AGUA PARA TODOS


AGUA

Como si fuera una consigna política, o un lema de campaña, parece que el que calienta el sillón de Nicolás de Ribera “el Viejo”,  Luis Castañeda, “el Mudo” ha decidido, según he visto en la prensa, que los coffee breaks desaparecerán del Concejo limeño y se dará agua. Ni galletitas siquiera.

Parece ser un tema de carnavales (un poquito atrasados), aunque alguien debiera recordarle que hay que tener mucho cuidado: el “juego con agua” no es permitido porque el agua es un bien cada vez más escaso y siempre precioso. No vaya a ser que se la use mal.

Felizmente no ha dicho que la otra administración “no le dejó ni agua”, aunque afirme que el municipio está en bancarrota por los dispendios anteriores.

Lo que sí parece, siempre según la información periodística, es que el amarillo seguirá campeando en polos, gorros y chalecos para los trabajadores. De pronto hay algún auspiciador y hace algún tiempo podría haber sido Kolynos la crema dental de la cajita amarilla. Pero no, es amarillo sol. Solidaridad, digo.

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LA VUELTA DE LOS HOMBRECITOS AMARILLOS


AMARILLO

El hombrecito amarillo era el símbolo de la vergüenza. Significaba que no habías pagado algo y alguien, para cobrarte, humillándote, contrataba hombrecitos amarillos que eran bien visibles y hacían de todo para poner en evidencia pública al deudor. Desde plantones frente a viviendas y oficinas, hasta desplegar carteles exigiendo que pagaras y presentándote como un delincuente.

Los hombrecitos amarillos fueron un arma usada para coaccionar y finalmente se prohibió la práctica.

El hombrecito amarillo parece haber vuelto.

Por lo menos eso es lo que parece en esta ciudad donde el color está ganando espacio, para decir un “aquí estamos, haciendo”. Poco a poco invade Lima tratando de demostrar eficacia. Amarillo visible, amarillo bilis, amarillo-“amarillo”.

Creo que se hizo bien en terminar con los hombrecitos amarillos y su infamante labor.

Habría que estar atentos, porque podrían estar reapareciendo: el color los delata.

¿INTRASCENDENTE?


CASTAÑEDA

Aquello que no es duradero ni importante es calificado como intrascendente. Para el alcalde de Lima, la dolosa modificación del texto de una Ley en el comunicado que publicó su administración tratando de justificar injustificables despidos, es algo que no tiene importancia, porque según comentó a un canal de TV local, el asunto es intrascendente. La creación de un logotipo nuevo para el Circuito del Agua, lo que ha sido comentado negativamente en las redes sociales y algunos medios, ha sido calificada de intrascendente y ha dicho que lo que importa es que se ha “recuperado” la obra que estaba descuidada… ¡Para re inaugurarla!

Seguramente lo que pasó en su gestión anterior con Comunicore es tan intrascendente que no vale la pena aclararlo y es mejor negar e ignorar la danza del dinero involucrado.

Si responder a las preguntas y los cuestionamientos es tan intrascendente que amerita su mudez…

A pesar del cemento invertido, parece que el alcalde resulta intrascendente, como su discurso por el aniversario de Lima, según menciona de un diario local.

Es decir no duradero ni necesario.

 

FE DE ERRATAS


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Cuando se comete un error en un aviso, especialmente si es de redacción, se suele publicar otro, rectificando y se llama “fe de erratas”. Según el diccionario es la rectificación de un error material en un escrito o publicación.

Cuando el error es tan grande que parece más espiritual que material, y altera el sentido de lo escrito pareciendo haberse hecho de mala fe, la corrección a posteriori tal vez debería llamarse “fe de ratas”. En realidad solo faltan dos letras. El Chapulín Colorado diría que fue “sin querer queriendo”.

Habría que dar la ventaja de la duda y si es que se “equivocaron” al agregarle algo al texto de una ley en el Comunic… ¡ado!, de pronto se “equivocaron” también al despedir gente, ¿chi lo sa?

 

*a propósito de un aviso de la Municipalidad de Lima.

 

Ilustración: MAFALDA por QUINO.

 

HAY UN CIERTO OLOR…


CLIP EN NARIZ

Lima se ha despertado y en apariencia nada cambió; sin embargo hay un cierto olor en el aire. Olor común, que es un mal olor.

Tenemos para cuatro años por delante y el olor, que lo impregna todo, es tremendo, pero puede ser que nos acostumbremos: los que viven en medio de la basura, con el tiempo la ignoran. Y lo terrible es eso, que se acepte que las cosas vienen así y peor, que se haya elegido el que así sea.

Ha amanecido como siempre pero hay muchos que sonríen y se frotan las manos porque saben a ciencia cierta que lo que nacía y era una amenaza para ellos, sus estilos de vida y su “futuro” se lo lleva la corriente del “no te preocupes”.

La corriente de aguas servidas que dejará al bajar restos de lo que esas aguas llevan.

La Lima que pudo ser,  ya no será.

Seguirán asesinando las combis asesinas y lo que pudo ser amabilidad, “permiso”  y “por favor” dejará paso a una risita cachacienta que significa que nada de eso será:” ¿vieron?”. Nada de nada, en realidad.

Ayer, el sol por solidaridad, salió con timidez y creo que vergüenza, porque  Lima tendrá la misma lluvia de siempre: pequeña y persistente. Esa lluvia que no lava las cosas sino que ensucia todo.

En Lima los gallinazos regresan; gallinazos que vuelven porque hay promesa de carroña.

Llegan a esta Lima que pudo ser y no será.

 

 

LA FERIA DE LAS VANIDADES


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No me refiero a la novela de Thackeray (cuyo título se completa premonitoriamente para nosotros, eso sí, como: “Una novela sin héroe”), sino que el título este tiene que ver con las inminentes elecciones para alcalde de Lima; no pongo “alcaldesa” también, porque además de parecerme un poquito huachafo, hay una discusión sobre si el término existe y debe usarse o no.

Estamos en medio de algo que va mostrando a diversos personajes que proclaman su “vocación de servicio”, cuidando de enseñar lo que ellos consideran son sus mejores ángulos. Unos hablan mal de otros, que a su vez, hablan mal de los unos.

En un post anterior que se titulaba “Todos contra todos” trataba de graficar la situación. Esta, en verdad empeora conforme la fecha -¿fatídica?-  se acerca. Salen a relucir garras y colmillos y las sonrisas congeladas se convierten en muecas. Y el público asiste alelado a un espectáculo que tiene como pretexto la ciudad, cuando la realidad parece ser distinta.

Se pondera el cemento, se boicotean obras que recién nacen, todos dicen tener “la clave” para acabar con la inseguridad, se calla en cuatro idiomas y al final, desvestidos la mayoría de los aspirantes muestra un físico enteco que ni siquiera el photoshop arregla.

Eso sí: se sienten ganadores y por lo general demuestran ofrecer más de lo mismo (¡nada!) y en vez de soluciones prometen y prometen muchas cosas que ellos mismos saben que no van a cumplir.

Sin embargo se relamen si las encuestas les aumentan un punto  y al que comanda el grupo le pesa una denuncia que a la ciudadanía parece no importarle. Se baila, se canta, se chancea, se ofrece mercancía que brilla y espejitos; el ambiente –para ellos- es festivo. Hinchados como pavos proclaman humildades mientras miran a la ciudad como un botín. Feria de vanidades: fiesta de personajes de comedia o pasarela de clowns a los que el maquillaje se les corre.

¡Qué tremendo que el voto ciudadano valga un cono de palabras acarameladas, obras que son galletas o un plato de fideos con promesas…!

 

PEQUEÑO DESCANSO


 

Hasta el próximo jueves.

Una semana de descanso para que leer no sea aburrido.

¡Hasta entonces!descanso