazo”.

Pero nos estamos alejando del tema. Hoy “El Comercio” publica fotos y habla del asunto, desmitificándolo con observaciones científicas que lo explican. Bueno. Pero el arco iris estuvo allí, alegrándonos con sus colores, trayendo a la memoria cuentos y a la mente temores que fueron acallados entre risas. Hoy hubo un pequeño temblor. ¿Coincidencia?