LEER:…ESA RIQUEZA.


 

A veces escribir sobre escritores, parece ocioso o propio de críticos, de los cuales alguien dijo: “Son como los impotentes, como no pueden tener hijos, no los quieren…”.

A propósito de mi anterior post sobre Sábato, quisiera decir que son muchos los escritores que han influido en mí, en mi vida, en mi manera de escribir cuando lo hago. Eso quiere decir que he leído. Si Neruda (con la distancia que hay entre el sol y un  candil) pudo escribir “Confieso que he vivido”, yo podría redactar una especie de librito de memorias, que se llame “Confieso que he leído”.

Lo he hecho en desorden y mucho. Antes del último infarto cerebral mi promedio eran cuatro libros nuevos por semana. Eso sin contar los diarios y revistas. ¿Los temas?: casi cualquiera que me cayera en las manos. Digo “casi” porque las matemáticas y yo, siempre guardamos una prudente distancia. Sin embargo, sí he leído sobre algo de paradojas  matemáticas, algo de historia de los números por Stanley Gardner y cosillas así (mi padre fue ingeniero y su diversión eran las matemáticas y lo respeto siempre también por eso).

Siempre leí de todo y sin ningún plan previo. Es claro que hubo libros que me hicieron leer y que entendí bien, mucho después. “El Quijote” fue uno de ellos. A Cervantes y su Caballero de la Triste Figura, los reencontré a los años de la primera –inconclusa y escolar- leída. Recorrí sus palabras lentamente y no me pude desprender de las aventuras-desventuras que allí se narran. El contexto histórico, el saber un poco más sobre la época, el mirar la literatura no como obligación sino como un campo donde buscar tesoros, todo me hizo hacer creer que no había leído ese libro. No estaba preparado entonces. No sabía que dentro de “Don Quijote” se escondía tanta vida. Antes miraba las ilustraciones magistrales –es cierto- de Gustavo Doré e imaginaba. La relectura me hizo encontrar muchísimo más en las palabras.

A los clásicos tuve que releerlos para disfrutarlos. Sus primeras lecturas fueron hechas seguramente de resúmenes o simplificaciones. No eran entretenidos los clásicos a primera vista. Otra vez la historia, las comparaciones y la vida me dieron otra perspectiva. Era diferente Homero y lo eran muchos más. Eran voces que me llegaban desde siglos y contaban historias coloridas e increíbles.

¿Qué no podría decir sobre una actividad que siempre me fascinó? Podría contar mucho pero en un tiempo estaría repitiendo los superlativos. Como un niño que trata de describir los fuegos artificiales vistos por primera vez, así lo haría. Diría “fantástico, genial, el no va más, el acabóse…” Mis lecturas siempre me produjeron un íntimo goce, una satisfacción que me hizo vivir muchas vidas.

Agradezco a mi padre que avivó la llama y me permitió acceder a todo lo que él leía. Agradezco a mi madre que supo que leer era un buen paso para escribir y lo fomentó. Agradezco a Verne, Salgari, Rider Haggard, a  tantos y tantos autores que leí de chico y me hicieron conocer el mundo. Gracias a Hesse, a Wilde y a los que hicieron mi adolescencia. A quienes permitieron conocer más a través de ellos en mi juventud y a los que ya en una edad que llamaríamos madura,  me hicieron atisbar otros mundos grandes y pequeños, internos o externos. Gracias de veras, porque sin la lectura no tendría nada de lo que ahora tengo en mi interior. Y sería muy pobre, sin saberlo.

ESTA VEZ…


 

Esta vez, como otras, en el Perú tenemos elecciones para Presidente y junto con él elegiremos Congresistas que nos representen. Lo que parecía un ejercicio sencillo de afirmación de la democracia, se convierte en un complicado juego en el que valen más personalidades y mil temas accesorios y banales, que verdaderas propuestas para un país que crece y que no está más para juegos y pruebas.

Si uno mira las campañas electorales, se dará cuenta que la mayoría de los aspirantes lanza gaseosas peroratas u opina sobre temas de los que sabe muy poco o tiene escasa información. Los periodistas hurgan “en lo que le gusta a la gente”, es decir en lo fácil, lo personal y lo escandaloso para así vender más papel o aumentar el número de televidentes u oyentes y que la publicidad así generada se convierta en dinero, que parece ser lo único que importa. Es cierto que no todos caen en este saco, pero mi experiencia me dice que muchos “sujetadores de micro” no tienen los conocimientos mínimos suficientes para efectuar preguntas valiosas, de cuyas respuestas se desprendan hechos que permitan una toma de posición sobre tal o cuál tema, por parte de público que lee, escucha o ve. ¿Qué importa, salvo mejor opinión que tal candidato escriba con la mano izquierda, o que al otro le falte un dedo o haya nacido en un pueblito perdido en el interior del país? Importan sus propuestas para temas importantes. Grandes líneas que formarán después políticas y que permitirán al elector cumplir bien su función: elegir.

Elegir entre ideas y no entre anécdotas, por más sabrosas que ellas sean.

Anoche veía en un programa de TV a una periodista que decía entre otras cosas, que las campañas se reducían a lo accesorio y no a fijarse en lo principal. Ahora todo el mundo habla del aborto y de la unión homosexual. No se trata el tema del aborto terapéutico ni de la igualdad de condiciones ante la ley. Se habla de violadores, putas y maricones.

Existen, es claro, son problemas a abordar y está bien discutirlos. Pero a su lado está el asunto de la gran minería, el de la seguridad general o el de la educación. Sin embargo se prefiere lo sonoro a lo que afectará nuestra vida como nación.

Es tiempo de informarse para votar por nuestro futuro. Elegiremos a quien nos gobernará por los próximos cinco años y a los Congresistas que dictarán leyes. Escogeremos entre varios a uno y entre muchísimos a algunos. Escojamos sabiendo, porque después será tarde. Un error aquí nos traerá perjuicio como nación e individualmente.

Hay que saber lo que se hace. Y asumirlo.

TRATAR.


 

Hace varios días se me ocurrió un tema oublicitario para poner aquí. Lo quería ilustrar con un comercial (bastante pesadito) y primero tuve que encontrarlo y bajar a esta computadora los códecs del formato. n esto último me ayudó Cristian. mi yerno, que ve más y en ás ducho en cibern’rtica que yo. Al fin hoy traté de poner el comercial y no sé si mi impericia o ganas de hacerlo rápido primaron, lo que si sé es que el artículo de marras se quedó sin ilustrar por ahora.

Trataré de nuevo, porque no soy de rendirmre así nomás. Espero que pronto, los que me leen, puedan encontrar el artículo y su comercial.

Por hoy basta. No hay una entrada que se pueda leer más en el blog.

CASAS RURALES


Hace un par de días me escribió, comentando el blog, Paulina. Entre otras cosas ofrecíaponerme en su buscador y pedía incluirla en mis favoritos de cara al público.

Le contesté, le agradecí y de inmediato “subí” la dirección web que me mandaba.

La puse en mi perfil, salió allí con el link correcto. De esto hace un par de días. No sé nada y no aparece en el blog.

De pronto, cegatón yo, algo hice mal.

La dirección es : http://www.erural.com

Algo muy práctico para quienes quieren alejarse del mundanal ruido, dejar atrás los bulliciosos hoteles comunes y disfrutar de algo, que a todas luces vale la pena.

“TE CONCEDO ESO…”


 

A veces los clientes, especialmente de publicidad, son en apariencia muy buenos, pero difíciles de tratar.

En mi caso, una larga carrera en el oficio que empezó en McCann Ericson a fines de 1969, me ha hecho tratar con muchos clientes aquí en el Perú y en varios países del extranjero. Clientes que al final  se parecen unos a otros, a pesar que la distancia y el tiempo los separe.

Lo que siempre hay que tener en cuenta, es que el cliente es quien paga nuestro sueldo.

Sin clientes, no existiríamos. Son verdaderamente importantes aunque tenemos que tener en cuenta también, que pertenecen al género humano. Tienen virtudes y defectos como todos. Mas son los defectos los que primero se notan y a veces estos opacan a los méritos en nuestro juzgamiento y actuación.

El caso que  aquí narro es típico de una persona que está en una situación de poder que lo hace pensar que todo aquello que él diga está bien y lo que los demás opinen está mal. Esto es mucho más común de lo que se cree y a veces el encontrón viene ante una posición cerrada, que muchas veces pasa por “se hará como yo digo, porque soy el cliente”, en otras palabras, porque es el que paga y por eso cree tener la sartén por el mango.

Este cliente, que era bonachón y buena gente, cuando discutía era como dicen: “Jalisco nunca pierde y cuando pierde… ¡arrebata!” Todo iba bien en cualquier conversación o confrontación (en publicidad se da todo el tiempo) mientras él manteniendo su punto de vista, ganaba. Pero cuando había perdido decididamente, decía: “Te concedo eso”.

Su frase sustituyó a su nombre y su fama jalisqueña creció. No hay nada peor que alguien te diga que ganaste porque él te dejó hacerlo o que en realidad no habías ganado limpiamente y con argumentos valederos la discusión, sino que él, el Cliente con mayúscula, en su bondad te “deja” ganar.

No sé que será de él pero trabajaba para una gran multinacional (gran por tamaño). Es un buen ejemplo de cliente que se sentía poseedor de la verdad, lo que a mí, personalmente me reventaba. Siempre las actitudes irracionales me han sacado de quicio.

¿Cómo solucionarlo? Es bastante difícil hacerlo y mentiría si dijera que hay una respuesta única. Cada vez hay que sopesar las alternativas, medir las consecuencias y tomar una decisión. Lo que sí no se puede hacer es ponerse por debajo del nivel aceptable. El cliente puede ser el cliente, pero nos contrata para que demos soluciones de comunicación persuasiva , que se supone es nuestra especialidad.

PARA COMER PESCADO…


 

El dicho dice algo más fuerte: “Para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado” ”  es muy cierto, así como “La mentira tiene patas cortas”. Pero no vamos a ocuparnos aquí de los refranes, sino que quisiera hablar sobre el pescado.

Lo hago porque hoy me llegaron varios correos sobre el tema y la posible insalubridad de los frutos de mar, en Lima, viene dando vueltas por Internet hace un tiempo. Cada año, con la llegada del verano, se escuchan historias de intoxicaciones producidas por virus, pescado en descomposición u o mal manejo de la comida preparada con este animal.

Es cierto que en el verano, provoca comerse un cevichito, acompañado con su cerveza heladita más. Es cierto. Lo es también que la estación calurosa lo descompone todo muy rápidamente, especialmente la comida y como no siempre se siguen las reglas de higiene al preparar ni se observan las precauciones necesarias para guardar, el “cevichito” puede ser una bomba de tiempo. Puede ser letal. Una intoxicación con pescado no se la deseo a nadie. Pero de allí a las historias que circulan, hay mucho trecho.

No niego que un ceviche donde se haya usado el limón con escasez y el pescado no se haya “cocinado” en su jugo debidamente, puede ser peligroso. A veces, el tratamiento a este no es el más adecuado y la acidez del limón asegura, en cierta manera una especie de desinfección. Los virus extraños son más difíciles de erradicar y en una época en que muchas veces nos ofrecen ( sin decirlo) especies marinas no muy comunes que llegan con el calor y algunos fenómenos como “El Niño” traen, cuentan que con ellas arriban virus muchas veces desconocido, de graves consecuencias para la salud.

Hay que fijarse donde come uno y observar las reglas que todos conocemos, siguiendo la máxima “ante la duda abstente” que tan buenos resultados da.

Esto no dice que debemos abstenernos del ceviche, sino tener cuidados mínimos. El otro día vi en TV que había gente que pintaba con mercuro cromo las agallas de ciertos pescados, para que parecieran frescos y vendían especies en franco estado de descomposición. Eso es un crimen. Especialmente porque a veces son comprados por personas que no saben, creen en lo que les dicen extraños o no tienen olfato para oler y ojos para ver. No todo es como lo dicen. Creo.