EL CHICO DEL VENADO


 

LUCHO Y VENADO0002

A Lucho, mi hermano al que no conocí y que murió precisamente un 31 de diciembre, en Arequipa, cuando tenía siete años, le debo este recuerdo.

 

Vivió con mis padres y hermanos en Trujillo, donde tenía como mascota un venado que comía de su mano y lo seguía como si fuese un perro; sobre él escribí en mi librito bajo la historia “Mi hermano el rubio” y es que era el único de cabello dorado entre los castaños claro de mi madre yeté y el negro de mi padre y Panchín y ni qué decir de mi color de pelo, que antes de que se pusiera blanco  tuve negro…

 

Su muerte, un día como hoy, aniversario de matrimonio de mis padres, estoy seguro que fue una espina clavada en ellos, dolor en medio de las celebraciones y solamente su fe hizo que lo sobrellevaran; porque si algo tenían inquebrantable ellos, era su fe en Dios; esa fe en el día en el que todos nos reuniremos y no habrá ni ayer ni mañana, solamente un hoy eterno y alegre.

 

A mi hermano Lucho aprendí a quererlo a través de las historias que mi madre contaba, de las fotografías en blanco y negro tomadas por mi padre, del recordatorio con las fechas de su nacimiento, bautismo y muerte, con las palabras “nació, se bautizó y voló al cielo donde nos espera” que resumen una vida que se apagó, instalando un pequeño silencio en los corazones, porque ese callar tranquilo de mi padre y de mi madre, el brillo que se apagaba de pronto en la mirada de Teté y la risa no reída de Panchín eran como esa pequeña nube que tapa el sol de las mañanas.

 

Tiempo después vine yo y ya grande entendí el por qué mi madre decía que yo era su regalo y desde que lo entendí he sentido la responsabilidad inmensa de ocupar un lugar que se quedó vacío, de ser el hijo, el hermano, de ser yo mismo…

 

Ahora ya no están y mi hermano el rubio se llevó primero la luz de las estrellas en su pelo para alumbrarles el camino y sé que Lucho estará allí, esperándome cuando sea la hora de juntarnos, para llevarme de la mano hasta donde Tony, Manuel Enrique, Teté y Panchín están; será maravilloso y tendremos toda la eternidad para contar historias, aventuras y sin edad alguna, jugar juegos, ver comer al venado y reír con esa risa que heredamos de nuestros padres y que brota del alma.

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¡GRACIAS POR HABER SIDO ASÍ!


PAPYS EN TERRAZA BARRANCO0002

A Tony y a Manuel Enrique, allá en el Barrio Eterno, les envío un abrazo inmenso hoy que es el último día del año y estarán celebrando como todos los 31 de diciembre, su aniversario de matrimonio; el día en el que la chica que se subía a los árboles, tocaba timbres  corriendo antes de que abrieran las puertas y el ingeniero serio, pero de gran sonrisa, empezaron esta familia de padres e hijos de la que ahora solo quedo yo.

 

Quiero darles esas gracias inmensas que estoy seguro no serán suficientes nunca, por haber sido como fueron, por darnos a mis hermanos y a mí ese ejemplo viviente que los llevaba, amándose, a superar dificultades, capear vientos y a disfrutar del sol, del mar, del campo y de las pequeñas cosas como el canto del pájaro o la risa del niño.

 

Gracias por enseñarnos a caminar, marcarnos el sendero para dejarnos -vigilándonos siempre- que solos encontráramos el rumbo con nuestro propio ritmo; gracias por enseñarnos que cada día es distinto y que trae consigo alegrías y penas.

 

Gracias a Tony y a Manuel Enrique por darnos lo que nadie podrá quitarnos nunca y es ese ejemplo de vida –perdonen si redundo- que construyeron con paciencia, hecho de días felices y difíciles, uniéndolos con la argamasa indestructible del amor.

 

Hoy que es el último día del año y que para ustedes fue el primero de una vida feliz, mi gratitud eterna, que es pequeña, lo sé, por haber sido como fueron.

 

Manolo.

 

 

MELODÍA DE CAMPANAS


ALICIA & YO & TORTA

No sé si sonaron las campanas de la iglesia Virgen de Fátima en Miraflores, arriba del mar, esa noche del jueves 30 de diciembre de 1971, pero desde entonces han sonado alegres para Alicia y para mí; las escuchamos y nos cuentan la historia que vivimos juntos, que no está escrita en libros sino en mañanas luminosas, alguna tarde con cielo gris y garúa finita, en noches llenas de estrellas que como puntitos luminosos invitan a contarlas, tomados de la mano y a soñar ese sueño que empezó de a dos y que hoy se prolonga en dos hijas y tres nietos….

 

Es un sueño hermoso del que no vamos a despertar porque significa una vida buena, con todo lo que vivir trae y lo que vivir se lleva, dejando solo lo mejor; este sueño que seguimos soñando es como un camino que tiene paisajes bellos, amaneceres, pájaros que cantan saludando al sol; este sueño es subir la montaña, para abrazados, cerca ya de la cumbre, mirar lo recorrido y entre las nubes ver que allá se desenvuelve nuestra historia…

 

Hoy, que es 30 de diciembre, sé que las campanas van a sonar alegres y más fuerte para nosotros dos y lo que importa en verdad es que siempre, su música, ha sido nuestra.

FUE SÁBADO ESE DÍA


MANUEL ENRIQUE MAGISTER

El 26 de diciembre de 1903, cayó sábado y fue el día en que nació Manuel Enrique, mi padre, allá en el Cuzco, hijo mayor de Manuel y Antonia, a quienes no conocí; dicen que ella era hermosa y él, en las pocas fotografías que conservo luce bigote de puntas, seguro engominadas, serio y mirando a la cámara, sin saber que su nieto las guardaría celosamente para de vez en cuando tratar de encontrar los rasgos de familia…

 

Manuel Enrique casó con María Antonieta; soy soy el último de sus cuatro hijos y el único que todavía anda por aquí, recordándolos siempre, pero en especial en fechas como estas en las que se unen Navidad, cumpleaños, su aniversario de matrimonio, el nuestro con Alicia y año nuevo…

 

Es especial el 26 de diciembre porque “de sorpresa”, todos los años, venían desde Arequipa mi hermana Teté y sus tres hijos para junto con Tony, nuestra madre y Panchín,  nuestro hermano, celebrar esa especie de “todojunto” que creció al casarnos con Alicia un 30 de diciembre, allá por el ´71.

 

Me resulta inevitable que los recuerdos se acumulen, las emociones -nunca idas- vuelvan a tomar fuerza y el corazón se ensanche con la alegría de la Navidadcumpleañosaniversariosañonuevo, época tan especial y larga como la palabra que compuesta por los sucesos familiares, es; asocié desde chico, la Navidad al cumpleaños de mi padre, al aniversario de bodas de Tony y Manuel Enrique y a ése empezar de un año que siempre trajo esperanzas…

 

Ahora, en este 26 de diciembre estoy aquí, el único de los cinco que queda, escribiendo estas líneas, quizá reiterativas pero donde los recuerdos se amontonan trayendo aroma de violetas, impaciente paciencia, sonrisas, manos tomadas siempre, el olor del queque “dos colores” horneado reciencito; regalos, nacimiento, arbolito, rumor de mar en la noche callada y la felicidad de saberse querido y querer.

 

Hoy era el cumpleaños de mi padre y lo va a ser siempre mientras tenga memoria     

SI NO SOPORTO EL RAP… ¡IMAGÍNENSE EL REGUETÓN!


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Anteriormente publiqué un “No me gusta el rap” donde dejaba que Joaquín Sabina hablara por mí, coincidentes en opinión.

 

Hoy, a media mañana, en esta “etapa” del condominio, otra vez frente a mi ventana, hay una actividad a la que se invita a todos los residentes; se trata de una celebración navideña múltiple que incluye una feria que ofrece productos hechos por los “emprendedores” que son vecinos, comida, concurso de dibujo para niños, show montado por los mismos niños, premiación a la mejor “decoración de edificios”, juegos infantiles inflables (toboganes y “salta-salta) y “música” para ambientar, a todo volumen, para lo cual han elegido el reguetón.

 

Insisto en que no tengo nada contra la música, las navidades, la familia y el compartir; insisto en que respeto la opinión y los gustos de los demás aunque difieran de los míos, pero esto es una agresión auditiva que de pronto es natural y se manifiesta porque es fiesta… ¡o se acerca y hay que “celebrar”; me dirán que por qué no soy un habitante de solitaria montaña o silencioso desierto, que si vivo en un condominio debo admitir la pluralidad y lo que para mí son incomodidades aunque para otros no…: ¡lo acepto!, pero (siempre hay un “pero”) francamente si el rap me resulta insoportable, el reguetón con su “bum-bum-bum” rítmico y primitivo, con sus letras que por lo general son rimas ridículas y su monotonía, definitivamente no me gusta…; de todos modos, una miradita a Wikipedia dice que:

El reguetón​ o reggaetón es un género musical bailable se deriva del reggae y el dancehall, así como elementos principalmente del hip hop y la música hispana. ​ Se desarrolló por primera vez en Panamá en los años 1970 y llega a Puerto Rico en 1990; nace y surge a raíz de la popularidad del reggae en español, cuyos ritmos llegaron de Panamá, junto con el hip hop estadounidense durante los 1990.

El reguetón se originó a partir de su predecesor el reggae en español. Después de este acontecimiento, el reguetón se apartó poco a poco del reggae originario de Jamaica, usando los mismos instrumentos y los mismos ritmos musicales pero con diferentes letras y melodías. Esto se debió a que en Puerto Rico se usaban beats de reggae sobre bases de rap pero con letras y composiciones diferentes.

 

Bueno pues, no me parece música el reguetón: ritmo, sonsonete y ausencia de verdadera armonía, sí; es mi opinión y no espero una mayoritaria aprobación a ella,

Pero (otra vez el “pero”) por más que he cerrado mi ventana, el reguetón atruena y sacude el departamento (supongo que toda esta “etapa” del condominio.

 

Tal vez, mi único consuelo sea escribir esto, contándoles a ustedes una historia más del condominio.

¡FELIZ NAVIDAD!

 

Imagen: http://www.flickr.com

 

 

 

 

CAROL CRISMA´S


CAROL CRISMA´S

El título debería decir Carol’s Christmas, o sea, traducido al castiano, “La Navidad de Carol”, pero me he tomado la libertad pre navideña de cruzar un poco idiomas y escribir sobre “La cabeza de Carol”…

 

Carol no existe químicamente pura, porque es la combinación infinita de Carols y muchísimas más, que sueñan con una “blanca Navidad” cuando el calor empieza a arreciar y lo único blanco es la camiseta tipo BVD que se ponen para que el solcito les tueste los hombros y luego lo blanco será el envase de “Solarcaine” que se ponen en los hombros, el cuello y la cara, o sea donde el solecito hizo de las suyas.

 

No es que sea sexista sino más bien oportunista y escuchando un villancico en inglés que algún vecino disfrutaba con atronador volumen navideño, pasó por mi mente lo de “Christmas carol”, o sea “villancico de Navidad” y me pareció que escribir sobre eso resultaba trillado, en especial en esta época de jingle bells; una cosa me sonó a la otra y la Navidad (Christmas) se convirtió en crisma, o sea cabeza (¿no decíamos antes “se rompió la crisma” cuando alguien se caía y golpeaba la cabeza? ); Carol es nombre de mujer y bueno…

 

Pero decía que este no es un escrito sexista, porque el sol sale (y brilla) para todos haciendo estragos en la piel sin distinguir género, erisipeleando a mujeres y a hombres por igual, a Carols y a Jorges, a Eduviges y a Pancracios, pero como soy oportunista, aproveché lo de carol-Carol y empecé a escribir este post…; lo malo es que no recuerdo bien de qué quería escribir… ¡Ah, sí…! Sobre la cabeza de Carol, esa chica que es todas las chicas y sin ser sexista,  tod@s l@s mujeres y hombres, que creen que la nieve, las lucecitas, el pino (era un pino en el comienzo) de plástico verde o de metal plateado, los regalitos, los festones ventaneros y los renos de neón que durante el día no son porque son para la noche, sudan navidad y digo sudan, porque en esta Lima bulliciosa y fiestera, el calorcito veraniego hace avances y hay un “casi Niño” que nos amenaza con su abrazo caliente…

 

Pareciera ser que en la cabeza, crisma o head de quienes creen que la Navidad es esa mezcolanza de signos exteriores llamativos, luminosos, verde-rojos, barbudos… ¡no hay más que pelo!

 

Bueno, felices Christmas y no se rompan la crisma, la tutuma, la cabeza, la chimba o como quieran llamar a lo que tienen sobre los hombros, tratando de descifrar esta entrada del blog, porque lo que quiere decir es muy sencillo: no hay Navidad sin Jesús.