BATALLA DECISIVA


BATALLA DECISIVA

Coincido plenamente con el periodista César Hildebrandt y estoy seguro que fujimoristas y alanistas (los seguidores y corifeos de Fujimori y de Alan García) harán lo indecible para que la anticorrupción no avance en el Perú y que lo que hemos visto hacen hasta ahora son solo “maniobras” destinadas para afinarlo todo y librar la batalla final, decisiva, y ganarla para que sus intereses que ven en peligro se mantengan intocados, para que nada cambie y ellos puedan seguir disfrutando del dinero conseguido turbiamente, del poder que ese dinero les confiere y hacer que el mundo al revés que quieren perpetuar se perciba derecho, bueno y conveniente.

 

Usarán Chávarrys, vírgenes que lloran, tontos de capirote; tirarán mierda con ventilador, meterán zancadillas y si fuera posible denunciarían al Papa por corrupto y entrometerse en “cosas terrenales”…

 

Van a dar la batalla de su vida porque saben que aquí se la están jugando toda; las grietas que aparecen los asustan y prevén que su edificio de mentiras puede desmoronarse. Intentan resanarlo con falsedades nuevas, que aguante y que el moho del olvido vuelva a crecer como si fuera un manto protector que vuelve invisible lo que cubre.

¡No pasarán!

 

Ya no esta vez, y ojalá que nunca levanten la cabeza porque aunque sean expertos en combate con ventaja, aunque tengan armas enormes y filosas y la el Pueblo solo renga piedras; aunque parezcan grandes, gigantes y feroces, un disparo certero salido de una honda humilde pero honesta, terminará con ellos y el Pueblo, como el pastor David de las historias, habrá acabado con el Goliat hediondo que es la corrupción.

 

¿Habrá acabado?

 

Lo más probable es que no totalmente y que la corrupción solo repliegue bajo las sombras a su ejército, que entierre a sus muertos, se lama las heridas, despierte a sus zombis y espere agazapada…; hay que estar vigilantes, porque ganar una batalla no es ganar la guerra: Esta guerra no acaba todavía…

¡Ni un paso atrás! ¡Paso de vencedores!

 

Imagen: noticiasenlineadetabasco.blogspot.com

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PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

BIEN PUESTOS


Hay poca gente que dice lo que piensa, es coherente actuando de esa manera y sabe atenerse a las consecuencias. No es cómoda la verdad, porque siempre existirá alguna arista que moleste y cuando se enfrenta a lo que es cierto, se trata de hallar justificaciones para no mirar de hito en hito.

A César Hildebrandt lo sigo desde hace muchos años. Incluso, alguna vez, hace tiempo, estuve con su editor y con él, para ver un tema de diseño. Supongo que el asunto no prosperaría y allí quedó mi acercamiento. No debería acordarse de una reunión fugaz.

Pero a lo largo del tiempo he seguido leyendo lo que escribe, escuchándolo cuando ha tenido audio, asombrándome siempre de su capacidad para decir exactamente lo que es preciso en ese momento, con absoluta claridad, con total dominio del idioma y un decir pan al pan y vino al vino, como no se estila hacer casi nunca entre los periodistas. Escribir para él es una pasión, estar informado es un deber y leerlo significa saber que de antemano, su opinión no sólo es válida, formadora e importante, sino que la lleva hasta sus últimas consecuencias.

Dirán que es un odre inflado de orgullo y que parece no admitir el disenso con él. He oído cantidad de críticas sobre su modo de ser, pero ninguna voz ha dicho que es deshonesto.

Eso es bastante en una sociedad como la nuestra donde “tanto tienes, tanto vales” o en un país en el cual la honestidad  real es vista como un demérito, digno de tarados.

Leo “Hildebrandt en sus trece” y sé que cada viernes me voy a encontrar con cosas que nadie ve, con denuncias que nadie se atreve a hacer y con un periodismo digno de tal nombre, lejos de la prensa que busca vender divirtiendo y a veces mentir a cambio de prebendas. El periodismo tal como debe ser y lo entiende César Hildebrandt.

Con esto no quiero que se piense que lo que escribo tiene el menor atisbo de lisonja. En un mundo donde “debérsela a alguien”  es lo más común y “pagar favores”  algo normal, tener la entereza de él para decir “¡No!”  a quien tenga que escucharlo, es raro, casi único. Tal vez sea por su estilo mordaz, vitriólico, sin dejar de ser elegante y correcto en las formas, evitando circunloquios, que no gusta a quienes quieren “tener la sartén por el mango” en toda circunstancia. Tal vez por eso no tiene lugar en ningún medio sino el que se da en el propio. Es que leerlo y leer su periódico es asomarse a ese Perú desconocido, pero en realidad tan conocido donde el “alias” vale lo que un nombre y muchas veces la honra lo que un clip de escritorio.

Leer a César Hildebrandt es un deber. Estar de acuerdo con él es mirar a las cosas de frente y sin “recutecus”. Por eso vale tanto.

Suena huachafoso, pero es “la voz que clama en el desierto”. Lo hace desde tiempo atrás. El Perú debería hacerle caso.