SICOCHOLOCIAL


No me puedo resistir a copiar esta nota de POSPOST.

Pareciera ser que consideran a los habitantes de la amazonía como unos pobres a los que, palabras más o palabras menos de las autoridades, han «hecho cholitos», como se dice vulgarmente,  contándoles historias sobre unos decretos-ley buenísimos, que ellos en su niñez mental no entienden. Por lo tanto han decidido aplicar lo que sería para quienes ostentan grados superiores de inteligencia, un sicocholocial, neologismo que retrotrae a las vígenes que lloran, pero creíble, creen.

«Que vean cómo les vamos a sacar la mugre cuando se les ocurra atacarnos»

Y así, con invitaciones a filmar la escenificación, para que sea noticia,  piensan asustar a quienes defienden, a decir de prácticamente todos los entrevistados que conocen del tema, lo suyo.

Este es el post:

Inaudito, vergonzoso, inhumano, deshonroso, ignominioso, innoble, indecente, inmoral, indecoroso, abominable, ruin, vil, abyecto, bochornoso, despreciable.
Me nace un diccionario de indignación tras ver «el entrenamiento» realizado esta mañana en Iquitos por miembros del Ejército peruano, donde supuestamente se ha escenificado un enfrentamiento entre comunidades nativas y soldados, donde los primeros caen abatidos «a balazos» por parte de los segundos.
Según la Coordinadorta Nacional de Radio «Diferentes medios televisivos fueron convocados por el general EP Francisco Vargas Vaca, jefe de la Región Militar del Oriente, para presenciar esta práctica desarrollada en el cuartel Vargas Guerra de Iquitos. En las imágenes se aprecia a dos grupos de soldados. El primero está conformado por efectivos vestidos de civil, provistos de palos. En el otro frente se ve a soldados armados repeliendo a los supuestos manifestantes. En ese instante se produce un enfrentamiento donde resulta «herido» un soldado y tres «indígenas» caen abatidos por las balas«.
Lo más preocupante es la visión del general
EP Francisco Vargas Vaca encargado de poner orden en la zona, quien ha dicho que «existe todo un procedimiento en caso que las Fuerzas Armadas tengan que participar en apoyo de la Policía Nacional para el control del orden público (…) Se explicó al personal militar cuales son las alternativas que tienen los revoltosos. Dentro del rechazo (de parte del Ejército) puede ser mediante una acción letal, de disparar a la pierna, los brazos, hasta una acción letal (…) Estamos listos, tenemos los medios, tenemos el helicóptero, tenemos todo”, declaró«.
¿Qué pensarían Grau, Bolognesi y Cáceres de esta vocación virtual de asesinar peruanos? ¿No es acaso la misma mentalidad militar que firmó la carta de sujeción a Montesinos y ahora hace lo propio con Alan García? Matar, asesinar, exterminar, acabar, arruinar, destruir, finalizar, aniquilar, ejecutar, lapidar, arrasar. El Perú está en la hora de su neoliberalismo más salvaje. Vía Perú 21

FUENTE: POSPOST

PLUMA Y OÍDO


Un nuevo escrito de Pepe Perla,  abogado especialista en comunicaciones, profesor de la Universidad de Lima, pero ante todo, amigo de toda la vida. Según dice al inicio, es el primero de una serie de artículos sobre el periodismo. De acuerdo a como los vaya recibiendo, los iré publicando en este pequeño blog.
Se habla mucho de los derechos de la comunicación y de los comunicadores, especialmente de los periodistas y eso está muy bien. Aún falta mucho que decir al respecto y frecuentemente los comunicadores y periodistas son victimados por realizar su trabajo.

Pero, también hay que hablar bastante y no solo de vez en cuando de los deberes de los periodistas. Así que vamos a dedicar varias semanas a tocar este tema.

Empezamos esta vez refiriéndonos al deber periodístico establecido mundialmente de respetar el honor de los demás. Contra lo que se puede pensar inicialmente, la defensa del honor sigue siendo de gran importancia para toda la gente, aunque parezca un tema que suene a arcaico. ¿En qué consiste el honor? Puede definirse de manera sencilla como el patrimonio moral, no patrimonial, que toda persona recoge a lo largo de su vida y que le permite desenvolverse en el grupo con el reconocimiento debido.

Se afecta este bien cuando se injuria, calumnia o difama a la persona. Según nuestra ley penal, la difamación consiste en atribuir a alguien un hecho o una conducta que perjudica su honor o su reputación. Dicho otra vez de manera sencilla, podemos decir que difamar es disminuir la fama de alguien hablando mal de él. ¿Cuándo se habla mal de uno? Cuando se dicen de él cosas falsas, que no corresponden a la realidad. Pero, también cuando se habla de alguien cosas negativas que no son trascendentes socialmente, por lo que los demás no tienen porqué saberlas.

Las leyes a nivel mundial conceden una mayor protección a las personas privadas que a los funcionarios públicos respecto a las habladurías negativas. Se reconoce que estos últimos deben estar más dispuestos a sufrir las críticas de los demás en razón del cargo que ejercen. Por tanto, si alguien difama a un funcionario público refiriéndose a este en lo que atañe al desempeño de sus funciones, puede ser liberado de sanción si se prueba lo afirmado. Es la llamada «excepción de verdad». Pero, si se trata de la difamación de una persona particular, no hay verdad que valga.

En los días que corren, nuestro periodismo se ha vuelto más ligero que antes, en la manera de referirse negativamente sobre las personas en general. Esto no se ajusta ni a la legislación vigente, ni a la ética periodística. Por tanto, está muy bien que en tales casos dicho periodismo sea objeto de sanción. Y esto para nada atenta contra el derecho de libertad de expresión.

LOS MEJORES SE VAN PRIMERO


Está demás decirlo: Constantino Carvallo ha muerto hoy.

Con él se han ido una lucidez, una pasión y un modo de hacer las cosas que son inusuales en nuestro Perú. No lo conocí personalmente, pero me fue entusiasmando saber sobre él; ése lado público que resultaba contestatario y evidentemente apasionado por lo que hacía. Allí están Los Reyes Rojos y Alianza Lima. La poesía de Eguren y la poesía de los victorianos en la cancha.

Se escribirá mucho sobre Constantino Carvallo, porque es un referente. Estas líneas sólo quieren rendir un pequeño homenaje al hombre que hizo lo que creía que debía hacer: «Viene la noche y firmes combaten foscos los reyes rojos».

Desde la aurora

combaten dos reyes rojos,

con lanza de oro.

Por verde bosque

y en los purpurinos cerros

vibra su ceño.

Falcones reyes

batallan en lejanías

de oro azulinas.

Por la luz cadmio

airadas se ven pequeñas

sus formas negras.

Viene la noche

y firmes combaten foscos

los reyes rojos.

José María Eguren

MILTON LO DICE TODO


Leo a Milton en su «Café Taipá» y no tengo mucho más que agregar.

Sin su permiso, copio aquí el post.

Terremoto en Pisco… y las réplicas que sí se pudieron evitar

No quería terminar el día sin tocar el tema del primer aniversario del terremoto en Pisco. Yo lo viví a la distancia, eran las 7:30 a.m. (hora de España) y me estaba alistando para ir a trabajar, cuando prendí mi lap y leo en mi outlook el título del mail de mi primo que decía «Reporte del terremoto que sacudió Lima, todos estamos bien», inmediatamente hice la visita de rigor a RPP, y el resto es historia: llamadas a Lima, visita a todos los medios de prensa peruanos, y en la oficina donde trabajaba, todos estaban tan o más enterados que yo. Muestras de solidaridad, de cariño, consultas por mi familia, y hasta ahí todo bien, aunque el dolor se llevaba por dentro.

Pero a los pocos días una amiga catalana hablaba pestes de Alan García –y la prensa española también-, y yo no entendía por qué. Resulta que el Presidente había mandado largar a unos bomberos españoles que fueron de voluntarios, y bueno, no supe qué decir. Luego vinieron las burlas por el famoso Pisco 7,9 -idea vomitiva de nuestro Ministro de la Producción-, y también me quedé sin argumentos de defensa. Me preguntaba cómo en mi país, el sentido común sólo le pertenecía a «los comunes» y no a nuestras autoridades quienes tenían que dirigir un proceso de recontrucción urgente que hasta ahora sigue pendiente.

Veo en agencias de noticias del extranjero que la disconformidad y el rechazo de la población de Ica frente al gobierno ha trascendido fronteras, y me pregunto si toda la andanada de rechazo hacía nuestros políticos que viven en su propia nube se podría haber evitado. Pero mi respuesta es negativa. Con la infeliz iniciativa de celebrar en Palacio «el día de la juventud» días antes del aniversario de esta tragedia, con propaganda millonaria en todos los medios para convencernos de que sí se tomaron medidas para atender al sur -previa limpieza de escombros ahoritita no más-, realmente se pierde toda esperanza ¿Cuántas casas se hubieran podido levantar con los cientos de miles de soles que esta semana se han invertido en los medios? Realmente me preocupa lo que pueda pasar después.

Y, para terminar, creo que quienes posteamos y criticamos deberíamos tener alguna acción efectiva por la gente que sufre en el sur. No me sentiría con autoridad moral al 100% si no siento que aporto en algo. Sé de muchos que al día siguiente del terremoto volaron a Ica para dar la mano, y de seguro que fueron de más ayuda que muchas iniciativas del gobierno como FORSUR o el envío de alimentos que se quedaron en almacenes, confiscados por oportunistas que deberían ser sancionados ¿Hay alguno que publicamente haya sido juzgado? Y bueno, desde esta tribuna cafetera propongo que hagamos algo más que escribir: un buen reportaje, en el caso de los periodistas; una campaña de comunicación, entre los publicistas, por ejemplo-, porque con lo amnésicos que somos todos, no vaya a ser que pase una semana, y un nuevo escandalete de farándula o congresal deje el tema del Pisco para alguna otra oportunidad, tal vez para el 15 de agosto de 2009 ¿Sería muy injusto, no?

TRISTE RECUERDO, TRISTE REALIDAD


15 de agosto del 2007.

La tierra tiembla y la desgracia desciende sobre miles de peruanos que lo pierden todo. Incluso la vida. En este primer aniversario, hay miles que han perdido la esperanza.

Les ofrecieron de todo y les llegó muy poco. La mayor parte de la mano de personas que se fotografiaban para demostrar su presencia.

Siguen viviendo tapados con plásticos, a merced de los delincuentes, a merced de las enfermedades y los bichos. Siguen sin agua, sin luz y sin lo básico para vivir.

Basta leer los diarios y ver la televisión. Escuchar las voces que piden que por favor no los olviden. Que temen un mañana peor en manos de constructores inescrupulosos, mentirosos profesionales y mercados donde  «oferta y la demanda» se convierte en barrera infranqueable para sus derruidas economías.

Hay rabajo, dicen.

Y de qué sirve cuando se come sentado en un ladrillo y se malduerme con el viento soplando entre las esteras y agitando los plásticos del techo?  De qué sirve si los muertos son una pesadilla y sus voces una cacofonía que suena entre las paredes caídas?

La culpa es de ellos, dicen.

Porque no quieren reconstruir sus casas, de las que sólo tienen el recuerdo de propiedad, porque los papeles volaron o son inexistentes en un hogar que pasó de padres a hijos y por generaciones.

La culpa la tienen por quemar ropa que no aceptaría nadie porque llegó rota, camisas sin botones, medias impares, pantalones con huecos y chompas apolilladas.

La culpa es de ellos por ser pobres, por ser dejados, por ser ociosos, por ser cholos.

Hay millones gastados en ayuda, afirman.

Millones que se han ido en módulos de vivienda inservibles, que no han sido entregados; en medicinas desaparecidas, en comida podrida por falta de reparto, en compras inexplicables, honorarios y viáticos fantasma.

Les ofrecieron de todo y les llegó muy poco. Pero nos extrañamos de su rabia, de su desesperanza, de sus protestas tratadas de acallar con dinero necesario y condicionado y policías vigilantes.

Un año ya y el frío de Castrovirreyna se junta con el sol despiadado de Chincha, la humedad de Pisco, el hambre, la soledad, el abandono, la rapiña, los pueblitos olvidados, los caseríos deshechos, las promesas incumplidas, las mentiras, las coimas, las visitas rimbombantes; con tantas cosas malas que nuestra gente no se merece.

Tantas, que dan ganas de vomitar.


UN MAGNÍFICO ARTÍCULO DE PEPE PERLA


En mi barrio de Jesús María, de los años cincuenta, el mundo era un lugar
abierto para todos. El Perú era partícipe de una actitud de brazos abiertos
hacia los extranjeros. En realidad, teníamos que hacer un esfuerzo para caer
en la cuenta que algunos de nuestros vecinos más queridos no eran peruanos.
En solo dos o tres manzanas, había chinos, italianos, chilenos, argentinos,
rusos, judíos, coreanos.

En una de las esquinas de la primera cuadra de la avenida Mariátegui, donde
yo vivía, estaba la panadería Berisso. En la otra esquina estaba la
panadería Malatesta. Al señor Berisso, gordo, calvo y canoso, de nariz
redonda, lo recuerdo sonriente, con las manos atrás, parado en la puerta de
su negocio, con su costalillo de harina como delantal, luego de haber
terminado de amasar. Al señor Malatesta, muy joven, colorado, casi
pelirrojo, nariz aguileña, delgado y musculoso, lo sigo viendo entrar y
salir de su local, más atareado en compras y trámites que en el horno. Ambos
formaron allí sus familias y tuvieron las panaderías como su primera casa,
al menos por veinte años.

Sigo caminando por la vereda de Malatesta y encuentro la casa de los
Dunezat. Él, tostado, alto, panameño, con su buena gomina de profesor de
golf en el Club Los Incas. Aún siento el globazo de agua que furtivamente me
tiró en unos carnavales desde la ventana del segundo piso. Ella, una cálida
argentina de piel color de leche, nos sentaba a la mesa con sus dos hijos y
jugaba «pulga» con nosotros sobre un paño verde.

Casi llegando a la esquina, en una pequeña casita, puerta de calle de
edificio, están los Eusebi: padre, madre, dos hijos y una hija, ya jóvenes.
Los dos primeros altos, pintones. Ella gringa de ojos azules y sonrisa
permanente. Todos completamente bachiches, viviendo modestamente su
esperanza de bienestar.

Finalmente, en la esquina, se encuentra la botica «La Estrella», con el
astro de David iluminado. Es propiedad del judío Yaker, hosco y trabajador y
de Ita, la farmacéutica, su silenciosa y bíblica esposa. Ellos y sus tres
rubias hijas tenían que aguantar en las noches de verano los largos
trencitos nocturnos que hacíamos en patines, girando por la bajadita de la
esquina de su farmacia. Felizmente, nunca nos echó agua, aunque esto siempre
fue un peligro latente.

Para los años sesenta todos se habían mudado del barrio. Habían crecido y
progresado y siguieron su camino. El Perú y nosotros los peruanos, los
acogimos y les permitimos hacer fortuna y por eso supongo que nos
bendijeron. Ojalá que parte de esa bendición alcance a los peruanos que hoy
están siendo expulsados de los países a los que migraron por las mismas
razones que trajeron a tantos extranjeros al nuestro.

De; «PLUMA Y OÍDO