ALFREDO.


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Te has ido, Alfredo Goitre, para encontrarte con Julio y con Marcos.

Estamos un poco más solos y muy tristes.

Escribo en plural esto último porque sé que interpreto el sentir de quienes fuimos y seguiremos siendo tus amigos.

Chau Alfredo, nos estaremos encontrando  con Julio en “La Calesa”, donde Sammy, para almorzar, tomarnos el whisky del estribo  y regresar a dictar clases.

LOS MERCADERES DE LAS HUNIBER$IDADE$


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Han hecho lo imposible por hacer posible ganar la mayor cantidad de dinero; verdaderas industrias extractivas que depredan sin ningún miramiento y extraen dinero de esperanzados que creen que lo que recibirán a cambio les servirá de algo. En realidad, servirá para que se den cuenta que lo recibido es aire, mentiras y papeles sin valor.

 

Mercaderes que vienen tratando que la Ley Universitaria del Perú no se aplique y sobre todo  que la SUNEDU, que vela por la calidad de la enseñanza universitaria, desaparezca aduciendo para ello entre otras cosas que “sus acciones violan la autonomía universitaria”. Remecen el árbol a ver si cae el ministro de educación buscando pretextos.

 

Los que quieren seguir lucrando con las huniber$idades$, no paran, tendiendo sus redes por todas partes, porque hay millones de millones de soles mal habidos en juego, haciendo creer que se trata de instituciones educativas serias y que los que remecen el árbol y tejen sus telas de araña son probos ciudadanos, que indignados aducen que el Estado se “mete en sus negocios”.

 

No quieren que nadie certifique el nivel de su educación y se niegan en cualquier idioma y con argucias a acatar una Ley y a aceptar la supervisión necesaria para garantizar enseñanza de calidad. Son propietarios de negocios que vienen rindiendo pingües ganancias para ellos y que presentan como “centros educativos”.

 

Hasta la saciedad se ha demostrado que eso que ofrecen no tiene nada que ver con las universidades ni con la enseñanza.

Sin embargo reparten por lo bajo y se muestran ofendidos; se conocen sus nombres y los de sus adláteres y ayayeros. Son una verdadera mafia que hay que destruir.

 

PROMOCIÓN


A pedido de un amigo querido, posteo aquí el texto de la columna que escribí y salió hoy en “Diario16”

En tercero de media me jalaron en dos cursos y como en el “vacacional” también me jalaron, repetí el año.

Entonces me sentí muy mal, porque me estaba separando del día a día de los amigos que había ido haciendo desde 1952. El año iba a ser tremendo. El futuro se presentaba negro.

Justo, antes de que me sucediera esa hecatombe, había escrito, en secreto, una carta a la Embajada Americana, solicitando datos para emigrar y ser ciudadano americano, movido por uno de esos impulsos que tiene un adolescente y que en realidad son como manotazos en la oscuridad, necesidad de afirmación en algo o deseos de sobresalir. Quería saber si podía ser miembro del FBI.

Alentado por novelas y películas, soñaba con aventuras que modernizaban en algo mis lecturas de Verne, Salgari y Rider Haggard, creyendo que se materializarían de ese modo. Éramos bastante más inocentes o ingenuos entonces, porque estoy seguro que a estas alturas a ningún chico se le ocurriría algo así. Días después de llevar a casa la sombría noticia,  llegó una carta de respuesta en la que me indicaban los pasos que había que seguir para pedir la pretendida ciudadanía (de los del FBI, nada). Mi hermano mayor vio la carta que yo no escondí bien y oí que comentaba con mis padres que seguro quería fugarme porque me habían jalado de año. No pude explicar que no era cierto, que mis sueños venían de mucho antes: que yo quería ser un agente secreto.

Repetí el año y sin dejar a mis amigos viejos (antiguos, sería la palabra porque teníamos la misma edad) fui haciendo nuevos y descubriendo que después de todo el horizonte se aclaraba un poco y no había las bromas tan temidas.

Los cursos que no pasé, física-química y matemáticas, me siguieron costando sudor y lágrimas, mientras que los demás eran como echar mantequilla en un pan.

Al final, mis compañeros de antes salieron del colegio y yo después de un año hice lo propio. He cumplido dos veces cincuenta años de egresado, tengo dos promociones y todos los amigos que fui haciendo siguen siendo mis “patas”. Descubrí en el camino que no hay nunca hay mal que no venga por bien y estoy muy orgulloso de saber que me quieren y los quiero. De saber que compartimos nuestras vidas tan llenas de momentos memorables. Para mí, toda la ciencia exacta sigue siendo un misterio y de eso doy gracias, porque el misterio es eso, aunque alguien ingeniero, como mi padre, tratara de explicártelo.

 

Manolo Echegaray.

 

 

A VECES MAS LLEVA ACENTO


HUMALA ESCRIBIENDO FUENTE FACEBOOK

Tener fallas al escribir, es bastante común y más ahora con los atenuantes del apuro en una realidad acelerada que parece no hacer necesarios los “detalles”, como acentos que faltan, mayúsculas que sobran y tal vez haya dudas al usar “b” o “v”.

Es tremendo comprobar que para ser presidente pareciera no necesitarse ortografía; sin embargo, en un país como el nuestro, donde la educación es un faltante inmenso, el buen ejemplo se vuelve necesario.

Gobernar no es fácil: hay que hacer buena letra y que la ortografía no sea un enemigo. Enemigos tenemos: hambre, mal servicio de salud, desnutrición, muy baja educación…  ¡Hay que luchar contra ellos ya saber que uno cumple siempre aquello que promete!

 

Fuente foto:Facebook

EL CAZAPALABRAS


CAZAPALABRAS

Una cacería incruenta y enriquecedora, que para muchos puede parecer aburrida o inútil. A mí no me parece nada de esto y la practico siempre que puedo; la cacería de palabras tiene la emoción del descubrimiento.

Es un deporte que me permite aprender. Los cazadores de palabras  están por todo el mundo y no andamos tras una especie en extinción.

Desde que lo recuerdo, siempre que veía una palabra nueva, buscaba su significado y así me hice amigo del diccionario en dos tomos, grande e ilustrado, que era de mi padre y hasta ahora conservo. Tiene palabras que ya no se usan, mapas de países que ya desaparecieron, se fundieron con otros o cambiaron de nombre; sus ilustraciones son dibujos y no fotografías y en él aprendí lo que era un coto de caza y estaba orgulloso de tenerlo.

Esta pequeña afición me ha abierto puertas insospechadas, llevado con la imaginación a lugares extraños y permitido disfrutar de innumerables horas pasadas examinando los especímenes obtenidos. Es cierto que no tengo trofeos colgados en la sala de mi casa, pero es que las palabras, todas ellas, me parecen tan supremamente importantes, que me gusta que estén vivas y llenas de significado, juntándose unas con otras y con sus cruces produciendo nuevas camadas de palabras que empiezan a gatear y se meten por todos los rincones buscando acomodarse.

La ventaja es que, con el tiempo, lo que fue un coto de caza pequeñito (que como yo era chico me parecía grande) se amplió enormemente, no ya con diccionarios, sino con todo el inmenso océano de la lectura. Ese mar infinito, que ahora sé, nunca se acabará antes que yo.

Soy un cazapalabras furtivo, porque en realidad no me interesa que haya una temporada para cazar abierta.

EL CARTÓN


BIRRETE

El nuevo escalafón elaborado por la consultora Center for World University Rankings no tiene a una sola universidad peruana entre las mil mejores del mundo.

 

La lista, dada a conocer hoy a los medios, muestra que Estados Unidos es el país que tiene más universidades dentro de este prestigioso escalafón, con 229 centros educativos que alcanzan gran exigencia.

 

No obstante, China ha visto un crecimiento importante en el aspecto educativo, y ya tiene 84 centros confiables para la educación superior, mientras que Japón tiene 74 pese a su pequeño territorio.

 

Otros países que han logrado una buena posición son Canadá, Australia, Austria, Suecia, Finlandia y Nueva Zelanda.

 

Lastimosamente, nuestro país no figura en esta lista, porque ninguna universidad peruana fue tomada en cuenta entre las mil mejores.

web@grupoepensa.pe

 

 

Creo que nadie puede oponerse al espíritu de la nueva ley universitaria. Por lo menos nadie que piense de verdad que la educación no es un negocio de una sola vía, sino una transacción donde ambas partes ganan: gana el educador y gana el educando. No es posible que la ansiedad de lucro de un lado se cebe en la necesidad, la confianza y la esperanza del otro.

La ley tendrá aristas que no la hacen inválida sino pasible de correcciones: como todo. Creo que en ciertos casos, la autonomía se ha entendido como la posibilidad de hacerlo todo; una especie de omnipotencia sin control. Algo como el poder absolutista de esos reyes, que de pronto devienen en tiranos.

El asunto de las universidades es algo que conviene que siga sin moverse a los mercaderes que venden los cartones como si fueran títulos. Porque venden cartones, papelitos que cuando son copiados en el jirón Azángaro producen que se rasguen vestiduras: no admiten competencia y menos si esta va a atentar contra el bolsillo. Es triste: un cartón de Azángaro tiene en la sociedad desavisada, el mismo valor que el que dan algunas “hunibercidades”, pero un menor precio.

Insisto que la ley puede perfeccionarse, pero tiene además la virtud de haber puesto las luces sobre un tema que es fundamental. Sacó al descubierto basura, ratas, ratones, moscas y otros desechos varios que estaban envueltos en papel de regalo.

Ahora que les está llegando la hora a las mafias, creo que con los mercaderes de la educación no hay que tener piedad. Oponerse a la ley a rajatabla como algunos lo han hecho, es descubrir un lado que se cuidaron mucho de tapar. De pronto mi razonamiento es muy simple, pero hay palabras en el código penal de mi país que definen lo que está sucediendo. Hay que llamarle pan al pan y vino al vino.

Las “hunibercidades”, que desaparezcan por los mismos desagües de los que emergieron.