¿DE QUÉ TE PREOCUPAS?


Al parecer a los peruanos no nos puede pasar nada, y entonces no hay que preocuparse.

El peruano es hijo del relámpago y del trueno: suena y brilla fugazmente. Todo es bulla y rapidez luminosa, pero no llega a llover. No se desata la tormenta y se queda en amagos.

Todos los años las heladas, los huaycos y los desbordes hacen su irrupción estacional en diferentes sitios del país, pero no se hace nada. No se previene y cuando las desgracias ocurren (cosa que sucede con dramática regularidad) se corre y se alborota (esto último con razón), se parcha, se lamenta y se llora, para, pasada la emergencia, volver a lo de antes y que el siguiente suceso, nos coja otra vez distraídos para seguir la rueda.

¿Por qué somos así?

Tal vez sea cosa del clima. Del clima de esta Lima, por supuesto, porque somos un país centralista desde siempre y en el Perú se espera “que lo resuelva Lima” y en Lima siempre hay un clima de no preocuparse porque no pasa nada. Hasta que pasa algo “que no estaba en los planes” (¡como si hubiera planes!)

Yo creo que este clima hace que nunca se tomen previsiones. “Dios es peruano”, “¡no nos ganan!” y otras afirmaciones muestran absoluta confianza, no precisamente en nosotros. Y mientras todo el país espera, Lima está distraída.

Las decisiones principales se toman centralmente, y la vapuleada descentralización, no funciona. O sí, cuando se trata de disponer dineros que terminan en monumentos a la estupidez y al mal gusto o en obras que, inconclusas o inútiles, van a engordar los bolsillos de algunos.

La frase de Valdelomar se repite como un mantra casi y estamos convencidos de que “Lima es el Perú”. Un Perú chiquitito, donde nada se mueve porque “eso da flojera”. El Perú a la medida, no de los grandes sueños de nación, sino del inmediato plazo de una pequeña siesta.

“¿De qué te preocupas?”, preguntan, para decirnos de inmediato que “aquí no pasa nada y nadie se da cuenta”. Entonces, cuando algo sucede y hay alguien que lo advierte, fingimos sorprendernos y entrar en emergencia.

Es el Perú, señores. Un Perú que está cansado, donde esperar lo que decida Lima, cuando Lima decida decidir. Que no quiere ni puede morirse de friaje, ahogarse en crecidas previsibles, secarse hasta la muerte. Nos lo están advirtiendo y la comodidad nos ciega. Ojalá que cuando nos movamos, no resulte que es tarde.

Manolo Echegaray.

Nota: Este pequeño artículo, publicado el 25.3.2014, forma parte de los que escribí semanalmente, colaborando en el ahora desaparecido “Diario 16”.

¿De qué te preocupas si nada ha cambiado en estos 7 años, ni va a cambiar, parece…?

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