PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso

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Los números de 2012 ¡Gracias a todos!


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 59.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 3 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

LOS “FACILITADORES”


He leído ayer una entrevista a Julio Cotler en “La República”  (//www.larepublica.pe/08-07-2012/jul …) y  desde mi humilde esquina coincido plenamente con él. Larga para ponerla por completo aquí, menciono solamente lo que dice frente a la “intermediación” de la iglesia católica en el conflicto de Conga. Me parece que es reconocer que no se tiene la habilidad suficiente para manejar algo que evidentemente se ha escapado de las manos del Gobierno. ¿Es que no existe la Defensoría del Pueblo por ejemplo? El Estado tiene los oídos suficientes para escuchar y debería saber dialogar. Se dice que la negativa de los que se oponen al proyecto, cierra todas las puertas. Es cierto que con medidas extremas y militarización del asunto, ni un solo resquicio se abrirá. Espero que a monseñor Cabrejos, cajamarquino, él, le vaya bien en su encuentro. Ojalá que el P. Garatea comunique y sus argumentos sean valorados y tenidos en cuenta. Son ambos dos hombres valiosos y valientes que están haciendo lo que ninguna de las dos partes hizo: escuchar y hablar. Porque unos arengaron y otros respondieron con la fuerza. Los muertos, los heridos y el vandalismo no son argumento ni respuesta. Tampoco lo son las balas y los golpes. Necesitamos el agua y necesitamos la minería. Debemos aceptar los cambios positivos que esta última trae. Hay que saber enfrentar el cambio y utilizarlo: cambiar para mejorar. De otro modo seguiríamos viviendo refugiados en cavernas.

AMIGO


 

 

Hoy es 21 de junio y hace muchos años que hice mi Primera Comunión.

Tal vez no sea importante para muchos, pero para mí, más que una fecha que trae recuerdos tiene la importancia de haberme asomado a un misterio, que aunque se explique de diversas maneras lo seguirá siendo para mí y que a lo largo de la vida ayuda en la reflexión y en el camino.

Es un sentirse acompañado por alguien que no tiene nada que ver con el amigo imaginario de los niños. Saber que no se está solo y que a raíz de ese primer encuentro, rodeado de consejos, celebración y por supuesto miedo, hay con quien comentar lo banal y lo crítico.

Los recuerdos del día están llenos de anécdotas, de trajes blancos, actuaciones y cosas nuevas. Los revivo cada año y me viene a la memoria el que como el mismo día recibíamos la Confirmación y en las filas de espera se especulaba si el dolor producido por la ceremonial cachetada que el obispo le daba a cada uno, dolía poco o mucho.

Han pasado los años, hoy van cincuenta y ocho y en cada aniversario me siento como ésa vez, protagonista: fotografía con todos los amigos “primerocomulgantes”, un nudo en el estómago, curiosidad tremenda, maravilla de niño y por primera vez una Presencia prontamente disipada por los aconteceres de un día extraordinario. Una Presencia que he sentido después, ya lo he dicho, como una compañía. Si me pidieran alguna vez que describiera el 21 de junio, sin dudar, diría que es el día de mi Primera Comunión. El día en que nos hicimos amigos, con esas amistades que dan sin pedir nada, aunque yo sea el que pide. Amistades que duran para toda la vida, ayudan a vivirla y al final te toman de la mano para llevarte más allá.

INCOMUNICADO (….?)


 

Desde ayer a eso de las 11.00 de la mañana en casa estamos sin teléfono y sin Internet. Incomunicados con el exterior, de alguna manera, vamos. Al principio creí que era fruto de la mudanza (conectaron cable, teléfono e Internet ese mismo día), pero no, tampoco era falta de pago, pues estábamos al día con nuestras cuentas y lo que habíamos pedido era un traslado de las líneas. Lo que el técnico que vino de inmediato ante nuestro llamado dijo, fue que debía ser externo y que seguramente habían manipulado dos hilos, porque cable teníamos. Prometió venir por las tarde y no lo hizo, porque según dijo estaba ocupado en una instalación. Como soy insistente y a veces desesperadito, repetí la llamada hasta cinco veces. Por fin me dijo que vendría hoy a las 10.00 am. A las once me explicó que estaba en una reunión en su base y que de todas maneras vendría a eso del medio día. Como a la 1.00 pm, tocaron el timbre y eran dos técnicos, que habían recibido aviso del original. Dijeron que no podían hacer nada hasta las dos y que volverían. Muy amables, muy atentos los tres. El primero y los últimos. Nosotros seguimos incomunicados.

Yo estoy escribiendo algunas notas y almacenándolas para subirlas al blog, cuando regrese Internet, hablando con mi hija Alicia María por Nextel. Con los celulares (dos) presto a hacer llamadas (mientras dure el saldo) y a recibir las que hagan, con mi segunda hija Paloma en Argentina, viviendo con su esposo y su hijo, seguramente bien…

El hecho es que de pronto, cierta modernidad que nos enlazaba con el mundo exterior, se esfumó. De pronto me di cuenta que seguramente tenía varios cientos de correos sin leer y responder, no podía publicar en el blog o entrar en Facebook, ni comunicarme como quisiera.

 

Entonces me puse a pensar en como se llega a depender de ciertas cosas y recordé que mi padre y mi madre se escribían y las cartas demoraban meses de Lima a Arequipa y viceversa, haciendo esos largos hiatos de silencio que hoy serían incomprensibles para dos enamorados. Las cartas viajaban en barco, desde Mollendo hasta El Callao (o al revés) y tenían que ser seleccionadas y repartidas por el Correo.

Hoy eso es impensable y Arequipa o Uganda están a la distancia de un “click” o un “aló”.

 Avanzamos y de pronto sentimos que estamos a oscuras, que nos apagaron la luz. Cosas del progreso, de la comunicación instantánea que nos han acostumbrado a facilidades que antes no existían y que muchos millones de seres humanos en la tierra aún no tienen.

 

Si yo ahora me siento raro al no poder usar  teléfono fijo e Internet, me pongo en el lugar de quienes no lo tuvieron antes ni lo tienen ahora y claro, tiene sus desventajas. También sus ventajas. El ritmo de la vida es diferente, pero quien carece ahora de esos servicios y de las muchas cosas que facilitan la vida (o la complican) son como los que miran un banquete desde atrás de un vidrio, sin acceder a él. Estar conectado, muy conectado, es un fenómeno de nuestra época. Un fenómeno al cual muchos no tienen acceso, para mal o tal vez para bien.

 

Y sin embargo, a las tres y cuarto de la tarde, sin solución a la vista, volveré a llamar al técnico, que no pertenece a Telefónica (publicitadamente MoviStar) sino a un service.

Volví a llamar al técnico. Vinieron a las cuatro. Son las seis y no dan con la falla. Lo último que le oí decir al técnico antes de irse, fue que debíamos llamar a reparaciones y reportar, que él era el que había instalado y ya no debería estar aquí. Cosas de los services, pero la r4esponsabilidad es de Telefónica o MoviStar, o de pronto de nadie.

Y ahora… ¿quién podrá salvarnos?

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Finalmente restablecieron los servicios y ahora puedo postear esto.

La reflexión vale el haber estado “incomunicado”

 

6 de Setiembre, 2011.

ESPERANZA


 

Durante todo este tiempo he aprendido a esperar, mantengo viva la esperanza.

Muchos meses han pasado y ha sido un largo aprendizaje, con sus bajadas y subidas, con sus idas y sus vueltas. He comprendido, creo que por fin, que aunque la meta esté siempre más allá, la esperanza de llegar nos hace ir hacia ella dejando atrás las dificultades. Hoy, primer día del mes de agosto, recuerdo que hace un poquito más de un año no podía moverme ni hablar. Lo que había sido una vida rica, con los baches que la hacían interesante, era ahora  pasado, dejando un presente poco halagador, muy confuso y con vagas promesas de recuperación. El tercer infarto cerebral se había producido y si el primero me dejó ciego por dos meses y medio y el segundo afectó un poco la sensibilidad de la mano izquierda y empeoró la vista, ya para entonces algo recuperada, este tercero me llenaba de impotencia y miedo, porque me convertía en un ser dependiente para las funciones físicas normales como darme la vuelta en la cama, comer solo, bañarme y todo lo demás. Mi cerebro sabía que había que hacer en cada caso, pero sus órdenes no eran atendidas. No podía leer, porque las letras y las líneas bailaban ante mis desconcertados ojos y menos escribir, pues mi mano derecha, afectada por un espasmo perenne estaba convertida en una especie de garra. He dicho que no podía hablar, y de mi boca salían sonidos que nadie entendía. Solo pensaba, escuchaba y sentía mi lado izquierdo. Fui, poco a poco, encerrándome en mí mismo. No sabía lo que era la esperanza, o lo había olvidado…

 

Sin embargo, algo en el fondo me decía que si había logrado ver después de haber quedado ciego, aunque fuera mal, tenía que luchar por volver a moverme decentemente, hablar mejor y ser aunque fuera un poco lo que antes era. La esperanza comenzó a chisporrotear en mí, produciendo un curioso efecto de bienestar que yo llamaría de aceptación con futuro.

Gracias a Alicia, a mis hijas, a mis yernos y al aliciente de tener dos nietos y al empuje de mis amigos que nunca me dejaron, comencé a trepar por una cuesta difícil de subir, pero sabiendo que en la cima me esperaba la maravilla de ver el paisaje a mis pies.

Ahora ha pasado más de un año. He recorrido un largo camino hacia arriba y aún no llego a la meta. Siempre está un poco más allá y aunque resbale, sigo. Sé que algún día llegaré a ver el paisaje, descansando de una subida empinada y llena de obstáculos.

La esperanza de hacerlo me mueve. La esperanza: esa lucecita que se mueve delante, al parecer a la mano, pero siempre alejándose un poco más, retándome a que la alcance.

Hoy que es primero de agosto sé que me falta mucho, pero me paro a mirar los días recorridos y me asombro de lo que la esperanza puede lograr. No sé cuando lo consiga, pero no pienso detenerme hasta lograrlo. El paisaje es bello cuando uno está arriba sintiendo el viento en la cara.

LEER:…ESA RIQUEZA.


 

A veces escribir sobre escritores, parece ocioso o propio de críticos, de los cuales alguien dijo: “Son como los impotentes, como no pueden tener hijos, no los quieren…”.

A propósito de mi anterior post sobre Sábato, quisiera decir que son muchos los escritores que han influido en mí, en mi vida, en mi manera de escribir cuando lo hago. Eso quiere decir que he leído. Si Neruda (con la distancia que hay entre el sol y un  candil) pudo escribir “Confieso que he vivido”, yo podría redactar una especie de librito de memorias, que se llame “Confieso que he leído”.

Lo he hecho en desorden y mucho. Antes del último infarto cerebral mi promedio eran cuatro libros nuevos por semana. Eso sin contar los diarios y revistas. ¿Los temas?: casi cualquiera que me cayera en las manos. Digo “casi” porque las matemáticas y yo, siempre guardamos una prudente distancia. Sin embargo, sí he leído sobre algo de paradojas  matemáticas, algo de historia de los números por Stanley Gardner y cosillas así (mi padre fue ingeniero y su diversión eran las matemáticas y lo respeto siempre también por eso).

Siempre leí de todo y sin ningún plan previo. Es claro que hubo libros que me hicieron leer y que entendí bien, mucho después. “El Quijote” fue uno de ellos. A Cervantes y su Caballero de la Triste Figura, los reencontré a los años de la primera –inconclusa y escolar- leída. Recorrí sus palabras lentamente y no me pude desprender de las aventuras-desventuras que allí se narran. El contexto histórico, el saber un poco más sobre la época, el mirar la literatura no como obligación sino como un campo donde buscar tesoros, todo me hizo hacer creer que no había leído ese libro. No estaba preparado entonces. No sabía que dentro de “Don Quijote” se escondía tanta vida. Antes miraba las ilustraciones magistrales –es cierto- de Gustavo Doré e imaginaba. La relectura me hizo encontrar muchísimo más en las palabras.

A los clásicos tuve que releerlos para disfrutarlos. Sus primeras lecturas fueron hechas seguramente de resúmenes o simplificaciones. No eran entretenidos los clásicos a primera vista. Otra vez la historia, las comparaciones y la vida me dieron otra perspectiva. Era diferente Homero y lo eran muchos más. Eran voces que me llegaban desde siglos y contaban historias coloridas e increíbles.

¿Qué no podría decir sobre una actividad que siempre me fascinó? Podría contar mucho pero en un tiempo estaría repitiendo los superlativos. Como un niño que trata de describir los fuegos artificiales vistos por primera vez, así lo haría. Diría “fantástico, genial, el no va más, el acabóse…” Mis lecturas siempre me produjeron un íntimo goce, una satisfacción que me hizo vivir muchas vidas.

Agradezco a mi padre que avivó la llama y me permitió acceder a todo lo que él leía. Agradezco a mi madre que supo que leer era un buen paso para escribir y lo fomentó. Agradezco a Verne, Salgari, Rider Haggard, a  tantos y tantos autores que leí de chico y me hicieron conocer el mundo. Gracias a Hesse, a Wilde y a los que hicieron mi adolescencia. A quienes permitieron conocer más a través de ellos en mi juventud y a los que ya en una edad que llamaríamos madura,  me hicieron atisbar otros mundos grandes y pequeños, internos o externos. Gracias de veras, porque sin la lectura no tendría nada de lo que ahora tengo en mi interior. Y sería muy pobre, sin saberlo.