LOS MEJORES SE VAN PRIMERO


Está demás decirlo: Constantino Carvallo ha muerto hoy.

Con él se han ido una lucidez, una pasión y un modo de hacer las cosas que son inusuales en nuestro Perú. No lo conocí personalmente, pero me fue entusiasmando saber sobre él; ése lado público que resultaba contestatario y evidentemente apasionado por lo que hacía. Allí están Los Reyes Rojos y Alianza Lima. La poesía de Eguren y la poesía de los victorianos en la cancha.

Se escribirá mucho sobre Constantino Carvallo, porque es un referente. Estas líneas sólo quieren rendir un pequeño homenaje al hombre que hizo lo que creía que debía hacer: “Viene la noche y firmes combaten foscos los reyes rojos”.

Desde la aurora

combaten dos reyes rojos,

con lanza de oro.

Por verde bosque

y en los purpurinos cerros

vibra su ceño.

Falcones reyes

batallan en lejanías

de oro azulinas.

Por la luz cadmio

airadas se ven pequeñas

sus formas negras.

Viene la noche

y firmes combaten foscos

los reyes rojos.

José María Eguren

MILTON LO DICE TODO


Leo a Milton en su “Café Taipá” y no tengo mucho más que agregar.

Sin su permiso, copio aquí el post.

Terremoto en Pisco… y las réplicas que sí se pudieron evitar

No quería terminar el día sin tocar el tema del primer aniversario del terremoto en Pisco. Yo lo viví a la distancia, eran las 7:30 a.m. (hora de España) y me estaba alistando para ir a trabajar, cuando prendí mi lap y leo en mi outlook el título del mail de mi primo que decía “Reporte del terremoto que sacudió Lima, todos estamos bien”, inmediatamente hice la visita de rigor a RPP, y el resto es historia: llamadas a Lima, visita a todos los medios de prensa peruanos, y en la oficina donde trabajaba, todos estaban tan o más enterados que yo. Muestras de solidaridad, de cariño, consultas por mi familia, y hasta ahí todo bien, aunque el dolor se llevaba por dentro.

Pero a los pocos días una amiga catalana hablaba pestes de Alan García –y la prensa española también-, y yo no entendía por qué. Resulta que el Presidente había mandado largar a unos bomberos españoles que fueron de voluntarios, y bueno, no supe qué decir. Luego vinieron las burlas por el famoso Pisco 7,9 -idea vomitiva de nuestro Ministro de la Producción-, y también me quedé sin argumentos de defensa. Me preguntaba cómo en mi país, el sentido común sólo le pertenecía a “los comunes” y no a nuestras autoridades quienes tenían que dirigir un proceso de recontrucción urgente que hasta ahora sigue pendiente.

Veo en agencias de noticias del extranjero que la disconformidad y el rechazo de la población de Ica frente al gobierno ha trascendido fronteras, y me pregunto si toda la andanada de rechazo hacía nuestros políticos que viven en su propia nube se podría haber evitado. Pero mi respuesta es negativa. Con la infeliz iniciativa de celebrar en Palacio “el día de la juventud” días antes del aniversario de esta tragedia, con propaganda millonaria en todos los medios para convencernos de que sí se tomaron medidas para atender al sur -previa limpieza de escombros ahoritita no más-, realmente se pierde toda esperanza ¿Cuántas casas se hubieran podido levantar con los cientos de miles de soles que esta semana se han invertido en los medios? Realmente me preocupa lo que pueda pasar después.

Y, para terminar, creo que quienes posteamos y criticamos deberíamos tener alguna acción efectiva por la gente que sufre en el sur. No me sentiría con autoridad moral al 100% si no siento que aporto en algo. Sé de muchos que al día siguiente del terremoto volaron a Ica para dar la mano, y de seguro que fueron de más ayuda que muchas iniciativas del gobierno como FORSUR o el envío de alimentos que se quedaron en almacenes, confiscados por oportunistas que deberían ser sancionados ¿Hay alguno que publicamente haya sido juzgado? Y bueno, desde esta tribuna cafetera propongo que hagamos algo más que escribir: un buen reportaje, en el caso de los periodistas; una campaña de comunicación, entre los publicistas, por ejemplo-, porque con lo amnésicos que somos todos, no vaya a ser que pase una semana, y un nuevo escandalete de farándula o congresal deje el tema del Pisco para alguna otra oportunidad, tal vez para el 15 de agosto de 2009 ¿Sería muy injusto, no?

HACKERS ATACAN LA WEB DE LOS JESUITAS EN EL PERÚ.


He recibido el siguiente mensaje:
Página web de la Provincia está fuera de servicio por atentado de hackers:

Comunicado de la Oficina de Desarrollo


Por medio de la presente les comunicamos que la página web
jesuitasperu.org ha venido sufriendo desde hace unos días un ataque continuo de hackers y, lamentablemente  a pesar de todos los esfuerzos y restricciones de seguridad, el día de ayer lograron entrar por completo y han borrado la información de la página.

Luego de las primeras investigaciones y seguimiento del registro de ingresos, hemos llegado a la conclusión que el ataque no ha sido realizado por ningún usuario de nuestra web , pues no aparece ninguna actividad anormal en el log de eventos. El ataque se hizo utilizando mecanismos avanzados de intromisión, realizado por hackers brasileños o argentinos (han atacado simultáneamente a varias páginas en distintas partes del mundo). El problema radica principalmente en que han explotado las vulnerabilidades propias de la plataforma de la página.

Este tipo de ataque es corriente y dañino, pues los hackers buscan páginas que presenten debilidades (hay robots que lo hacen) y generalmente atacan sitios institucionales o que sean relevantes.

El daño que causan no sólo es para el propietario del site, sino para los lectores que se ven privados de información valiosa.

Esperemos que puedan corregir cuanto antes este problema, a pesar del tremendo trabajo de reconstrucción que se les presenta. Los hackers son terroristas informáticos y su accionar, salvo razones ideológicas, suele ser nihilista.

BILLETE FALSO


En un banco me dieron un billete de cien soles,  falso.

Como me lo entregaron con otros y yo pedí cambiar uno en billetes de diez, además que estaba pendiente que la señorita me devolviera mi DNI aparentemente olvidado, me distraje.

Al pagar una cuenta de lavandería, la persona que lo había recibido regresó a mi casa con el billete (el número se había apuntado) para cambiarlo, porque era falso. Los números coincidían y era el billete. Un billete falso de cien soles.

Mucha gente los reconoce a simple vista. Yo no soy ducho en la materia y además veo mal.

No me di cuenta y sin querer me sumé a la cadena de receptores porque un banco (que se supone especialista) dejó pasar o deslizó a propósito un valor falso. Total, yo era uno más en la larga historia de distraídos; estafados por no fijarse y reclamar a tiempo. Cien soles: más de treinta dólares.

“El mercado está inundado de billetes falsos” dicen las noticias. Y uno cree que no le va a pasar, hasta que sucede y se convierte en momentáneo cómplice sin saberlo, hasta que se detiene la cadena y resulta ser víctima. Lo estafaron con cien soles. Un banco.

Esto me lleva a pensar en el tema de los valores nuevamente.

Se falsifica un billete que es un valor (monetario, pero valor) y el valor confianza es traicionado por una institución en la que uno debe creer. No sólo porque se convierte en depositaria de los valores (económicos, o sea billetes y monedas), sino que se especializa en su transacción y fomenta la circulación de ellos.

Esta institución está respondiendo a mi confianza traicionando la misma, que es un valor, al entregarme un valor (monetario, pero valor) falso. Un valor falso que debería haber sido detectado por los especialistas, sobre todo porque formaba parte de un fajo de billetes que estaba en el cajón de la señorita que atendía en ventanilla. Un billete que había sido contado varias veces y había ingresado en la contabilidad del banco, pasando por bueno.

Una estafa que fue legalizada por los especialistas que hicieron de intermediarios. Y el afectado fui yo. En mi confianza y en mi bolsillo. Pudo ser cualquier otro.

No voy a dar el nombre del banco, que es muy grande aunque yo lo escriba con minúsculas.

“Pasa en todas partes” me dirán. Sí, pero no debería ser.

Si los bancos te estafan, los policías te asaltan, los comerciantes te venden artículos “bamba”, los profesionales falsifican sus títulos y los estudiantes “copian y pegan” en sus tareas temas que encontraron en Internet, qué nos queda?.

Si un general de la policía es tildado de cobarde, por convertirse en rehén para  evitar muertos, por quienes debían respaldarlo y felicitarse que ésto suceda así; si algunos congresistas contratan a sus parientes o a personas que les devuelven parte de sus magros sueldos,  y lo niegan todo hasta que no les queda más remedio que admitir la evidencia, qué hacer?

Repito mi tema: somos el país de “no te preocupes hermanito, déjalo así nomás; nadie se va a dar cuenta”.

Por eso somos últimos en todo. Hasta en fútbol.

Y así nuestro presidente quiere que “pensemos en grande” y seamos sede de las olimpíadas. Plop!

EL HOMBRE QUE PERDIÓ SU IMAGEN


Fuente imagen: http://www.fotoprieto.com/Historia/Camara/Camara.html


El viejo Pascual y su máquina de fotos se parecían mucho. Los dos vivían de recuerdos.

La máquina guardaba en su memoria las imágenes tomadas en los parques donde los soldados y las empleadas posaban ingenuamente, para hacer duradera la fugaz tarde de un domingo.

El negocio no era muy bueno pero se conocía gente. Se conversaba harto.

Nunca faltaba algún estudiante de colegio fiscal, sudoroso, de última hora, que pedía – “una foto para mi carnet”. Ni los niños que se subían al caballito de madera pintada: – “Igualito al Llanero Solitario, mami, hasta el sombrero tiene”.

El viejo Pascual y su máquina recorrían gradas de ministerios, plazas y calles . Tomaban una foto aquí y otra más tarde.

Un día decidieron irse a Arequipa. En el ómnibus, la máquina viajó sobre las rodillas de Pascual.

Los afectó la altura. El viejo Pascual ya no estaba para esos trotes.

Se alojaron en el hotel “American Boy”; quedaba por el mercado y era lo más que podían pagarse. Tres días después salieron al sol del parque Duhamel; había una estatua y tres fotógrafos ambulantes.

No le dijeron nada al principio. Despachado el primer cliente -una gorda que venía de compras y que necesitaba una foto “para que mi marido que es camionero, sabe usté, me lleve siempre en el carro”-  se le acercó uno.  – “Tú no eres de acá, viejito…”

– “No, vine de Lima”, pensó que ya estaba haciendo amigos y del gremio, además.

– “Mejor te vas; éste es nuestro sitio y estás malogrando el negocio. Tres somos bastante pero cuatro…”

Tuv miedo y se fue. Al día siguiente tomó una foto del Misti y se embarcó para Lima.

En el camino le robaron su maleta. -“Se perdió en el viaje” decía para evitarse problemas.

El viejo Pascual comenzó a perder la vista. Al principio creyó que era la máquina que no enfocaba bien; la llevó donde un compadre que sabía y le dijeron que tenía que cambiar el lente. Averiguó en una casa del centro: costaba mil soles.

Un oculista le dijo: -“Tiene cataratas ; para explicárselo mejor le diré que es como si usted, en sus ojos, tuviera un lente como los de las máquinas de fotos. Si ése lente se empaña, hay que cambiarlo… A usted lo operamos y volverá a ver como antes”.

Se internó en un asilo. Ya no veía y no tenía plata para hacerse operar. La máquina de fotos fue vendida en Tacora a un anticuario que tenía su tienda en Miraflores.

Manolo Echegaray.

Diario “Correo”, Lima 2 de Octubre de 1972