«¿ALÓ, CARLOS…?»


Tenía alas y volaba, era alargado y brillaba al sol cuando iba girando por el aire.  De vez en cuando tenía hambre o sed y entonces, planeaba, bajando suavemente en busca de comida o bebida, aunque generalmente las encontraba a ambas en el mismo lugar. Curiosamente juntas …

Ya al anochecer, se sintió vibrar y supo que era un aviso, que ya necesitaba beber o comer…; entonces bajó –silencioso como siempre- hasta vislumbrar una calle solitaria y lo suficientemente oscura. Esperó hasta que vio a un hombre que caminaba, al parecer, concentrado en hablar por su teléfono móvil y se puso a sus espaldas, siguiéndolo …

Unos instantes después, rápido como una flecha, se le clavó profundamente por detrás, a la altura del corazón, penetrando en la carne, saboreándola a medida que se hundía, hambriento y goloso, mientras la sangre saciaba su sed …

El hombre, sorprendido y con un dolor lacerante, cayó de bruces sobre la vereda, mientras el teléfono se le escapaba de la mano y rebotaba, cayendo hasta la pista, y una voz de mujer se oía desde él: “¿Aló, Carlos … aló…, aló …, aló …? ¿Carlos, estás ahí …? …”

Salió tan rápido como había entrado, en tanto, la tela de la espalda del saco del hombre se iba tiñendo de rojo; él voló hacia arriba y unas gotas del líquido rojo cayeron. Pasaría un tiempo más hasta que el cuchillo volador volviese a tener hambre o sed …

Imagen: https://www.mediotiempo.com

Anuncio publicitario