Historias de grabadora II. / «JAZZ AL ANOCHECER»


Siguiendo con las “Historias de Grabadora”, recuerdo una aventura, fruto de eso que, de adolescente, uno cree poder “comerse al mundo” y que uno puede “entrarle a todo” y tener éxito en lo que emprenda …

Me gustaba el jazz, gusto que posteriormente se fue decantando, dejando en primer lugar el “dixie”; como me gustaba esa música, no quería sino compartirla, pero entre mis amigos no encontraba mayor eco o sea que se me ocurrió “hacer” un programa de radio, donde el jazz fuera el personaje (recordemos que mi “decantación especializada” por un estilo, sería posterior…), y lo primero que hice fue buscar a mi tío el coronel (r) Juan Gonzales, esposo de Lucila, la hermana mayor de mi madre, el que tenía un sobrino que era responsable, dueño o gerente – no lo recuerdo- de radio “San Isidro”, una emisora de reciente creación, que transmitía por frecuencia modulada …

Hablé con el sobrino, señor Juan Zea Gonzales, y le conté de mi “proyecto” (que solamente era una idea, en realidad, porque no tenía más que eso); me contactó con alguien de la emisora, que me escuchó y me dijo que, si “era recomendado del señor Zea”, preparara material para media hora de programa y lo llevara grabado (aquí entra mi fiel grabadora “Sony”); me despedí entusiasmadísimo y fui a casa, con la alegría desbordante que produce “tener programa de radio propio” …

Escogí la música (nada de “dixie” entonces) de entre los muchos discos de jazz que tenía y con un libro que se llamaba “Historia del Jazz” de editorial EUDEBA, del que hasta ahora recuerdo la carátula azul y gris, del que entresaqué párrafos cortos, que me parecía iban a ir bien con las piezas musicales elegidas, los transcribí a máquina y “armé” a mi leal saber y entender, un guion que tenía una presentación del programa, e iba intercalando piezas musicales y texto.

Disculpen si los aburro con los detalles, pero es mi modo de “reconstruir” lo que –repito- entusiasmado, hice hace más de sesenta años, en la casa de Barranco (la de la calle 28 de julio) y que fue toda una experiencia; pensé entonces, que para las locuciones, sería bueno contar con una voz de mujer y se me ocurrió pedir la ayuda de mi amigo Germán, para ver si su hermana mayor, Áurea, a la que todos le decíamos la “Gringa”, querría participar. La “Gringa” aceptó y quedamos en una fecha, para que en mi casa grabáramos la parte hablada del programa, el que tendría una presentación mía y luego nos alternaríamos en los textos entre piezas musicales, haciendo, yo también, un cierre y despidiéndonos ambos …

Preparé el “guion”, mezclando un texto y una pieza musical y ahí me di cuenta que tenía que medir la duración de cada texto, presentación, despedida y de cada pieza musical, para meterlo todo en media hora…; leí lo escrito, tomándole tiempo y copié de los discos la duración de cada una de las piezas musicales. Quité lo que sobrepasaba el tiempo (que era bastante entre textos y música), para llegar a veinte minutos, dando diez al “por si acaso” …

Llegó el día en que la “Gringa” y yo, grabamos, repitiendo una y otra vez hasta que la locución quedó “decente” y puedo decir que admiro la paciencia que tuvo Áurea para conmigo y el “proyecto” …

Después de la grabación de los textos, me tocaba “editar” el programa y me dediqué a intercalar textos y música, cortando y uniendo ambos, ya grabados, con el bisturí y la cinta pegante…

Finalmente terminé el rompecabezas de audio y lo escuché, satisfecho de haber logrado hacer “un programa de radio”;     

dentro de un un sobre “de manila”, a nombre del señor con el que había conversado, acompañada por la copia de un guion mecanografiado, dejé en la recepción de la radio la cinta grabada …

Nunca me contestaron y yo no me atreví a llamar, de pura vergüenza, a pesar de que escuchaba radio “San Isidro”, todos los días, al empezar a anochecer, desde las siete, hasta que eran como las nueve y ya bien entrada la noche, para ver si ponían el programa. Por supuesto, nunca lo transmitieron y luego de un tiempo me desencanté, aunque cuando ya estaba trabajando en publicidad y “sabía cómo se hacían las cosas”, viendo el producto final en las casas productoras de audio, que era una cinta grabada intacta, me di perfecta cuenta que mi cinta toda llena de los parches blancos de la cinta pegante, les debió parecer una mala broma o una basura y fue a parar a la ídem, junto con el guion y el sobre de manila.

Ahora, muchos años después, agradezco a “la Gringa” por su colaboración, paciencia y le pido disculpas porque mi vehemencia unida a la total inexperiencia, echaron al tacho una esperanza, esa, de la que dicen, es lo último que se pierde …

Imagen: https://sp.depositphotos.com

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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