TODO SE VE Y SE OYE


TODO SE VE Y SE OYE

El Gran Hermano de Orwell está por aquí hace tiempo, ubicuo, omnividente y a la escucha.

 

Nos mira, oye y sabe sobre nosotros más que nosotros mismos.

 

Colaboramos entusiasmadamente con su conocimiento.

 

Es un monstruo todo ojos y oídos con una sola boca que sonríe atractiva.

 

Pasa por invisible para la mayoría pero cuando por casualidad se le vislumbra produce miedo.

 

Tiene nombres inofensivos y hasta simpáticos.

 

Parece un buen vecino que riega su jardín.

 

Se mueve sin dejarlo, pero su rastro son las manchas de sangre.

 

Siempre viaja montado en la tecnología.

 

Si te viene a buscar… ¡no abras la puerta!

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¿GENERAL YO?


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Hace años trabajaba en Palacio de Gobierno y estaba a cargo de la comunicación de este; un día en que tenía una reunión fuera, mi asistente pidió un taxi que me recogería, pero cuando bajé en busca del vehículo, me encontré que no estaba y pregunté a la chica policía que estaba de servicio, atendiendo en el mostrador de la entrada, si no había venido el conductor de un taxi preguntando por mí; me respondió que sí, pero que el oficial a cargo de una tanqueta que estaba al principio de la calle, le había impedido estacionarse y se había ido.

 

Volví a subir las escaleras, se pidió otro auto y pude llegar, tarde, por supuesto, a la reunión, no sin antes decirle a la chica que estaba en la puerta: “Dígale al oficial, que el general Echegaray se molestó por lo del taxi y que si las órdenes son que nadie se estacione cerca de esta puerta, lo comuniquen…

 

Lo dije, en verdad molesto y sin pensar lo que hacía (cosa que uno no debe hacer nunca; eso de pensar antes que nada, es una garantía); al día siguiente, ingreso y estaba la misma chica del día anterior; nos saludamos y ella me dijo: ”Disculpe doctor… ¿Es usted general…?” Yo la miré a los ojos y reprimiendo la risa que casi se me sale le respondí: “¿Usted qué cree…?” y subí rápido a mi oficina; por supuesto, no se me ocurre que la chica creyera que con mi metro sesenta y poco aspecto militar o policial, podía serlo…

 

Pero siguieron diciéndome “doctor” aunque no soy abogado ni médico (a ellos coloquialmente se les llama así) y por supuesto no tengo un doctorado en nada; digamos entonces que son cosas de la administración pública…

 

 

 

Imagen: arturinsa.com

VIENTO


galeria.dibujos.net

El viento le agitaba los cabellos y él creía que se los llevaba de a pocos, por eso usaba sombrero o gorra siempre que estaba afuera, cuidándose; ya crecido y calvo, siempre le echó la culpa al viento y no se fijó nunca que dentro de sombreros y gorras se iban sus cabellos, porque al asunto genético no hay quien le engañe.

 

 

 

Imagen: galeria.dibujos.net

MI MAMÁ ME MIMA


PINTEREST

El pequeño era engreidísimo y a veces resultaba francamente insoportable; sus rabietas, que producía el no obtener lo deseado, fueron célebres y en la familia todos trataban de darle gusto para no tener que sufrir una.

 

Así creció, engreído y estrellándose contra una realidad que no resultaba tan dulce como hubiera querido; ya viejo, quienes tenían contacto con él lo consideraban un amargado y tejían mil teorías.

 

No se imaginaban que todo había empezado cuando la chica le dijo que no.

 

Imagen: PINTEREST.

INVENCIONES.


www.freepik.es

La solución siempre fue inventarse las cosas si el asunto se presentaba difícil; cuando era muy chico inventaba los resultados de las divisiones que hacía como deberes en la casa: pulcras y ordenadas, a simple vista, estéticamente lógicas, eran producto de su imaginación.

 

La madre cayó en ello porque la profesora, intrigada y ante el silencio del niño, le preguntó si sabía cómo llegaba él a esos resultados…

 

Es una historia que conozco bien, porque yo era el niño y me pregunto ahora ¿qué será de esa profesora…?

 

 

Ilustración: http://www.freepik.es

LA CAJITA.


CAJITA DE TETÉ

Pequeña, antigua, indudablemente fina, con quién sabe cuántos años, hecha de madera delgada, forrada por fuera con lo que parecía cuero de color guinda que mostraba arañazos de uso, y las iniciales “A. S”  grabadas en la tapa; le di vueltas y curioso, imaginé…

 

 

Las iniciales “A.S”  grabadas en la parte de afuera podrían corresponder a las de mi abuela paterna, Antonia del Solar, porque no sé si ella exactamente, pero sí su familia, había vivido en París, donde se fuera a radicar dejando el Cuzco y la hacienda inmensa cuya “capital” era lo que hoy es el pueblo de Lucre; estas son cavilaciones mías, hechas uniendo lo que mi padre me contaba, porque ciertamente la cajita no tenía más señas ni conozco su historia pasada; solo sé que la tenía mi hermana mayor, Teresa o Teté como le decíamos todos – sus hijos incluidos (con ese arequipeñísimo “la” antecediendo al nombre)- que falleció a los ochenta y cinco años, unos días antes de cumplir uno más hace solo unos meses.

 

 

Teté ya casi no salía, comía casi nada, era divertida, amable, aguda y caprichosa; mi hermana era de esas personas que uno encuentra una sola vez en la vida…

 

 

La cajita –porque de eso se trata esta historia- llegó a mis manos porque mi sobrina, que se encargó dolorosamente de ordenar todo lo que Teté tenía en casa, para repartir entre sus dos hermanos y ella misma los recuerdos de toda una vida, donar libros, muebles, electrodomésticos y menaje; la casa, por decisión de los tres hijos se cerraría para después venderse.

 

 

Teresa María, mi sobrina, me trajo de recuerdo la cajita y al abrirla,  encontré que tenía dentro una fotografía tamaño “carnet” en blanco y negro  de Teté…; luego de la sorpresa que me llenó de recuerdos que se agolpaban rápidos, vi  que la tapa estaba forrada por una especie de seda guinda con las palabras  “Ch. FONTANA  & Cie.   PALAIS ROYAL  96 a 98   PARIS” impresas en dorado y en la parte inferior con terciopelo, ligeramente levantado que tenía cuatro ranuras, para exhibir el contenido que habría sido un juego de tres joyas: anillo, aro y un par de aretes…

 

Guardo celosamente la cajita que en alguna época contuvo un juego de joyas que mi hermana heredó de nuestra abuela Antonia y que ahora guarda para siempre una joya mayor: el retrato de Teté.

 

 

 

TIRANOSAURIO REX.


 

T. REX www.canarias7.es

Le habían dicho que no tocara  nada “porque los chicos, ¿sabe señora?, lo rompen todo…

 

Él no rompe nada”, dijo la mamá molesta y siguieron caminando por el museo para ver al Tiranosaurio Rex; cuando llegaron hasta la osamenta gigante esta se levantaba en una especie de patio, con una rampa que subía rodeando el esqueleto del bicho prehistórico para permitir que se lo viera desde diferentes ángulos.

 

La madre, con el celular, absorta, tomaba fotos para que el niño hiciera el trabajo que le habían dejado en el colegio mientras él se retrasaba y trataba desde la baranda de alcanzar lo que eran, a sus ojos, huesos viejos y contarlo después a sa sus amigos; llegó a agarrar uno, pero el cuerpo lo venció y cogido del hueso enorme, cayó, desmoronando con el jalón el armatoste entero.

 

Cayó desde muy poca altura por suerte y encima le cayeron los huesos que terminaron haciendo una especie de castillo que lo mantuvo ileso; corrió la madre pensando lo peor, llegó el guardián que miró el desastre y vio al niño rodeado de lo que fuera hasta ese día la atracción del museo…

 

“¡Juanito!” gritó la madre alteradísima  y “¡Mierda!” dijo el guardián entre furioso y asustado; el chico no dijo nada pero estaba seguro que sacaría un veinte si contaba la historia y se guardó rápido en el bolsillo,  un pedazo de hueso que levantó a escondidas del suelo, para mostrarlo a los incrédulos como trofeo.

 

    Imagen: http://www.canarias7.es