TÓXICO.


FRASCO DE VENENO

El aire que respiramos en las ciudades es tóxico; tóxica es la “comida chatarra”, tóxicas son algunas “amistades”;  tóxico es el pez que nada en aguas contaminadas, que después se convierte en pescado y comemos alegremente.

 

Tóxico es todo aquello que hace daño pero admitimos cada día como símbolo de “la modernidad”: ¡y se dice que avanzamos a pasos agigantados!

¡UNA CUCARACHA, MARTÍNEZ!


CUCARACHA

No se trata del personaje del cuento infantil  “La Cucarachita Martina”, sino de la protagonista de un reality que hace que la fantasía, verdaderamente, supere a la realidad.

La cucaracha en la pizza y el aluvión de denuncias y descubrimientos que esta punta de iceberg cucarachoso ha producido en los medios locales, demuestra que un boom gastronómico, por descuido y desinterés se puede convertir en un ¡bum! explosivo que estalla en la comida, ante nuestras propias narices.

Cucarachas, gusanos y otros insectos o cuerpos extraños (¡una hoja de afeitar!) son algunos de los encuentros “del tercer tipo”, desagradables y peligrosos que los consumidores han encontrado en lo que se llevan a la boca.

Es cierto que se pueden quejar a INDECOPI, correr la noticia por las redes sociales y aparecer en la televisión, en periódicos y revistas, pero eso no repara el terrible momento pasado ni compensa lo que a todas luces es incompensable. El acto de consumo, en general, es un acto de confianza y en el caso de alimentos es mayor aún porque tiene que ver con la salud.

Esto tiene que ver con el desinterés que existe por el otro, por los demás. Tiene que ver también con la actitud personal a la que no importa nada con tal de “salir del paso”. Nos hemos acostumbrado a no exigir y cuando lo hacemos nos encontramos con la extrañeza y el rechazo de quienes, a fuerza de no exigir lo que es justo, piensan y creen firmemente que el reclamo “está fuera de sitio”.

El maltrato es una actividad diaria que sufrimos en diferentes frentes y “a llorar al río” si queremos quejarnos.

Claro, una cucaracha en la pizza o ratas en el cine son el resultado de una incuria doble: sucede por descuido y porque nos dejamos. Ojalá que a partir de ahora se tome conciencia que como ciudadanos, como seres humanos, tenemos deberes y derechos. Hay que cumplir a rajatabla unos y reclamar por los otros. Siempre.

 

 

EL SABOR DEL COLOR


COLORES

Los sabores tienen colores que estallan en el paladar y suben, proyectándose y tiñéndola, a la imaginación.

La piña tiene sabor a sol: esa luminosidad amarilla que nos invade y provoca la alegría de estar vivo. El sabor de la lúcuma, lo decía Martín Adán, es opaco y pienso que las naranjas hacen honor a su nombre y tienen ese sabor: magenta y amarillo al mismo tiempo. El de la canela me recuerda a la infancia, como el del clavo de olor y el punzante sabor de la pimienta y también el sabor a vainilla: son colores de confianza, de casa, de familia, lo mismo que me produce el amable sabor del chocolate.

¿Y el sabor del café?: tiene el color del tiempo.

Las mezclas de sabores me dan nuevos colores y de pronto me encuentro sumergido en una sinfonía cromática difícil de describir con palabras. Supongo que es lo mismo verbalizar la música, explicar un acorde.

Creo que el blanco es el sabor del hambre y el negro el color que pinta los  excesos.

 

CHUNG YION


TALLARIN SALTADO

El domingo nuestra hija nos invitó a almorzar fuera y fuimos al chifa en Barranco. Pensé que iba a ser un viaje hacia el pasado, por lo menos geográfica y gastronómicamente. Y sí, fue un viaje, porque dimos vueltas y vueltas porque había calles cerradas y problemas de tránsito (y eso que era domingo). Llegamos y la calle Unión donde queda el chifa Chung Yion desde que tengo memoria (o desde que abrió) estaba llena de gente, autos estacionados y un ambiente digamos festivo. Por fuera y a la entrada, el chifa confirmó que el viaje al pasado era un hecho. Había sin embargo mucha gente haciendo una especie de cola amontonada y pensé que no habría un solo sitio, pero eran los que esperaban chifa para llevar. Dentro había otro mar de gente y caminamos despacio, yo asombrado porque aunque los “apartados” eran los mismos, pintados del mismo color, el local había crecido enormemente hacia el fondo; nos sentamos a esperar una mesa libre, en sillas que estaban en hilera, enfrentando a… ¡los baños! Para mi sorpresa (ante la cantidad de gente) nos llamaron a los diez minutos y entramos a un salón lleno de mesas abarrotadas y diría festivas. Nuestra mesa (eran dos) estaba numerada, nos sentamos, vimos el menú (que estaba impreso en los colores rojo y azul que recordaba de antes) y pedimos.

Mientras venía la comida, los mozos atendían sorteando mil obstáculos, trayendo fuentes con platos humeantes. Velozmente llegó el wantán previo, Inca Kolas chiferas, cubiertos e innumerables servilletas de papel. Antes de terminar los wantanes fueron arribando un tallarín especial, chicharrón de gallina, chancho al ajo, gallina enrollada con espárrago y chaufa (especial también)…

¿Qué tal estuvo todo?: ¡delicioso!

Los sabores se habían renovado, guardando lo verdaderamente esencial, pero agregándoles un maravilloso “no sé qué”.  Creo que así lo entienden todos, porque los comensales seguían llegando a pesar de ser las cuatro de la tarde.  Fue todo un delicioso viaje al pasado, viaje un poco bullanguero, es verdad, pero que remató con el obsequio de unos caramelos blancos “de conejito”, de esos que se comen con el papelito interno que los rodea. Solo faltó el té, pero no había sitio…

Chung Yion, sigues siendo un gran chifa.

Chinese-Chopsticks-02

POLLITO CON PAPAS


 

POLLO

Creyeron que celebrar a “Alas Peruanas” era hacer que los pollos volaran. Creyeron que ser “universitarios” era tirar restos de comida a un escenario.

Creyeron que la conmemoración era una juerga, que la autoridad brillaba por su ausencia, la educación no había sido invitada y que (lo que sucedió) alguien subiría a You Tube lo ocurrido y serían tendencia; aparecería en televisión y harían noticia.

Se creyeron impunes, inmortales, inmunes, sin darse cuenta que eran unos intonsos que hacían el papel de unos imbéciles.

Es la horda que actúa por el puro reflejo de actuar. Es el grupo primario que celebra la muerte del mamut, que para los tiradores de pollo es la educación y que “ha muerto bien muerta” porque ellos la mataron.

No sé si era un concurso o rendían examen y aprobaba el que diera en el blanco.

Después nos asombramos al ver “profesionales” que confunden a Grau con un equipo de fútbol, dicen “haiga” al hablar y aseguran que La Haya no se dice, porque Víctor Raúl era hombre. Después nos extrañamos de quedar a la cola de todo…

Si el pollo tiene alas, ¡que vuele!: para eso hay práctica intensiva en la universidad.

 

Foto: RPP

 

TIPO PARMESANO


 

PARMESANO

Eché el queso rallado en el pato de spaghetti humeante y un suave aroma a leche se desprendió de inmediato. Al probar, sí, había un cierto sabor lácteo inconfundible. Fui a buscar la bolsita del queso, ya vacía y vi que en letras pequeñas ponía “tipo parmesano”. O sea, no era pues. Seguramente era un queso común, duro, pero no el verídico. Me resigné a comer unos tallarines un poco lecheros y pensé: “es lo que pasa casi siempre, con todo”.

Los sucedáneos florecen a la sombra de lo real y nos contentamos con algo “que es igualito”, pero no es, pues.

Muchas veces nos engañan o nos engañamos a nosotros mismos con la añagaza del parecido. En un mundo donde lo verdadero es copiado sin misericordia y lo falso pasa por real sin pestañear, ustedes dirán que qué importancia tiene un poco de queso “tipo parmesano”. La importancia es simbólica.

Nunca nada puede sustituir al original. Se tratará de hacer algo parecido y saldrá un Frankenstein o un Golem: sí, tiene las características de, se parece, podría pasar por; pero no es.

Se venden zapatillas “AÍDAS”, en vez de ADIDAS; a una marca como NATIONAL se le agrega un “inter” en minúsculas, delante, para que te equivoques. En vez de un buen café nos dan cebada y hay bebidas que sueñan con ser la misma COCA COLA. ¿Y la piratería editorial? Tuve hace tiempo guardado un lapicero marca “Cros”, al que evidentemente le faltaba una “s” para ser CROSS y sin embargo, parecía uno. Dije bien “parecer”. Creo que importa mucho más eso, que ser. Los sucedáneos nos invaden, las falsificaciones nos acosan, las mentiras caminan disfrazadas de verdades y además se ríen del asunto.

¡Quiero un original! Y no me vengan con que eso “se le parece”…