EL SILENCIO DE LA HERRADURA


Me alegré cuando vi en Facebook que el Concejo Provincial de Lima iba a recuperar la playa “La Herradura” y que invitaban a una inauguración, planeaban muestras, mencionaban orquestas y dije que “La Herradura” era patrimonio de los limeños. El entusiasmo había cundido junto con los comentarios positivos De pronto, silencio.

Un poco después me entero, como los que lo leyeron, que el “arenamiento” de la playa había sido vano y la arena había desaparecido por obra y gracia del mar, que dejó la misma orilla llena de piedras, que hacía imposible un tranquilo baño como antes, hace años.

Inclusive publiqué en este blog, un post titulado “El olor del verano”, entusiasmado: Pues bien, parece que como a todos los olores, el viento se lo llevó y-por lo menos yo- no volví a saber del proyecto. Dimes y diretes entre la Marina y la Municipalidad, contaban que el trabajo lo había hecho la Comuna limeña sin conocimiento de la marina, mientras que la Municipalidad decía que la Marina había supervisado el trabajo y que no importaba, al fin y al cabo, porque la arena había sido un regalo (donación, le llaman) de la firma Odebrecht. Nadie tiene la culpa en este juego del Gran Bonetón y mientras tanto, a los limeños que los parta un  rayo (que como nunca caen en Lima, no hay peligro alguno y es solo una frase); la arena no cuesta a los contribuyentes y además ¿no saben que se dice que “…y los sueños, sueños son”?  Finalmente no sé cuando volverá “La Herradura”, pero por el momento dicen que el malecón está arreglado, se puede pasear y si te quieres bañar en el mar, puedes tomar tu bus e irte a la playa “El Silencio”, porque bien calladito se lo tienen el anuncio de que “La Herradura” ya tiene arena donde plantar las carpas rayadas con blanco, las rojas, las verdes y las azules. Digo yo, ¿no será que el Cristo de fibra de vidrio del Morro Solar que puso la empresa constructora brasileña se ha llevado la arena que puso gratis la misma compañía porque necesitaba enarenar una playa un poquito más al sur? Misterios que seguro tienen respuesta en los códices mayas.

CONJUNCIÓN DE FECHAS


Le escribía a un amigo querido, que tuvo la bondad de re enviar un par de “Manologos” y difundirlos, que el término del año ha sido, desde siempre, una conjunción de fechas importantes y de gran significado. Como si todo lo bueno se juntara al final, sin dejar un solo huequito ni resquicio.

Navidad el 25, el 26 cumpleaños de mi padre, el 28 aniversario del matrimonio civil de Alicia y mío, el 30 aniversario de nuestro matrimonio religioso y el 31 aniversario del matrimonio de mis padres y año nuevo, claro. Fechas para celebrar, que poco a poco son recuerdos que se celebran.

Siempre, en casa la alegría ha reinado en esas fechas… Cuando era chico y podíamos permitírnoslo, en cada cumpleaños, uno recibía regalo del que cumplía (además de darle el propio obsequio), o sea que en cuestión de regalos, había uno más para mí el 26. Celebrábamos el aniversario de mis padres el 31 y el año nuevo, en familia, como la Navidad: cena, charla y alegría. Luego nos casamos con Alicia en 1971 y celebramos nuestro aniversario… ¡en familia! Y además a eso se sumó durante muchos años, la venida de mi hermana y mis tres sobrinos, desde Arequipa, el 26 mismo para celebrar el cumpleaños de Manuel Enrique y empezar una temporada playera que terminaba en marzo. Lo que digo, conjunción de fechas y disfrute familiar de un empezar verano, que cada año traía novedades…

Estas idas y vueltas por mi historia doméstica, son fruto de que los recuerdos van saltando como conejos y los pongo así nomás, sin darme el trabajo de ordenarlos cronológicamente. Mis recuerdos van hacia atrás, cuando mis hermanos y sus amigos,  conseguían un pino real, para ponerlo en una maceta que solía ser una lata de aceite con tierra y forrada con papel platina que era nuestro “árbol de Navidad”, adornado con guirnaldas y pequeñas figuras. Se colocaba en el hall de la casa de la calle Ayacucho y era toda una aventura el conseguir el arbolito, llevarlo a casa y adornarlo. En la noche del 24 al 25, los pocos regalos se agruparían debajo de él, para demostrar el cariño, en una fecha familiarmente tan especial.

Recuerdo alguna Navidad en que, estaba muy chico y habían operado a mi padre; no había ni mucho tiempo, ni dinero para comprar un regalo. Me agencié un espejito doble, lo envolví y ese fue mi regalo para él: Un lado era por el 24/25 y el otro por el 26.

Como digo, los recuerdos van saliendo sin ningún orden, pero así es la mente  humana y no es cosa de alterarlos, porque siento que así cambia la realidad y ya no es lo que fue.

Quería escribir esto ya que es un buen modo de empezar el año: con la alegría de las fechas faustas reunidas y la sonrisa que dejan los recuerdos que se enlazan con las esperanzas.