PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

¿CHUPONEO SE ESCRIBE CON CH DE CHISME?


 

Ilustración MOLINA

 

Para muchos esta actividad es una especie de deporte que nutre a los medios de “noticias” que sirven para vender y a la mayoría de los que leen, miran u oyen esas cosas, material de conversación y cotilleo. El tema es ILEGAL.

Nadie puede intervenir, sea en secreto o no, las comunicaciones del prójimo. Si no fuese ilegal, debería estar prohibido por nauseabundo. Sin embargo el asunto persiste y algún medio se jacta de publicar lo que ha obtenido de esta forma dolosa.

Chuponear” a un ministro o a un funcionario cualquiera se hace para sacar ventaja política, económica o personal de algo que el chuponeado y su interlocutor no imaginaban sería escuchado por alguien, un tercero o un cuarto. Es situación distinta cuando la Ley autoriza la escucha. Se sigue un protocolo y se guarda reserva sobre los resultados usándose para fines específicamente legales. Los tales resultados ni se venden ni se airean, sabrá Dios con qué fines.

En el Perú el tema se ha vuelto tan corriente que parece que cierta prensa “destapara” algún caso usando, u ofreciendo los resultados conseguidos por otros a su público. Vuelvo a decir que esto es ILEGAL. El que escucha y el que lo difunde cometen un delito.

Pero no importa nada, “es noticia” (no interesa cómo se ha conseguido) y “el deber de informar” se tergiversa y convierte en un “yo puedo rascar”. Sí, rascar en la basura para dar lo que encuentro.

No tienen el derecho de hacerlo: ni los que “chuponean”, ni tampoco aquellos que difunden. Son las cosas así las que hacen que nuestro país esté como está. Mal, muy mal.

Autor ilustración: MOLINA.

EL DESBORDE


Inundacion

Más que un desborde, parece una inundación ya. De esas que se lo llevan todo, arrasando cuanto halla a su paso. Los ejemplos son varios pero el tema es uno y parece corroborar que en el Perú “donde se pone el dedo, salta la pus”. Vivimos una época, donde como nunca, la velocidad y ubicuidad de las comunicaciones, pone al descubierto el entramado miserable de la corrupción. Una época que ve el desmoronamiento total de los valores que quedaban, tambaleantes,  en pie. La criminalidad campea, se mata por “quítame estas pajas”, se miente abiertamente, hay trampa al rendir cuentas y los facinerosos caminan tan campantes y hasta se dan el lujo de repartir consejos y negar lo evidente.

En esto, por desgracia, una gran mayoría es arrastrada y copia las maneras, los modos delictivos a su escala;  lo malo se hace bueno si es que otorga ventajas y vemos a la impunidad que se pasea ufana de sus triunfos entre flashes y cámaras, sabiendo que “nadie podrá hacer nada” porque para borrar las huellas bastó con asustar  asesinando a alguien.

De algún modo se debe parar esto antes que sea tarde. De lo contrario no va a quedar piedra sobre piedra de lo que un día fue el Perú y dejaremos una arrasada historia para el futuro cercano: la historia de un país que no supo levantarse plantando cara a la adversidad porque estaba entretenido jugando, carecía de espejo donde mirarse y contaba las monedas que para distraerlo los que “la llevan” dan.

¿Pesimista visión? No, solo me fijo en lo que está pasando y me proyecto un poquito adelante pensando que es lo que pasará. No “más tarde”… ¡mañana!

 

 

LA DESTRUCCIÓN DEL PARAISO


 

 

huacaparaiso Imagen www tv peru.gob.pe

imagen: www tvperu.gob.pe.

 

Empresas inmobiliarias decidieron “ampliar terrenos construibles”  y no encontraron manera más expedita y fácil que destruir para empezar una pirámide de más de 5000 años de antigüedad, para seguramente después continuar con las otras doce del complejo arqueológico protegido llamado “El Paraíso”.

La noticia ha saltado fronteras y mares denunciando lo que está sucediendo. Porque lo que aquí pasa no es en algún escondido punto del país (lo cual sería igual de malo, censurable y pasible de pena) sino en Lima, capital del Perú, este país donde parece que cualquiera puede hacer lo que quiere. Y digo que “cualquiera” aunque en este caso se tiene registradas las razones sociales de los vándalos y se conoce los nombres de quien los representa “legalmente” (¿es legal representar delincuentes?).

Es una muestra más de que el pasado no importa y tampoco la historia. Interesa el lucro y para obtenerlo las barreras no existen.

Me da vergüenza tener connacionales  de esa calaña. Me da vergüenza que alguien maquine esto y me avergüenzo de los operadores de las máquinas que hicieron tabla rasa de un pasado común  y que, es inútil decirlo, pertenece no solo a los peruanos sino a todo el mundo.

¿Qué está pasando aquí? La respuesta será “nada, lo de siempre” y pronto la terrible noticia será olvidada y de pronto, conforme pase el tiempo se venderán los lotes ganados en forma totalmente delincuencial, registrados por una institución desavisada o corrupta (no digo que lo sea, por si acaso alguien quiera acusarme por ser difamador), comprados, revendidos mucho más de una vez y allí se construirán casas y edificios, sobre el terreno en el que los antiguos vivieron, enterraron sus muertos y adoraron a dioses que hoy, para las religiones, son ídolos.

Lo que unos ojos malignos miran como un pampón con restos de construcciones y tierra, es donde hace cinco mil años caminaba lo que hoy es nuestra nación.

¿Qué hacer? La respuesta es compleja: para empezar lo que falta es lo más importante de un país; educación se llama.

Educación que trae conocimiento, respeto y que entrega valores poniéndolos en el lugar que corresponde. Y es que parece que no se quiere empezar. ¿Será porque un pueblo educado es un obstáculo para lograr lo que de otra manera no se conseguiría?

Tener un ministerio es solo poner curitas en el cáncer. Las raíces del mal se hunden en nuestra historia de colonia y república. Será así hasta que alguien, en algún momento decida que vale más un pueblo educado que cien años de lucro.

La destrucción de “El Paraíso” es una muestra más que aquí “no pasa nada” y que hablar sobre eso no es noticia, porque no es “positivo”.  De pronto, lo que se obtenga de esta acción ilegal será juzgado así. Total… ¡si se construye casas!

LA VIOLENCIA COMO ESPECTÁCULO


Gota sangre

No estoy hablando del Circo romano, donde se apostaba en desiguales y sangrientas batallas entre gladiadores o en el que indefensas personas eran muertas por fieras. Tampoco se trata aquí del “deporte” del box, que deja a muchos de sus participantes inútiles mientras viven ni de los violentos combates de “kick boxing”; ni siquiera de peleas de gallos, “artístico” toreo o la antigua, popular y salvaje Yawar Fiesta.

Es que el presidente peruano dijo que sería bueno bajar la información de la violencia que nos llega a raudales a través de los medios. De inmediato se han tomado sus palabras como una confirmación de asalto contra la libertad de prensa. Es cierto que la violencia existe y castiga al país. Es cierto que es misión de los medios informar, pero también formar. Y ocultar lo que pasa no es manera de hacerlo. Es verdad que la violencia debe denunciarse y está bien que los medios hagan oír la voz de la ciudadanía defendiendo derechos y señalando a los que son culpables. Sin embargo la crónica roja baña los noticieros de la tele en donde reporteros agitados no solo muestran hechos, sino que hacen “inteligentes” preguntas al criminal presunto como “¿Qué te hizo matarlo?” o ¿Qué sentiste?”. Son dignos herederos de esa  periodista que preguntaba acezante a una persona evidentemente en shock por las heridas: “¿Duele, duele?”.

Me parece injustificado el airear telenovelas donde el violento es un héroe. Vivimos en una sociedad signada por la violencia, qué duda cabe, pero a veces ella busca el “rebote” de sus acciones y para los delincuentes verse en pantalla adquiere cierto cariz de triunfo.

¿No significa a veces que las primeras planas, noticias destacadas, “especiales” o las vueltas y revueltas de casos “emblemáticos” como el de Ciro Castillo Rojo, más que la información son el ofrecimiento de una vitrina atractiva que muestra a los desadaptados como seres cercanos a los héroes? La “autorregulación mediática” no parece existir. No se trata de no decir lo que pasa, pero he llegado a ver las “dramatizaciones” hecha como “reconstrucción” de hechos delictivos. ¿Eso a quién beneficia? ¡En absoluto al público!

Es cierto, las emociones fuertes son preferidas por una mayoría que prefiere observar a vivirlas. El término “voyeur” o mirón, lo dice todo. Siento que a veces los medios tocan esa fibra en su público con el afán de llamar la atención y vender más.

Gota sangre

EL RIESGO ES QUE SE QUIERAN QUEDAR


 

Delincuente

Parafraseo, poniéndolo en plural, el slogan colombiano de turismo, un país hermoso, digno de visitarse y disfrutar.

Lo que sucede es que algunos “turistas” colombianos han invertido la figura y se quieren quedar… ¡en el Perú! Por lo menos, si no se quedan sí lo establecen como base de operaciones; operaciones “non sanctas”: se dedican a extorsionar y asesinar.

Es tremendo lo que está sucediendo y la embajada colombiana no solo ha pedido disculpas por el accionar de sus malos compatriotas, sino que coordina entre ambas policías. Sin embargo, no nos debe extrañar, aunque alarme, este asunto: en el Perú hay descontrol, falta de vigilancia y el crimen, organizado o no, tiene un terreno fértil. La captura de mafiosos del vecino país que bajo la máscara de prestamistas hacían de su ingreso turístico algo, por lo menos 300% rentable (al decir de la prensa sobre los intereses usurarios que cobraban), asegurando sus ganancias por medio de pistolas y en ciertos casos, asesinando a sus víctimas, “para dar el ejemplo”.

Nuestro país recibe a todos con los brazos abiertos pero no podemos seguir con los brazos cruzados. Es hora de poner coto a la violencia y al delinquir nacional o foráneo en nuestro suelo. Es un tema que aparece como prioritario en las encuestas y el habla diaria de los ciudadanos. El publicitado auge financiero, sumado al descontrol interno, ofrece un terreno abonado para el crimen. Mientras tanto seguimos haciendo gala de nuestra gastronomía eximia, los centros comerciales abren en todo sitio, aumenta el parque automotor de vehículos nuevos y algunos peruanos (no todos) ven engordar sus billeteras. Esto es lo material.

Lo otro tiene problemas. Seguimos alegremente desorganizados mientras el hampa y la inseguridad campean. ¿Se está haciendo algo? Se me dirá que sí, que allí están las capturas y el “desmantelamiento”  de las bandas. No basta. De “botones de muestra” estamos hartos porque solo son eso y una camisa decente necesita bastante más que un botón.