PIRATAS INFORMÁTICOS


Piratas

La existencia de piratas viene de muy antiguo. Siempre ha habido quienes han deseado apoderarse de lo que no es suyo y beneficiarse con ello. Bajo la enseña de una bandera negra con calavera en los mares de antaño y confiando en la sorpresa y rapidez de sus ataques sin bandera alguna hoy, atacan lo que navegue y pueda ser botín. Están también los piratas de carretera, que desvalijan camiones de carga y pasajeros de buses. Quienes “piratean” música. Hay piratas por todos lados. Tenemos “ediciones pirata” en el caso de los libros, “emisoras pirata” en la frecuencia radial que generalmente operan desde el mar (si son grandes) y las que “se montan” sobre una frecuencia conocida y que generalmente son más pequeñas. Finalmente, en una época en la cual la interconexión por Internet es inmensa y sigue creciendo, la piratería informática ha hecho su aparición, desde hace varios años, en busca de fortuna.

Toda clase de piratería es delincuencia y la ley siempre anda tras sus pasos con mayor o menor suerte.

La piratería trata de aparentar que lucha por una buena causa, pero al final la causa es propia y significa dinero o poder. El cuento de Robin Hood que tratan de hacernos creer con algunas acciones, es eso: un cuento.

Hace muy poco, los piratas informáticos anularon momentáneamente el sitio web,  fan page y los correos electrónicos de una empresa amiga, que esforzadamente había ido creciendo hasta que alguien decidió tratar de silenciarla. El ataque fue simultáneo y aunque el autor dejó gruesas huellas, hizo el daño que en este caso le da como ganancia sentirse satisfecho y pensar que eliminando a lo que considera competencia, hará mayores negocios.

Por supuesto que para el delincuente la posible desestabilización de los puestos de trabajo que afectó, debe ser un “daño colateral”, como los muertos civiles en los conflictos bélicos.

Es como si un ladrón se metiera en la casa, aprovechando una ausencia o descuido y no contento con hurtar todo lo posible, rompiera muebles y ventanas para completar su faena. El símil no es lejano, porque lo hecho por este pirata y sus secuaces informáticos es un asalto con violación y destrucción de domicilio. Es un robo vulgar al que el ensañamiento aumenta.

Los piratas, del espectro que sean, deben ser sometidos a la Ley. Especialmente si se creen impunes.

TRANSMISIÓN


En mi último post hablaba de una fuerte gripe. Parece que la enfermedad se hubiera transmitido a mi PC y el disco duro enfermó, enlenteciéndose de a pocos, hasta que “in artículo mortis” llamé a mi buen amigo Luis, el hombre que sabe ser doctor de estas máquinas (de las cuales mi conocimiento se reduce, ahora veo, a usarlas) quien vino, comprobó la agonía y hace una semana, el sábado, se la llevó para tratar de salvar lo salvable. El sábado volvió con un disco duro nuevo e instalado y habiendo rescatado la mayoría de los archivos. Ahora, después de dos días casi, de hacer pruebas, lo usual sigue estando y lo que se haya ido lo daré por “desaparecido en combate”.

He pasado una semana sin conectarme y lo hice por minutos, un par de veces desde la laptop que Alicia tiene, pero sin querer demorarme mucho para que el hiato sirviera también de reflexión. Dediqué mi “tiempo computacional” a releer, a revisar más en profundidad el diario y alguna revista y a eso que resulta raro en este tiempo y parece un lujo: pensar.

Es cierto que al principio eché en falta escribir y comunicarme, después me resigné y luego dejé que otras pequeñas actividades tomaran el espacio destinado a ello.

Ahora, de vuelta a una “normalidad” que de pronto tuve que cambiar, momentáneamente,  por otra, me siento a escribir, comunicarme y buscar qué decir. No es tarea fácil porque en tan poco tiempo, uno se “oxida” un poco y si bien las ideas siguen fluyendo, aprehenderlas y darles forma escrita e inteligible no es tan fácil.

Supongo que sucede como cuando estoy mucho rato en una sola posición y moverme, “empezar a”, significa un triunfo de concentración voluntariosa. En fin, así es todo cuando pasa el tiempo y bien dice el refrán que “piedra movediza no hace moho en la cobija”. Hoy es lunes, espero que no haya más pausas que las que yo quiera y que la fluidez de ideas encuentre bien su canal para que lo que trato de decir, se entienda.

Estoy muy contento de estar de nuevo aquí y las cosas que tuve y se fueron, descansen en paz.

 

DISEÑO


Mediante Facebook me llega la fotografía de un diseño de computadora, con lo que considero es una concepción moderno-retro (La nueva Philco PC, diseñada por David Schultze es un concepto inspirado en los años 50.). De inmediato le di “me gusta” y “compartir”, no pude contenerme ante una muestra de cómo el diseño bien pensado y realizado puede tocar teclas tan sensibles en uno.

De acuerdo, se me dirá que solamente es una computadora y que no va a cambiar nada. Lo mismo estoy seguro que dijeron de los diferentes diseños que no solo llamaron la atención, sino que fueron incorporados al uso y lograron mejorarlo y hacerlo más bello. “Funcional” no es la palabra, pues muchas veces lo funcional no es bello. Aquí es donde resulta importantísimo el diseño que tanto se menosprecia a veces. Algo que funciona y es bello, da gusto  manipular y su operación convierte un acto rutinario en algo hermoso.

Muchas veces pasamos por alto esto, tanto, que nos parecen naturales las maravillas y no nos produce emoción ver que gracias al pensamiento de un ser humano podemos hacer cosas y disfrutar de ello.

Se pensará que exagero, pero de los casos de malos diseños que nos rodean, solo reparamos cuando dificultan la operatividad o no pasan por nuestro control visual. Vivimos inmersos en el diseño que va desde un “abre-fácil” en los envases hasta esas sillas que dan ganas de quedarse sentado (si son buenas) o pararse de inmediato.

Mucho podríamos hablar del diseño y creo que los que hacen divisiones como “gráfico”, “industrial” o “arquitectónico” por citar algo, se equivocan. Hay un solo concepto de diseño y tal vez innumerables subdivisiones o extensiones, pero que en el fondo se resumen en belleza. Claro está que si es algo “usable” deberá cumplir con ciertas normas de funcionalidad: tiene que servir para el fin que debe. Este, como digo, es un tema muy largo y que se discute mucho. Aquí solamente doy fe de mi entusiasmo.

 

FRASE PARA PENSAR


En mi computador tengo como protector de pantalla una frase que estuvo durante mucho tiempo en un afiche, puesto en la cabecera de la cama de mi habitación cuando era soltero. Era un fondo amarillo violento, que tenía la cara del Che Guevara (en la famosa foto tomada por Alexander Korda) solarizada en y la frase: “SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE”. Hoy, cerca de cincuenta años después más o menos, esas palabras siguen diciéndome que el camino de las quimeras es el verdadero camino.

Proveniente de los “Sucesos de Mayo del ´68”, de París, resume toda una filosofía de vida, que animó a los jóvenes a realizar uno de los más grandes movimientos populares del siglo pasado y que cambió para siempre el panorama no solo francés y europeo sino mundial.

Creo firmemente en que lo que esa frase encierra como propuesta de vida, refleja perfectamente el ánimo joven y que traspasando épocas, es más actual que nunca, hoy que se ofrecen sucedáneos de baja calidad a los legítimos sueños. Siempre he pesado que se podía llegar más allá de lo visiblemente alcanzable y que lo único que hace falta es decisión y valentía, dos cualidades que los jóvenes siempre han mostrado.

El ser joven no solo pertenece a la edad cronológica, sino al espíritu. Se puede ser un anciano de veinte años y un muchacho de sesenta. Los sueños son más poderosos que la realidad y son estos los que impulsan todo hacia adelante y hacia arriba. La juventud que anida en los corazones es mucho más fuerte que el tiempo: lo veo en las personas que parecen no envejecer porque no amainan su entusiasmo,  en aquellas que enfrentan el día con esperanza y saben que cada minuto es una batalla ganada en la guerra del tiempo.

Son las personas a las que esta frase pinta, decididas a luchar siempre por conseguir aquello que a otros parece inalcanzable: aquellos para los que no existen imposibles.

Seamos realistas, pidamos lo imposible: solo así se podrá construir el mundo.

GRANDE Y CHIQUITO A LA VEZ


 

Cuando entré a trabajar para el gobierno del Presidente Toledo, tenía un Communicator de Nokia. Se lo vi a un ex alumno y amigo mío en una reunión y me enamoré de sus posibilidades. Claro, era grande para ser un teléfono (dicen que es lo único pequeño que el hombre tiene y se enorgullece de su tamaño mínimo) pero era a la vez una computadora que permitía muchos usos, muy manuable (una especie de adobe chiquito, grande para ser sólo teléfono). Mi amigo me dijo dándomelo.: “Llévatelo y pruébalo este fin de semana. Es el mío, pero no importa. Si te parece bueno hablamos el lunes y te compras uno, yo los vendo.” Protesté (confieso que poquito) y salí más contento que chico con juguete nuevo: Lo había visto en Internet y en alguna película del OO7. ¡Eso era lo que yo quería! Pasó el fin de semana y el lunes por la tarde era el feliz propietario de uno. El manual era casi tan gordo como el teléfono y pasé muy buen tiempo aprendiendo las funciones, que en realidad estaban bien explicadas y como el aparato y su interfaz eran muy amigables, pronto estaba llevando mi  adobecito a todas partes. Guarda que cuando digo adobecito, no es que signifique que el teléfono fuera muy grande. Lo era, en relación a otros, pero cuando el Presidente Toledo me preguntó que era eso que llevaba en la mano, le dije que un teléfono y rápidamente lo abrí mostrando teclado y pantalla. “Y una computadora” terminé, acercándoselo. Lo tomó, miró y pasamos a otra cosa.

Yo tuve los primeros teléfonos celulares que Genaro Delgado trajo y fui cliente de su compañía e hice la publicidad de Telemóvil, que así se llamaba. Cuando llegaron y yo tuve uno… ¡Oh maravilla! Podía hablar casi desde cualquier parte, pero el aparato marca Uniden era un verdadero ladrillo y me acostumbré a llevarlo a todos sitios, vigilándolo siempre, no fuera a ser que lo dejara olvidado, o me lo robaran. El Communicator era, comparado, un avance gigantesco.

El hecho es que el aparato celular me servía para entrar a Internet, almacenaba y reproducía películas, me permitía acceder fácilmente a mi correo electrónico, ofrecía una grabadora y tenía mil chiches más, salvo que no tomaba fotografías ni filmaba: Una maravilla, si pensamos que en el 2003 algunas de esas cosas se veían en revistas o eran para los fanáticos de los gadgets.

Recuerdo que una vez, cuando recién lo tenía, la secretaria del Primer Ministro me preguntó que era y yo abriéndolo y como la pantalla se iluminaba, le dije: “Es una polvera con luz” y me reí para después mostrarlo y decirle que era mi teléfono, explicándole que de acuerdo a los estándares, era un teléfono grande pero una computadora chiquita, etc.

Varios años después ya me resultó incómodo y además no usaba ni el 20% de sus funciones (además debo haberme cansado de dar explicaciones y respuestasI: Lo regalé con sus accesorios al museo de la Facultad de Artes y Ciencias de la Comunicación de  Universidad Católica. Allí debe estar, porque las cosas van tan rápido en este campo, que mucho de lo que acaba de salir ya es un recuerdo y merece, si vale la pena, guardarse para que los que vienen y no lo conocieron, sepan que alguna vez existió.

¡Ah! Me olvidaba decir que en la película del 007, con Roger Moore, creo, este abría los seguros y encendía su auto desde su “teléfono celular” que era, ya lo he dicho, igualito que el mío. La diferencia es que yo no soy James Bond ni mi Communicator tenía el programa que hacía posible esa función. Tampoco he poseído nunca un auto como el del espía más famoso, aunque ganas nunca me faltaron.