LA PISCINA.


 

Todavía está en mi memoria la piscina del colegio.

Su agua fresca renovaba nuestras energías cuando el sol brillaba y en invierno, a veces, su presencia era una especie de pozo grande y vacío, una herida abierta que nos recordaba que en Lima también había días de sol y calor.

La piscina era reglamentaria y en ella además de chapotear o nadar con estilo, cualquiera que él fuese, los que sabían hacerlo practicaban saltos ornamentales desde el trampolín.

Tenía cuartos para cambiarse, provistos de ducha. No eran muchos, pero estaban alineados en una pared  y servían perfectamente para su cometido.

La piscina estaba protegida del lado del patio, por una malla de alambre. Un alumno del colegio, años antes de esta historia, había muerto al recibir una descarga eléctrica al coger, mojado, este alambrado, por el cual discurría entonces algún cable que falto de protección lo electrificó.

Volviendo a la piscina, la recuerdo pintada de verde, con poyos de lanzamiento numerados. De allí se lanzaban los nadadores para competir. Nadar era una de las actividades del curso de Educación Física y aún me parece estar viendo al profesor Alponte o a su ayudante que lo reemplazó el profesor Cano y la pistolita de fogueo que utilizaban para dar la señal de partida.

La piscina era el centro los días de sol, lo he dicho, pero creo que era mucho más centro en verano, cuando íbamos rumbo a la frescura con nuestras improvisadas ropas de baño, que no eran otra cosa que el short de educación física celeste, con las iniciales C.I., bordadas en color blanco en un bolsillito.

Por supuesto que vigilaban la piscina y a sus bañistas. A veces estaba el Hno. Arándiga o el Hno. Uribe además de uno de los profesores de ecuación física o alguien “mayor”, preferiblemente con sotana.

El colegio quedaba en el centro de Lima, en el local que ahora ocupa una universidad. Es decir que teníamos lo que para un chico era un océano de diversión donde muchos ni se imaginaban.

Hoy, una piscina suele ser algo corriente, pero en ese entonces para mí era una novedad. Una novedad que todavía guardo en la memoria con cariño y que hace que los recuerdos se extiendan hasta cubrir todo un período de la vida.

 

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