DÍA DE LOS ENAMORADOS


Hoy, 14 de febrero se conmemora y celebra “El Día de los Enamorados”, el “Día del Amor y la Amistad” y la fiesta de san Valentín. Según informes de Wikipedia, Valentín era un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma. Gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras.

El sacerdote consideró que el decreto era injusto y desafió al emperador. Celebraba en secreto matrimonios para jóvenes enamorados (de ahí se ha popularizado que San Valentín sea el patrón de los enamorados). El emperador Claudio se enteró y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, el emperador lo llamó a palacio. Valentín aprovechó aquella ocasión para hacer proselitismo del cristianismo.

Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el Gobernador de Roma, llamado Calpurnio, le persuadieron para quitárselo de la cabeza.

El emperador Claudio dio entonces orden de que encarcelasen a Valentín. Entonces, el oficial Asterius, encargado de encarcelarle, quiso ridiculizar y poner a prueba a Valentín. Le retó a que devolviese la vista a una hija suya, llamada Julia, que nació ciega. Valentín aceptó y en nombre del Señor, le devolvió la vista.

Este hecho convulsionó a Asterius y su familia, quienes se convirtieron al cristianismo. De todas formas, Valentín siguió preso y el débil emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270. La joven Julia, agradecida, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.

Como vemos, el tema es bastante antiguo. Sin embargo es una festividad que se empezó a dar en los países anglo- sajones, para extenderse después por todo el mundo. Es en esta época en la que se emparejan y aparean los pájaros en los países nórdicos.

Quienes quieren ver una invención publicitaria norteamericana en esta celebración, se equivocan, pues si bien es cierto que fue adoptada, es algo mucho más antiguo y ligado a historias, usos y costumbres.

Está bien dedicar una fecha en especial a algo que en realidad debería ser cosa de todos los días, para marcar un recordatorio, pero circunscribirse a ello me parece mal. La celebración del amor, de la amistad, debe ser diaria. Debe formar parte intrínseca de nosotros. El aprovechamiento publicitario, que va desde ofrecer tarifas reducidas en hostales y hoteles hasta descuentos por refrigeradoras y artefactos varios, me parece pedestre. La celebración se rebaja a un revolcón o a un “toma tu cocina”. Claro que también están las tarjetas y los vendedores de flores hacen su agosto en febrero. Todo aquello que suene a regalo es pasible de ser publicitado. Y sin embargo hemos visto que la historia es otra. No es que sea un “pinchaglobos” (de San Valentín), sino que a veces, mi profesión me avergüenza, porque parece no tener un límite. Hoy celebramos algo más grande que un objeto cualquiera no puede representar. Celebramos el día aniversario de lo que puede cambiar al mundo para bien.

Celebremos que el amor sigue existiendo, aunque se haga de todo por bastardearlo, envilecerlo y mal aprovecharlo.

 

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COMERSE EL MUNDO


Hace algún tiempo, quería comerme al mundo. Mi medida, como dice Marina, el filósofo español, era la desmesura. Creí que todo lo podía y aquello que intentaba me daba la razón. Hoy sé, años después que el centímetro es finito y que debo cuidar los bocados para no engordar demasiado, porque me hace mal, masticar despacio y ver al mundo no como una presa posible, sino como una realidad escurridiza que muestra aristas poco amables y amenazadoras diría, a veces.

El tiempo ha ido modulando mi ánimo y a pesar de seguir con los ímpetus de siempre, aprendí a esperar, a tener paciencia a conversar, que según Ramiro Prialé no es pactar, con otros o conmigo mismo. Me he dado cuenta que no gano absolutamente nada con querer resolver las cosas de inmediato, salvo la frustración de escuchar que tengo que postergar la decisión.

No se trata de abdicar, se trata de aprender a esperar. Siempre usaba el dicho chino que rezaba: “Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”. O todo o nada.

Ahora creo que es más veraz el decir: “Deséale larga vida a tu enemigo, para que pueda ver tus éxitos”. La vida y lo que esta me viene dando año tras año han ido haciendo una especie de yo, en mí, que en otro tiempo no hubiera reconocido. En ocasiones mi hija mayor dice que me he ablandado: Lo que yo le diría es que he comprendido. Me he dado cuenta, que el tiempo, ese valor inelástico, se ha ido agregando y trayendo con él enseñanzas. Muchas lecturas de diferente tipo, conocer personas variadas, relacionarme con alumnos que he descubierto como una nueva manera de aprender, tropezar con mis equivocaciones y sacar las consecuencias. Todo ha ido formando esto que soy hoy y que piensa que mis padres tenían razón.

Es curioso, pero de un  tiempo a esta parte sé que estoy caminando por un sendero más estrecho, pero que lleva a lugares hermosos. La carretera de cuatro carriles se ha reducido y con ella se han ido la bulla, la velocidad y la competencia. Ahora discurro a pie y aunque los pasos sean cuesta arriba, los valoro, porque sé que estoy pisando firme. Lento, pero firme.

Atrás quedan los momentos de atolondramiento y de no ver lo que me rodea por llegar antes. ¿Llegar a dónde? Uno llega a un punto de no retorno. Hoy, paso a paso, disfruto de lo que hay y lo que el día y la noche me van regalando.

Sentir el viento en la cara, como decía en otro post, es mucho mejor que correr para no llegar tarde a una cita. Trato de no llegar tarde, por respeto a los otros, pero me preocuparía más si eso me impidiese sentir el viento.

No es que haya cambiado, ablandándome. Es que ahora pienso que primero es lo primero y voy a situarlo ahí en el tiempo que me quede.

HOY ES MARTES


Hoy es martes y la semana empieza a acomodarse. Faltan un par de días y estaremos jueves, prácticamente a las finales de la misma. El tiempo vuela y ya estamos casi a mitad del segundo mes del año: Están a la vuelta de la esquina los carnavales, una festividad que se ha ido degradando hasta que se la “celebra” con pintura, violencia y abuso de los débiles. Del disfraz y las cortesías pícaras se ha pasado al embadurnamiento y el insolente tratamiento zafio. De la alegría colectiva de los grupos a la agresividad asesina de las pandillas. Sé que sueno a viejito memorioso y a cultor de “todo tiempo pasado fue mejor”. No es así: A mis casi 65 años todavía, si Dios quiere, me queda un largo trecho por recorrer que  trataré de hacer productivamente. Y creo que el futuro siempre será mejor que el pasado. Sin embargo, sigo pensando que es el hombre el que falla y no el tiempo. Tampoco todos los hombres, pero sí algunos para crear excepciones a la regla.

Los carnavales eran la fiesta del juego con agua, la diversión y el olvidar por un momento los problemas. Los disfraces nos permitían vivir otra vida, para después volver a la rutina. Eran los días de las máscaras, el “dominó”, los chisguetes de éter y más atrás el agua florida.

La noche de la fiesta de “los grandes” en el Parque Municipal de Barranco, la tarde del concurso de disfraces para los chicos en el mismo lugar y el “corso” que recorría las calles céntricas de Lima, con sus carros alegóricos y las “reinas” vestidas de fantasía. Todo un tiempo de algazara y festejos, que se ha ido perdiendo como costumbre o cambiando para mal, quedando algún lugar en el que se lo promociona como atractivo turístico. En mi librito “El Pasado se Avecina” narro un poco acerca de los carnavales de cuando era chico. Hoy, que se acercan, mi nieta tiene temor de salir  en los “días candentes”, porque no solo pueden mojarla, sino agredirla en la vía pública. Año tras año, la “prohibición” de jugar carnavales con agua en la calle, usar el número y  la sorpresa para pintar  a indefensos peatones, es letra muerta. Por ello le pongo comillas. No se hace caso y se prepara para vivir esos días, como los de un combate. Se busca ubicar al desprevenido “enemigo” que suele ser un pacífico viandante, para “atacarlo” y después celebrar el haberlo humillado, mojado, pintado y a veces golpeado. Se celebra la salvajada y la cobardía que el grupo ampara y cubre con lo anónimo.

Es martes y el año va caminando más rápido de lo que uno quiere, pero lo que parece retroceder para peor es la conducta. Esperemos que en la ruta las cosas cambien. Sé que es pedir mucho, pero bien dicen que el que pide al cielo y pide poco, o es imbécil o está loco.

Las fotos que ilustran son la de un grupo de familia, con disfraces de carnaval, en el patio de la casa de Santo Domingo, Arequipa circa 1920 y el auto familiar adornado y con “tripulación juerguera”, también en Arequipa, circa 1920.

¡SALVADOR PRESIDENTE!


La noticia me ha llenado personalmente de orgullo, porque un hombre bueno, un verdadero pastor de almas, ha sido elegido hace poquísimo Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana: Salvador Piñeiro García Calderón.

Somos amigos desde que coincidimos en la Asociación Ricardo Palma de Estudiantes Secundarios (ARPES), él como representante de su colegio, La Salle y yo como una especie de encargado de prensa y propaganda de la organización. Luego seguimos viéndonos, porque fuimos compañeros en el Seminario de Santo Toribio, donde compartimos solo tres o cuatro meses, ya que salí  debido a una operación y no volví. Cuando fue párroco de la de la Santísima Cruz, en Barranco, bautizó a Alicia María, que hoy ya tiene casi treinta y nueve años (malo decir su edad, supongo, pero da una idea del tiempo y la longitud del cariño que le tenemos a Salvador).  Hace muy poco tiempo, cuando estuve muy, muy enfermo, vino en el momento en que Alicia lo enteró, trayéndonos la Comunión a casa. Conversamos lo que el tiempo breve que robaba a sus labores permitió y confieso que la paz entró con él: Esa paz que hoy me permite sonreír e ir dejando poco a poco atrás los males.

No es fácil escribir sobre una persona tan querida y contar solo pequeñas anécdotas, porque la alegría es grande y el tejido de la amistad nos envuelve acogedoramente.

He seguido paso a paso su camino, viendo en él un compromiso aguerrido y bondadoso, con esa valentía que solo tienen los que están seguros que su camino es correcto: Un difícil derrotero sembrado de intrigas que sabe desarmar con la sonrisa de la verdad. Salvador, mi amigo, llega ahora al punto en el cual su don de gentes se une al valor para ocupar un puesto donde el consenso es necesario, pero la voz no debe callar, como nunca lo ha hecho la de él.  Los obispos de la Iglesia Católica tienen con Salvador a un piloto baqueano en tempestades y la Iglesia Católica peruana cuenta con un dirigente de primera en el pastor humilde que es Salvador. ¡Gracias por ser amigo!

 

LOS ZAPATOS DE MIRANDA


 

No camina todavía, no ha nacido aún, pero ya tiene zapatos.

Se los compró Daniela, nuestra nieta, que desde hace un tiempo es su hermana y aunque Miranda venga al mundo en junio, llegará para alegría de todos a estrenar sus zapatos con diseño de piel de leopardo.

Este blog ha tomado un tinte “nietístico” porque es un medio que me permite compartir la felicidad con los que lo leen. El neologismo es válido en cuanto entiendan bien que hablo de los nietos, porque si hubiera puesto “familiar” el ambiente era más grande. Pero aquí quiero ir escribiendo, aunque sea poco, sobre esos “locos bajitos” a decir de Joan Manuel Serrat. Claro que Daniela con sus casi 17 años ya no es loca, aunque sea bajita, lo suficiente para que su apodo de colegio haya sido “Peke”. Tampoco Manu que crece mucho es bajito, ya que con más de 90 centímetros y algo un poco más de dos años, se proyecta como una sacuara. Loco sí es, pero está en el tiempo de serlo, mal que pese a algunos, Y claro, ahora viene Miranda a la que sus padres y hermana han visto en las imágenes de un scanner médico y nosotros intuimos con el corazón lleno de contento.

Viene al mundo donde le espera un buen par de zapatos, para todo lo que va a tener que caminar. El diseño de piel de leopardo le presume agilidad, destreza felina y le va a dar oportunidad de mostrar uno de los más bellos dibujos de la naturaleza. Llegará para ser el disfrute de Daniela, la muñeca real conque toda chica sueña.

Pido disculpas por lo personal de este post, pero no me he podido resistir a escribirlo, desde que anteayer vi en el Facebook de nuestra nieta, la fotografía de los zapatos y el comentario de su compra. Me llené de ternura y de inmediato lo compartí con Alicia, con quien seguimos paso a paso las incidencias del acontecimiento, viviéndolo como cuando Alicia María, Paloma, Daniela o Manuel iban a nacer: Con ilusión y agradecimiento. Hijas, nietos y ahora una nueva alegría: Por eso lo personal que quiero dar a saber a todos los que lean.

Dirán que soy un abuelo chocho y acepto plenamente el término: He sido también un padre chocho. Es que siempre he visto la vida como una oportunidad para que quienes vienen detrás y están cerca, puedan aprender de los aciertos y errores que uno tuvo y corregir el rumbo. Veo en nuestras hijas y nietos esa prolongación que poco a poco llena los espacios y demuestra que la vida merece ser vivida, no importan los obstáculos, dificultades ni lo difícil que a veces resulta enfrentar la mañana.

Miranda: Un lindo nombre de origen latino, que significa maravilla, prodigio. Esto, sumado a los zapatos con diseño de piel de leopardo anuncia un muy buen futuro. El principio es auspicioso, el camino largo pero parece que empieza con buen pie: uno calzado con el zapato de diseño de piel de leopardo que Daniela le regaló a su hermanita, la que va a nacer.