BEAU GESTE


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Siempre algo lo marca a uno.

Una película, en blanco y negro, vista en el paraninfo del colegio, un sábado “de cine” por la tarde, fue para mí esa marca en la infancia.

Beau Geste” que sería un clásico del cine, filmada en escueto blanco y negro, produjo el efecto de un bombazo en este lector apasionado de Verne y Salgari que era yo.

Chico, estaba acostumbrado a las matinées del cine Balta, el Zenith, el Raimondi, el Barranco y el viejo cine Paramount que luego se transformó en un moderno Premier. Allí las aventuras eran en el viejo oeste americano, con pistolas, comanches, navajos y bandidos. Allí el “joven” siempre era el salvador de  la “chica” y cabalgaba lento hacia el ocaso.

“Beau Geste” me llevó a un desierto distinto al de Arizona; más lejos, en el África, para mostrarme por primera vez y ante mi asombro a una Legión Extranjera francesa, la de quepís redondos con una tela que colgaba protegiendo cuello y nuca. Los uniformes que usaban se me antojaban incómodos para un clima a todas luces inclemente y caluroso. ¡África, el desierto, un fuerte perdido entre la arena, heroísmo, fusiles y centinelas que parecían vivos, pero que estaban muertos! Un mundo diferente al continente negro que pintaban los libros: en vez de árboles y selvas, una extensión vacía, donde esperaban escondidas la aventura, el honor, la camaradería y eso que las películas de hoy casi no traen: compañerismo.

Beau Geste” más que una historia fue para mí una revelación; Gary Cooper un héroe y el brutal sargento Markoff (¿ruso tal vez?) la encarnación de la vileza y el mal.

Es difícil describir las sensaciones y “Beau Geste” fue una de ellas: la que más importó por mucho tiempo. La que marcó una infancia curiosa, muy curiosa, que jugaba soñando y que soñó con juegos de abordajes, de fuertes olvidados, de casas derruidas, de arenas calcinadas por soles implacables, de mares que en tormenta eran siempre mortales…

Después de la película, vino la vida que me distrajo con su día a día; sin embargo el recuerdo quedó grabado a fuego en mi memoria como una sensación indescriptible.

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AMARCORD


 

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Me acuerdo”, la maravillosa película de ése título de Federico Fellini, se pasea por una infancia llena de anécdotas y personajes, con ese aire de sueño que nos hace conectar inmediatamente con nuestra propia experiencia.

La he visto muchas veces y siempre encontré algo nuevo y después mi buceo en los pasados propios era más rico y volvía con uno o más hallazgos, que eran verdaderos trofeos.

Hoy, como siempre, me siento y hago funcionar la máquina de la mente y AMARCORD me trae a la “Gradisca”, al Gran Hotel, a la tabaquería y al hombre que subido a un árbol gritaba, a la monja enana, al tío ocioso y vividor que usaba redecilla para cuidarse el pelo, a la espera y ver pasar al trasatlántico como una aparición luminosa, al vuelo mágico del diente de león en el aire… Todo me trae con potencia unos recuerdos que si bien son ajenos, hallan puntos comunes con los míos.

La época es otra y Barranco no es la Rímini de Fellini, sin embargo AMARCORD guardará para mí siempre el encanto de las cosas que se desvanecieron pero que siguen vivas y a la espera detrás de una puerta o de alguna ventana, o escondidas en algún recoveco de otro tiempo.

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

LA DIABETES NO ES UN BICHO


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Hace años una película argentina titulada “La cigarra no es un bicho”, divertía desde las pantallas de cine, contando las “aventuras” que ocurrían en un motel llamado “La Cigarra”.  Habría que advertirle a la presidenta de ese país que la diabetes no es unimalito ni una “enfermedad de ricos” como hace una semana dijo.

Es que cuando un discurso populista sigue los cauces desatados del verbo, se dice cualquier cosa. Y a veces, “cualquier cosa” es un error al que se suma un tufo de desprecio. Está bien que a Cristina Fernández no le gusten los ricos, pero no tiene que marcarlos con una enfermedad y tampoco decir que de pronto si se es pobre no se tiene diabetes.  ¿Un error? ¡Por supuesto y afrentoso por donde se le mire! No puede ser que alguien con carrera, recorrido político y dos dedos de frente diga algo así.

Es que en la vorágine de las palabras se dice lo indecible.

Se quejan los diabéticos pobres  porque ven a su mal “elitizado” y de seguro los ricos deberían quejarse pues las declaraciones los ponen como grupo de riesgo. Los pobres-pobres no tienen de qué quejarse según eso, porque basta con serlo para que la diabetes no los mire.

Tal vez en otros sitios es distinto, pero yo no soy argentino, no soy rico y tengo diabetes. Y la diabetes que nunca discrimina, si no se trata… ¡Mata!

 

LA CINA E VICINA


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Es el título de una película italiana de Marco Bellochio, del año 67: “La China está cercana”.

Uso el título en este post porque el país asiático es cada vez más influyente no solo en el Perú, sino en el mundo. La China está cada vez más cerca y su imagen de gigante proyecta una sombra ineludible sobre la humanidad.

En el país un antiguo lazo histórico nos une; curiosa y arqueológicamente hablando, yo he visto en un museo la representación de una figura en arcilla – uno de nuestros “huacos”- donde un hombre con rasgos inconfundiblemente orientales, está sentado sobre sus piernas cruzadas y dobladas. Hay una teoría que dice que los chinos descubrieron América  y el arroz chaufa, que tiene su origen en la cocina china, se ha acriollado instalándose como plato de la gastronomía nacional. El barrio chino de Lima es importante y mantiene un sabor que es producto de una fusión que sin embargo respeta costumbres. Los chinos siempre estuvieron presentes en mi infancia porque a la bodega más cercana, se le llamaba “el chino de la esquina”, siendo generalmente de propiedad de uno, como “Perico” en la avenida San Martín, en Barranco, que colocaba la bandera de China nacionalista para celebrar su día patrio.

Hoy la China es mucho más que un tópico: automóviles chinos, textiles, electrodomésticos y todo lo que uno pueda imaginar es comprado y usado en el Perú. La China ya no solo está vecina sino que está aquí y todo indica que para quedarse.

¿Qué somos al lado de ella? Un pequeño país.

¿Qué es China para nosotros? Creo que una incógnita y una esperanza. Una incógnita que se pierde entre las brumas del tiempo y la esperanza no solo de un mercado inmenso sino de una cultura sin par, enorme,  que nos ofrece maravillas.

China, el país de la seda y las fabulosas ciudades es ahora compañero de un viaje en el que podemos aprender mucho si sabemos escuchar.

NO ES LO MISMO OPINAR QUE DECIR ALGO


Hace muy poco se ha levantado una polvareda por el comercial dirigido por Claudia Llosa para PROMPERÚ, que es en realidad un comercial para generar visitas al país.

Especialmente Facebook se ha convertido en un campo de tiro al blanco virtual, donde muchas personas dejan sus comentarios-balas. La cineasta ha salido a responder a sus “críticos” con un argumento contundente: El comercial no está dirigido a ellos sino a quienes son potenciales turistas para nuestra nación. Es muy fácil decir “me gusta” o “es horrible”, pero si no es a nosotros a quienes se dirige la persuasión publicitaria, las palabras tienen tanto valor como cero. Una regla clarísima de toda estrategia publicitaria, es tener en cuenta en un lugar principal al grupo objetivo. Lo que la premiada realizadora cinematográfica ha hecho, es componer con imágenes, un mensaje dirigido no a los peruanos de casa, sino a quienes pueden visitar el Perú. Ha seguido un guion y seguramente participado con sus sugerencias, pero detrás hay toda una pila de investigación y muchas opiniones de entendidos.  De eso estoy convencido. Nadie en su sano juicio se arriesgaría a invertir dinero y a lanzar al aire un comercial que no tuviera verdaderas bases. Muchos de los “Faicebukeros” ponen sus impresiones, que pueden ser legítimas en cierto contexto, pero aquí se trata de una pieza publicitaria con dirección precisa a un grupo de potenciales consumidores,  grupo del cual no formamos parte, a no ser que nos consideremos italianos, creamos que somos alemanes o naturales de otros países.

Dejemos que los profesionales hagan su trabajo: “¡Déjenlos trabajar!” diría Alejandro Toledo. Un “me gusta o no me gusta” no significa “funciona o no funciona”. Creo que lo que pasa es que tratamos de opinar en todo, cuando lo que decimos tiene muy poco que ver con la realidad. Como en muchas cosas, desgraciadamente.

¿PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD?



Las redes sociales andan alborotadísimas y muy activas con lo sucedido en un cinema, parte de una cadena de salas. El movimiento es muy fuerte, un pequeño terremoto, diría, que involucra a muchísimas personas y hace aflorar opiniones fuertemente cargadas. El desaguisado provocó que la Gerente de Marketing de la empresa (he leído alguna s versiones que la tildan de “agresora”), apareciera, diera declaraciones y estas tuvieran un eco a todas luces negativo para la empresa en la que trabaja. Milton Vela, en su blog “Café Taipá” hace un muy buen análisis de lo sucedido y lo enfoca como un típico caso de crisis de comunicación.  Evidentemente lo es y un mal manejo de esta situación lleva a revisar conductas inaceptables que se dan en todo lugar que, al depender del ingreso de personas tienen que ver con ellas. Recordemos, fresquito nomás, lo sucedido con el grupo boricua “Calle 13”, que ante una situación de crisis optó por “ningunear” al público, generando una protesta que llegó a pedir devolución del dinero de las entradas. Las “excusas” vinieron después y fueron de lo más variopintas. El hecho es que una crisis real, mal manejada, se convirtió en una hecatombe, opinando todos,  de rey a paje, con la intervención de la Ministra de Cultura. Sin ahondar más en los sucesos, fuera del despropósito que estos suponen, la comunicación de ambos casos estuvo muy mal llevada. Sucede generalmente lo mismo y se suele echar la culpa a “los medios” por la difusión de los hechos. Bueno, parece ser que aquí los medios “tradicionales” no han tenido mucho que ver. Ha sido a través de Internet que se han oído las voces de un público que es espectador de la TV, radioescucha, lector de diarios y revistas y cuyos canales de expresión proveídos a veces por esos medios, es más bien débil y tenue, ¿o alguien toma decisiva atención a la sección “Cartas al Director” o está pendiente de algún comentario telefónico? No niego que los medios- otra vez entrecomillo-  “tradicionales”, hayan tocado los temas, levantándolos, pero las voces primigenias se han dado en la Web y su eco es inmenso allí. Muchas veces los demás medios “se nutren” de esta.

En el caso de los cines (y como no, en el del grupo musical) el remedio parece haber sido peor que la enfermedad. Vuelvo a decirlo, un mal manejo, sirvió como amplificador de cada caso, generando opinión y esta no ha sido nada favorable. Todavía se están recogiendo los trozos rotos por el desastre en las dos ocasiones.

Es que, repito, un manejo de crisis no es cosa de “salir a tapar huecos” y no cualquiera puede manejar bien una crisis. Una crisis, es una oportunidad y si dejamos pasar a esta, lo único que conseguiremos es tener entre manos un problema que puede volverse inmanejable. Hay mucho cuento en esto del manejo de crisis y se cree que teniendo a los medios del lado de uno, basta. No basta. Las crisis se manifiestan a través de los medios, pero tienen raíces más profundas. ¡Existe racismo en el Perú?: Existe. ¿Hay discriminación?: Mucha. Uno escarba un poquito y este país de “desconcertadas gentes” deja salir comportares muchas veces atávicos que se transforman en asesinatos por las masas, muertes del más débil y atropellos mil. La “ley del más fuerte” emerge. Lamentablemente ningún “manejo de crisis” puede transformar un cáncer en un resfriado.  Esta “crisis del manejo de crisis” debe hacernos pensar profundamente, revisarnos y dejar de echarle la culpa a todo lo imaginable, cuando ella está en nosotros. Como su remedio.