PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

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MINAS


La frontera con Chile está minada y el agua descubrió el peligro.

Dentro tenemos otras minas, que no por conocidas son menos explosivas. Me estoy refiriendo al espinoso caso de la minería ilegal. Una minería que llamaríamos de sobrevivencia y que sin embargo ocupa a miles de hombres, mujeres y niños. Una fuerza capaz de cerrar carreteras y conseguir con ellolo que evidentemente nunca quisieron o pudieron: ser notados. De pronto (según algunos medios) aparecieron bloqueando accesos y poniendo en jaque la seguridad e integridad de por lo menos, los viajeros que transitan las vías por ellos tomadas. Exigen derogar una ley que los declara ilegales, mientras ocupan y trabajan en áreas protegidas. Su actividad es ilegal: son ilegales. Pero ahora se sienten “traicionados” por una ley que los hace ver como lo que son y quieren que desaparezca para seguir operando. Una especie de trabajadores en falsificaciones del jirón Azángaro, reclamando que lo que hacen es “para subsistir” y además, está bien.

La minería en nuestro país parece tener muchas divisiones: la formal, la informal, la ilegal y la bélica en la frontera sur. A su vez creo que ninguna es absolutamente limpia. Unas contaminan, otras además roban y depredan y la última mata.

El Perú es un país minero y esto es sabido desde mucho antes  del tiempo en que nuestro territorio era colonia española y se decía “Vale un Perú” para hablar de algo que valía mucho.

Las minas puntean el país, algunos ríos llevan mineral aurífero y los problemas internos graves son causados por minería, minas y mineros. También nuestro pujante desarrollo se nutre de una actividad que por desgracia presenta varias caras y provoca dicotomías como la de agua u oro, que son pretexto o para la inacción o para acciones violentas. Dicen que el dinero no trae la felicidad y las divisiones que provoca la minería, que es dinero, son fracturas que a veces se consideran insalvables.

La minería tiene que irse modernizando, ha de formalizarse  y debe estar al servicio de los hombres y no al revés. Lo que es inadmisible es la ilegalidad. Si ella fuera la norma, estaríamos sujetos a los dictados del más fuerte, el más numeroso, el mejor armado, el que más dinero tenga para que haga lo que quiera. Ser pobre no es ser ilegal. Los derechos de los demás no pueden ser pisoteados en nombre de una “justicia” que lo sea solo para unos cuantos.

Sé que el sistema no es absolutamente justo, pero la justicia no puede hacerse por mano propia. Hay leyes que deben respetarse para vivir en sociedad. Leyes que marcan linderos entre deberes y derechos.

El tema es complejo, pero creo que se están dando los pasos para caminar por un buen camino. La minería ilegal no está lejos: está allí donde se antepone de todas maneras, el bien personal antes que el bien común. El Perú es un país minero y las minas que depredan y matan deben desaparecer.

AL ÉXITO LE DICEN LIZZIE.


 

http://filmsperu.pe

 

 

Ganó el concurso del afiche en Viña del Mar.

Fue alumna mía en el IPAD y más que eso, amiga. Por eso estoy tan orgulloso hoy. Porque sé que algunas cosas de las que dije se le deben haber quedado a Lizzie.

Vuelve a suceder, el que “nadie es profeta en su tierra” y una chica talentosa, sencilla y descomplicada, es reconocida en otro lugar, donde sus méritos profesionales son percibidos y tanto, como para ganar un certamen con muchos participantes. Un logro que nos tiene que llenar de alegría porque es fruto del propio esfuerzo de alguien que yo sé que ha luchado y lucha por lo que quiere, al extremo de cambiar de país porque aquí no se le considerara.

Lizzie nos demuestra la chatura y estrechez de miras que a veces rige nuestro ambiente. Su triunfo es un mentís al ánimo derrotista y al carácter de perdedores que nos consolamos con éxitos “morales” que presentamos tantas veces.

En el IPAD yo era el “profe maldito” que tenía un curso de creatividad y exigía a cada uno de los alumnos lo que a mi leal saber y entender podía dar. A veces me encuentro con antiguos alumnos aquí en casa o en la Red. Saben, que como siempre pueden contar conmigo. Ha sucedido lo mismo en cualquier otro sitio donde enseñé y es que lo que me interesa es que cada uno de los muchachos y muchachas, encuentren las respuestas profesionales que buscan y si yo puedo colaborar en hallarlas, me doy por bien servido.

Estudian para aprender y ser alguien en la vida. Estudian con el fin de ser más y escalar cotas de cada vez mayor altura, por eso cuando veo que la educación se toma como un puro negocio, o cuando se ve a la carrera como un método que sirve solo para hacer dinero, me sublevo.

Ambos extremos existen. Felizmente en el medio hay otros que piensan diferente.

Estoy contento por mis alumnos y sus triunfos, como el de Lizzie. Porque los siento míos y esa es una sensación que nadie podrá arrebatarme.

CUESTIÓN DE CONFIANZA.


Revolviendo archivos encuentro esto. En una época de furor electoral sirve reflexionar en nosotros como país.

Reflexionar si iremos por buen camino o la pifiaremos.

El Perú ha suspendido* las medidas de confianza entre Chile y nuestro país. Las ha suspendido luego de elevar una protesta diplomática provocada por la venta de armas del vecino del sur a nuestro vecino del norte en pleno conflicto bélico, siendo Chile garante del Protocolo de Río de Janeiro.

Fuera de las consideraciones diplomáticas ¿cómo es posible confiar en un país cuyo lema nacional reza “Por la razón o por la fuerza”? ¿Cómo hacerlo con quienes para evitar sanciones, cambian la etiquetas de la ropa fabricada e importada de China y comercializada a través de sus tiendas en el Perú? ¿Cómo tener confianza en un vecino que coloca un video, por lo menos de mal gusto, en una sucursal de su principal línea aérea y “no se da cuenta” durante el tiempo más que suficiente como para notarlo? ¿Qué esperanzas podemos cifrar en un país en el que uno de sus representantes al congreso dice que lo único que el Perú tiene son ruinas? ¿Podemos confiar en un país como aquel que tiene representantes de su clase política en instituciones como el tristemente célebre “Banco República” que nos dejó colgados, estafando a los ahorristas locales?

¿No fueron los chilenos los que aprovechando la corrupción de un gobierno peruano construyeron una fábrica en los Pantanos de Villa? ¿Y no fue este Chile el país que liquidó a sus propios generales porque le eran incómodos al gobierno de turno, presidido por otro general?

¿Cómo vamos a confiar, por Dios, en un país que garantiza un Tratado de Paz, Amistad y Límites y es capaz de vender armas a un país de los dos que se ven desgraciadamente enfrentados en un caso bélico?

No se trata de xenofobia. Se trata de confianza.

Es cierto que los empresarios chilenos invierten hoy en el Perú. Es cuestión de confianza también.

El Perú está creciendo, tiene estabilidad económica, es tranquilo y paciente.

Compramos en múltiples almacenes y tiendas e instituciones financieras varias se encargan de nuestros ahorros. La electricidad de gran parte de Lima es administrada por una empresa Chilena. Confiamos en sus ofertas, su crédito y buenas prácticas.

Somos realmente u país de confianza. ¿O será que somos un confiado país?

MAMITA, LOS CHILENOS!


 

Acabo de recibir un correo que me insta a no olvidar. Contiene una serie de frases publicadas en los diarios de Chile, en la época de la Guerra del Pacífico. En 1979 hizo cien años del asunto. De pronto el correo querría pedir que no perdonara.

No estoy de acuerdo. La lectura de este correo y muchos más que se reciben en el mismo tono trata de provocar un revanchismo trasnochado. Algo que creo solo está presente en mentes afiebradas (que las hay en los dos países) y en los cálculos que hacen quienes sacan o esperan sacar algún beneficio material. El dicho es muy claro: “A río revuelto, ganancia de pescadores” Siempre hay alguien que se beneficia al final. Fueron las compañías salitreras las que alentaron una guerra que nunca debió haberse dado. Las compañías salitreras acompañadas por las mentes afiebradas de entonces. ¿El resultado? Muerte, desastre y destrucción. Hoy el salitre forma parte de la historia y sin embargo enfrentó a dos pueblos con todo en común y nada en contra. Nada, salvo lo que las mentes afiebradas hicieron parecer como errores u oportunidades inmensas.

Cada vez que veo que se dice que “Chile nos invade” pienso en los miles de peruanos y peruanas que van al sur en busca de lo que aquí, en su país, no encuentran. Pienso en los negocios conjuntos (los “pochtecas” o comerciantes, a pesar de ser despreciados en lo que ahora es México, eran la espina dorsal trabajadora, que sostenía un gran imperio) o en los negocios que ciudadanos peruanos y chilenos tienen en un país que aprenden a conocer y a querer.

Es cierto que no debemos olvidar, porque el que no aprende de sus errores es tonto. Y para eso hay que recordarlos. Pero de allí a querer dejar de perdonar y ver “enemigos” detrás de cada chileno, hay un abismo. Ganan los “señores de la guerra” y quienes los abastecen. Hay mucho dinero en juego internacionalmente. Una guerrita siempre les viene bien porque pueden colocar sus existencias y anotar pedidos. Porque encuentran que por fin pueden justificar una “acción pasiva”. Creo que el país que cae en el juego, eso, cae en la trampa. Trampa que le tendieron otros para llenarse los bolsillos de dinero y la boca de palabras. Tratan de justificar con estas lo que son ganancias.

El “famoso” diferendo entre dos países australes tiene historia, sí. Como lo tiene casi todo. Tiene razones, sí, reales o inventadas.

En un mundo globalizado un conflicto bélico es difícil. Sobre todo entre personas civilizadas. Hay demasiados intereses económicos en juego, para “jugárselos”.

Sin embargo, el ser humano, gran depredador, es solamente eso, al fin y al cabo: un ser humano. Y puede producir guerras porque el pasto del vecino siempre es más verde que el propio. Yo, personalmente, no creo que los chilenos piensen en el Perú como botín de guerra. Económicamente cuentan con muchos adelantos y no perderían lo que consiguieron por un “quítame estas pajas”. Finalmente, es nuestra desidia la que hace que el país sureño nos lleve ventajas. Ellos aprovechan el hueco y se meten. Nosotros nos damos cuenta que hay un hueco, cuando este está ocupado.

¿Debemos vivir en permanente zozobra? Si nos preocupamos de nosotros mismos, de salir adelante como lo  estamos haciendo, bien. Es la manera. De otro modo los “señores de la guerra” y sus proveedores lucrarán a nuestra costa. Como hace 100 años.

PERRO RESCATA A PERRO


Mi amigo Christian Mac Lean publicó este video en su Facebook.

Lo busque y hallé en Youtube para compartirlo a través del blog.

Reflexiono acerca de la capacidad que los animales tienen y que parece ir mucho más allá de lo que creemos. Por lo pronto, la frase del filósfo: “Mientras más conozco a la gente más quiero a mi perro” no sólo cobra una vigencia inusitada sino que se convierte en un axioma.

Es muy hermoso el video.

ALGO MÁS SOBRE KIKO CHICO.


Schulz

Disculpen que insista en hablar de mi amigo Kiko Ledgard, pero les escribí a Patricia y a Valerie, su hija, porque quería decirles cuánto sentía la partida de mi amigo y cuán cerca me sentía de ellas…

A Patty la conocí cuando los tres trabajamos juntos en Kunacc; ella en coordinación, Kiko como jefe de radio y televisión y yo como jefe de redacción (jefe de mí mismo, porque era el único redactor). Valerie, la hija de Kiko y Patty trabajó conmigo y la quiero muchísimo, a pesar que las distancias y el tiempo van creando zonas de neblina.

Valerie me pasó este texto que me parece muy hermoso. Lo publico aquí sin permiso, pero sé que Rodrigo, (a quien no conozco) aunque expresa en este escrito un sentimiento íntimo, no se enojará porque muestre a todos cómo queremos a Kiko.

Subject: Requiem de ferrada

Esta madrugada ha muerto Enrique Ledgard Marrou, padre de 5, marido de Patricia y uno mis más entrañables amigos.
Fue una relativamente breve pero desgarradora enfermedad la que se lo llevó, el ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica).


No voy a hacer un panegírico sobre mi amigo Kiko, pues él fue principalmente un hombre, en todas sus dimensiones. Sus defectos, breves y asumidos; su virtudes, grandes y desarrolladas con humildad, siempre atento a ayudar y socorrer a quien a su lado estuviera. Siempre listo para conversar, recordar, contar anécdotas y repetirlas hasta el cansancio, con una sonrisa enorme de niño que no voy a olvidar jamás.


Con él aprendí muchas cosas, pero principalmente supe que no podía sentirme cansado o quejarme de cosas triviales de la vida, al verlo tan lleno de energía y vitalidad (me llevaba más de 20 años). Me enseñó tantas cosas, la mayoría con el ejemplo y el silencio. Creo que no alcancé a decirle cuanto se lo agradezco. Kiko, nacido peruano y nacionalizado español, aunque más chileno que muchos de nosotros, me mostró además el Perú profundo, el que no sale en las fotos, con un cariño por su tierra que nunca dejó de sorprenderme. Creo que nunca he comido tan bien, de paso sea dicho, como en esas vacaciones en las playas cercanas a Lima.


Kiko vivió una vida intensa, y pasó por casi todas. No voy a dar detalles, pero diré solamente que estuvo abajo y arriba -en distintos aspectos- siempre con la frente en alto y una mirada de esperanza. Amó, viajó, disfrutó, comió, tomó, cocinó y quizás, especialmente vió, mucho más que cualquiera de nosotros. Pero eso no lo convirtió jamás en una persona altanera o desafiante. Por el contrario, con la madurez encontró el sentido de la sencillez, la paciencia y la delicadeza.
Un tremendo anfitrión, un genial invitado, un enorme amigo.
Hoy estoy muy triste, pero Kiko no querría que lo estuviera, así es que voy a ser fuerte para él.


Voy a cuidar de su mujer y de sus hijitas, como le prometí hacerlo un par de días antes de su muerte. Lo digo públicamente para que cualquiera me lo enrostre si llego a no cumplir o cumplo mal…
Me vine a un subterráneo a llorar estas palabras, y ahora retomo mi vida, para honrar a Kiko. Espero llegar a tener la mitad de su vitalidad y alegría de vivir algún día.


Amigo, qué lindo día hemos tenido hoy, verdad?
Qué bueno que no te pusieron corbata al ponerte en tu residencia definitiva.
Siempre odiaste las corbatas.
Hasta siempre,

Rodrigo