DOBLE BANDA


Puede sonar a una jugada de billar, pero era lo que íbamos a ver, de la agencia de publicidad a la productora de películas, cuando nos presentaban para aprobación o modificaciones el spot que se había producido: blanco y negro, en film y el sonido (que se había grabado con anterioridad) en una cinta de audio que corría paralela para la exhibición, en un proyector especial que a la vez que hacía correr la película lo hacía con la cinta de sonido (que era muy parecida a la que contenía las imágenes pero marrón y magnética).

Este “doble banda” lo veíamos como colofón de todo un proceso que empezaba con el guion, pasaba por la etapa de producción, grabación (a veces se grababa con anterioridad el sonido a no ser que hubiera “lipsinc” –sincronización con los labios- que era cuando los modelos hablaban, el movimiento de los labios de la imagen tenía necesariamente que coincidir con el sonido y entonces se hacía con posterioridad), filmación, revelado (positivado del negativo original) y edición de lo filmado; después se hacía la presentación “oficial” al cliente (siempre en las instalaciones de la casa productora) que era lo que podría llamarse “el momento de la verdad”.

Desde la introducción del video para los comerciales (hecho del que fui testigo y participante, en la época en que Alfonso Maldonado –Cine70- lo introdujo como una alternativa económica y rápida a las películas en color que debían revelarse generalmente en Buenos Aires) todo ha ido muy rápido y me parece que se perdió en el camino esa especie de ceremonial que llevaba a la presentación de un spot; ahora las cosas deben haber cambiado mucho con el advenimiento de la era digital que lo facilita y acelera todo.

Tal vez, hacer un comercial tenga menos misterio ahora, pero en mis épocas de película y blanco/negro era algo casi mágico porque sólo el camarógrafo sabía si la toma efectuada estaba bien y se tenía que esperar a ver lo que se llamaban “rushes” que a veces se podían revisar el mismo día de la filmación por la noche, para, en caso necesarísimo, volver a hacer la o las tomas que no habían salido bien. Recuerdo mucho cuando trabajaba como director creativo en Mc Cann Colombia (donde filmábamos también en blanco y negro), cada vez que hacíamos comerciales para algún producto de la marca Revlon, traíamos a Bogotá modelos escogidas de un catálogo de la agencia norteamericana de modelos Ford y como se hacía el trabajo para tres o cuatro productos diferentes se filmaba en bloque, gracias a una meticulosa planificación y las protagonistas llegaban a la ciudad, se hospedaban, filmábamos al día siguiente las partes que les correspondían, en las noche veíamos el resultado en los “rushes” del día y si todo estaba OK, regresaban al día siguiente a USA o de lo contrario se quedaban para repetir las tomas con ellas; el tema, además de un cierto orgullo profesional que pedía hacer las cosas bien, era que cada día adicional de la modelo tenía un costo al que se sumaba el de la estadía…

Puedo decir que Gamma, la casa productora donde Gustavo Umaña era el cineasta y factótum, nunca tuvo que repetir tomas; solamente una vez, recuerdo que había que filmar exteriores y llovió casi durante tres días, retrasando la filmación y aumentando abultadamente el presupuesto.

Así conocí y me tocó “dirigir” a la que en ese entonces era el símbolo mundial del perfume “Charlie”, Shelley Hack, una de las actrices de la exitosa serie televisiva “Los Ángeles de Charlie”…

Es increíble como algo tan “pedestre” y común como el “doble banda” puede traer a la memoria recuerdos gratos y del más variado tipo…

 

Imagen: Shelley Hack, para perfume “Charlie” de Revlon.

Publicado en codigo.pe 14.8.2019.