EL DRAGÓN RAMPANTE


Hace mucho tiempo, en una agencia de publicidad, para un cliente que fabricaba postres en polvo (gelatinas y flan), se nos ocurrió crear, entre varios personajes dibujados, un dragón, simpático, alegre y amigable, al que llamamos “El Dragón Tragón” …

Hoy, de pronto, veo que el dragón imaginario se ha hecho realidad, pero o es amable ni simpático, sino una bestia mítica y pesadillesca que avanza, al parecer incontenible, satisfaciendo su apetito voraz, dejando a su paso una estela desolada y la rabia e impotencia de quienes sufrimos sus embates. Es decir, de todos…

Este es el dragón de la corrupción, el que come sin importarle el tamaño del bocado y crece impune, casi normalizándose para convertirse en un inocente animalito doméstico …

¿Qué es lo que nos pasa? ¿Por qué la desidia frente a una bestia asesina que ataca, muerde y destroza …? ¿Por qué permitimos que se esconda …? ¿Por qué no vamos hasta su guarida y acabamos con ella, con el Mal …? ¿Será que el dragón tiene guardianes? ¿Es que tal vez necesitamos de un San Jorge que mate a la bestia, que la liquide …?

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